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viernes, 15 de septiembre de 2017

Tírate de la moto


Emmy Andriesse. Bailando en las calles. Amsterdan. Circa 1950.
Los mismos cargos electos (alcaldes y alcaldesas, concejalas y concejales) que hasta hace cuatro días se partían de risa mientras bailaban "Paquito el chocolatero" y cantaban a voz en cuello aquello de "si te ha pillau la vaca jódete" y "tírate a la rubia y a la morena también" para demostrar su campechanía y proximidad al noble pueblo llano, difunden ahora listas de "canciones correctas con mensajes libres de estereotipos machistas."
Robert Frank. Tienda de chucherías en Nueva York. 1955-56.
El caso es seguir siendo los dueños de la gramola.
Ninón Sevilla. La Habana. Circa 1955.
Y del bombo.

Richard Avedon. Músicos callejeros. Palermo. 1947.
Felices fiestas.

lunes, 29 de agosto de 2016

Mutación

Richard Avedon. Café des deux magots. Paris. 1955.

Decidió variar de costumbres y de aspecto, y exploró la única solución a su alcance: cambió de perro.
Henri Cartier-Bresson. Louis Pons, 1999.

miércoles, 1 de junio de 2016

Luz, más luz


 Dziga Vértov. Fotograma de El hombre de la cámara. 1929.

Joseph Joubert (1754-1824), íntimo de los grandes de la Ilustración, fue, por su mala salud y por opción vital, hombre de silencio e inacción, dedicado a leer y a tomar notas, y devoto de la poesía, siempre que fuera breve, "es decir, absoluta".
De sus secretos aforismos ahí va un luminoso puñadito, editado por Cristóbal Serra.



"Ojo. Es el sol de la cara."
Franz Roh. El ojo abierto. Collage. 1939.



"Hay que reconocer las propias tinieblas."

Richard Avedon. 6 de septiembre de 1949.




"Cierra los ojos y verás."
Eduardo Villanes. Gloria evaporada.1994.




"Todo lo que es bello es indeterminado."

Kikuji Kawada. La cara oscura de la luna. Imagen de The Last Cosmology. 2015.

lunes, 2 de noviembre de 2015

John Berg, director de arte

John Berg fotografiado con una reproducción de la portada de Born to run, hecha en 1975 a partir de una foto de Eric Meola.
Ha   muerto John Berg, la persona que, como “director de arte”, coordinó la imagen de más de cinco mil producciones discográficas de Columbia-CBS entre 1961 y 1985, una época crucial para la música y para la forma de venderla.
El equipo de John Berg en los años más fecundos, los últimos sesenta.


Un   “director de arte” es un creador que renuncia a su estilo propio para formar un equipo pluridisciplinar con el que dar la solución idónea para cada proyecto que se le encomienda, atendiendo sus singularidades y desarrollando el subyacente concepto original. Es quien selecciona y plasma la idea más acorde con el producto a difundir, y, en ese sentido, John Berg acertó reiteradamente y “llenó nuestra cabeza de rock” (y de muchas otras músicas). 
Cartel de Milton Glaser incluido en el primer disco de grandes éxitos de Bob Dylan. 1967.
Por  su equipo pasaron, entre muchos otros,  Richard Avedon, Milton Glaser, Jerry Schatzberg, Tomi Ungarer, W. Eugene Smith y Robert Crumb (que, tras dibujar la portada del Cheap Thrills de Janis Joplin, se negó a cobrar porque “no quería el sucio dinero de la Columbia”). 


Renovó  las tipografías, recurrió a imágenes controvertidas y provocadoras, hizo las primeras portadas desplegables, organizó los contenidos informativos como si de un libro se tratara, incluyó dentro de las carpetas posters y memorabilia para los fans e inventó otras muchas cosas que hasta entonces no se habían visto y luego se generalizaron como lo más natural. Por ejemplo, las portadas verticales como la de Blonde on blonde, con una foto “movida” porque fotógrafo (Schatzgerg) y cantante (Dylan) temblaban en el helador febrero neoyorquino de 1966.

