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miércoles, 3 de febrero de 2016

Manuel Saiz, que cumplirá los sesenta y cinco en el año 2026 (If Alive)

Manuel Saiz. Siete momentos que son el mismo. 1988.
El artista Manuel Saiz empezó a organizar la fiesta de su 65 cumpleaños, por si estuviera vivo, cuando solo tenía 43. Para ello contó (y sigue contando) con la complicidad del Museu de l´Empordà, en Gerona, nada extrañado de tamaña previsión porque conocen bien los plazos con los que se hacen las reservas en los restaurantes de moda de la zona, convertidos en los nuevos santuarios de las musas, regidos por oráculos que emiten opinión y ejercen potestad sobre todas las cosas.
Manuel Saiz. Pensemos en positivo. If Alive. 2003. (Herrero: Roberto Pajares).
La cita, que se va viniendo encima de forma inexorable y a una velocidad amenazante y progresivamente  acelerada, tiene ya establecido su espacio de celebración, sus previsiones protocolarias, sus listas de invitados confirmados (en el caso de que estuvieran vivos) y las reservas de sus principales consumibles etílicos, estos últimos madurando a la vez que el anfitrión, (en el mejor de los casos con la misma fortuna que asegura la bodeguera para sus selectos caldos, “capaces de envejecer conservándose jóvenes”, lo que quizá sea demasiado decir).
El desajuste entre el deseo y su satisfacción se ha ido salvando con celebraciones sustitutorias y experiencias de diversa índole en fechas y lugares señalados, en una cuenta atrás que no hace más que subrayar que toda acción artística es una vanitas, un recuerdo de la muerte más o menos explícito, un emplazamiento perentorio al que acudir no dependerá solo de nuestra voluntad.
Manuel Saiz. If Alive, el (doble) libro. 2016.
La celebración vicaria de este año se ha concretado en la edición del libro If Alive (For Me, for All My Friends, and for Me First of All), memoria del desarrollo del proyecto hasta este momento y avance de su previsible recorrido hasta el final, lo que vuelve a ser un memento mori, otra acumulación de incertidumbres.
Manuel Saiz. If Alive. 2016.
La frase castellana del título secundario se corresponde con la fórmula salvadora utilizada como grito infantil en el juego de escondite callejero que llamábamos del “bote”, en el que entre carreras, construcciones simbólicas, patadas y emociones, se sacaba bastante partido de un “ruido secreto” producido al agitar un cilindro de hojalata machacado en su parte superior y que contenía quijarros (algo así como un pedestre sonajero, en más de un sentido), que al “dar el bote” nos liberaba por un rato y alargaba el juego. ¡Qué cosas tiene la infancia!
Manuel Saiz tramando algo. (Foto de su perfil de facebook)
La presentación del libro en Logroño se hizo en la siempreviva Galería Planta Baja bajo el auspicio magnificente de los eternamente jóvenes José Miguel y Aurora León, y se complementó con otra obra de Manuel Saiz, un vídeo de 18 minutos titulado DOA (Dead or Arrival), en el que el preciso metrónomo de un ritmo cardíaco regular subraya las imágenes fugaces que sustentan su discurso sobre la transitoriedad de la vida, hasta que el ciclo acaba y el leve zumbido pierde su cadencia, se hace constante y se disuelve. Son las cosas de la muerte.
Manuel Saiz. Saiz Borrado Quemado Indocumentado. (¿Cuatro momentos que son el mismo?)

Allí estuvimos, por si, sujetos al condicional inexorable, no podemos llegar a la cita comprometida. Felicidades, en cualquier caso, por nosotros y por todos los compañeros.
Manuel Saiz. If Alive en Santiago de Compostela. Galería Trinta. El Estado Mental. 2016.

martes, 28 de octubre de 2014

Planta Baja abierta a la calle

Aurora León. Planta Baja. 2013.

