Mostrando entradas con la etiqueta Julián Hernández. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Julián Hernández. Mostrar todas las entradas

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Siniestro Total en el tunel del tiempo


El maestro Javier Soto, Jorge Beltrán, Ángel González, Julián Hernández y Öscar Abendaño: Siniestro Total en Logroño. 8.11.2015. Foto: Frank Unscharf.

Días agitados en Logroño: nos quedamos sin obispo, nos rebajan ¡una centésima! los impuestos municipales, nos enteramos de que facturan al encargado de los dossieres y la propaganda rumbo a las Cortesviene Gregorio Morán a presentar (como hiciera hace 19 años) la reedición por Pepitas de calabaza de su permanentemente actual "Nunca llegaré a Santiago", y actúan, en programa doble, Reincidentes y Siniestro Total. Demasiadas emociones. Por menos que esto se escribía hasta hace cuatro días la letrilla de una jota de picadillo.
El cancionero eterno.  Sala Concept. Logroño. 6.11.2015. Foto: Frank Unscharf.

En   un  concierto del soviet de Julián Hernández siempre se aprende mucho. Tras escucharse en la abarrotada sala las cinco notas de conexión extraterrestre de Encuentros en la tercera fase y cabalgando el minuto trepidante de la sintonía que Jan Hammer compuso para Corrupción en Miami, comenzó el simposio de Siniestro Total con sus fieles -captados poco a poco para la causa a lo largo de treinta y tres años-, en el que se dio una vuelta completa a la actualidad socioeconómica y geopolítica, a la farmacopea, el hedonismo, las amistades peligrosas entre narcos y supuestas gentes de orden y otros cuantos asuntos de interés general sobre la cultura popular. También hubo un fugaz recuerdo para Germán Coppini, el hombre que estuvo allí. Todos los males de la época fueron pasando por el escenario, menos el relativismo moral, quizá porque sobre ese asunto, tanto arriba como abajo, todo estaba perfectamente claro.
Siniestro Total atesora la solvencia que toda la vida han tenido las orquestas de baile de las ferias gallegas, enriquecida con la actitud infatigable de una banda de pub y el estilete preciso de los profesionales que se forjan y afilan en la carretera. El resultado es arrollador y emociona oír a todo el publico (con una horquilla de edad que iba de los 18 a los sesenta y muchos) sintiéndose parte de la diáspora gallega y cantando a voz en grito su himno nacional alternativo. (En lo que nos afecta a los riojanos, este fenómeno quizá tenga su explicación en la carretera N-120, que ha unido desde la noche de los tiempos -más mal que bien- dos sitios tan improbables como Logroño y Vigo).

Julián Hernández.  Sala Concept. Logroño. 6.11.2015.  Foto: Frank Unscharf.
La   puesta en escena fue tan sobria como de gira de invierno, y el vestuario, con el eclecticismo habitual, la suma de hábitos de camareros de bodas, tratantes de ganado vacuno y conductores de coches fúnebres.
Siniestro Total. Foto de Pixi Arnoso.

Tan  memorable suceso terminó con otro himno (este grabado), el de la URSS, con los congregados en tamaña comunión saludando plenamente satisfechos y puño en alto. 
¡A lo que llegamos!


Siniestro Total
Sala Concept 
Logroño 
6.11.2015 

jueves, 23 de abril de 2015

Ángel Guache: mester de goliardía

Ángel Guache y Marcelo Pull, vistos por Katia Kalamar.
Ángel Guache (un extraordinario poeta de largo recorrido al que habría que clasificar entre los raros y los movedizos) ha vuelto a las andadas con un disco incendiario y gamberro -¡LIBÉRRIMO!-, en el que, apoyado en el guitarrista Marcelo Pull, arremete, cual iconoclasta silvestre, contra toda la imaginería del orden y el progreso.
Pull, Guache y Julián Hernández: forajidos de leyenda.
El tonante repertorio está formado por himnos, marchas, panfletos, romances, manifiestos, consignas y alegatos en los que pretende plasmar, con la crudeza primaria del fotomatón, la foto fija de la actual realidad española dominada por el paro, el despilfarro y la corrupción (“Españaña Españoña”, en la que canta con Julián Hernández), y dispensa recetas de resistencia libertaria y pacifista (del tipo “darles con una tranca, con una tranca de broma, no queremos revanchina”).
Junto a esas soflamas sociales de amplio espectro épico (en las que aparecen también las hondas devociones “calaveras” que se manifiestan a través del culto a la nocturnidad, los garitos y el vino) recurre a otros asuntos más propios de su acreditado espíritu lírico (“Poética”, “Irregular”, “Identidad”, “Epitafio”), aunque sin abandonar la bandera del ripio gozoso con la que envuelve su hedonista actitud vital (porque “la alegría no es trivial”).
Ángel Guache instruyendo a la santa infancia.
Ángel Guache se muestra una y otra vez en estas canciones (como siempre, de hecho) como una lúcida mezcla de goliardo, juglar y bufón que, para ser creíble, empieza por reírse de sí mismo cultivando la cruel autoparodia sin ningún pudor.
Las músicas van de la polka saltarina al blues, pasando por el funky de carga policial, el reggae de conversación en centro social okupado, el ska de guardería (en la línea radical del caca, culo, pedo, pis), el punk para construir su propio “god save the queen” “contra este gobierno y contra el que vendrá”, y un bonito vals bucólico que le sirve como un guante para confesar en un modélico soneto que “no hago al verso sesión de manicura, yo escribo como un terco karateca”. 
Poética. Ángel Guache & Marcelo Pull.
 ¡Libérrimo!.Gas-Oil 2015.
En definitiva, un conjunto de ritmos simples que emanan espontáneamente de la estrofa poética popular y se amoldan a las necesidades de lo contado, con arreglos machacones muy marcados y con vocación de convertirse en himnos para ser interpretados a grandes voces por los espontáneos “coros de la medianoche” en los que hacemos como que nos sentimos libres.
Guache y Pull, buscando el tono para dar la nota. Foto de Leo Cobo.
La banda, una especie de tuna eléctrica, gamberra, dipsómana y acelerada, -con los guiños corales liderados por Vanexxa-, está a la altura de semejante proyecto: un disco irregular -lo que, viniendo de donde viene, es a la vez una pretensión y un logro que lo hace extraordinario- y complejo, una rara joya primitiva que llama la atención en medio de nuestro panorama musical, dominado por fórmulas, reglas y clichés.