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lunes, 24 de octubre de 2016

Maneras de beber

Nico Ouburg.

"La borrachera puede ser la lógica consecuencia del beber, pero no tiene por qué serlo.
Al estar borracho se pierde la posibilidad de seguir bebiendo y de extraer el debido placer de lo que se bebe. De hecho, pocas cosas irritan tanto al buen bebedor como emborracharse.
Silvio y Barra libre. 1988.

Otra cosa es la ebriedad, un estado chispeante y generoso del espíritu, en el que uno se puede sentir hermanado incluso con el más impresentable de entre todos nuestros semejantes. Es un estado dicharachero y afín a la camaradería y al ingenio, que puede ser muy agradable, aunque también puede derivar en la celebración de los cantos regionales y en bailoteos del tipo La Conga de Jalisco, que son cosa bastante simple y hortera.
François Kollar. Catador de Cognac , Jarnac. 1952.

Hay un tercer estado que nada tiene que ver con los dos anteriores y que es prácticamente indefinible, pues se refiere a aspectos muy singulares del carácter de cada bebedor y de las circunstancias que en cada momento pueden rodearle. Es ese estado en el que uno se da cuenta de pronto de que tiene en el cuerpo las copas precisas, o de que se está tomando la copa que le va a hacer a uno feliz. Todo el delicadísimo mecanismo del cuerpo y del espíritu está entonces a punto de equilibrio, y el hombre benévolo se siente pletórico de bondad, en la misma medida en que el malvado se siente, entonces, rebosante de maldad. (…).

Marilyn Monroe en Con faldas y a lo loco.1959.

Sin embargo, los selectos señalados por el dedo de Dionisos tienen la cabeza zumbona y el espíritu juguetón, las penas clasificadas en el desván de los desastres y las alegrías en la punta de la lengua.
 Henri Cartier-Bresson. En el velódromo.

Claro que, por otro lado, hay momentos en que lo que uno quiere es emborracharse, es decir, remojar cuerpo y alma en alcohol hasta que la sensibilidad quede bien embotada, coriácea. En ese caso lo que hay que hacer, en primer lugar, es armarse de paciencia, ya que pocas cosas son tan difíciles como emborracharse cuando uno así lo desea. Después hay que desconectar el teléfono y dejar el salón con un sólo punto de luz, a ser posible, aceitosa.
Chargesheimer,  Heinrich Böll , 1957.

Fados de Carlos Do Carmo, tangos de Gardel, fandangos de los hermanos Toronjo, blues de John Lee Hooker, alguna canción de Judy Garland y algo de Dizzy Gillespie (para aliviar más que nada) será la música de toda la noche.
Juan Habichuela, Enrique Morente y Pepe Habichuela. 
Una vez dispuestas todas esas cosas, solo queda ponerse a beber, pero sin ninguna prisa. Beber con rapidez solo conduce a la confusión mental. Hay que hacerlo despacio, con mucho sosiego y sin descuidar que siempre, siempre, la mezcla de whisky con hielo y agua sea la adecuada, la que el paladar encuentre más deliciosa y estimulante.

Pasarán las horas y lo más probable es que no se consiga la deseada cogorza. Pero si el ritual se ha desarrollado con corrección, quizá se haya tenido ocasión de revisar no pocos aspectos de la vida que merecen afrontarse en medio de estruendosas carcajadas y golpes en los muslos. O quizá se le haya podido ocurrir a uno alguna fórmula para dar un tocomocho imposible de fallar…

Mike Disfarmer. Heber Springs, Arkansas. Circa 1940-1945.
El caso es que llegará el alba y el único problema será que se habrá fumado demasiado. Lo mejor será darse una ducha y sumergirse en la cama. Claro que a lo mejor esto último se hace innecesario. Quizá la tierna misericordia del altísimo se compadezca del pobre imbécil que se esfuerza por enmendar los errores de una vida plagada de desaciertos, y haga que descienda sobre él un sueño reparador, sin que el frustrado borracho tenga que moverse del sillón. Es lo mejor que puede ocurrir en estos casos. (…)"

Eduardo Chamorro. Galería de borrachos. Penthalón ediciones, 1981.


¡Salud para todos!
¡Y alegría por todo el cuerpo!

lunes, 26 de enero de 2015

Vicente Amigo, raíz libre

Vicente Amigo.


