(...) "Sacó uno antiguo, un disco que había sido de los favoritos de su madre. Se había publicado en 1960, un año antes de que ella muriera, y Bosch lo había conservado en perfecto estado. Lo había cuidado durante años no solo por respeto a su madre, sino también al artista. Dejó caer con cuidado la aguja en la segunda pista de Introducing Wayne Shorter. Shorter, que dejó los Jazz Messengers de Art Blakey para grabar su primer álbum como líder, no tardó en tocar el saxo tenor al lado de Miles Davis y Herbie Hancock. Theo, del Catalina, le había dejado a Bosch el mensaje de que Shorter acababa de fallecer. Bosch se puso delante de los altavoces y escuchó la habilidad de Shorter en el segundo tema.
Wayne Shorter (saxo tenor) con Lee Morgan (trompeta), Wynton Kelly (piano),
Paul Chambers (contrabajo) y Jimmy Cobb (batería).
Su respiración, el trabajo de los dedos, todo estaba ahí. Habían pasado más de seis décadas desde que Bosch escuchara por primera vez esas notas, pero la noticia de la muerte de Shorter había disparado el recuerdo de esa canción que todavía significaba mucho para él. El tema terminó y Bosch levantó con cuidado el brazo del tocadiscos, lo echó hacia atrás y puso de nuevo Harry’s Last Stand. Luego se acercó a la mesa para volver al trabajo." (...)
Michael Connelly. El camino de la resurrección. Alianza editorial, 2023.
Bill Evans en Copenhague. 1964. Foto de Jan Persson.
"Me gustan más las teclas negras Me gustan las luces tenues Me gustan las mujeres que beben solas Mientras yo me encorvo sobre el piano Buscando todas las notas hermosas"
Charles Simic. Tal para cual. (Recogido en Acércate y escucha. Versión de Nieves García Prados. Vaso Roto Ediciones, 2020).
El pianista y compositor Tigran Hamasyan acaba de presentar la canción New Maps como avance de su próximo álbum, The Call Within.
El excelente vídeo que la acompaña está dirigido por Vahan Stepanyan y montado a partir de imágenes inéditas o prácticamente desconocidas procedentes de los archivos de la Compañía de Televisión Pública de Armenia y de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.
A mi me encanta, y me parece una joya.
Tigran Hamasyan.
El álbum, producido por Hamasyan, es un viaje por el mundo interior y las ensoñaciones del artista, tan reales en su opinión como el mundo consciente y material, y se inspira en su interés por los mapas de diferentes épocas, en la poesía, las historias y leyendas populares cristianas y precristianas armenias, las ciencias "precientíficas", el arte rupestre y el cine, estableciendo líneas difusas de contacto y confrontación entre la realidad histórica y su particular mundo imaginario. Música intensa, llena de referencias locales dentro de la profunda corriente universal del mejor jazz contemporáneo.
Tigran Hamasyan en el estudio de grabación, fotografiado por Luska.
Portada de la reedición del disco de Fletcher Henderson que contiene los temas mencionados. De pie, en el centro, Louis Armstrong.
(...) "Por un momento, cuando cortó el cordel y abrió el paquete, Rath se olvidó hasta de Charly. Unas páginas de periódico saltaron del interior, páginas de periódico en inglés. El paquete estaba bien acolchado. Encima había una carta, pero la curiosidad de Rath iba en pos sobre todo de otra cosa. ¡Un disco nuevo! Contempló el envoltorio cuadrado y sacó la funda interior con un movimiento diestro. «Fletcher Henderson Orchestra, —leyó—, Easy Money Blues».
¡Recién llegado de Nueva York! Le hubiera encantado ponerse a escucharlo inmediatamente. Rath sacó el disco negro de su funda y lo sostuvo como si se tratara de una porcelana de gran valor. Come on, Baby! Era el título de la otra cara." (...)
Cubierta original del disco, sin carátula y sin más información que la de la "galleta".
