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miércoles, 12 de diciembre de 2018

La música inagotable

F.G. Ave de paso. Ensamblaje de objetos encontrados. 09.2018.

"Le tengo dicho al ruiseñor que calle."

Miguel Hernández.

lunes, 18 de junio de 2018

La alegría de la huerta

Rosa Castellot. La rama de perejil. 2004.

"Te arranqué,
te aplasté, 
te piqué.

Te cocí,
te guisé,
te comí.

Pero hoy,
perejil,
hoy te invito yo.

Mesa sin mantel:
sólo goma, luz,
lápiz y papel.

Y ahora tú,
perejil,
ven a cocinarme a mi."

José Ignacio Foronda. Perejil. 2004.

F.G. Trébol de tréboles. 06.2018. 
"La pena más honda la olvido ante el perejil."

Miguel Hernández. Prosas líricas y aforismos. (Ediciones de la Torre, 1986)
F.G. El perejil de todas las salsas. 06.2018.
Rico, rico.

lunes, 22 de enero de 2018

El magisterio de Carmen Linares

Carmen Linares.
Una actuación de Carmen Linares siempre es motivo de alegría, porque en raras ocasiones se unen en una cantaora, en cualquier artista, los mejores valores de la tradición, la realidad palpable de un presente creativo especialmente afortunado y el influjo evidente que su trayectoria y exigente ejemplo produce sobre las nuevas generaciones de cantaores flamencos (especialmente mujeres, aunque no solo) 
Joaquín Sorolla. Cantaora.
A pesar de llevar cincuentaitrés años en lo más alto del escalafón de la música como profesional (grabó su primer disco en 1970) conserva toda su musicalidad y capacidad expresiva de siempre, y afronta admirablemente proyectos cada vez más complejos y exigentes que la llevan a colaborar con lo más selecto y capaz del panorama creativo en el estudio y la musicalización de los grandes poetas españoles, dando rienda simultánea al ritmo interno del poema y a su relación “natural” con las formas tradicionales de la música popular.
Miguel Hernández.
En el concierto de Logroño demostró todos esos méritos. Empezó con los tangos malagueños de La Repompa, brillantes, llenos de gracia y compás, y a continuación metió el popular poema Aceituneros, de Miguel Hernández, en las formas tradicionales de folías, peteneras y tarantas, dándoles otra dimensión, honda y flamenca, a los populares versos difundidos durante décadas por la versión de Paco Ibañez como canción de reivindicación y lucha. Después presentó como soleá bambera el precioso juguete de Arbolé, de Federico García Lorca, lleno de emoción evocadora y magia (“Arbolé, arbolé seco y verdé. La niña del bello rostro está cogiendo aceituna con el brazo gris del viento ceñido por la cintura“). Volvió a conseguir el prodigio de meter en unas emocionantes malagueñas, con sus correspondientes abandolaos, al Niño yuntero de Miguel Hernández, renovando su actualidad y pertinencia (hay mensajes que no hay que dejar