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lunes, 6 de junio de 2016

¿Qué jazz tocan ahora los músicos en Logroño?


Andrés Nagel. Serie de obras dedicadas al jazz. Museo de BB.AA. de Bilbao. Fotos de F.G. 12.2015.
Con el concierto titulado “Jazz de aquí y de ahora” acabó el decimosexto ciclo de jazz de Cultural Rioja. Tanto una cosa como la otra eran, en realidad, bastante relativas, tratándose de una materia tan intemporal y carente de fronteras como el jazz: los músicos, en su mayoría riojanos, estuvieron muy bien acompañados por otros excelentes venidos de provincias vecinas; la música interpretada se refería, sin discriminar, al callejero de Manhattan, la sentimentalidad rioplatense, el París evocado por su utilización en el cine, los campos de La Rioja, las calles de Pamplona o los cielos de Missouri; y entre los temas que escuchamos hubo standards, sonoridades clásicas y, eso sí, un buen puñado de excelentes composiciones novísimas creadas por los protagonistas.
En España, fuera de las grandes ciudades, el jazz “en provincias” tiene escenas locales bastante parecidas. En el caso de Logroño y La Rioja se caracteriza por un abundante número de grupos con bastante permeabilidad y miembros intercambiables, y unas cuantas citas estables, (los festivales de Ezcaray, Munilla, Alcanadre y Arnedo, y los dos ciclos de Logroño, el de Cultural Rioja en el Teatro Bretón -que continúa desde 2001 el largo camino que inició el Ayuntamiento en sus lejanas colaboraciones con la O.C.A. del Ministerio de Cultura y con el Festival de Madrid-, y el que ha recogido el Biribay Jazz Club tras el largo periplo del Café El Viajero, además de un puñado de actuaciones esporádicas. 
En cuanto al aprendizaje, más allá de la repetición autodidacta hay posibilidad de formarse en escuelas y conservatorios, ampliando estudios y horizontes en Musikene o en el Pablo Sarasate, o más allá según los intereses y las posibilidades de cada cual. Y hay también un grupo de aficionados considerable, pero que no llega a ser suficientemente amplio como para producir un salto cualitativo en la consideración pública e institucional y en la atención prestada por los medios de comunicación.
En ese difícil (por reducido y por árido) terreno de juego resulta imposible la profesionalización, y bastantes de los músicos permanecen ligados a la enseñanza, lo que supone claros inconvenientes pero evidentes ventajas, como mantenerse en contacto con los jóvenes y la información permanentemente renovada. Los que, contra viento y marea, siguen adelante y “mantienen la llama”, tocando donde son requeridos y autoeditando sus discos, son, decididamente, admirables. Sin duda merecen más ayuda -o al menos que se les pongan menos trabas- y eso se puede hacer de muchas maneras, entre otras facilitando la posibilidad de actuaciones en clubs y cafés y reduciendo el IVA de las entradas a un nivel civilizado.

La sesión del pasado jueves se organizó como tres conciertos independientes y continuados de algo más de treinta minutos cada uno, sin más interrupción que la mínima necesaria para realizar los imprescindibles cambios.
Empezó el trío que ha formado el batería Jorge Garrido para recrear –en su disco Vintage- el repertorio de Thelonious Monk. Al carecer de piano el esfuerzo principal y el brillo recayeron sobre el saxofonista Alberto Arteta, que tuvo que hacer a la vez de Monk y de Charlie Rouse. Los arreglos de Garrido investigan en las inagotables posibilidades de temas todavía crípticos, llenos de misterio (Green Chimneys, Think of one, Brilliant corners, Bright Mississippi,...), propicios por igual para grandes improvisadores y para baterías y contrabajos imaginativos y flexibles, proclives al cambio de ritmo, como el propio líder y Marcelo Escrich.
Continuaron Javier López Jaso & Marcelo Escrich Quartet, que tocaron temas de su disco Pagoda compuestos por el acordeonista (Un paseo con Astor, Vals 2016) y el contrabajista (Casimiro, 5 grados Brix). Fue una actuación llena de dinamismo y color, muy rica melódicamente, a la que cada uno aportó sus notables capacidades y el fruto de sus reconocibles gustos. El dominio del acordeón de López Jaso -su sensibilidad y su brillo- fueron muy bien complementados por la guitarra de Luis Giménez, y la complejidad rítmica elaborada por Escrich encontró en el excelente batería Daniel Lizarraga a su adecuado cómplice. Cerraron de manera espectacular con una preciosa versión -reconocida con merecidos premios en otros festivales- del Libertango de Astor Piazzolla, cuya actitud y emotividad sobrevoló toda la actuación.
La noche acabó con Ulrich Calvo y su Jazz Quartet, liderado por el talentoso guitarrista y compositor que le da nombre y marca de forma precisa su ecléctica dirección. De su mano llegaron los sonidos más contemporáneos, muy en la onda de los grandes guitarristas norteamericanos (más Bill Frisell que Pat Metheny, seguramente, aunque también John Scofield), muy interesado en la claridad de las melodías pero sin renunciar a enriquecer su limpio fraseo con efectos y pedales. La música de Ulrich Calvo resulta sofisticada y muy descriptiva, de horizonte amplio y siempre brillante. Como intérprete estuvo impecable (Solete, Dreams, Hang Open) y dejó espacio de lucimiento a Alberto Arteta en los desarrollos melódicos (especialmente bien en Loop mind y Hang Open, con su agilidad hard bop, incluida una cita de Monk) y siempre a la sección rítmica, con Kike Arza al contrabajo (excelente en Anita) y Daniel Lizarraga a la batería, a punto en todo momento.