Así nos cuenta Volker Kutscher, el autor de las novelas sobre el comisario Gereon Rath (que han servido de base para los guiones de Babylon Berlin, la espectacular serie sobre la convulsa vida berlinesa durante la República de Weimar) el acontecimiento que suponía en los años 1920-30 la llegada de un disco de importación a una casa.
Muchas décadas después la alegría y las expectativas siguen siendo igual de grandes. Pase lo que pase en la calle, el acontecimiento está dentro de la habitación.
Herbie Hancock en la portada de uno de los libros de Francis Wolff con sus fotografías de músicos de jazz.
(...) «Al día siguiente por la tarde, el mensajero de Charlie Hebdo estacionaba delante de los Inválidos justo cuando yo me dirigía a ver a Denise, mi fisio especialista. Me propuso dejar el gran sobre en el puesto de enfermería, pero yo no podía esperar. Lo cogí y me fui con él bajo el brazo directamente a la consulta. En la salita de espera abrí el sobre, saqué el libro y lo contemplé. La cubierta en cartoné oscuro estaba manchada, pero apenas se notaba. Solo se veía al pianista Herbie Hancock en una imagen de 1963, el año de mi nacimiento. Lleva gafas. Mira a la derecha, ligeramente hacia arriba, elegante y altivo, las manos sobre el teclado. Probablemente esté mirando a un solista que queda fuera de plano. Las manchas de sangre se confundían con el negro de la foto. Abrí el libro para buscar la foto de Elvin Jones que le enseñé a Cabu.
Elvin Jones fotografiado por Francis Wolff en 1964.
Fue entonces cuando me di cuenta de que las páginas estaban pegadas. Miré el canto. Tenía una mancha enorme: al secarse, la sangre –mi sangre, mezclada tal vez con la de mis compañeros– había sellado las páginas. Las fui separando una a una mientras esperaba la sesión de fisioterapia, retrocediendo en el tiempo hasta la época en la que, con dieciséis años, con mis primeros ahorros, me compré mi primer vinilo de John Coltrane: My Favorite Things. El jazz me había ayudado a vivir; el libro, a no morir. En adelante, los dos llevaban una firma.
John Coltrane Quartet. My favorite things. 1964.
He descrito este libro en el capítulo sobre el atentado. Se trata de un libro magnífico de fotografías en blanco y negro hechas en los años cincuenta y sesenta por Francis Wolff, uno de los dos fundadores del célebre sello neoyorquino Blue Note.
Algunas portadas de Francis Wolff y Alfred Lion para Blue Note.
Él y Alfred Lion eran judíos alemanes que se habían exiliado antes de la guerra. De Miles Davis a John Coltrane, de Eric Dolphy a Dexter Gordon, de Horace Silver a Thelonious Monk, la mayor parte de los que hicieron jazz en esos años grabaron con ese sello momentos musicales casi inolvidables. En las fotos todos los músicos salen guapos, todos tienen una clase y una elegancia sin igual. Casi todos son negros. ¿Qué muestran las imágenes de Francis Wolff? Un mundo en el que grandes artistas originarios de una minoría oprimida, que trabajaban y vivían de noche y cruzaban en muchos casos túneles llenos de droga y de alcohol, crean una música aristocrática. Son las formas sensibles de la distinción y la dignidad."(...) Philippe Lançon. El colgajo. Ed. Anagrama, 2019.
John Coltrane fotografiado por Francis Wolff.
Philippe Lançon, uno de los supervivientes del atentado de Charlie Hebdo en enero de 2015, trata de explicarse algunos de los enigmas de la vida a través de la escritura. Y lo logra en El colgajo, reconstruyendo el atentado y su truncada biografía, indagando en lo que fue, en lo que ha quedado de él tras el crimen colectivo y en lo que espera llegar a ser, utilizando su relación con la cultura como columna vertebral de su proyecto.
(...) «Una y otra vez, con su hija menor, la rabia y el odio hacia sí mismo engullían a Eddie como un torbellino y lo dejaban transido de pena y exhausto. Aun así, podía ser todo tan dulce... El atardecer azulado al otro lado de las ventanas, el ron de Brianne enturbiándole agradablemente los pensamientos, sus hijas acurrucadas junto a él como gatitos... Duke Ellington en la radio, el alquiler del mes pagado...» (...)
