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miércoles, 12 de febrero de 2025

En la ville lumière

F.G. Luz fría. Collage de papeles encontrados. 01.2025.

F.G. "El viento de la noche gira en el cielo y canta." Collage de la serie En bandeja. 01. 2025.

lunes, 30 de diciembre de 2019

Paco Ibañez: fe de vida


Paco Ibañez en Riojaforum. Logroño, 27.12.19. Fotos de François Flou.
El público que llenó el Riojaforum de Logroño el pasado viernes para escuchar y ver a Paco Ibañez (ausente de esta plaza desde hace treinta años, en que vino al Auditorio Municipal, con Imanol, dentro de una gira que aspiraba a generar recursos para montar una carpa que acogiera a todas las artes en marcha permanente) puede certificar ante quien sea menester que el maestro sigue vivo, con muchas ganas y en razonable buen estado, lo que no es poco para quien disfruta de ochentaicinco años muy trabajados.
Tan sobrio como siempre pero bastante más dicharachero y coloquial que nunca, planteó un concierto austero, directo, sin ocultarse tras el fácil parapeto de sofisticados arreglos y abundantes músicos que compensaran los efectos del paso del tiempo: él solo, de negro riguroso, de pie con su baqueteada guitarra de toda la vida, frente a una iluminación básica, cruda, sin efectos ni colores, arropado solo por un buen sonido que quizá pecó de un volumen excesivamente bajo, lo que tuvo la ventaja de exigir al respetable un alto nivel de atención y respeto, cosa cada vez más infrecuente en estos tiempos que corren, en los que la amplificación disparatada que suele acompañar a toda la música popular sirve para aturdir más que para comunicar y todo se convierte en espectáculo y verbena.
Paco Ibañez acompañado, ocasionalmente, por Mario Mas y César Stroscio.
Nuestro risueño estoico lució sus cualidades de siempre, las de buen músico con un excelente oído para servir y realzar el ritmo interior de poemas que ha convertido en himnos generacionales, sin adornos, sin otro vuelo que el de las palabras, que es un vuelo alto y libre. Esa labor admirable la sigue vistiendo con una voz dramática, de una levedad vibrante y prodigiosamente entonada todavía. Como guitarrista, su aparente simplicidad oculta el esencial valor de saber enmarcar, destacar y subrayar los complejos elementos del poema.
El repertorio fue “de antología”, y estuvieron presentes los de aquí (en castellano José Agustín Goytisolo, Quevedo, el Arcipreste de Hita, Samaniego, Lorca, Cernuda, León Felipe, Rafael Alberti y un par de romances medievales, además del gallego Antonio García Teixeiro, el vasco Xabier Lete y el catalán Salvador Espriu) y los de allá (Nicolás Guillén, Alfonsina Storni y Pablo Neruda), además de su reconocido inspirador y maestro Georges Brassens, al que pone en el origen de toda su carrera musical.

Todo el concierto tuvo un aire de confidencia próxima. Afable, relajado, su presencia tranquila y amigable buscó la complicidad del público y logró su entusiasmada participación. Puso mucho en ello: nos contó cosas de su madre y de sus tíos, simpáticas anécdotas de su infancia rural y de sus correrías de juventud en París, y dio gracias a la vida por la suerte que, según afirmó, siempre le ha acompañado. Para hacer más familiar la reunión, administró con muy buen humor su encarnizada pelea contra una silla demasiado alta, el olvido de algún verso y la reiterada búsqueda de la tonalidad adecuada con la cejilla. Sabiduría de escenario.
En plan amigo mayor nos hizo unas cuantas buenas recomendaciones musicales, algunas expresas, como la de la cantante Damia (“la tragédienne de la chanson”) y el Cuarteto Cedrón, y otras más ocultas, como la dedicada a Jacques Brel (a través de la cita en la canción de Xabier Lete de La chanson des vieux amants) o el emocionado recuerdo al gran Mikel Laboa. Y como viejo compañero nos dio consignas y agitó las banderas de siempre, todas las banderas, sin matices, sin ninguna autocrítica, con la reivindicación de la poesía, la solidaridad, la cultura y la esperanza como armas cargadas de futuro. 