de recordar, le gusten mucho, poco o nada al respetable), y continuó, de nuevo de la mano de Miguel Hernández) con unas gaditanas Vendimiadoras (por tanguillos, cantiñas y romeras) con las que bajó la tensión emocional y la reunión recuperó el aire festero y alegre, con la esforzada presencia de la bailaora Vanesa Aibar, que acompañó uno de los mejores momentos de Carmen, jonda, vibrante y demostrando su riqueza melismática.
Después de un espacio por bulerías en el que el guitarrista Salvador Gutiérrez estuvo tan brillante como a lo largo de toda la noche y las cantaoras Ana González y Rosario Amador lucieron sus voces frescas y sobrada capacidad para el compás, volvió Carmen cantando magníficamente por soleás, con preciosas letras populares (“La salud y la libertad son prendas de gran valía, y que no nos damos cuenta hasta que no están perdidas”) (“Males que acarrea el tiempo, quién pudiera penetrarlos para ponerle el remedio antes de que viniera el daño”) (“Tengo una pena, una pena que casi puedo decir que yo no tengo una pena: la pena me tiene a mí”). 
Juan Ramón Jiménez visita la Escuela Modelo de la Universidad de Puerto Rico.
Llegó el momento de Juan Ramón Jiménez con una serie de fandangos de Huelva, muy flamencos, rematados por el poema Moguer, cantado con la delicadeza, el cariño y el conocimiento que siempre le ha dedicado. De nuevo Juan Ramón, esta vez por tonás, con un precioso aire arcaico, sobrecogedoras, y, sobre la intervención al baile de Vanesa Aibar, una siguiriya abrazó al poema In Pace, de José Ángel Valente (“Tú duermes en tu noche sumergido. Estás en paz. Yo araño las heladas paredes de tu ausencia, los muros no agrietados por el tiempo que no puede durar bajo tus párpados. Ceniza tú. Yo sangre. Leve hoja tu voz. Pétreo este canto. Tú ya no eres ni siquiera tú. Yo, tu vacío. Memoria yo de ti, tenue, lejano, que no podrás ya nunca recordarme.”). Muy pocos cantaores de cualquier época se han atrevido a tanto.
Federico García Lorca. Antoñito el Camborio.
Ya en el final apuntó, a petición del público, unos versos de la Milonga del forastero, y para terminar volvió a Lorca, ligando la Baladilla de los tres ríos y el Anda jaleo, cantando sobrada de facultades y llena de gracia popular, dejando de nuevo un generoso espacio para el lucimiento de la bailaora (demasiado espacio, probablemente)
John Singer Sargent. El jaleo. 1882.
Fueron cien minutos llenos de conocimiento cabal, de experiencia, riesgo y capacidad, y disfrutamos de un concierto que explica por qué Carmen Linares ha logrado todos los galardones habidos y por haber y disfruta de la consideración de los profesionales y la crítica más exigente, y del cariño de los aficionados de todo el mundo.
No tardes en volver, querida, necesaria Carmen.