Mezquida, Chicuelo y De Mode. Foto de Oliver Adell.
Vinieron a Logroño Juan Gómez “Chicuelo” y Marco Mezquida, muy
bien acompañados por el percusionista Paco de Mode, para presentar su disco Conexión, y la noche
resultó mágica, con los músicos emocionados y el público puesto en pie, fundidos
en una larguísima ovación. Todo lo que tocaron sonó inspirado: poderoso, solemne
y compacto, pero sin dejar de ser ni por un momento delicado, sutil y fresco.
Sería fácil hablar de antecedentes en la generadora convivencia
entre el flamenco y el jazz, de Tomatito y Michel Camilo, de Chick Corea, de
las distintas formaciones que fueron saliendo del sexteto de Paco de Lucía, pero
la conexión entre Chicuelo y Mezquida es otra cosa. Es la unión de dos músicos
de espíritu libre que crean y se apoyan en las cualidades del acompañante al
que consideran su igual, enriqueciendo y haciendo más complejo un resultado que
se sale de lo previsible. Sin barreras, sin fronteras, sin cálculo, todo
apostado a la curiosidad y al crecimiento recíproco. Y el resultado es algo
nuevo, distinto, propiciado por el Taller de Musics de Barcelona, laboratorio y
espacio de libertad que facilita el reunirse y circular sin prejuicios.
El viejo concepto de “fusión” queda obsoleto, desbordado por
esta pujante realidad que parte en esencia de referencias a formas rítmicas y
de compás flamenco (bulerías, rumbas, seguiriyas, tangos,…) pero con desarrollo
armónico y melódico jazzístico. Un árbol de raíz y tronco flamencos y hojas y
frutos de apariencia, colorido y sabor muy diversos, tanto como los perfiles y
hechuras del jazz contemporáneo.
Lo que pasó sobre el escenario del teatro Bretón estaría
bien descrito recurriendo a algunas de las palabras utilizadas por Marco Mezquida en las
introducciones de los temas: cálido, energético, cardiaco, sofisticado,...
El trío funcionó unas veces como delicado recreador de
ambientes, muy descriptivo (moviéndose a gusto en un lugar impreciso pero
amplio y hermoso donde se encuentran creadores de la órbita de Pat Metheny o
Ralph Towner), ampliando el colorido de los instrumentos percutiendo o rasgando
las cuerdas del arpa del piano, mediante campanitas y por el brillante uso que
de la percusión hizo en todo momento Paco de Mode, que sacó del cajón peruano
una inagotable cantidad de matices y gusto.
Otras veces sonaron como un trepidante engranaje de precisión
pleno de brío y compás, brillante, con melodías luminosas (como la bulería titulada
Al sol, un tema con madera de éxito perdurable que tiene todas las cualidades
de una buena sintonía), piezas ideales para ser bailadas -por quien sea capaz y
se atreva, eso sí- como una suite, como un ballet completo.
Chicueloestuvo en
todo momento muy flamenco, en equilibrio perfecto de técnica y sentimiento,
sofisticado, inspiradísimo y veloz, muy cantábile,
delicado y poderoso a la vez, muy expresivo, acentuando la melodía bajo su
impecable compás , sirviendo de soporte y arrastrando a Marco Mezquida, que, como siempre, fue un torrente de emoción y
ritmo, vertiginoso cuando era necesario pero transmitiendo igual de bien en los
momentos de calma y en los tiempos medios, evocador, romántico, con la capacidad
para regresar de los abismos sentimentales en una vuelta de piano, retomando el
ritmo, lleno de swing, sobre el que Chicuelo podía puntear frenético.
El invitado Paco de
Mode fue una gratísima sorpresa, impecable y discreto, preciso,
imaginativo, y aprovechando en la rumba Engaño (un tema riquísimo, que vale un
concierto) o en la culminación de la seguiriya “Lenta, andante y trepidante” para
brillar más por estar en primer plano, aunque siempre lució igual de eficaz.