Fue una noche emocionante. Por muchos motivos. Larga y lúcida vida, querido Paco.

martes, 17 de enero de 2017

El mar y la arena

Sergio Larrain. Casa en la Arena. Isla Negra. Chile. Mascarón de proa llamado La Cymbelina. 1957.
"El mar retumba como un combate antiguo. Qué acarrea allá abajo? Tomates, toneles, toneladas de truenos, torres y tambores. Cuando estremece sus ferreterías se estremece mi casa. La noche se sacude, el sonido alcanza un oscuro paroxismo en que ya no sabemos nada, en el entresueño, en la espesura del apogeo tempestuoso, despertando a destiempo cuando ya el golpe de aquella ola gigante se fue por la arena y se convirtió en silencio."
Sergio Larrain. Casa en la Arena. Isla Negra. Chile. Dientes de cachalote. 1957.
"Canta y golpea el mar, no está de acuerdo. No lo amarren. No lo encierren. Aún está naciendo. Estalla el agua en la piedra y se abren por vez primera sus infinitos ojos. Pero se cierran otra vez, no para morir, sino para seguir naciendo."

Pablo Neruda. Una casa en la arena. Ed. Lumen, 1966.
Sergio Larrain. Casa en la Arena. Isla Negra. Chile. 1957.

martes, 29 de abril de 2014

Ute Lemper visita a Pablo Neruda

Ute Lemper. Foto de Paul Masey.


Neruda fue, desde siempre y en muchas latitudes, un poeta que tuvo suerte con los músicos y los cantantes. Muchos, y no solo del ámbito de la lengua española, recurrieron durante décadas a sus poemas o a sus adaptaciones a otros idiomas como materia generadora de sus canciones. Entre mis favoritos de siempre está la obra que Mikis Theodorakis compuso a partir del Canto General -¿cómo no acordarse de Maria Farantouri cantando aquello de la “arcoirisiada crestería” y aquello otro de "Aquí viene el árbol, el árbol de la tormenta, el árbol del pueblo"?
Últimamente parece que no tiene tanto predicamento, y quizá se deba –más que a los cambios de gusto poético y sonoro, o a cuestiones meramente estéticas- a la desmovilización general que padecemos: una especie de estado de confusión mental en el que lo que podríamos llamar (para entendernos) “la izquierda” se olvida o reniega de sus valores propios (sus intereses colectivos) para dedicarse a hacerle el caldo gordo a las burguesías locales, a cultivar "identidades" y a engordar al nacionalismo mendigando un lugar al sol. Una pena.

Pablo Neruda en Isla Negra. Foto de Luis Poirot.
Así que resulta sorprendente y ha de considerarse bienvenido el acercamiento de Ute Lemper a Neruda, acercamiento no sólo poético y musical, sino también explícitamente político, como aclaró reiteradamente.
Ute Lemper cantó las doce canciones que ha musicado a partir de poemas de Los versos del Capitán, Residencia en la tierra y el Poema XX de los de amor, algunos en adaptaciones al inglés o al francés y otros en sus versos originales, y las cantó en un español que algunos han criticado por incomprensible, lo que es mucho decir. Hay, afortunadamente, más de un sonido del español, como los hay del inglés o del alemán, y ese tipo de comentario es, además de injusto, desagradecido, porque no estamos tan sobrados de acercamientos foráneos a nuestro patrimonio común. Sobre todo de acercamientos con el nivel de exigencia y cariño que demuestra Ute Lemper.
Las composiciones musicales reflejan ecos admitidos de los gustos personales de la artista, y ahí aparecen retazos de Astor Piazzolla (quizá los más frecuentes e identificables, por la asimilación de la idea sonora latinoamericana a la sonoridad omnipresente del bandoneón), de Erik Satie, de Leo Ferré, de Jacques Brel, de Kurt Weill o de Joseph Kosma-Jacques Prevert, y su paleta interpretativa recurrió a sus fuentes habituales incrementadas con el color de Ella Fitzgerald, la intención y "técnica" vocal de Tom Waits y el desgarro “blanco” de Janis Joplin. Una mezcla tan sorprendente como eficaz.
Ute Lemper se mostró en un estado de forma magnífico, tanto en lo físico como en lo vocal: una atleta con la agilidad y precisión de movimientos de una velocista de medio fondo, pero con la elegancia de la Hera de Samos.
Korè de Samos. 570 a.C. Museo del Louvre.

