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| Janire Nájera. Todas las fotografías forman parte de la serie Artefactos, incluida en el proyecto The Black Hole. 2012. |
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| Janire Nájera en el Ayuntamiento de Logroño. 03.2016. |

Un técnico de ese laboratorio estadounidense, Ed Grothus, se recicló en activista resistente y fue agrupando durante tres décadas viejas reliquias inservibles en una especie de descoyuntado museo tecnológico con mucho de abigarrada leonera, donde se liquidaban, a precio de risa, los frutos de la obsolescencia tecnológica y la basura ideológica nuclear, igualmente radiactiva y tan dañina como aquella.

Fue un proyecto ilusorio que, por sus bizarras características, podría considerarse como plenamente artístico: inviable de todo punto salvo para la curiosidad, ligado a un empecinamiento personal insostenible y condenado irremediablemente al fracaso. ¿Alguien da más? Se entiende la fascinación por “Ed, el atómico”: es como un personaje postizo creado a medias por Robert Crumb y Joan Fontcuberta.

Los artefactos que de entre su ingente acumulación seleccionó y fotografió Janire Nájera en las vísperas de la “liquidación por cese de negocio” tienen un poderoso atractivo, en el que a la rotunda belleza formal se suma el misterio de su utilidad práctica y, sobre todo, su hipotético (e improbable) poder destructivo.

Recuerdan a los extravagantes e inseguros productos fabricados por la corporación ACME en los dibujos animados de Looney Tunes protagonizados por el Coyote y Correcaminos, el gato Silvestre o Bugs Bunny: cuando aparecen en escena se presiente que la catástrofe está asegurada, aunque no se intuya por dónde va a venir ni qué efectos provocará.

Ha utilizado para fotografiar sus “bodegones atómicos” una luz uniforme, frontal, cruda, con un encuadre constante, aséptico, de visión perpendicular y fondos neutros. El resultado, por chocante que resulte, recuerda más que a otros fotógrafos “sistemáticos” a artistas de otras disciplinas especialmente atraídos por el volumen, la composición y el equilibrio: pienso en Giorgio Morandi, en las pequeñas esculturas agrupadas de Barbara Hepworth y en los pintores de naturalezas muertas del barroco español, con esos fondos sobre los que se destaca, flotando, un frutero, una colección de utensilios de cerámica o un santo fraile mercedario.

Estos pobres vestigios de armas para la destrucción masiva se convierten en las series fotográficas de Janire Nájera en una especie de cuento -entre moral y cruel- sobre el progreso (o una concepción enferma de la idea de progreso) que acaba reducido a chatarra más o menos contaminada.

Es un trabajo excelente cargado de humor negro, en el que, junto a sus indudables valores plásticos, se perciben los resultados de su sólida formación periodística y su especialización en fotografía documental; un rico bagaje que la ha llevado a crear obras y exponer en medio mundo y a publicar en los medios internacionales más prestigiosos.
Janire Nájera
The Black Hole
(Hasta el 27 de marzo de 2016)
Sala de exposiciones del
Ayuntamiento de Logroño