lunes, 22 de junio de 2015

Joan Manuel Serrat: patrimonio (supra)nacional


Joan Manuel Serrat en Logroño. 18.06.15. Foto de Frank Blurred.
Hemos disfrutado en Logroño de dos horas de la gira mundial con la que Joan Manuel Serrat está celebrando sus primeros cincuenta años sobre los escenarios. Y las hemos vivido como se goza de un delicado patrimonio que se siente a la vez como propio y común, con cariño, con atención, con cuidado por su estado de conservación. Como quien recibe a un amigo querido, inteligente y perspicaz que pasa de vez en cuando por aquí para contarnos sus cosas, que, en buena medida, son también las nuestras.  Lo extraordinario del caso es que algo así se siente en cualquier lugar, en todas partes, más allá de las fronteras, y que afecta a muchos de los que nos expresamos en castellano o en catalán.
Serrat en 1965. Portada de disco diseñada por Jordi Fornas.
Nos propuso de entrada “invertir una noche de nuestra vida” compartiéndola con su música, y planteó la ceremonia como una “antología desordenada” (aunque solo lo es en el nombre), para la que seleccionó su repertorio más íntimamente sentido como propio pero sin desatender al más popular, a los grandes éxitos que se han ido convirtiendo en himnos de identificación -por consenso, como debe ser- para varias generaciones. 
Serrat en 1975. Fotografía de Colita.
Siempre ha sido un excelente narrador, y, además de lo que nos cantó, nos contó historias llenas de sensibilidad y valor civil, que tienen que ver con la solidaridad y la alegría de vivir, con el goce de lo cotidiano apurado como algo extraordinario. Sabe, como pocos, despertar atención y generar interés expectante, y lo aprovechó para hablarnos, entre otras cosas, del papel social de las canciones (que en los mejores casos nos acompañan de la cuna a la tumba), de los niños que viven y mueren en la calle, de las virtudes de la siesta y la utilidad práctica del contradictorio refranero, de las excelencias de su profesión (en la que se divierte, se siente realizado como persona, querido por un montón de gente y bien pagado), y de las cualidades salutíferas de la poesía de Antonio Machado y de Miguel Hernández.
Ray Ferrer, David Palau, Ricard Miralles, Joan Manuel Serrat, Kitflus y Vicente Climent en Logroño, el 18.06.15. Foto de Frank Blurred.
A pesar de que el “imponente marco”, tan frío por su desmesurada extensión y distancia, no  propiciaba la emotividad que facilita la proximidad de un teatro, Serrat venció todas las dificultades y mantuvo en vilo al público sirviéndose de una impecable producción (un sonido perfecto y una iluminación espectacular muy acertada) y, muy especialmente, de un grupo de excelentes músicos al servicio de los brillantes arreglos del maestro Ricard Miralles, que ha mantenido la sobriedad básica de las canciones pero potenciando sus cualidades líricas  a través de la imaginación que aportan intérpretes tan aguerridos y versátiles como los que le acompañan. Los arreglos orquestales creaban fondos sinfónicos tan eficaces y coloristas como poco ampulosos, arropando perfectamente las necesidades del cantante y dejando abundantes espacios para los virtuosos primeros planos de los solistas. Chocaron, por inauditos, algunos cambios de tempo, y por allí sonó un sorprendente mariachi, un minué trotón y unas cuantas aproximaciones a la música andaluza. 
Seguramente no es el momento, pero hay que aprovechar la oportunidad, aunque sea de paso, para señalar lo bien que ha elegido siempre Serrat a sus arreglistas: pocas discografías resultan en conjunto tan atemporales e incombustibles como la suya, por encima de las modas pasajeras. Otro rasgo de genio, el saber rodearse de los mejores.
Joan Manuel Serrat en Logroño. 18.06.15. Foto de Frank Blurred.
Nuestro visitante demostró que está en buena forma, con las lógicas marcas que nos va dejando la vida. Administró con tino su voz, con su característico vibrato, modulando y ajustando (a la baja) el tono en algunas ocasiones, pero con la misma capacidad de comunicar y emocionar que siempre. Sigue siendo un maestro del movimiento escénico, con un amplio abanico de recursos entre los que resultan especialmente simpáticos los guiños a la comedia antigua y al cine mudo, y es admirable su facilidad para colocarse en el centro de la broma, protagonizando sus humoradas sobre la vejez o aplicándose los clichés que se atribuyen a sus paisanos.
Joan Manuel Serrat en Logroño. 18.06.15. Foto de Frank Blurred.
El concierto, tan bien planteado, resultó una gozada para el público que llenó el auditorio, la mayor parte viejos conocidos que tienen entre los mejores recuerdos de su educación sentimental algunas de sus canciones y sus conciertos, pero también, afortunadamente, bastante gente joven que aprendió ese prodigioso repertorio en el coche de sus padres, y unos cuantos niños –dichosos ellos- que empiezan muy pronto y muy bien a cultivar el amor por las buenas canciones.
Joan Manuel Serrat en Logroño. 18.06.15. Foto de Frank Blurred.
Hasta aquí la crónica de lo mucho que dio de sí la visita de este amigo locuaz que, afortunadamente (y por eso lo hemos hecho amigo y lo queremos tanto), suele tener razón y se da tan poca importancia. Gracias por haber contado con nosotros y habernos hecho un hueco en tan sonada conmemoración, y vuelve cuando quieras, porque estás en tu casa. 
Ojalá sigas haciendo camino durante mucho tiempo.

Joan Manuel Serrat
"Antología desordenada"
Riojaforum. Logroño
18 de junio de 2015



