(...) "Hay algo primigenio en los viajes por agua, aun en distancias cortas. Se nos hace saber que no se espera que nos encontremos allí, no tanto por medio de los ojos, las orejas, la nariz, el paladar o las palmas de las manos, como por medio de los pies, que se sienten raros al actuar como órganos sensoriales.
El agua altera el principio de horizontalidad, especialmente durante la noche, cuando su superficie parece pavimento. No importa cuan sólido sea su sustituto —la cubierta— bajo los pies, sobre el agua se está algo más alerta que en tierra, se tiene un mayor dominio de las propias facultades. Sobre el agua, por ejemplo, nunca se va distraído como por la calle: las piernas nos mantienen, y mantienen nuestros sentidos, en constante verificación, como si uno fuese una especie de compás.
Bueno, tal vez lo que aguza los sentidos cuando viajamos por agua sea en realidad un eco remoto, indirecto, de los viejos cordados dorsales. De todos modos, la percepción del otro se intensifica sobre el agua, como si un peligro común y compartido la realzara.
La pérdida del rumbo es una categoría psicológica, tanto como lo es náutica." (...)
Joseph Brodsky. Marca de agua. (Apuntes venecianos). Traducción de Horacio Vázquez Rial. Edhasa, 1993.
Joseph Brodsky. Marca de agua. (Apuntes venecianos). Traducción de Horacio Vázquez Rial. Edhasa, 1993.