Sobre  la famosa portada del Born to run, se cuenta que la intención de Bruce Springsteen era recurrir a una foto bastante convencional (“como de solapa de libro de John Updike”, según la certera puñalada de Berg) y que el Boss sólo aceptó a regañadientes la propuesta basada en una foto de Eric Meola, demostrando que va mucho mejor de oído que de vista.
Su   trabajo “colectivo” fue muy reconocido e influyente, y aceptó los plagios como el mejor de los elogios (“la imitación es la forma más sincera de halago”, dijo, haciendo gala de su cínico espíritu deportivo).
Uno  de sus productos más premiados fue la imagen y tipografía del grupo Chicago, y especialmente su décimo disco, de 1976, reproduciendo una tableta de chocolate. Un año después, en España y en la misma casa de discos, salía el esplendoroso Veneno (de Kiko Veneno y los hermanos Amador), tan revulsivo en su momento y plenamente vigente todavía.
No sé si las portadas (la original y la que hubo que hacer a toda prisa por imposición de la censura postfranquista) son un homenaje a Berg o, simplemente, el fruto espontáneo inducido por las sustancias que flotaban en el aire. En cualquier caso, también fueron excelentes.

miércoles, 1 de julio de 2015

El artista raramente está solo


Alexander Calder con dos retratos de alambre.
Pese a que "la creación" tiene fama de solitaria e introspectiva, raramente se da en el vacío aséptico. A veces se enfrenta y crece con las respuestas que va aportando la propia obra,
Alberto Giacometti en su estudio.
o está rodeada por la imponente presencia (callada o clamorosa) de los propios fantasmas,
Henrí Matisse dibujando un kourós griego en el Louvre. 1932.
 o establece un diálogo continuo y fértil con lo mejor del pasado,
Samuel Beckett fotografiado por Richard Avedon. 13.04.79.

o se recrea en la constante lucha desde la palabra y contra la palabra. 

viernes, 12 de junio de 2015

Elegir

Richard Avedon. Sesión fotográfica con Marilyn Monroe. Nueva York, 6 de mayo de 1957.

Ser grande es atreverse a elegir, y acertar contra las apariencias.

Richard Avedon. Marilyn Monroe. 1957.



Caída la máscara, agotada al final de una extenuante sesión,la cautivadora estrella deja por un momento al descubierto toda su fragilidad, su profunda melancolía. El fotógrafo capta el instante, y esa es la placa que selecciona de entre tan extraordinario material. Contra la opinión general. 

jueves, 11 de junio de 2015

Entre el cielo y el subsuelo

Richard Avedon. Italia. Circa 1945.


En su afán por documentar la realidad propia, algunos fotógrafos han llegado al cielo y al averno sin necesidad de recurrir a los servicios de Virgilio para que les guiara. 
Richard Avedon encontró al joven portero del Edén, y David Campany descubrió el Infierno en una gasolinera, bien rotulado y con precisas cotas de profundidad.
David Campany. Gasolinera.


Ensanchando los márgenes.

martes, 17 de marzo de 2015

La mirada en los "aflorismos" de Carlos Castilla del Pino

Alberto Durero. Autorretrato a los 20 años. 1491.
"Si quieres recordar para siempre a aquel que ahora ves, mírale a los ojos mientras te habla."



Emmet Gowin. Nancy. Danville, Virginia. 1969.
"Ver, con los demás; mirar, por ti mismo, sin ellos, sin ni siquiera oírles."






Harry Pearce y Pentagram. Acción para Witness Wall. Londres. 2014.

"Tres estados: ver, mirar, observar. Ver todo, mirar algo, observar lo que se debe."





Sophie Calle. El otro. 1992.
"Cierra los ojos para mirar lo que has visto."






Rembrandt. Chica en un marco de cuadro. 1641.
"Lo importante en la pintura es la mirada: una forma de leer en las cosas."





Robert Frank. Londres, 1951.
"La mirada no es un instrumento adecuado para mentir. La mirada no engaña respecto del sujeto que mira. Miremos la mirada del otro." 





Richard Avedon. Autorretrato. 1963.
"La fotografía hace del instante un todo."





Francisco de Goya. Autorretrato con carta a su amigo Martín Zapater. 1795.
"Hacer que las cosas hablen, y contarlo después: eso es pintar (o escribir: una forma de pintar con palabras)."





Herbert Bayer. Urbanita solitario. 1930.

El psiquiatra Carlos Castilla del Pino escribió en sus años finales el libro Aflorismos. Pensamientos póstumos (Marginales Tusquets, Barcelona, 2011), una colección de reflexiones breves, precisas y espontáneas sobre casi todo lo que interesa a un hombre civilizado. En sus propias palabras, "el ´aflorismo´ sería algo que se me ocurrió, surgió o me apareció de manera más o menos inesperada. Y como afloraron -en cualquier lugar, en cualquier momento-, los llamé, al comienzo del siglo en que estamos, aflorismos. El aforismo concluye. El ´aflorismo´ comienza; no acaba donde concluye."
De ese impresionante compendio de sentencias reventonas han eclosionado hoy en miracomosuena algunas de las referidas a la mirada. Disfruta de su luminosidad.

jueves, 5 de febrero de 2015

Eco y Narciso

Salvador Dalí. La metamorfosis de Narciso.1937.