Chicuelo, Mezquida y De Mode.
Se ve que el disco se les quedó corto, y presentaron varios
temas inéditos del nuevo proyecto, como el tanguillo Romesco, lleno de alegría y musicalidad, con constantes cambios de ritmo en
los que demostraron virtuosismo, intensidad y sabroso efectismo: ideal para una
despedida apoteósica.
Portada de Thelonious Monk Quartet with John Coltrane at the Carnegie Hall. 2005. Ilustración de Felix Sockwell.
El detective Harry Bosch, protagonista de la serie de novelas policíacas escritas por Michael Connelly, pone banda sonora a las tristezas y desengaños que le provoca la corrupción de Los Ángeles a base de muy selecto jazz. En la entrega número doce, “Echo Park”, respondiendo a la pregunta de una invitada a cenar (y a cualquier otra cosa que pudiera surgir...) acerca de lo que está sonando, afirma: "Yo lo llamo el «milagro en una caja». Es John Coltrane y Thelonious Monk en el Carnegie Hall. El concierto se grabó en 1957 y la cinta se quedó en una caja sin marcar en los archivos durante casi cincuenta años. Simplemente se quedó allí, olvidada. Un día, un tipo de la Biblioteca del Congreso que revisaba todas las cajas y cintas de grabación reconoció lo que tenían delante. Finalmente lo editaron este año pasado."
El "tipo" era Larry Appelbaum, supervisor del laboratorio que digitalizaba los fondos sonoros, y enseguida valoró la importancia del descubrimiento, que superaba en calidad de sonido, intensidad expresiva, compenetración y musicalidad a todas las grabaciones conocidas de tan grandes intérpretes, bastante escasas por problemas contractuales entre sus respectivas casas de discos.
Contraportada de Thelonious Monk Quartet with John Coltrane at the Carnegie Hall. 2005.
Se trataba de la grabación de un concierto en el Carnegie Hall a beneficio de una asociación de Harlem, realizada en alta fidelidad por la radio pública Voice of América, que nunca llegó a emitirla. La revista Newsweek afirmó que el hallazgo era "el equivalente musical al descubrimiento de un nuevo Everest" y cuando Blue Note sacó el CD en 2005 fue un gran éxito comercial, al ser valorado como una de esas grabaciones históricas que se convierte en un clásico instantáneo, y reconocido como uno de los hallazgos verdaderamente geniales en la tradición del jazz porque documentaba el estado óptimo de la relación musical entre dos influyentes genios, dos creadores muertos hacía décadas (Coltrane en 1967 y Monk en 1982)
John Coltrane, Shadow Wilson, Thelonious Monk y Ahmed Abdul-Malik en el Five Spot. La misma formación y año, 1957. Foto de Don Schlitten.
Pero volvamos de nuevo al piso del detective Bosch. "Puso las cajas en el suelo del comedor y esparció las carpetas sobre la mesa. Había un montón y sabía que tendría ocupación durante al menos un par de días con lo que se había llevado de la oficina. Se acercó al equipo de música y lo encendió. Ya tenía puesto el cedé de la colaboración de Coltrane y Monk en el Carnegie Hall. El reproductor estaba en aleatorio y la primera canción que sonó fue «Evidence». Bosch lo tomó como una buena señal al volver a la mesa."
Thelonious Monk y John Coltrane.
Los datos, las evidencias, suelen estar por en medio, estorbando, a la vista de todos. Solo hay que pararse a mirar detenidamente y dar con "la caja milagrosa".
José Miguel León. Antepecho déco en balcón de Barcelona.
El descreído Emil Cioran preguntaba en sus Silogismos de la amargura: "¿Para qué releer a Platón cuando un saxofón puede hacernos entrever igualmente otro mundo?"
Más allá de la "ocurrencia", se ve que era de la misma opinión que muchos otros melómanos que minusvaloran - o, directamente, desprecian -, al grito de "las letras, para los que no entienden la música", todo lo que no sea estrictamente "musical". Como si las palabras, cuando son las adecuadas, carecieran de esa cualidad.
