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| Aurora León. Planta Baja. 2013. |
Algo habremos hecho mal los que de
una u otra forma nos dedicamos profesionalmente a los asuntos
culturales (como creadores, como distribuidores de contenidos o como
simples mediadores) para que los ciudadanos no hayan percibido con la
misma claridad que han demostrado respecto a la sanidad, la educación
o los servicios sociales, que los drásticos recortes de los presupuestos
públicos dedicados a la cultura (y las subsecuentes desviaciones de
buena parte de las sobras hacia nichos de actividad solo
tangencialmente ligados a ella) les afectan de la misma manera y que
quizá, a medio plazo, les afectarán más profundamente.
Por eso es muy de agradecer que
surjan del páramo en el que todo esto se va convirtiendo iniciativas
particulares preocupadas por lo público y alejadas de la vacua
retórica de “los emprendedores”.
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| Teresa Rodríguez. Planta Baja: una luz en el barrio. 2013. |
Hoy vamos a hablar de Planta Baja, un
espacio de uso múltiple y gestión flexible impulsado por los
arquitectos Aurora y José Miguel León con la inapreciable
colaboración de la historiadora Maite Bellido, abierto desde hace
poco más de un año en la calle de la Cigüeña, en el “barrio
árabe” de Logroño, al abanico de intereses culturales y sociales de
cualquier persona atenta a la plural realidad que nos rodea: el arte
en todas sus manifestaciones, la reivindicación de los precursores del diseño español en los años sesenta (en cuanto a mobiliario, objetos, publicidad, tebeos,...), el consumo sostenible, el reciclaje, los libros y la ciudad
en cualquiera de sus manifestaciones.
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| Carlos Rosales. Planta Baja. 2013. |
Se trata de un proyecto arriesgado y
sin ningún apoyo institucional, que ha hecho de las exposiciones y
el debate sus ejes estratégicos, y va ganando paulatinamente la
complicidad de los agentes culturales (sobre todo de los artistas) y
del vecindario, labor tan meritoria como difícil en un barrio
depauperado con tendencia a la marginalidad.
Esa forma de gestión abierta y
dinámica, apoyada en parte por una amplia red de discreto
“micromecenazgo”, permite a los impulsores conseguir logros
sorprendentes sobre los que es bueno poner el foco para que no pasen
desapercibidos al conjunto de la ciudad y sean aprovechados como las
oportunidades que realmente son.
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| José Miguel León. Usos privados de espacios públicos. |
Sin ir más lejos (y por no recurrir
a enumerar la ya notable nómina de artistas consagrados y jóvenes
que han gozado de su hospitalidad en tan corto periodo de tiempo),
hay en estos momentos una exposición doble que bajo el título “La
calle, espacio común” agrupa los trabajos del grupo de
investigación Habitar (de la Universidad Politécnica de Barcelona)
y de 2L arquitectos, coincidentes en la intención de analizar los
usos que los ciudadanos damos a los espacios públicos, que están
diversificándose y cambiando aceleradamente regidos por una
dialéctica público-privada en la que quien tendría que establecer
las normas y aplicar las reglas del juego a menudo está desbordado
por la mudable realidad o directamente sometido a los lobbys de los
intereses privados, que no ven en lo público más que una
posibilidad de negocio rápido. Un buen tema para reflexionar.
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| José Miguel León. Hacer la calle. |
Planta Baja se va construyendo sobre
la marcha en lo que desde el principio ha querido ser: un lugar de
cultura y debate, abierto, como un observatorio privilegiado, a la calle y a los que la habitan.
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| José Miguel León. La calle cambia de color y olor. |
Quizá por ahí, con iniciativas de este tipo, de manera libre, paulatina, informada y sin servidumbres, se pueda ir recuperando (al menos en parte) la deseable sintonía perdida entre la cultura y los ciudadanos.
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| José Miguel León. La calle como mercado. |
Lo que no exime a la administración, tal como indica nuestra Constitución, de su responsabilidad en el fomento de la cultura como bien común y en su gestión profesional.
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Anna Sodupe. La calle y el juego.
(Publicado en Rioja2 el 31.10.2014)
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