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viernes, 10 de marzo de 2023

Rosa Castellot: una artista que dibuja

En el silencio del aire, de Rosa Castellot, en la Sala Amós Salvador. Foto de Rafael Lafuente.
Bajo el título En el silencio del aire y comisariada por Carlos Rosales, se ha inaugurado en la Sala Amós Salvador, de Logroño, la exposición de Rosa Castellot que recoge lo esencial del excelente trabajo artístico que ha realizado  desde 2004 hasta hace unos días. Largos y productivos años de exigente esfuerzo que quedan perfectamente definidos en este breve texto de Victoria Sotés, que tan bien la conoce, escrito con motivo de la exposición Recortar el territorio (Museo de La Rioja, 2014):
Rosa Castellot. Sale la luna el 13 de agosto de 2022. Fotografiado por Jesús R. Rocandio.
"Definir la idea que dé coherencia al proyecto. Recorrer el mundo que nos quiere desvelar seleccionando sus motivos del entorno cotidiano, de la memoria familiar, del paisaje próximo o de los fenómenos atmosféricos. Utilizar su dominio del dibujo, su mirada sensible y su encuadre fotográfico para recortar el territorio, interpretarlo y transfigurarlo, sabiendo que su papel no es reproducir la realidad sino hacer visible lo invisible. Regalarnos su poética aproximación a la vida.
Ese es el envidiable trabajo de esta artista.
Y sus bellísimos dibujos son el resultado."
Rosa Castellot. Penumbra en el Ebro. 2019. Fotografiado por Jesús R. Rocandio.
La exposición, producida por Cultural Rioja, forma parte del reconocimiento de los singulares meritos de Rosa Castellot por los que el Gobierno de La Rioja le otorgó en 2022 el Galardón de las Bellas Artes y la Cultura de La Rioja.
Rosa Castellot. Crepúsculo I. 2021. Fotografiado por Jesús R. Rocandio.

miércoles, 20 de abril de 2016

Azul de Prusia


Christian Marclay. Cyanotipo. 2009.

Una buena forma de ir hacia delante (no la única, naturalmente) es mirando hacia atrás, porque nadie nos guía mejor hacia el futuro que los fantasmas del pasado.
Christian Marclay. Cyanotipo. 2009.

El   cianotipo es un procedimiento fotográfico decimonónico que fue muy utilizado en botánica y como auxiliar de las técnicas constructivas, y ha tenido notables aplicaciones artísticas en manos de Anna Atkins y Rafa Lafuente.
Christian Marclay. Cyanotipo. 2009.

Hoy traemos a miracomosuena los cianotipos trasladados al lienzo por Christian Marclay, que, como vamos viendo, sigue tratando de dar salida a su colección de discos y cassettes. 
Christian Marclay. Cyanotipo. 2009.
El   resultado, a pesar de su “negatividad” monócroma, está perfectamente encajado, y suena igual de bien que algunas de las músicas que contuvieron los -en otro tiempo- deseados cofrecitos.