Günther Kieser. Cartel con corneta para el Jazz Festival Frankfurt. 1978.
Pero puestos a despreciar, pocos tan radicales como el propio Platón, que propuso expulsar de la República a los poetas, mientras consideraba a la música esencial para la formación de los jóvenes en el camino hacia la virtud y la belleza. Y dentro de la música, en pie de igualdad con la armonía y por encima del número (el ritmo, diríamos hoy), las palabras.
Paul Colin. Cartel. París, circa 1930.
Aunque no fuera más que por el placer de escuchar a algunos extraordinarios cantantes ha de considerarse un acierto la productiva mezcla de música y palabras que llamamos canción, inagotable fórmula de éxito.
Sirva como muestra este Fine and Mellow, escrito y cantado por Billie Holiday y acompañado no por uno sino por cuatro saxos (Coleman Hawkins, Lester Young, Ben Webster y Gerry Mulligan) entre otros portentosos maestros. La canción, de 1939, ya denunciaba un tema tan clásico como vergonzoso: la violencia doméstica, más o menos consentida.
Jim Marshal. John Coltrane tocando el saxo soprano. Circa 1960.
Las letras también nos desvelan "otros mundos". Como Platón. Como Cioran. Como John Coltrane.
La canción no avanza, aunque parezca mentira. No avanza porque nos está esperando, espera a que nos incorporemos, a que entendamos.
¿Un minuto? ¿Tres minutos? Ya no importa en el centro del abismo.
Ahora entro yo, persiguiendo a Dios. Eso que suena ahora es mi aliento de buscador, mi aliento de detective mi aliento de asesino de la razón. Pero como Dios no escucha sigo tocando. Una hora, dos horas, veinte horas, hasta que el saxo se me despega de las manos, hasta que el saxo se desprende de mis labios, el aliento se extingue y me quedo dormido en la melodía.
Sueño que la canción se resuelve en el sueño.
Coltrane en un descanso de la grabación de A Love Supreme.
A la mañana siguiente vuelvo a comenzar.
Pero sería absurdo continuar donde lo dejamos ayer, así que me pregunto: ¿dónde estará Dios? ¿En qué escala secreta? ¿En qué nota? ¿En qué sucesión de acordes?
El resto de los músicos me abandona.
John Coltrane junto a Eric Dolphy.
Hacedme caso: no encontraréis a Dios en las palabras, ni en el espacio exterior, ni en el interior de los átomos.
Yo sigo buscando. Comienza la canción."
Miguel Serrano Larraz. John Coltrane (Incluido en La sección rítmica. Editorial Aqua. Zaragoza, 2007) Lectura del poema por su autor, en las Décimas
jornadas de poesía en español. Logroño, 2008.
Manuscrito de John Coltrane con la estructura de A Love Supreme.
Andrés Nagel. Serie de obras dedicadas al jazz. Museo de BB.AA. de Bilbao. Fotos de F.G. 12.2015.
Con el concierto titulado “Jazz de aquí y de ahora” acabó el decimosexto ciclo de jazz de Cultural Rioja. Tanto una cosa como la otra eran, en realidad, bastante relativas, tratándose de una materia tan intemporal y carente de fronteras como el jazz: los músicos, en su mayoría riojanos, estuvieron muy bien acompañados por otros excelentes venidos de provincias vecinas; la música interpretada se refería, sin discriminar, al callejero de Manhattan, la sentimentalidad rioplatense, el París evocado por su utilización en el cine, los campos de La Rioja, las calles de Pamplona o los cielos de Missouri; y entre los temas que escuchamos hubo standards, sonoridades clásicas y, eso sí, un buen puñado de excelentes composiciones novísimas creadas por los protagonistas.