Si nos atenemos a las flores recíprocas que se dedicaron los grupos -y en las que se fue buena parte del escaso tiempo previsto para sus intervenciones-, podríamos deducir sin riesgo que los músicos se llevan bien y se aprecian. 
Las más justificadas y merecidas, sin duda, fueron las dedicadas al maestro Miguel Calvo, referidas a su papel singular en la creación y sostenimiento de vocaciones jazzísticas entre los jóvenes aficionados (algo en lo que coinciden -naturalmente- buena parte de los músicos del rock local). 
Nobleza obliga.

"Jazz de aquí y de ahora"
Jorge Garrido (Monk Trío)
Javier López Jaso & Marcelo Escrich Quartet
Ulrich Calvo Jazz Quartet
JAZZ 2016. Cultural Rioja
Teatro Bretón. Logroño
2 de junio de 2016




Otras crónicas del ciclo JAZZ 2016. Cultural Rioja:
Ernie Watts
Ralph Towner y Paolo Fresu
CMQ Big Band

miércoles, 18 de junio de 2014

El bandoneón: Piazzolla interpretado por Fabián Carbone

F.G. El bandoneonista Fabián Carbone en El Revellín. Logroño, 10.12.2013.





El bandoneón es un instrumento de viento "a fuelle" que nació en la Alemania del siglo XIX para suplir al órgano en las iglesias que carecían de él.
Su estructura sonora es muy parecida a la de su referencia mayor, aunque su timbre exclusivo y lo complejo del funcionamiento de su botonera lo convierten en una peculiaridad sonora bastante arcaica. 

Bandoneón Cardenal, fabricado en 1920 por ELA para Hohner.
Contra lo previsto y cambiando radicalmente de marco geográfico, se desarrolló al margen de la evangelización y la loa sacra, vinculando su destino final a repertorios de música popular más o menos arrabalera y al tango, algo no tan elevado pero mucho más divertido y llevadero.
Por su potencia y versatilidad funciona perfectamente como instrumento solista, aunque acompaña muy bien al canto y se mueve con soltura en las formaciones orquestales aportando desgarro y colorido local. La flexibilidad de su fuelle (lease "fueshe") sirve como ejemplo inalcanzable para la cintura de los bailarines abducidos por el hipnótico frenesí de su apasionado grito. 
Suzanne Walsh. Portada del disco Gaucho, de Steely Dan. 1980.

Nunca ha sido tan apreciado por la sensibilidad internacional como en estos últimos tiempos, aunque, paradójicamente, es ahora cuando está en peligro de extinción por los cierres de las principales fábricas productoras y por lo complejo del mantenimiento y conservación de los instrumentos antiguos.


Fabián Carbone, bandoneón. 
Adios, Nonino, de Astor Piazzolla.
Cubo del Revellín, Logroño.10.12.2013.

 El bandoneón ha gozado de obras escritas por compositores tan dotados como Aníbal Troilo o Astor Piazzolla, y de intérpretes tan brillantes como Fabián Carbone -miembro de una familia de bandoneonistas que lucha por mantener contra viento y marea tan singular patrimonio- al que escuchamos en directo, dentro de Inaudito, tocando bajo la bóveda de piedra de sillería del viejo polvorín de Logroño.

F.G. Fabián Carbone en El Revellín. Logroño, 10.12.2013.
También en la música "resistir es vencer".

martes, 29 de abril de 2014

Ute Lemper visita a Pablo Neruda

Ute Lemper. Foto de Paul Masey.