Algo habremos hecho mal los que de una u otra forma nos dedicamos profesionalmente a los asuntos culturales (como creadores, como distribuidores de contenidos o como simples mediadores) para que los ciudadanos no hayan percibido con la misma claridad que han demostrado respecto a la sanidad, la educación o los servicios sociales, que los drásticos recortes de los presupuestos públicos dedicados a la cultura (y las subsecuentes desviaciones de buena parte de las sobras hacia nichos de actividad solo tangencialmente ligados a ella) les afectan de la misma manera y que quizá, a medio plazo, les afectarán más profundamente.
Por eso es muy de agradecer que surjan del páramo en el que todo esto se va convirtiendo iniciativas particulares preocupadas por lo público y alejadas de la vacua retórica de “los emprendedores”. 
Teresa Rodríguez. Planta Baja: una luz en el barrio. 2013.
Hoy vamos a hablar de Planta Baja, un espacio de uso múltiple y gestión flexible impulsado por los arquitectos Aurora y José Miguel León con la inapreciable colaboración de la historiadora Maite Bellido, abierto desde hace poco más de un año en la calle de la Cigüeña, en el “barrio árabe” de Logroño,  al abanico de intereses culturales y sociales de cualquier persona atenta a la plural realidad que nos rodea: el arte en todas sus manifestaciones, la reivindicación de los precursores del diseño español en los años sesenta (en cuanto a mobiliario, objetos, publicidad, tebeos,...), el consumo sostenible, el reciclaje, los libros y la ciudad en cualquiera de sus manifestaciones.
Carlos Rosales. Planta Baja. 2013.
Se trata de un proyecto arriesgado y sin ningún apoyo institucional, que ha hecho de las exposiciones y el debate sus ejes estratégicos, y va ganando paulatinamente la complicidad de los agentes culturales (sobre todo de los artistas) y del vecindario, labor tan meritoria como difícil en un barrio depauperado con tendencia a la marginalidad.
Esa forma de gestión abierta y dinámica, apoyada en parte por una amplia red de discreto “micromecenazgo”, permite a los impulsores conseguir logros sorprendentes sobre los que es bueno poner el foco para que no pasen desapercibidos al conjunto de la ciudad y sean aprovechados como las oportunidades que realmente son.
José Miguel León. Usos privados de espacios públicos.

Sin ir más lejos (y por no recurrir a enumerar la ya notable nómina de artistas consagrados y jóvenes que han gozado de su hospitalidad en tan corto periodo de tiempo), hay en estos momentos una exposición doble que bajo el título “La calle, espacio común” agrupa los trabajos del grupo de investigación Habitar (de la Universidad Politécnica de Barcelona) y de 2L arquitectos, coincidentes en la intención de analizar los usos que los ciudadanos damos a los espacios públicos, que están diversificándose y cambiando aceleradamente regidos por una dialéctica público-privada en la que quien tendría que establecer las normas y aplicar las reglas del juego a menudo está desbordado por la mudable realidad o directamente sometido a los lobbys de los intereses privados, que no ven en lo público más que una posibilidad de negocio rápido. Un buen tema para reflexionar.
José Miguel León. Hacer la calle.
Planta Baja se va construyendo sobre la marcha en lo que desde el principio ha querido ser: un lugar de cultura y debate, abierto, como un observatorio privilegiado, a la calle y a los que la habitan.
José Miguel León. La calle cambia de color y olor.
Quizá por ahí, con iniciativas de este tipo, de manera libre, paulatina, informada y sin servidumbres, se pueda ir recuperando (al menos en parte) la deseable sintonía perdida entre la cultura y los ciudadanos.
José Miguel León. La calle como mercado.
Lo que no exime a la administración, tal como indica nuestra Constitución, de su responsabilidad en el fomento de la cultura como bien común y en su gestión profesional. 
Anna Sodupe. La calle y el juego.



 (Publicado en Rioja2 el 31.10.2014)