En España, fuera de las grandes ciudades, el jazz “en provincias” tiene escenas locales bastante parecidas. En el caso de Logroño y La Rioja se caracteriza por un abundante número de grupos con bastante permeabilidad y miembros intercambiables, y unas cuantas citas estables, (los festivales de Ezcaray, Munilla, Alcanadre y Arnedo, y los dos ciclos de Logroño, el de Cultural Rioja en el Teatro Bretón -que continúa desde 2001 el largo camino que inició el Ayuntamiento en sus lejanas colaboraciones con la O.C.A. del Ministerio de Cultura y con el Festival de Madrid-, y el que ha recogido el Biribay Jazz Club tras el largo periplo del Café El Viajero, además de un puñado de actuaciones esporádicas.
En cuanto al aprendizaje, más allá de la repetición autodidacta hay posibilidad de formarse en escuelas y conservatorios, ampliando estudios y horizontes en Musikene o en el Pablo Sarasate, o más allá según los intereses y las posibilidades de cada cual. Y hay también un grupo de aficionados considerable, pero que no llega a ser suficientemente amplio como para producir un salto cualitativo en la consideración pública e institucional y en la atención prestada por los medios de comunicación. En ese difícil (por reducido y por árido) terreno de juego resulta imposible la profesionalización, y bastantes de los músicos permanecen ligados a la enseñanza, lo que supone claros inconvenientes pero evidentes ventajas, como mantenerse en contacto con los jóvenes y la información permanentemente renovada. Los que, contra viento y marea, siguen adelante y “mantienen la llama”, tocando donde son requeridos y autoeditando sus discos, son, decididamente, admirables. Sin duda merecen más ayuda -o al menos que se les pongan menos trabas- y eso se puede hacer de muchas maneras, entre otras facilitando la posibilidad de actuaciones en clubs y cafés y reduciendo el IVA de las entradas a un nivel civilizado.
La sesión del pasado jueves se organizó como tres conciertos independientes y continuados de algo más de treinta minutos cada uno, sin más interrupción que la mínima necesaria para realizar los imprescindibles cambios. Empezó el trío que ha formado el batería Jorge Garrido para recrear –en su disco Vintage- el repertorio de Thelonious Monk. Al carecer de piano el esfuerzo principal y el brillo recayeron sobre el saxofonista Alberto Arteta, que tuvo que hacer a la vez de Monk y de Charlie Rouse. Los arreglos de Garrido investigan en las inagotables posibilidades de temas todavía crípticos, llenos de misterio (Green Chimneys, Think of one, Brilliant corners, Bright Mississippi,...), propicios por igual para grandes improvisadores y para baterías y contrabajos imaginativos y flexibles, proclives al cambio de ritmo, como el propio líder y Marcelo Escrich. Continuaron Javier López Jaso & Marcelo Escrich Quartet, que tocaron temas de su disco Pagoda compuestos por el acordeonista (Un paseo con Astor, Vals 2016) y el contrabajista (Casimiro, 5 grados Brix). Fue una actuación llena de dinamismo y color, muy rica melódicamente, a la que cada uno aportó sus notables capacidades y el fruto de sus reconocibles gustos. El dominio del acordeón de López Jaso -su sensibilidad y su brillo- fueron muy bien complementados por la guitarra de Luis Giménez, y la complejidad rítmica elaborada por Escrich encontró en el excelente batería Daniel Lizarraga a su adecuado cómplice. Cerraron de manera espectacular con una preciosa versión -reconocida con merecidos premios en otros festivales- del Libertango de Astor Piazzolla, cuya actitud y emotividad sobrevoló toda la actuación. La noche acabó con Ulrich Calvo y su Jazz Quartet, liderado por el talentoso guitarrista y compositor que le da nombre y marca de forma precisa su ecléctica dirección. De su mano llegaron los sonidos más contemporáneos, muy en la onda de los grandes guitarristas norteamericanos (más Bill Frisell que Pat Metheny, seguramente, aunque también John Scofield), muy interesado en la claridad de las melodías pero sin renunciar a enriquecer su limpio fraseo con efectos y pedales. La música de Ulrich Calvo resulta sofisticada y muy descriptiva, de horizonte amplio y siempre brillante. Como intérprete estuvo impecable (Solete, Dreams, Hang Open) y dejó espacio de lucimiento a Alberto Arteta en los desarrollos melódicos (especialmente bien en Loop mind y Hang Open, con su agilidad hard bop, incluida una cita de Monk) y siempre a la sección rítmica, con Kike Arza al contrabajo (excelente en Anita) y Daniel Lizarraga a la batería, a punto en todo momento.