A lo largo de cien intensos minutos, Vicente Amigo protagonizó un gran concierto en el Teatro Bretón como apertura de los Jueves flamencos de 2015. Nos guió en un largo viaje por su amplia obra, y se mostró, igual que siempre, como un privilegiado músico colmado de inspiración, con una técnica precisa y brillante y un sonido poderoso y limpio (enriquecido en ciertos momentos por eficaces efectos de reverberación que daban profundidad y “volumen” a tan delicada presencia).
Pablo Picasso. Guitarrista. 1910.
Sigue, como toda su vida, entregado a un exigente proceso creativo en el que a menudo es más importante lo que se depura a base de trabajo que lo que se va añadiendo. Sus preocupaciones son las de los grandes guitarristas: tempo, matiz, dinámica, control emocional, sutileza rítmica y velocidad. El fruto, por encima de todo (o como resultado de todo lo anterior) es una obra cargada de emoción y profundidad, evocadora y profundamente descriptiva. Es difícil saber por qué un proceso regido por la frialdad analítica y la autoexigencia técnica acaba afectando tan directamente a la emoción de los espectadores, pero así es: Vicente Amigo aporta en su interpretación un sorprendente calor comunicativo que consigue mantener vivo el interés emocionado del público, y así lo demostró reiteradamente el que, entregado, llenaba el teatro. Y todo ello dentro de una saludable sobriedad, de una profunda sentimentalidad plenamente transmitida. Misterios del arte y de la poesía. 
Juan Gris. La guitarra. 1918.
El concierto tuvo un profundo encaje flamenco (una honda raíz de tangos, bulerías, rumbas, tarantas, soleás,...) , pero gozó de vuelo alto y largo, de un abundante enramado de sonidos adquiridos por la curiosidad de tan fecundo compositor. Siempre ha buscado Vicente Amigo la influencia y compañía de músicos ajenos a la cultura flamenca (y no solo guitarristas), y siempre le ha dado buen resultado ese gusto por escuchar, disfrutar y mezclarse con creadores distantes para enriquecer su propio lenguaje, como mejor forma para sacar de sí lo que tiene dentro, de crear una obra personal construida sobre los moldes clásicos (la cadencia, el ritmo y los modos flamencos), pero dilatando las formas expresivas hasta conseguir algo propio, aunque inmerso en un saber tradicional y colectivo.
Ese dilema entre lo popular y la creación, esa lucha para dar un espacio a la expresión personal (por tocar siempre, como recomendaba Sabicas, “la propia música”) se resuelve en su obra en el constante enriquecimiento de la armonía, ampliada y expandida hacia otras músicas y con lo aprendido de otras músicas. El resultado no perturba el carácter original, sino que lo enriquece y amplía.
Georges Braque. Hombre con guitarra. 1911.
El largo proceso de perfeccionamiento técnico y exigencia creativa de la guitarra flamenca hasta convertirse en guitarra de concierto (que, por no irnos a la imprecisa arqueología “flamencólica” podemos arrancar en la columna vertebral forjada por Ramón Montoya, Niño Ricardo y Sabicas, y terminar en esa incomparable nómina de las últimas décadas que ustedes conocen y yo no voy a mencionar, porque las comparaciones son odiosas y los olvidos, criminales), la han conducido, si no a un callejón sin salida, sí a una encrucijada en la que músicos sobresalientes se sienten poco motivados para acompañar al cante (salvo en algunos discos), y componen y graban sobre bases exportables, más universales y perfectas para la difusión internacional. Quizá Vicente Amigo (que ha tenido un estrecho vínculo creativo y personal con la mayor parte de esta irrepetible “edad de oro” de la guitarra) sea en la actualidad el principal representante de esa joven generación extraordinaria de grandes músicos (evidentemente, mucho más que intérpretes virtuosos) con más proyección en el exterior que en nuestro país, a través de colaboraciones con músicos singulares de otros ámbitos culturales. España, a menudo, se les queda pequeña.
F.G. Mezquita. Córdoba. 01.2015.

Quizá una salida a ese dilema podría venir de mirar atrás y reconocer que la guitarra ha dado tan buenos frutos acompañando al cante como en su afán por hacerse digna protagonista de los conciertos. Hay motivos para añorar el impulso de esas prodigiosas parejas creativas más o menos “estables” (como las que formaron Ramón Montoya y Antonio Chacón, Pepe Habichuela y Enrique Morente o Paco de Lucía y Camarón de la Isla), que sirvieron para provocar saltos cualitativos en la cultura flamenca y renovar y ampliar el canon de esta música asombrosa.
Seguro que no es fácil dar ese "paso atrás", pero sería estupendo para el flamenco, para los músicos y para los aficionados.
Vicente Amigo.
Un reto solo a la altura de grandes como Vicente Amigo.



Vicente Amigo.
(con Antonio Coronel, Añil Fernández y Rafael de Utrera)
Teatro Bretón. Logroño.
22 de enero de 2015.

 (Publicado en Rioja2 el 26.01.2015)