lunes, 26 de octubre de 2015

Rafa Lafuente en el Teatro Bretón: la visión del testigo

Rafael Lafuente. Dípticos de la exposición "Puesta en escena". 2005-2015.
Desde hace diez años, el fotógrafo Rafa Lafuente atiende un “encargo abierto” del Teatro Bretón para documentar la variada oferta de espectáculos que van pasando por su dinámico escenario. El compromiso es tan libre como arriesgado, ya que, sin ninguna directriz ni cortapisa, la absoluta autonomía del creador le ha exigido moverse sin red ni límites de seguridad por los aspectos más variados del hecho teatral.
A lo largo del tiempo, la imprecisa encomienda ha ido cambiando paulatinamente de intenciones y ha dado interesantes frutos cada vez más abstractos y fragmentarios, voluntariamente alejados del retrato clásico de las figuras en gira, de las espectaculares escenografías y de la utilería farandulera, de conocida potencia comunicativa y tan fotogénica como ya fotografiada.
Más que por los grandes nombres o por la dimensión espectacular de la vida teatral, (la que disfruta y conserva en su memoria el público habitual, la que se propone y potencia desde la administración y la que certifica la crítica y la historia local) Rafa Lafuente ha optado por mirar tangencialmente (como corresponde a alguien que cultiva sus intereses creativos al margen del teatro) lo que ocurre antes y después de la representación y fuera de la escena, en momentos que pueden estar cargados de urgencia y tensión pero casi nunca de dramatismo. 
Quizá sea oportuno recordar que la palabra “teatro” tiene su origen griego en la acción de mirar, y es anterior a los espacios de representación, a los textos dramáticos y a la actuación profesionalizada. La visión de un fotógrafo sería, en consecuencia, una mirada cualificada, probablemente la mirada idónea para dar testimonio, y el trabajo que nos presenta Rafa Lafuente es el resultado de una introspección muy teatral sobre el paso del tiempo y el recuerdo, congelando lo efímero y sirviéndonos momentos de verdad más que de espectáculo.
Convencido de que es “teatral” todo lo que pasa en los aledaños de un escenario, ha elegido para su trabajo el entorno “marginal”, fuera de la declamación del texto, fuera de la visión frontal, fuera de la apreciación global, y opta (atendiendo a las drásticas limitaciones de su medio de expresión) por prescindir de elementos esenciales relacionados con la voz, las palabras o el espacio sonoro. Solo queda el gesto, la imagen, el silencio.

Afirma Lafuente que “una fotografía tomada en un teatro constituye una doble puesta en escena, ya que intenta aprehender algo que, en sí mismo, ya es una representación del mundo.” Su trabajo sería, pues, acotar sobre lo ya acotado, encuadrar sobre lo previamente seleccionado por la gente de teatro. Y ese fotograma, esa visión parcial, vuelve a ser acotada para presentársela al público hasta llegar a una visión esencial, aunque se componga de fragmentos. 
La ingente cantidad de material acumulado a lo largo del tiempo creó al fotógrafo un nuevo problema: cómo seleccionar entre tanta abundancia y diversidad y cómo mostrar lo elegido como un todo orgánico y coherente aunque no llegue a ser (ni aspire a serlo) un relato ilustrado de la rica historia reciente del Bretón. No hay más edición en las fotos que la mera elección de entre el corpus general y su presentación como dípticos en los que, por afinidades evidentes o por extrañas relaciones, las imágenes se potencian, se compensan o se contrarrestan, y crean un microrrelato misterioso o una sugestiva imagen poética. 
La exposición es un resumen esencial de emoción y esfuerzo, de inteligencia y tiempo, una bella metáfora sobre el complejo y antiguo afán de los hombres por contar a otros lo que piensan de sí mismos y lo que les preocupa. Tanto si son actores como si son fotógrafos.
Rafael Lafuente. Aspecto de la exposición con público. Octubre de 2015.
El espacio donde se exhiben las fotos es el vestíbulo del teatro, un bullicioso lugar de recepción y tránsito, de urgencias y encuentros fortuitos, lleno de interferencias y paredes curvas en el que el espectador deambulante se enfrenta inesperadamente con tan atractiva sorpresa. Esas dificultades se han compensado acertadamente con la sabia elección del pequeño formato de las copias, su articulación y la disposición predominantemente horizontal, montaje en el que ha colaborado Susana Baldor, especialista en misiones imposibles.
Rafael Lafuente. Susana Baldor durante el montaje de la exposición. "Las manos de la que sabe." Octubre de 2015.
En definitiva, el trabajo fotográfico de Rafa Lafuente para el Teatro Bretón trasciende al generoso encargo documental previsto inicialmente e ilustra la inagotable pasión por contar, por representar, por divertir. Su opción ha estado siempre del lado del hallazgo visual y de la sensibilidad, y constituye un precioso recuerdo de la magia y el veneno del teatro. El reto, ahora, es “cerrar el encargo” y encontrar la manera de difundir adecuadamente todo ese excelente bagaje una vez que la exposición acabe. Es lo que se merece ese intangible patrimonio y la trayectoria del Teatro Bretón.
Un díptico inédito de Rafael Lafuente.

