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| F.G. Las eras de acceso a la ermita de Lomos de Orios la noche del 3 de octubre de 2026. |
Roberto Pajares, "Pájaro", lleva un tiempo despidiéndose de la ermita de Lomos de Orios, un privilegiado enclave de la parte riojana del Sistema Ibérico. Es el lugar donde, con su querida familia (Araceli y Clara), ha pasado los últimos cuarenta años como santero al cuidado de la conservación del templo y de sus tradiciones, mientras crecía como persona y como artista e impulsaba, contra viento y marea, proyectos culturales innovadores y arriesgados, asombrosos para la realidad de los tiempos y el lugar.
Quebrar tan estrecho y fructífero vínculo le ha supuesto, necesariamente, un proceso conmovedor de memoria, análisis y duelo, una separación "asistida" y atenuada por las demostraciones de agradecimiento y cariño de los vecinos y amigos que han querido acompañarle de formas muy diversas en semejante trance.
En el concierto que el pianista Claudio Recabarren, su cómplice recurrente, ofreció hace unos días en la ermita, Pájaro, (siempre reacio a hacerse notar y enemigo declarado de "performances" y "acciones", a pesar de haber puesto en pie algunas verdaderamente memorables), sorprendió al público con la recreación en el antealtar, frente al retablo y junto al piano, mediante fotografías tomadas por su amigo de siempre Carlos Comunión, de la espiral de piedras que construyó en 1989 delante de las escaleras de acceso a la iglesia (doce años antes de que pusiera en marcha el parque de esculturas Tierras Altas de Lomas de Oro).

Siempre le ha quitado importancia a ese (y a cualquier otro) trabajo y todavía hoy afirma que con esa intervención no se planteaba otra cosa que sanear el hundimiento del suelo de la era a los pies de la escalera, el lugar donde se instala en las romerías el altar frente al que se congregan los miles de peregrinos devotos que acuden dos veces al año desde muchos lugares del norte de la vieja Castilla para participar en los ritos de las "caridades" y ofrendas. Todo lo más, concede que pretendía hacer "una alfombra para una divinidad femenina".


Probablemente la espiral sea el símbolo más repetido en las manifestaciones religiosas y profanas de las culturas de todo el mundo, desde los tiempos más remotos hasta la actualidad, en cualquier tipo de soporte y con las más variadas intenciones. La sencilla curva que crece a partir de un punto a veces pretende representar de forma esquemática la evolución del universo. Otras simboliza la órbita de la luna y el crecimiento de todo lo vivo, relacionado con la rotación de la Tierra y del Cosmos. Por su apariencia también es mímesis de las serpientes, que surgen de los abismos y son emblema de la sabiduría y de la eternidad. 

Es también marca y reflejo de los fenómenos atmosféricos, particularmente del huracán, que, a su vez, simboliza el desencadenamiento de las funciones creadoras y destructoras del universo, la suspensión de su orden provisional y aparentemente pacífico e inalterable. La espiral también puede representar al viento como hálito y soplo creador, el aliento vital y el espíritu, y está asociada a la idea de danza, por lo que muchos bailes rituales de carácter mágico evolucionan siguiendo líneas circulares, consideradas idóneas para provocar el éxtasis y facilitar la evasión del mundo terrestre para trascender al más allá. 
En fin: una espiral puede tratar de ser cualquier cosa, pero casi nunca es inocente. Quizá por eso también en las prácticas artísticas contemporáneas la presencia de la espiral ha sido recurrente en las obras de creadores tan influyentes como Robert Smithson (Spiral Jetty), Mario Merz (espirales creadas a partir de la secuencia numérica de Fibonacci), Richard Long, Hamish Fulton, Andy Goldsworthy y muchos otros ejecutantes de arte en la naturaleza, perfectamente conocidos por Pájaro (a pesar de su retiro voluntario).
En mis frecuentes visitas al santuario, (por esa y por otras devociones), me gustaba interpretar la obra de Pájaro en un doble sentido: la espiral de Lomos de Orios se genera y expande a partir del punto de acceso al lugar sagrado que ha sido un centro místico documentado desde hace muchos siglos, con una importancia e influencia notable para un vasto territorio de economía y cultura ganaderas muy ricas, y con fieles devotos que transmitían a sus descendientes la lealtad al vínculo y sus obligaciones, por muy alejados que estuvieran a causa de la trashumancia o la emigración. 
Pero esa llamada, esa onda expansiva que emitía permanentemente desde el "motor inmóvil" del lugar sagrado para sus fieles próximos o lejanos, generaba a la vez y en esa misma frecuencia la necesidad de recorrer (o desandar, según los casos) un camino de peregrinación cuyo final estaba representado en esa espiral convergente.
El vínculo era de doble dirección, y su representación un camino de ida y vuelta. La llamada y la respuesta estaban sintonizadas en la misma frecuencia, y la espiral podía considerarse, simultáneamente, una llamada y un abrazo acogedor.Quizá, con la humilde acción de desplegar frente al altar la recreación de su preciosa espiral, Pájaro nos quisiera decir, en silencio, como siempre, que ahora tocaba marchar, pero que allí seguiría siempre, como siempre estamos en los lugares que hemos querido y donde hemos sentido que nos han querido. |
| Las fotos de la acción de la espiral son de F.G. 03.10.2026. |