Superó las dificultades del idioma y fue dando información precisa para que el público estuviera cómodo y se sintiera atendido. Algo que se echa mucho en falta por estos lares, donde hasta los mejores profesionales divagan (y naufragan a menudo) entre la coba al público y el lugar común.
La puesta en escena resultó impecable -aparentemente sencilla, perfecta en lo relativo al diseño de luces y sonido- y con seis excelentes músicos que crearon los variados ambientes que requería el repertorio. Todo discurrió conforme a lo previsto por quien lo diseñó, porque, evidentemente, ahí había una puesta en escena precisa. Y parte del mérito es que pasara desapercibida.
El público, en un puro embeleso, respondió a cada estímulo valorando el mérito y el esfuerzo, con más generosidad que algunos críticos.
Ute Lemper.

Completó el recital nerudiano con algunas aportaciones del repertorio con el que más se la identifica, procedentes del music-hall y del cabaret y cantadas en alemán y en inglés: ahí aparecieron Marlene Dietrich, el tandem Brecht-Weill y las producciones de Bob Fosse con música de Ralph Burns. De nuevo, magistral
En resumidas cuentas: un lujo que, lamentablemente, no fue entendido así por los que se lo perdieron, desatendiendo la oportunidad de acudir al acontecimiento que llega a la ciudad. 

Hay que estar más atentos, porque la ocasión la pintan calva.

Ute Lemper
Poemas de amor de Pablo Neruda
Teatro Bretón. Logroño
26.04.2014


(Publicado en Rioja2. 03.05.14).

martes, 11 de junio de 2013

Oda a la Tipografía

Holger Mathies.

Decía Juan Ramón Jiménez que “en edición diferente los libros dicen cosa distinta”. 
De la misma manera, parece plausible afirmar que una película nos cuenta las cosas de forma diferente (y hasta cosas diferentes) según el formato y el tipo de proyección que de ella se haga. 
Con distintas tipografías las palabras suenan distinto, y algunas son más apropiadas que otras para contar determinados asuntos e inadecuadas para todos los demás. La tipografía ha sido siempre un arte, ahora banalizado como tantos otros por la facilidad de su uso indiscriminado, gratuito y arbitrario. 
Un hombre de letras, de política y de diplomacia como Pablo Neruda escribió en 1956 una arrebatada oda a la tipografía en la que demuestra su amor desesperado por tipos, cajas y palabras.




Letras largas,
severas,
verticales,
hechas
de línea
pura,
erguidas
como el mástil
del navío
en medio
de la página
llena

de confusión y turbulencia,
Bodonis
algebraicos,
letras
cabales,

finas
como lebreles,
sometidas
al rectángulo blanco
de la geometría,
vocales
elzeviras
acuñadas
en el menudo acero
del taller junto al agua,
en Flandes, en el norte
acanalado,
cifras
del ancla,
caracteres de Aldus,
firmes como
la estatura
marina
de Venecia
en cuyas aguas madres,
como vela
inclinada,
navega la cursiva
curvando el alfabeto:
el aire
de los descubridores
oceánicos
agachó
para siempre el perfil de la escritura.