Rafael Lafuente
"Puesta en escena"
Teatro Bretón. Logroño
Hasta finales de 2015

lunes, 11 de agosto de 2014

Arte en las tierras de Santa Lucía de Ocón

(A la memoria de Carmen Hernáez, compañera
 de tantos años de fatigas y alegrías culturales)


F.G. Arte en la tierra. Santa Lucía de Ocón. 9.8.14.
La cita anual en los campos de Santa Lucía de Ocón que, desde hace doce años, organizan Félix Reyes y Rosa Castellot para participar en su celebración de la vida y la belleza, sigue teniendo -y cada vez más, en medio de la banal sequía que nos rodea todo el año- el valor de las grandes peregrinaciones.
F.G. Arte en la tierra. Santa Lucía de Ocón. 9.8.14.
Allí acuden puntuales los abundantes miembros de la iglesia panteísta de aficionados al arte para disfrutar de la devoción compartida y de los frutos del talento individual de cada cosecha; para reconocer los resultados del esfuerzo colectivo y hacer votos esperanzados por un futuro mejor.

F.G. Arte en la tierra. Santa Lucía de Ocón. Félix Reyes, Félix Guerra y Rafael Lafuente
en los preparativos de una instalación. 7.8.14.
Aunque en ediciones anteriores de Arte en la tierra ya habían participado excelentes fotógrafos, sorprendía a priori que un festival ligado por definición y voluntad a la naturaleza y a lo que en ella se produce de manera espontánea o por el trabajo humano, dedicara toda una edición a un arte que históricamente ha sido mucho más de cuarto oscuro, de laboratorio y gabinete; un arte cuya relación con el exterior se ha basado fundamentalmente en la selección del paisaje como fascinante protagonista estático, o como marco de otros asuntos -aparentemente más relevantes- a los que aportaba profundidad y misterio.
Seguro que la conmemoración internacional del 175 aniversario del invento de la fotografía no ha sido ajena a la decisión. Tampoco la creciente “contaminación” creativa que se da  entre los artistas más inquietos, apreciable en las constantes interferencias entre los lenguajes y códigos que utilizan, con unos resultados mestizos que desbordan las categorías tradicionales.
Así que el riesgo de los organizadores era considerable, pero su apuesta firme y sobre seguro. Los cuatro artistas seleccionados conocían perfectamente las intenciones, objetivos y posibilidades del festival, porque lo han seguido desde el principio y participado en él a través de sus responsabilidades profesionales o como público entusiasta. Dominaban el territorio y se sentían en casa, queridos y arropados por el pueblo de Santa Lucía.
La vocación de riesgo quedaba explícita desde el principio, cuando se optó en la difusión de la convocatoria por un cartel de José Carlos Balanza que es toda una declaración de intenciones.
F.G. Detalle de la instalación de Félix Guerra. Santa Lucía de Ocón. 9.8.14.
Félix Guerra afrontó su trabajo buscando entre los principales responsables de tanta belleza como hay en los campos de Santa Lucía, sus campesinos, y los agrupó en la persona de Floren San Miguel, estrecho colaborador del festival desde sus inicios. Para acometer el estudio y la narración de esa dialéctica de beneficio recíproco entre la naturaleza y el hombre que es la agricultura tradicional, optó por el formato de reportaje, y en su trabajo, Hombre, tierra, hombre, añade a las cualidades del fotógrafo la proximidad del etnógrafo y el análisis del antropólogo.
F.G. Detalle de la instalación de Félix Guerra. Santa Lucía de Ocón. 9.8.14.
Su presentación, como pequeños frutos sobre los surcos de un campo en barbecho, resulta un acierto plástico notable. En conjunto, un hermoso inventario de la vida cotidiana y la cultura material de los agricultores del valle de Ocón en el siglo XXI. 
F.G. Teresa Rodríguez, risueña santera del Bosque de exfotos. Santa Lucía de Ocón. 9.8.14.
Teresa Rodríguez ha preparado a los pies de la ermita un canto de alabanza colectiva por el don de la vista -por el acto de mirar que se transforma, gracias a la fotografía, en memoria viva-.
F.G. Detalle de la instalación de Teresa Rodríguez.. Santa Lucía de Ocón. 9.8.14.
