Mostrando entradas con la etiqueta Joan Manuel Serrat. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Joan Manuel Serrat. Mostrar todas las entradas

jueves, 24 de mayo de 2018

Serrat de principio a fin

Joan Manuel Serrat. Portada de Mediterraneo. Diseño de Enric Satué. Fotografía de Colita. 1971.
Hace mucho tiempo escuché, sorprendido, a un brasileño que daba gracias a la divina providencia por haberle dado el privilegio de coincidir en esta vida con Caetano Veloso. Parece exagerado, y me gusta pensar que seguramente tan ferviente aficionado habría acumulado otros motivos de alegría en este perro mundo, pero la verdad es que no es poca cosa encontrar en el camino a alguien que te transmite emoción y expresa cabalmente lo que consideras tus sentimientos, que coinciden en buena medida con las mejores aspiraciones de tus conciudadanos. Eso es lo que nos pasa a muchos con Joan Manuel Serrat, y eso explica la ovación con la que fue recibido. 
Serrat en Logroño. 19.05.2018. Foto de Francesc Genista.
Volvía a Logroño después de tres años y para no olvidarse de lo que fue llego desde Viana, que es un lugar estupendo para aprender y sentir que nadie es más que nadie, digan lo que digan algunos de sus paisanos. Y venía a recrear para nosotros, afortunados, su disco Mediterráneo, grabado en 1971 y plenamente fresco y vigente, porque aquel álbum, el octavo de su carrera, era una obra de sorprendente madurez para un joven de 28 años (que ya había producido joyas como Ara que tinc vint anys o Dedicado a Antonio Machado, poeta).

Joan Manuel Serrat. Contraportada de Mediterraneo. Diseño de Enric Satué. Fotografía de Colita. 1971.
Y volvió a Mediterráneo, a sus diez canciones pletóricas, intemporales (y, en ese sentido, clásicas) tras llevar cantándolas cuarenta y siete años por el ancho mundo, tomándose las libertades de cambiar su orden y actualizar y reajustar mínimamente los arreglos, y en esa primera parte tres veces sonó La canción: dentro de la suite orquestal de presentación, en la aparición en el escenario de Serrat y cerrando el bloque en una versión cimbreante, de apoteosis, demostrando todo lo aprendido en tanto tiempo sobre dominio de la escena y control de la expresividad vocal.
Le acompañó un grupo extraordinario y reducido de músicos, dirigido por Ricard Miralles desde el piano, con David Palau a la guitarra, Vicente Climent a la batería, Tomás Merlo al bajo, Kitflus en los teclados electrónicos y Uxia Amargós a la viola, delicada y brillante incorporación que enriqueció y ayudó a empastar los estilizados arreglos del maestro Miralles. La voz de Serrat sonó fresca y vibrante, flexible, llena de matices y tan expresiva como siempre.
Ricard Miralles en Logroño. 19.05.2018. Foto de Francesc Genista.

Ya sabíamos que el Nano es un gran contador de historias y que las hilvana de maravilla, como el que lava, haciendo que todo venga a cuento, y en el guión cupieron esta vez la mili y su capitán, las palabras y su significado, la luna y su cara oculta, los mares, los amores que dejan huella profunda a fuego lento, la desconsideración generalizada con las mujeres (de las que se confesó devoto), la codicia humana y la ceguera de los privilegiados ante las apremiantes necesidades de los parias de la tierra. 
Con esos mimbres y un puñado de excelentes canciones (la mayoría propias o basadas en poemas de León Felipe, Antonio Machado y Miguel Hernández, pero otras de significativas y reivindicadas influencias, como La mer de Charles Trenet, o el Tatuaje de Valerio, León y Quiroga, armó un relato convincente, solidario y progresista, hermoso y lúcido, defendible ética y estéticamente, en el que el Mediterráneo reaparecía constantemente como eje dinámico de su vida sentimental y su carrera musical. Un añorado Mediterráneo que muere por nuestra ignorancia, imprudencia, inconsciencia y mala fe, capaces como somos de arrumbar con tanta abundancia, belleza y energía, tal y como cantó emocionado en Plany al mar, uno de los momentos clave de la noche, junto a los Cantares de Machado, con los que puso al público en pie (formando coros multitudinarios y espontáneos que se adelantaban entusiastas al compás del maestro) y su creación del poema Menos tu vientre, de Miguel Hernández. 
Las dos horas de concierto pasaron volando, casi tanto como los 47 años que tan bien le han sentado al viejo disco. Por una noche se olvidó que cada uno es cada cual, y allí se juntaron las derechas gobernantes y los descreídos gobernados. Fue una noche estupenda, divertida aunque cargada de melancolía feliz, y al menos mientras duró pensamos que cualquier día puede acabar siendo grande si nos damos una oportunidad y nos sumamos a la esperanza y al optimismo, al festín de la vida. 
Joan Manuel Serrat. Interior de Mediterraneo. Diseño de Enric Satué. Fotografía de Colita. 1971.
El maestro nos emplazó para enseguida, dentro de poco, en cualquier lugar, y ojalá que la cita se concrete cuanto antes y se repita muchas veces, antes de que nuestro cuerpo no sea más que polvo de camino sin otra utilidad que dar verde a los pinos y amarillo a la genista.