lunes, 15 de diciembre de 2014

Miguel Poveda, íntimo y en sazón

Miguel Poveda.
 A lo largo de dos horas Miguel Poveda desgranó en Logroño una apasionada confesión sobre lo que más quiere y le define, con la sinceridad de quien lo hace por voluntad propia y  ante gente con la que se siente a gusto. Quedó claro desde el principio que lo que más le gusta es cantar y compartir con otros ese placer, y lo demostró en un concierto íntimo, directo, emocionado y lleno de matices.
Miguel Poveda es un músico complejo y nada acomodaticio, que  disfruta en lo grande (donde el éxito es más o menos previsible) y con lo pequeño (en proyectos arriesgados, casi marginales, que van ganando importancia y consideración crítica conforme pasa el tiempo). Empezó el concierto dando cabida a una de sus apasionadas debilidades minoritarias, la poesía, seleccionando para la ocasión canciones creadas a partir de poemas de Miguel Hernández (Para la libertad), Federico García Lorca (el Soneto de la dulce queja y Amor de mis entrañas, viva muerte) y Rafael Alberti (Guerra a la guerra) que formarán parte de su próximo disco.
Eduardo Arroyo. La noche española. 1985.
Para continuar, acometió un amplio abanico de cantes flamencos, desde unas alegrías de honda raíz (que se fueron abriendo a toda la variedad de la bahía, acabando por bulerías); unos fandangos malagueños que dolían de puro arriesgados, siempre a punto de quebrarse y espectacularmente acabados en unos preciosos abandolaos con un Chicuelo magistral de compás y musicalidad; los tientos dedicados por la Niña de los Peines a Salomón, acabados en un derroche rítmico por tangos, y ligados a los especiales tangos trianeros del Titi (uno de los momentos más brillantes de la noche, con Poveda bailando con tanta gracia como desinhibición); una toná grandiosa, sobrecogedora, y unos preciosos fandangos naturales, para acabar este personal canon flamenco con la reivindicación de Lole y Manuel  y el Camarón de La leyenda del tiempo. Cada uno tiene su biografía particular, y una educación sentimental a la que hace muy bien en no renunciar.
Antonio Quintero, Rafael de León y  Manuel Quiroga.
En ese sentido, la apuesta de Poveda por lo que llama “el repertorio de la radio de su madre” es digna de alabar, especialmente si lo recrea en el excelente nivel al que nos tiene acostumbrados. Esas coplas le sirven, además, para embelesar a un sector del público que necesita ser abducido por el cariño de un artista que se dirige a ellos como si fueran únicos, que es capaz de “traspasar las candilejas” con sus comentarios y “sentarse en las rodillas” de cada cual, haciéndoles sentir que les mira a los ojos y cantándoles lo que necesitan, esté anclado en su pasado o sea llaga viva de un dolor presente.
De este brillante repertorio seleccionó, entre otras, Vente tú conmigo, A ciegas, Y sin embargo te quiero, En el último minuto, Tres puñales,…, coplas estilizadas por el maestro Amargós, que las ha ido depurando de innecesarias adiposidades y amaneramientos para que sirvan a la perfección a las cualidades vocales y a las dotes dramáticas de Poveda.
Es sorprendente y admirable que un artista tenga tanta y tan variada capacidad de expresión y tanta facilidad para cambiar de registro, pasando de la fiesta al profundo dolor, y siempre entregado al  máximo, con un notable sentido del espectáculo. Además de una extraña habilidad para dosificar, de cara al gran público, sus aficiones y capacidades de tal manera que todo en su voz parezca fácil, tiene también el don de rodearse de grandes músicos a los que deja todo el espacio que necesitan.
Amargós, Chicuelo y Poveda.
En esta ocasión contó con Joan Albert Amargós, un excelente músico de amplísimos registros que ha reelaborado por simplificación todo el hermoso patrimonio de la copla que tan destacado lugar ocupa en nuestra memoria musical colectiva, indiscutible parte fundamental de la crónica sentimental de España.
Juan Gómez, Chicuelo, es un guitarrista de primera categoría por mérito y esfuerzo propio, por musicalidad y por talento, que ha sabido mantenerse fuera de la “corriente principal” y de los focos para ir creciendo, con voz y lenguaje particular, desde los márgenes, sirviendo como apoyo e impulso a algunas de las más importantes y personales carreras flamencas de las dos últimas décadas. Su sonido, preciso, poderoso y lleno de musicalidad, fue el mejor ensamblaje para tan delicado concierto.
El cuarto en concordia fue Paquito González, un brillantísimo hombre de compás, tanto con la variada percusión, las palmas o en segundas y precisas voces. Lleno de sutiles matices y de color, creó un inmenso campo rítmico donde Amargós y Chicuelo pudieron construir a sus anchas, y con total seguridad, armonías y melodía. A pesar de sus grandes méritos, estuvo a punto de quedar incógnito: ¿no se merece un espectáculo así, en un recinto tal y a ese precio, un sencillo programa de mano en el que se informe al público al menos de lo imprescindible?
Miguel Poveda.
Fue una buena noche de música para confirmar el buen estado de forma del joven maestro Miguel Poveda, pletórico de ganas a sus 41 años, y su capacidad de entusiasmo para afrontar con solvencia lo que se le ocurra y se le ponga por delante. Quedamos, impacientes, a la espera. Buen viaje, y hasta la vuelta.


Miguel Poveda.
12 de diciembre de 2014.
Riojaforum.
Logroño.

(Publicado en Rioja2 el 15.12.2014)