Neruda fue, desde siempre y en muchas latitudes, un poeta que tuvo suerte con los músicos y los cantantes. Muchos, y no solo del ámbito de la lengua española, recurrieron durante décadas a sus poemas o a sus adaptaciones a otros idiomas como materia generadora de sus canciones. Entre mis favoritos de siempre está la obra que Mikis Theodorakis compuso a partir del Canto General -¿cómo no acordarse de Maria Farantouri cantando aquello de la “arcoirisiada crestería” y aquello otro de "Aquí viene el árbol, el árbol de la tormenta, el árbol del pueblo"?
Últimamente parece que no tiene tanto predicamento, y quizá se deba –más que a los cambios de gusto poético y sonoro, o a cuestiones meramente estéticas- a la desmovilización general que padecemos: una especie de estado de confusión mental en el que lo que podríamos llamar (para entendernos) “la izquierda” se olvida o reniega de sus valores propios (sus intereses colectivos) para dedicarse a hacerle el caldo gordo a las burguesías locales, a cultivar "identidades" y a engordar al nacionalismo mendigando un lugar al sol. Una pena.

Pablo Neruda en Isla Negra. Foto de Luis Poirot.
Así que resulta sorprendente y ha de considerarse bienvenido el acercamiento de Ute Lemper a Neruda, acercamiento no sólo poético y musical, sino también explícitamente político, como aclaró reiteradamente.
Ute Lemper cantó las doce canciones que ha musicado a partir de poemas de Los versos del Capitán, Residencia en la tierra y el Poema XX de los de amor, algunos en adaptaciones al inglés o al francés y otros en sus versos originales, y las cantó en un español que algunos han criticado por incomprensible, lo que es mucho decir. Hay, afortunadamente, más de un sonido del español, como los hay del inglés o del alemán, y ese tipo de comentario es, además de injusto, desagradecido, porque no estamos tan sobrados de acercamientos foráneos a nuestro patrimonio común. Sobre todo de acercamientos con el nivel de exigencia y cariño que demuestra Ute Lemper.
Las composiciones musicales reflejan ecos admitidos de los gustos personales de la artista, y ahí aparecen retazos de Astor Piazzolla (quizá los más frecuentes e identificables, por la asimilación de la idea sonora latinoamericana a la sonoridad omnipresente del bandoneón), de Erik Satie, de Leo Ferré, de Jacques Brel, de Kurt Weill o de Joseph Kosma-Jacques Prevert, y su paleta interpretativa recurrió a sus fuentes habituales incrementadas con el color de Ella Fitzgerald, la intención y "técnica" vocal de Tom Waits y el desgarro “blanco” de Janis Joplin. Una mezcla tan sorprendente como eficaz.
Ute Lemper se mostró en un estado de forma magnífico, tanto en lo físico como en lo vocal: una atleta con la agilidad y precisión de movimientos de una velocista de medio fondo, pero con la elegancia de la Hera de Samos.
Korè de Samos. 570 a.C. Museo del Louvre.

Superó las dificultades del idioma y fue dando información precisa para que el público estuviera cómodo y se sintiera atendido. Algo que se echa mucho en falta por estos lares, donde hasta los mejores profesionales divagan (y naufragan a menudo) entre la coba al público y el lugar común.
La puesta en escena resultó impecable -aparentemente sencilla, perfecta en lo relativo al diseño de luces y sonido- y con seis excelentes músicos que crearon los variados ambientes que requería el repertorio. Todo discurrió conforme a lo previsto por quien lo diseñó, porque, evidentemente, ahí había una puesta en escena precisa. Y parte del mérito es que pasara desapercibida.
El público, en un puro embeleso, respondió a cada estímulo valorando el mérito y el esfuerzo, con más generosidad que algunos críticos.
Ute Lemper.

Completó el recital nerudiano con algunas aportaciones del repertorio con el que más se la identifica, procedentes del music-hall y del cabaret y cantadas en alemán y en inglés: ahí aparecieron Marlene Dietrich, el tandem Brecht-Weill y las producciones de Bob Fosse con música de Ralph Burns. De nuevo, magistral
En resumidas cuentas: un lujo que, lamentablemente, no fue entendido así por los que se lo perdieron, desatendiendo la oportunidad de acudir al acontecimiento que llega a la ciudad. 

Hay que estar más atentos, porque la ocasión la pintan calva.

Ute Lemper
Poemas de amor de Pablo Neruda
Teatro Bretón. Logroño
26.04.2014


(Publicado en Rioja2. 03.05.14).