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martes, 13 de febrero de 2024

Panorama

F.G. Panorama (Obra en marcha). Ensamblaje de objetos encontrados. 2022-24. Castroviejo Librero, Logroño.
Panorama, el ensamblaje que ocupará durante una breve  temporada la vitrina de acceso a Castroviejo Librero, en la Plaza del Mercado de Logroño, es una "obra en marcha" resultado de la ordenada acumulación vertical de la parte pequeña de los hierros que encuentro en paseos rurales o urbanos. Su estado actual es provisional, porque previsiblemente seguirá creciendo, dilatándose hacia uno de sus lados hasta llegar a la dimensión material adecuada, momento en que se convertirá en pieza de pared, anclada mediante pernos y separada de la superficie del muro varios centímetros para generar con el movimiento de la luz cierta sensación de dinamismo y vibración, de levedad y peso. Quizá de vuelo.

F.G. Panorama (Obra en marcha). Ensamblaje de objetos encontrados. 2022-24.

Es, también, en cierto modo, una pieza de tiempo, que empezó a formarse allá por 2022 y tiene previsto su fin con el de 2024 si la cosecha lo permite.

Las partes son muy diferentes en forma, material, estado de conservación, tamaño y función práctica reconocible, y han sido estabilizadas por soldadura, procedimiento que ha añadido a la parte trasera del conglomerado valores imprevistos "orgánicos", fluyentes, acumulativos, que contrastan poderosamente con la sobriedad máclica y áspera de su visión frontal. (En ese delicado proceso he contado con la inestimable colaboración del escultor José Carlos Balanza)

Panorama es la entrega numero cuarenta y tres de mi exposición a la altura de los ojos y a pie de calle, que empezó en marzo de 2020 gracias a la generosa acogida de Castroviejo Librero y ahí sigue dale que te pego. Un proyecto en marcha que también se va convirtiendo mes tras mes en una obra de tiempo. 
Cómo se pasa la vida. 
Completan el escaparate varios libros de grandes creadores: el catálogo de una exposición antológica reciente sobre Joaquín Torres-Garcia titulada "Un moderno en la Arcadia", que documenta su primordial importancia en la productiva conexión entre vanguardias históricas y arte primitivo, entre naturaleza y maquinismo constructivista; el catálogo de la exposición de Vik Muniz en el Museo de la Universidad de Navarra, titulada "Flora industrialis", inspirada en grabados y dibujos de álbumes de flora latinoamericana del siglo XIX recreada ahora a través de sus procedimientos habituales de reutilización y ensamblaje de materiales desechados; la obra reciente de Joan Fontcuberta titulada "Deletrix", un ensayo fotográfico y literario en el que ha tomado imágenes de las tachaduras en textos censurados de diferentes épocas y autores –Erasmo de Róterdam, Fernando de Rojas, Francisco de Quevedo, entre muchos otros– remarcando el apreciable valor "plástico" que tan deleznables actos de barbarie pueden llegar a tener para una mirada contemporánea; y la "Poesía completa" de Wislawa Szymborska, tan grande, tan directa, tan escéptica, tan luminosa, tan necesaria.
Menudo panorama.
A por él.

martes, 22 de marzo de 2016

Los bodegones atómicos de Janire Nájera


Janire Nájera. Todas las fotografías forman parte de la serie Artefactos, incluida en el proyecto The Black Hole. 2012.
La artista Janire Nájera presenta en la sala de exposiciones del Ayuntamiento de Logroño (dentro del festival Mujeres en el arte en La Rioja, impulsado por Susana Baldor) una parte de su proyecto The Black Hole, en el que desde hace siete años viene documentando un extraño lugar que acaba de cerrar en Los Álamos, Nuevo México.
Janire Nájera en el Ayuntamiento de Logroño. 03.2016.
El “Agujero Negro” fue un baratillo de excedentes militares relacionados con la basura nuclear generada en el secretísimo centro que investigaba sobre las posibilidades bélicas de la energía atómica, ya utilizada en la segunda guerra mundial, origen de la disparatada carrera armamentística y amenaza latente de confrontación internacional durante toda la guerra fría y hasta la actualidad.