Si nos atenemos a las flores recíprocas que se dedicaron los grupos -y en las que se fue buena parte del escaso tiempo previsto para sus intervenciones-, podríamos deducir sin riesgo que los músicos se llevan bien y se aprecian.
Las más justificadas y merecidas, sin duda, fueron las dedicadas al maestro Miguel Calvo, referidas a su papel singular en la creación y sostenimiento de vocaciones jazzísticas entre los jóvenes aficionados (algo en lo que coinciden -naturalmente- buena parte de los músicos del rock local).
Nobleza obliga.
"Jazz de aquí y de ahora"
Jorge Garrido (Monk Trío)
Javier López Jaso & Marcelo Escrich Quartet
Ulrich Calvo Jazz Quartet JAZZ 2016. Cultural Rioja Teatro Bretón. Logroño 2 de junio de 2016
El concierto de David
Kikoski en el ciclo de jazz de Cultural Rioja sirvió para confirmar muchas
de las cualidades que se atribuyen a este prodigioso pianista que lleva formando
parte y liderando grupos con muchos de los mejores músicos de jazz de los
últimos veinticinco años. La principal, por globalizadora, quizá sea la
afirmación de Roy Haynes acerca de que “Kikoski puede tocar cualquier cosa.” Y
además tocarla muy bien, porque es un pianista torrencial, de técnica excelente
y sonoridad cristalina; un virtuoso versátil,
rítmicamente extraordinario y fácil improvisador. Y un prolífico compositor.
Planteó la actuación como el reconocido especialista en
combinaciones que es, y mezcló en el repertorio temas propios (Tamami, New old
ballad, Dirty dogs,…) con standards del cancionero del Tin Pan Alley (como How
deep is the ocean, de Irving Berlin) y otros que, aunque propios, se inspiran
decididamente en las formas canónicas del blues (K´s blues) o del bebop y el hard bop (Winnies Garden).
David Kikoski, Martín Leiton y Martin Andersen.
Cuando quiere puede sonar hondamente lírico, lleno de
emoción y próximo al sentimiento romántico, especialmente en sus largos solos, -como
la hermosa introducción de su tema Cecilia, con la que abrió el concierto-. Lo
que se anunciaba como un cuarteto fue, en realidad, un “trío más uno”, lo que
no siempre es lo mismo. Al frente del trío (esa perfecta máquina de equilibrada
precisión pensada para obtener de su productiva dinámica el mayor fruto de tan pequeña agrupación) Kikoski sonó potente y lleno de
swing, aportando su inagotable impulso y construyendo sin cesar sobre la riqueza
rítmica de los compañeros que le acompañaban, el canario Martín Leiton al bajo, un músico completísimo y lleno de curiosidad,
poderoso, intenso, flexible y fluido, capaz de “cantar” las melodías y de
emocionar, -muy en la línea de sus antecesores en el puesto Eddie Gómez o
Christian McBride-, y el danés Martin
Andersen a la batería, un excelente soporte de riqueza rítmica, creativo
constructor, preciso, sutil y colorista.
Voro García
Y junto al trío, el valenciano Voro García, tan brillante a la trompeta como al fiscornio, técnicamente
impecable, tan apasionado como imaginativo, transmitiendo a la audiencia el infrecuente
placer de escuchar a un músico contemporáneo y con voz propia que ha
interiorizado tan provechosamente las enseñanzas de Woody Shaw y lo mejor de la
historia de la trompeta.
David Kikoski demostró que sigue teniendo, como siempre ha tenido, la
habilidad de hacerse acompañar por excelentes músicos de cualquier latitud con
los que establece fructíferas colaboraciones plenas de fuerza, de las que
surge, desbordante, la belleza.
David Kikoski Quartet JAZZ 2016. Cultural Rioja Teatro Bretón. Logroño 26 de mayo de 2016