(...) "Podría dictarle a una grabadora y oír lo que dicte, pero me he ido cansando ya de las palabras. Voy a poner aquí las líneas escritas después de una caminada que hice hace un año y medio con Ángela por el camino colonial que pasa cerca de su casa, y en las que describo lo que vi desde que salimos hasta llegar al cauce del río Apulo, que baja torrentoso entre piedras grandes. Lo escribo en forma de poema, más parecido a la pintura, pues eran notas para un trabajo que ya los ojos no me dejaron pintar:
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| F.G. Camino. Collage de objetos encontrados. 2018. |
… A la izquierda hay una casa donde tienen guacamayas.
Por todas partes se oye el río.Llega uno al camino de piedra y sube.
En los vallados hay helechos;
detrás de los vallados, cafetales,
y a veces piedras grandes
sobre las que se extienden las pitayas.
Se acaba el camino ancho
y sigue el camino estrecho,
que bordea, a la derecha,
pastizales también con piedras grandes y,
a la izquierda,
cafetales escarpados que parecen a veces matorrales,
monte espeso.
El sonido del río es cada vez más fuerte.
Baja el camino y llega al puente de tablas,
que sobre el torrente une el verdor entre las dos vertientes.
Este es el fondo. A cada una de las piedras la golpea el agua,
y cada una, piedra y agua, fluyen juntas y forman esa forma que no tiene nombre,
pues es justo ahí donde se acaban las palabras."(...)
Tomás González. La luz difícil. Ed. Sexto piso. 2023.


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