Joan Manuel Serrat
Mediterráneo da capo
Riojaforum. Logroño
19.05.2018

lunes, 22 de junio de 2015

Joan Manuel Serrat: patrimonio (supra)nacional


Joan Manuel Serrat en Logroño. 18.06.15. Foto de Frank Blurred.
Hemos disfrutado en Logroño de dos horas de la gira mundial con la que Joan Manuel Serrat está celebrando sus primeros cincuenta años sobre los escenarios. Y las hemos vivido como se goza de un delicado patrimonio que se siente a la vez como propio y común, con cariño, con atención, con cuidado por su estado de conservación. Como quien recibe a un amigo querido, inteligente y perspicaz que pasa de vez en cuando por aquí para contarnos sus cosas, que, en buena medida, son también las nuestras.  Lo extraordinario del caso es que algo así se siente en cualquier lugar, en todas partes, más allá de las fronteras, y que afecta a muchos de los que nos expresamos en castellano o en catalán.
Serrat en 1965. Portada de disco diseñada por Jordi Fornas.
Nos propuso de entrada “invertir una noche de nuestra vida” compartiéndola con su música, y planteó la ceremonia como una “antología desordenada” (aunque solo lo es en el nombre), para la que seleccionó su repertorio más íntimamente sentido como propio pero sin desatender al más popular, a los grandes éxitos que se han ido convirtiendo en himnos de identificación -por consenso, como debe ser- para varias generaciones. 
Serrat en 1975. Fotografía de Colita.
Siempre ha sido un excelente narrador, y, además de lo que nos cantó, nos contó historias llenas de sensibilidad y valor civil, que tienen que ver con la solidaridad y la alegría de vivir, con el goce de lo cotidiano apurado como algo extraordinario. Sabe, como pocos, despertar atención y generar interés expectante, y lo aprovechó para hablarnos, entre otras cosas, del papel social de las canciones (que en los mejores casos nos acompañan de la cuna a la tumba), de los niños que viven y mueren en la calle, de las virtudes de la siesta y la utilidad práctica del contradictorio refranero, de las excelencias de su profesión (en la que se divierte, se siente realizado como persona, querido por un montón de gente y bien pagado), y de las cualidades salutíferas de la poesía de Antonio Machado y de Miguel Hernández.
Ray Ferrer, David Palau, Ricard Miralles, Joan Manuel Serrat, Kitflus y Vicente Climent en Logroño, el 18.06.15. Foto de Frank Blurred.
A pesar de que el “imponente marco”, tan frío por su desmesurada extensión y distancia, no  propiciaba la emotividad que facilita la proximidad de un teatro, Serrat venció todas las dificultades y mantuvo en vilo al público sirviéndose de una impecable producción (un sonido perfecto y una iluminación espectacular muy acertada) y, muy especialmente, de un grupo de excelentes músicos al servicio de los brillantes arreglos del maestro Ricard Miralles, que ha mantenido la sobriedad básica de las canciones pero potenciando sus cualidades líricas  a través de la imaginación que aportan intérpretes tan aguerridos y versátiles como los que le acompañan. Los arreglos orquestales creaban fondos sinfónicos tan eficaces y coloristas como poco ampulosos, arropando perfectamente las necesidades del cantante y dejando abundantes espacios para los virtuosos primeros planos de los solistas. Chocaron, por inauditos, algunos cambios de tempo, y por allí sonó un sorprendente mariachi, un minué trotón y unas cuantas aproximaciones a la música andaluza. 
Seguramente no es el momento, pero hay que aprovechar la oportunidad, aunque sea de paso, para señalar lo bien que ha elegido siempre Serrat a sus arreglistas: pocas discografías resultan en conjunto tan atemporales e incombustibles como la suya, por encima de las modas pasajeras. Otro rasgo de genio, el saber rodearse de los mejores.
Joan Manuel Serrat en Logroño. 18.06.15. Foto de Frank Blurred.
Nuestro visitante demostró que está en buena forma, con las lógicas marcas que nos va dejando la vida. Administró con tino su voz, con su característico vibrato, modulando y ajustando (a la baja) el tono en algunas ocasiones, pero con la misma capacidad de comunicar y emocionar que siempre. Sigue siendo un maestro del movimiento escénico, con un amplio abanico de recursos entre los que resultan especialmente simpáticos los guiños a la comedia antigua y al cine mudo, y es admirable su facilidad para colocarse en el centro de la broma, protagonizando sus humoradas sobre la vejez o aplicándose los clichés que se atribuyen a sus paisanos.
Joan Manuel Serrat en Logroño. 18.06.15. Foto de Frank Blurred.
El concierto, tan bien planteado, resultó una gozada para el público que llenó el auditorio, la mayor parte viejos conocidos que tienen entre los mejores recuerdos de su educación sentimental algunas de sus canciones y sus conciertos, pero también, afortunadamente, bastante gente joven que aprendió ese prodigioso repertorio en el coche de sus padres, y unos cuantos niños –dichosos ellos- que empiezan muy pronto y muy bien a cultivar el amor por las buenas canciones.
Joan Manuel Serrat en Logroño. 18.06.15. Foto de Frank Blurred.
Hasta aquí la crónica de lo mucho que dio de sí la visita de este amigo locuaz que, afortunadamente (y por eso lo hemos hecho amigo y lo queremos tanto), suele tener razón y se da tan poca importancia. Gracias por haber contado con nosotros y habernos hecho un hueco en tan sonada conmemoración, y vuelve cuando quieras, porque estás en tu casa. 
Ojalá sigas haciendo camino durante mucho tiempo.

