
Encontramos estos preciosos dibujos infantiles, expuestos entre varios cientos más, en el interior de la iglesia románica de Sant Vicenç, en Besalú. 
Son muy expresivos, dramáticos, personales, atentos a las anécdotas principales del relato que nos cuentan y muy pendientes de la iconografía, del paisanaje y hasta del paisaje, como puede verse en la ocurrente inclusión del celebérrimo puente por el que seguramente cruzan a diario.
Inmediatamente recuerdan las formas de hacer de algunos de los grandes artistas de los últimos cien años, tan particulares, tan potentes.
Seguramente tenía razón el anciano Joan Miró cuando afirmaba que lo que siempre había guiado su fecunda vida creativa era el deseo de reencontrarse con su infancia, de hacer lo posible para que la espontánea chispa de magia que lo iluminó de pequeño siguiera dando luz y sentido a toda su obra, a toda su vida.
Ojalá que la chispa de la intuición, la curiosidad y las ganas les acompañen siempre.