En su afán por documentar la realidad propia, algunos fotógrafos han llegado al cielo y al averno sin necesidad de recurrir a los servicios de Virgilio para que les guiara.
Richard Avedon encontró al joven portero del Edén, y David Campany descubrió el Infierno en una gasolinera, bien rotulado y con precisas cotas de profundidad.