Joan Manuel Serrat
"Antología desordenada"
Riojaforum. Logroño
18 de junio de 2015



lunes, 17 de junio de 2013

Moscas


Publicidad de Raid a partir de la partitura de El vuelo del moscardón, de Rimski-Kórsakoff.
Joan Manuel Serrat incluyó en el disco que dedicó a Antonio Machado en 1969 una versión de la canción que Alberto Cortez había compuesto sobre el poema Las moscas. La adaptación tenía unas modificaciones mínimas sobre el original, pero significativas, guiadas por la probable intención de hacerlo más trepidante, con un ritmo más continuado, deslizante, zumbón, como de obstinado moscón veraniego. El resultado fue tan brillante y el éxito tan rotundo que el poema ha quedado inscrito en la memoria de varias generaciones ligado, quizá para siempre (no hay más que ver las unidades didácticas colgadas en internet sobre el particular), a esa música, a esos ligeros cambios y a los arreglos de Ricard Miralles, estrecho colaborador del "noi de Poble-sec" en aquella época. 
Esta es la letra del poema:
 
"Vosotras, las familiares,
inevitables golosas,
vosotras, moscas vulgares,
me evocáis todas las cosas.

¡Oh viejas moscas voraces
como abejas en abril,
viejas moscas pertinaces
sobre mi calva infantil!

¡Moscas del primer hastío
en el salón familiar,
las claras tardes de estío
en que yo empecé a soñar!

Y en la aborrecida escuela,
raudas moscas divertidas,
perseguidas
por amor de lo que vuela,


—que todo es volar—, sonoras
rebotando en los cristales
en los días otoñales...
Moscas de todas las horas,


de infancia y adolescencia,
de mi juventud dorada;
de esta segunda inocencia,
que da en no creer en nada,


de siempre... Moscas vulgares,
que de puro familiares
no tendréis digno cantor:
yo sé que os habéis posado

sobre el juguete encantado,
sobre el librote cerrado,
sobre la carta de amor,
sobre los párpados yertos
de los muertos.

Inevitables golosas,
que ni labráis como abejas,
ni brilláis cual mariposas;
pequeñitas, revoltosas,
vosotras, amigas viejas,
me evocáis todas las cosas".

Antonio Machado. Las moscas. Soledades. 1902.

Y esta la versión del joven Serrat en Chile, el año en que editó el disco:



Seguro que el caso le haría mucha gracia, porque confirmaba su opinión, a Antonio Machado y Álvarez, "Demófilo". También a sus aplicados hijos, tan atentos al sentir y al cantar popular. Manuel Machado escribió sobre ese asunto, siempre recurrente, en La copla (y su poema se convirtió a su vez en canción de Atahualpa Yupanqui, que prescindió de la segunda estrofa y lo atribuyó a Antonio): 

"Hasta que el pueblo las canta,
las coplas, coplas no son,
y cuando las canta el pueblo,
ya nadie sabe el autor.
Tal es la gloria, Guillén,
de los que escriben cantares:
oír decir a la gente
que no los ha escrito nadie.
Procura tú que tus coplas
vayan al pueblo a parar,
aunque dejen de ser tuyas
para ser de los demás.
Que, al fundir el corazón

en el alma popular,
lo que se pierde de nombre
se gana de eternidad."

Manuel Machado. La copla.

Esta es mi pequeña aportación de una tarde de caluroso domingo:


Moscardón en el cuarto de baño.16.06.13.