Gianbattista Bodoni. 1818.
Desde
las manos medioevales
avanzó hasta tus ojos
esta
N
este 8
doble
esta
J
esta
R
de rey y de rocío.
Allí
se trabajaron
como si fueran
dientes, uñas,
metálicos martillos
del idioma.
Golpearon cada letra,
la erigieron,
pequeña estatua negra
en la blancura,
pétalo
o pie estrellado
del pensamiento que tomaba forma
del caudaloso río
y que al mar de los pueblos navegaba
con todo
el alfabeto
iluminando
la desembocadura.
El corazón, los ojos
de los hombres
se llenaron de letras,
de mensajes,
de palabras,
y el viento pasajero
o permanente
levantó libros
locos
o sagrados.
Debajo
de las nuevas pirámides escritas
la letra
estaba viva,
el alfabeto ardiendo,
las vocales,
las consonantes como
flores curvas.
Los ojos
del papel, los que miraron
a los hombres
buscando
sus regalos,
su historia, sus amores,
extendiendo
el tesoro
acumulado,
esparciendo de pronto
la lentitud de la sabiduría
sobre la mesa
como una baraja,
todo
el humus
secreto
de los siglos,
el canto, la memoria,
la revuelta,
la parábola ciega,
de pronto
fueron
fecundidad,
granero,
letras,
letras
que caminaron
y encendieron,
letras
que navegaron
y vencieron,
letras
que despertaron
y subieron,
letras
que libertaron,
letras
en forma de paloma
que volaron,
letras
rojas sobre la nieve,
puntuaciones ,
caminos,
edificios
de letras
y Villon y Berceo,
trovadores
de la memoria
apenas
escrita sobre el cuero
como sobre el tambor
de la batalla,
llegaron
a la espaciosa nave
de los libros,
a la tipografía
navegante.
Alberto Durero. Alfabeto romano. Principio S. XVI.
Pero
la letra
no fue sólo belleza,
sino vida,
fue paz para el soldado,
bajó a las soledades
de la mina
y el minero
leyó
el volante duro
y clandestino,
lo ocultó en los repliegues
del secreto
corazón
y arriba,
sobre la tierra,
fue otro
y otra
fue su palabra.
La letra
fue la madre
de las nuevas banderas,
las letras
procrearon
las estrellas
terrestres
y el canto, el himno ardiente
que reúne
a los pueblos,
de
una
letra
agregada
a otra
letra
y a otra,
del pueblo a pueblo fue sobrellevando
su autoridad sonora
y creció en la garganta de los hombres
hasta imponer la claridad del canto.
Graffiti mural en la Universidad de Salamanca. 
Pero,
tipografía,
déjame
celebrarte
en la pureza
de tus
puros perfiles,
en la redoma
de la letra
O,
en el fresco
florero
de la
Y
griega,
en la
Q
de Quevedo
(cómo puede pasar
mí poesía
frente a esa letra
sin sentir el antiguo escalofrío
del sabio moribundo?),
a la azucena
multi
multiplicada
de la
V
de victoria,
en la
E
escalonada
para subir al cielo,
en la
Z
con su rostro de rayo,
en la P
anaranjada.
Herbert Lubalin.
Amor,
amo
las letras
de tu pelo,
la
U
de tu mirada,
las
S
de tu talle.
En las hojas
de la joven primavera
relumbra el alfabeto
diamantino,
las esmeraldas
escriben tu nombre
con iniciales fresca del rocío.
Mi amor,
tu cabellera
profunda
como selva o diccionario
me cubre
con su totalidad
de idioma
rojo.
En todo,
en la estela
del gusano
se lee,
en la rosa se lee,
las raíces
están llenas de letras
retorcidas
por la humedad del bosque
y en el cielo
de Isla Negra, en la noche,
leo,
leo
en
el firmamento frío
de la costa,
intenso,
diáfano de hermosura,
desplegado,
con estrellas capitales
y minúsculas
y exclamaciones
de diamante helado,
leo, leo
en la noche de Chile
austral, perdido
en las celestes soledades
del cielo,
como en un libro
leo
todas
las aventuras
y en la hierba
leo,
leo
la verde, la arenosa
tipografía
de la tierra agreste,
leo
los navíos, los rostros
y las manos,
leo
en tu corazón
en donde
viven
entrelazados
la inicial
provinciana
de tu nombre
y
el arrecife
de mis apellidos.
Leo
tu frente,
leo
tu cabellera
y en el jazmín
las letras
escondidas
elevan
la incesante
primavera
hasta que yo descifro
la enterrada
puntuación
de la amapola
y la letra
escarlata
del estío:
son las exactas flores de mi canto.

Herbert Lubalin.
Pero,
cuando
despliega
sus rosales
la escritura,
la letra
su esencial
jardinería,
cuando lees
las viejas y las nuevas
palabras, las verdades
y las exploraciones,
te pido
un pensamiento
para el que las ordena
y las levanta,
para el que para
el tipo,
para el linotipista
con su lámpara
como un piloto
sobre
las olas del lenguaje
ordenando
los vientos y la espuma,
la sombra y las estrellas
en el libro:
el hombre
y el acero
una vez más reunidos
contra el ala nocturna
del misterio,
navegando,
horadando,
componiendo.

Ricard Giralt Miracle.
Tipografía,
soy
sólo un poeta
y eres
el florido
juego de la razón,
el movimiento
de los alfiles
de la inteligencia.
No descansas
de noche
ni de invierno,
circulas
en las venas
de nuestra
anatomía
y si duermes
volando
durante
alguna noche o huelga
o fatiga o ruptura
de linotipia
bajas de nuevo al libro
o al periódico
como nube
de pájaros al nido.
Regresas
al sistema,
al orden
inapelable
de la inteligencia.


Letras
seguid cayendo
como precisa lluvia
en mi camino.
Letras de todo
lo que vive
y muere,
letras de luz, de luna,
de silencio,
de agua,
os amo,
y en vosotras

recojo

no sólo el pensamiento
y el combate,
sino vuestros vestidos,
sentidos

y sonidos:

A

de gloriosa avena,
T
de trigo y de torre
y
M
como tu nombre
de manzana.

......