Nos cuenta Ramón Andrés en su extraordinario Diccionario de música, mitología, magia y religión (Acantilado. Barcelona, 2012), que Eco (a la que las musas habían enseñado el arte de la música) era una ninfa de extrema gracia y hermosura que con sus argucias entretenía a Hera para que, mientras tanto, Zeus pudiera ir en busca de aventuras amorosas.
Caravaggio. Narciso. 1594-96.
Cuando se dio cuenta de sus manejos, Hera la condenó a repetir todo lo que oyera, y la incapacitó para hablar por sí misma. Fascinada por Narciso, sufrió su desprecio y como consecuencia murió de amor, aunque su voz quedó vagando por los montes, expandiendo encanto y zozobra.
Guillermo Pérez Villalta. Narciso. 2006.
La raíz del nombre de Narciso significa adormecer u ofuscar, y ofuscadas quedaban las ninfas cuando lo veían.
Naia del Castillo. Narciso. 2011.
Aunque, para ofuscamiento, el del propio Narciso, condenado por los dioses a padecer el dolor del amor no correspondido. Atraído por la sed hasta un arroyo, quedó maravillado por la belleza de su propio reflejo y murió sin atreverse a beber por no turbarlo.   
Richard Avedon. Ringo Starr. 1965.
En aquellos tiempos sí que se escribían buenos culebrones.


J.S.Bach. Suite francesa nº 6. Giga. BWV 817. 
András Schiff, piano. Decca, 1993.

Como brillante ejercicio de eco, ahí queda, querido visitante, el del maestro J.S. Bach en la versión para piano de András Schiff. Que lo disfrutes repetidamente.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

El veneno (alucinógeno) del teatro

La calma mágica, de Alfredo Sanzol.
El 35 festival de teatro de Logroño ha terminado con La calma mágica, la última obra escrita y dirigida por el prolífico Alfredo Sanzol, un autor extraordinario con una forma de narrar muy personal, construida a partir de fragmentos de vida cotidiana con los que teje hermosos tapices muy apropiados para planear desde una butaca sobre nuestra confusa realidad colectiva. 
En sus obras prepara una mezcla perfectamente dosificada de situaciones a menudo naïf y otras veces de un realismo entre mágico y absurdo que no gusta a todo el mundo, pero que a los que nos gusta nos arrebata, porque lo percibimos como singular, brillante y simpático (en el buen sentido), y sentimos que al hablar de sí mismo está hablando de nosotros, de nuestros parientes y de nuestros amigos, bastante parecidos a los suyos, recurriendo a un lenguaje directo y lleno de argot expresivo, de localismos chocantes pero muy eficaces para contar las miserias y deslumbramientos de la vida cotidiana.
Scott Heiser. Big Apple Circus. Nueva York.

Guste o no guste su dramaturgia, lo que nadie discute es su capacidad privilegiada para crear intensidad dramática, para cargar de tensión la peripecia principal y rodearla con derivas inesperadas, válvulas de escape asombrosas que dan a cada una de sus obras y al conjunto de ellas un personal tono poético.