Mediante la acumulación y distribución estratégica de iconos con ojos de muy diversa procedencia e intención, ha convertido la chopera en un Bosque de exfotos,  un bosque iluminado por las miradas entrecruzadas y el regocijo de complicidades y reconocimiento que generan.
Ojos del pasado y del presente que dan su melancólica bienvenida a los llegados a esta fiesta, convertida en agradecida ofrenda común.
F.G. Teo Martínez y Jesús R. Rocandio. Santa Lucía de Ocón. 9.8.14.
Jesús R. Rocandio, tan acostumbrado a edificar observatorios, ha construido un mirador y fijado su cámara sobre el promontorio de un campo arado desde el que ha visto -a través del cambio de la luz- transformarse el mundo varias veces a lo largo de veinticuatro horas. 
F.G. Detalle de la instalación de Jesús R. Rocandio. Santa Lucía de Ocón. 9.8.14.
Luego, igual de acostumbrado a exhibir la belleza, nos lo ha enseñado a los demás como el descubrimiento esencial que es, ese prodigio constante que se da ante nuestros ojos mientras miramos -a menudo sin ver- hacia otra parte. Por ejemplo, a las trepidantes anécdotas acumuladas a las que llamamos vida. O a la pantalla del móvil.
Ha titulado su intervención El hombre afortunado, porque, según confiesa, así se ha sentido, con esta oportunidad de incorporarse al paisaje, de exponerse a las inclemencias atmosféricas, de redescubrir el placer y la importancia de fijar la cámara, de encuadrar, de delimitar la realidad. Y de conocer a un montón de personas estupendas con las que todo resulta factible.
F.G. Detalle exterior de la instalación de Jesús R. Rocandio. Santa Lucía de Ocón. 9.8.14.
Rafael Lafuente se echó a los caminos con el escaso bagaje tecnológico de un naturalista del XIX, pero con toda la carga conceptual de un artista del XXI y el don de los poetas de cualquier época para desvelar la belleza que habitualmente pasa desapercibida.
F.G. Rafael Lafuente ante Estudio de sombras. Santa Lucía de Ocón. 9.8.14.
Sus hermosas cianotipias, fotogramas -podríamos decir, asumiendo gustosamente la paradoja, “prefotográficos”- hechos sin cámara y presentados en bastidores de colmenas, enlazan las ideas de la fotografía como huella y de la sombra como origen de la representación.
El fruto de su trabajo, titulado Estudio de sombras, se expone “archivado” en cuatro colmenas ubicadas en el punto de partida de los senderos seguidos para su singular “cosecha”, estableciendo una estrecha relación estética y sentimental con la apicultura, actividad fundamental en la economía tradicional del valle de Ocón.
F.G. El público observa los cianotipos de Rafael Lafuente. Santa Lucía de Ocón. 9.8.14.
En conjunto, esta edición de Arte en la Tierra supone una grata sorpresa por la variedad de respuestas creativas a esa vieja relación con la naturaleza. Los fotógrafos seleccionados han dado a luz un juego de espejos y lentes que nos iluminan sobre la realidad, y reviven (reactivan) el ingenio de los creadores del invento en esta conmemoración tan señalada. Hemos vuelto por unos días a la fotografía ambulante por otros medios, y, sobre todo, con otros medios. Y otras intenciones, aunque con la misma ambición que siempre: dar testimonio de una época, confirmar certezas y verdades y enseñar a mirar.
La añoranza por la brillante historia  de la fotografía nos ha llevado de vuelta al gabinete -recreando el ámbito y la intención experimental- y a la barraca de feria -con su dimensión de divertido espectáculo-; a la incursión en el álbum familiar y personal -como fuente inagotable de emoción-; al reportaje como manifestación suprema de un invento que nació para reflejar y explicar el mundo; a los descubrimientos intuitivos más relacionados con el viejo naturalista que con la nueva tecnología. El talento y el esfuerzo han superado los temores a las limitaciones de bidimensionalidad,  formatos o soportes.  
Gracias -y felicidades- a todos los que lo han hecho posible.

F.G. Noche de San Lorenzo en Santa Lucía de Ocón. Y entonces se mostró, llena, la luna. 9.8.14.

  
(Publicado en Rioja2. 11.08.14)