Un técnico de ese laboratorio estadounidense, Ed Grothus, se recicló en activista resistente y fue agrupando durante tres décadas viejas reliquias inservibles en una especie de descoyuntado museo tecnológico con mucho de abigarrada leonera, donde se liquidaban, a precio de risa, los frutos de la obsolescencia tecnológica y la basura ideológica nuclear, igualmente radiactiva y tan dañina como aquella.

Fue un proyecto ilusorio que, por sus bizarras características, podría considerarse como plenamente artístico: inviable de todo punto salvo para la curiosidad, ligado a un empecinamiento personal insostenible y condenado irremediablemente al fracaso. ¿Alguien da más? Se entiende la fascinación por “Ed, el atómico”: es como un personaje postizo creado a medias por Robert Crumb y Joan Fontcuberta.

Los artefactos que de entre su ingente acumulación seleccionó y fotografió Janire Nájera en las vísperas de la “liquidación por cese de negocio” tienen un poderoso atractivo, en el que a la rotunda belleza formal se suma el misterio de su utilidad práctica y, sobre todo, su hipotético (e improbable) poder destructivo. 

Recuerdan a los extravagantes e inseguros productos fabricados por la corporación ACME en los dibujos animados de Looney Tunes protagonizados por el Coyote y Correcaminos, el gato Silvestre o Bugs Bunny: cuando aparecen en escena se presiente que la catástrofe está asegurada, aunque no se intuya por dónde va a venir ni qué efectos provocará.

Ha utilizado para fotografiar sus “bodegones atómicos” una luz uniforme, frontal, cruda, con un encuadre constante, aséptico, de visión perpendicular y fondos neutros. El resultado, por chocante que resulte, recuerda más que a otros fotógrafos “sistemáticos” a artistas de otras disciplinas especialmente atraídos por el volumen, la composición y el equilibrio: pienso en Giorgio Morandi, en las pequeñas esculturas agrupadas de Barbara Hepworth y en los pintores de naturalezas muertas del barroco español, con esos fondos sobre los que se destaca, flotando, un frutero, una colección de utensilios de cerámica o un santo fraile mercedario. 


Estos pobres vestigios de armas para la destrucción masiva se convierten en las series fotográficas de Janire Nájera en una especie de cuento -entre moral y cruel- sobre el progreso (o una concepción enferma de la idea de progreso) que acaba reducido a chatarra más o menos contaminada.

Es un trabajo excelente cargado de humor negro, en el que, junto a sus indudables valores plásticos, se perciben los resultados de su sólida formación periodística y su especialización en fotografía documental; un rico bagaje que la ha llevado a crear obras y exponer en medio mundo y a publicar en los medios internacionales más prestigiosos.




Janire Nájera
The Black Hole
(Hasta el 27 de marzo de 2016)
Sala de exposiciones del
Ayuntamiento de Logroño

jueves, 28 de mayo de 2015

Híbridos y mistificaciones


Isidro Ferrer para La nimbo fabrique. 2014. Buscando acomodo.
 Que la política genera extraños compañeros de cama y mutaciones asombrosas en personas y en principios se demuestra especialmente a la hora de buscar mayorías de gobierno para las instituciones. Ahí se rompen, a la vez, el orden poético creacionista del Génesis y las apabullantes realidades evolutivas constatadas por Darwin.
Joan Fontcuberta y Pere Formiguera. Solenoglypha Polipodida en posición de ataque. 1987.
Veamos unos cuantos ejemplos de la fauna coyuntural resultado de los efectos mutantes producidos por la exposición a la voluntad popular recogida en las urnas.
Almudena, para el Gabinete de Curiosidades de Pep Carrió. Sterquillity. 2012.
Tiempo de híbridos y malformaciones, de "soluciones imaginativas" aberrantes, de prototipos sobrediseñados y de indeseables regresiones por el túnel del tiempo.
Figura funeraria etrusca de demonio con cabeza de perro. S. V a.C.
La historia demostrará si acaban por ser viables y "llegan a perfección", o si son meros paridujos de tente mientras cobro.
Jan Svankmajer. Fauna varia. 1972.


Otro día hablaremos de quimeras.
Atentos, y quietos todos hasta ver.