En La calma mágica disfrutamos del teatro como posibilidad psicotrópica, capaz de alterar nuestra conciencia y llevarnos (como a Oliver, el protagonista) a zambullirnos en el futuro, a reevaluar el pasado y a transformar el presente. 
Sanzol lo hace todo normal y verosímil, porque construye lo extraordinario mediante elementos cotidianos que a nosotros también nos son familiares. Su exorcismo nos vale: su armisticio (más que ajuste de cuentas) con el padre muerto, que acude desde ultratumba hasta el  escenario por vía telefónica; sus opciones de riesgo en favor de la dignidad personal; su estrategia para sacar a la luz al animal cazador que seguimos llevando dentro, un traumático secreto que condiciona nuestra conducta.
Richard Young. Elefante.
Todo es natural: desnudarse en el escenario, descubrir el mar, que las fuentes fluyan y dejen de hacerlo, que un conejo nos advierta de los peligros y grandezas de la vida, la convivencia con un elefante rosa y sentir en la absoluta tribulación la extraña paz de una calma mágica.
Lo representado, más o menos metafóricamente, tiene mucho que ver con el autor, que no se esconde, y si lo hace es como parte de un juego de gallina ciega que se practica a la vista de un público que admite ser cómplice, y al que se invita (¿incita?) a indagar en el recuerdo de sus propios misterios individuales y domésticos.
La escenografía de Alejandro Andujar me pareció muy acertada por su aparente sencillez, optando por que sean las palabras las que construyan las situaciones, los ambientes y las geografías. Y en medio de ella, una ventana prodigiosa, tanto plástica como funcionalmente, una especie de espejo de Alicia a través del que ir y venir a otras dimensiones de la realidad.
Isidro Ferrer.
Otro acierto estratégico de Sanzol ha sido prescindir hasta ahora de una compañía “propia” permanente, y optar por el cambio en función de las características de cada texto. En esta ocasión ha contado con Tanttaka Teatroa (en coproducción con el Centro Dramático Nacional), y el resultado ha sido fantástico: los cinco actores dan carne a personajes muy bien escritos de los que hacen construcciones memorables, seguramente enriquecidas en el proceso de montaje. Iñaki Rikarte ocupará para siempre una hornacina en el altar de los neuróticos obsesivos, y Aitor Mazo ha reconstruido al amigo de Bilbao que todos tenemos. Pero yo he tenido siempre una especial debilidad por sus preciosos papeles para mujeres, personajes amables y complejos (como para Frances McDormand) que en esta ocasión bordan y llenan de matices y chispa Sandra Ferrús y Mireia Gabilondo, con el juguete de regalo que sale de una estantería en la persona de Aitziber Garmendia.
Richard Avedon. Dovima con elefantes.
Entre todos logran eso tan extraño que se da en contadas ocasiones: convierten al teatro en algo completamente distinto (¿quizá superior?) a todo lo demás.
Un excelente epílogo para estos primeros treinta y cinco años de festival de teatro, un intento (el primero y más duradero, pero no el único) de construir una oferta pública solvente y viable para una ciudad en la que el teatro privado agonizaba. Hubo que inventar espacios dándoles un uso insospechado y sacándoles posibilidades sorprendentes, hubo que tejer complicidades y alianzas, hubo que apostar e invertir en equipamientos y en plantillas, y sobre todo hubo que crear un público, que descubría (por su edad) o recuperaba (como por ensalmo) el veneno del teatro.
Cartel de Isidro Ferrer para el Centro Dramático Nacional. 2014.

Al menos esto, sea por cálculo o por mera posibilidad de lucimiento, no se lo han cargado.

(Publicado en Rioja2 el 03.12.2014)

viernes, 4 de abril de 2014

Fotomatón

 Chris Sollars. Autorretrato: Hombre, Mujer, Niño. 2011.

El    fotomatón es (¿o habría que decir era?) una cabina automática que se instala en las calles provista de tecnología fotográfica para que los transeúntes se hagan sus instantáneas de urgencia, a fin de resolver un trámite administrativo o para congelar un momento de dicha y desparrame.
Richard Avedon. Igor Stravinski. 1969.
Su estética primaria ha "contaminado" a menudo a los artistas, que han visto en su repentismo un lenguaje óptimo para reflejar espontaneidad y frescura.
Harold Feinstein. G.I. en un fotomatón. Kilmer. 1951.
Es  ideal para el autorretrato, y para hacer el tonto y sacar al "otro" (o a los otros) que llevamos dentro. Por eso gustó tanto a los surrealistas, tan partidarios de todos los juguetes,
Man Ray por Man Ray.


y  fue una máquina tan ligada a la cultura pop como las tragaperras, las guitarras eléctricas y las sinfonolas. Sus frutos banales se convirtieron, a veces, en imágenes imperecederas, como esta, tomada poco antes del "día que la música murió"
Waylon Jennings y Buddy Holly en 1959.
Su  lenguaje simple, entre ficha policial y esquemático retrato robot, sirvió también a los artistas preocupados por el paso del tiempo y por documentar los estragos que ocasiona.
Roman Opalka. 1965-2008.

En  fin: todo un invento fructífero, pero que está a punto de desaparecer arrollado por móviles y "selfies".
Fundación Rara Avis. Conversaciones postales. Photomaton. Collage.

Aunque cualquier día vuelve, con carácter de acontecimiento, para protagonizar La venganza de Fotomatón. 
Y si no, al tiempo.

Caja mágica a partir de una foto de Harold Feinstein.