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| Rafael Sánchez Ferlosio fotografiado por Uly Martín. |
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| Agustín García Calvo. Foto de Jesús Uriarte. |
Agustín García Calvo, conocido por su radicalismo tanto político como lingüístico, había creado un texto que combinaba la tradición de los villancicos populares con una profunda reflexión existencial.
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| Chicho Sánchez Ferlosio. Portada de Borja Bonafuente para el disco Yo no vivo por vivir. Madmua, 2019. |
Cuando Chicho Sánchez Ferlosio descubrió el poema en casa de su hermano se produjo uno de esos encuentros fortuitos que definen las trayectorias artísticas. Chicho poseía una capacidad excepcional para detectar el potencial musical en textos aparentemente no cantables, una habilidad que ya había demostrado con otras composiciones. Mi tío percibió inmediatamente varios elementos que convertían el poema de García Calvo en material musical prometedor.
El texto presenta una estructura repetitiva con estribillo («Don din din dan ya») que funciona como un ostinato musical. Esta repetición crea un efecto hipnótico que Chicho supo explotar musicalmente, convirtiendo la letanía textual en una melodía circular y obsesiva.
La canción en 1968.
García Calvo había construido el poema con abundantes aliteraciones y juegos fonéticos («la gracia nevando», «la grana granada», «muriendo muriendo») que generan un ritmo interno natural. Estas repeticiones sonoras facilitaban enormemente el trabajo de musicalización. El contraste entre la aparente festividad del estribillo y el contenido existencial profundo del poema creaba una tensión dramática que Chicho identificó como terreno fértil para la composición musical.
La canción en 1982.
La adaptación musical que realizó implicó varias decisiones creativas fundamentales. A diferencia de muchas adaptaciones musicales que modifican o simplifican los textos poéticos, Chicho mantuvo la integridad del poema de García Calvo. Esta fidelidad era tanto un homenaje al autor como una demostración de confianza en que la música podría hacer accesible un texto complejo sin traicionarlo. La melodía que compuso Chicho funcionó como una interpretación musical del contenido emocional del poema. Donde García Calvo había plasmado desolación filosófica, Chicho añadió una dimensión de nostalgia y melancolía que hacía el mensaje más humano y cercano.
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| Amancio Prada, Chicho Sánchez Ferlosio y Agustín García Clavo en 1979 en el Colegio Universitario de Zamora, fotografiados por Pablo Sorozabal. |
El poema de García Calvo presenta varias capas de significado que Chicho supo preservar y amplificar musicalmente. Mi tío adoptó una estructura cíclica que reflejaba musicalmente la naturaleza repetitiva y obsesiva del texto, creando una sensación de inevitabilidad que reforzaba el mensaje pesimista del poema.
La repetición de preguntas sin respuesta («Dónde, dónde, dónde fue») y la conclusión recurrente «¿qué más da?» expresan una visión profundamente escéptica sobre la posibilidad de encontrar sentido en la existencia.
La imagen repetida de espacios «sin fe» (la ciudad, el mar, la paz) sugiere un mundo posreligioso donde los antiguos sistemas de creencias han perdido su capacidad de proporcionar significado.
La canción en 1982 cantada por Amancio Prada.
La conclusión devastadora «Todo lo que esperes jamás lo verás» representa quizás el núcleo más pesimista del poema, una negación absoluta de cualquier posibilidad de cumplimiento de los deseos humanos.
Las metáforas del texto («la muerte muriendo», «la vida nacida») presentan un mundo en constante transformación pero sin progreso real, donde los ciclos de vida y muerte se repiten sin propósito aparente.
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| Rafael Sánchez Ferlosio (derecha), en 1977, en Coria con su hermano Chicho (izquierda) y el escritor Julio Martín Casas, compañero de estudios de Chicho en Salamanca. Foto de Álvaro García. |
La figura de Rafael Sánchez Ferlosio como mediador involuntario entre García Calvo y Chicho ilustra el funcionamiento de las redes intelectuales en la España de los años sesenta. Su papel fue crucial no solo por preservar físicamente el texto, sino por crear el espacio donde pudo producirse el encuentro." (...)
Máximo Pradera. Memorias de un nieto confuso. Editorial Navona, 2026.
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| Rafael Sánchez Ferlosio, a la derecha, con Agustín García Calvo, en una fotografía colocada sobre un cuadro en la casa donde murió en 2019. |




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