miércoles, 17 de diciembre de 2014

Autorretratos


Francisco de Goya. Perro semihundido. 1820.


Ya vimos en otra entrada anterior que uno se pinta como se siente: a veces como un par de zapatos viejos, y otras como buey desollado o como un perro enterrado hasta el cuello.
Lydia Goldblath. Respiración. (De la serie Still here).
El autorretrato es una confesión interesada y más o menos sincera, y su utilidad para el espectador depende, como en cualquier relato, de lo atractivo que resulte lo que cuenta.
Alberto García-Alix. Autorretrato dibujado en un muro.
Remedando a León Tolstoi, podríamos decir que todos los autorretratos felices se parecen, pero que los infelices reflejan las angustias y desgracias de cada cual de maneras muy diferentes.
Nan Goldin. Autorretrato del baño azul. 1980.
Por eso resultan siempre más atractivos, como en cualquier ámbito de la vida, los retratos y las historias de pecadores apasionados que los de virtuosos autocomplacientes.
Joan Miró. Doble autorretrato. 1937-1960.
No siempre nos vemos de la misma manera, ni sentimos el mismo aprecio por el rostro que va forjando el tiempo. Reelaborar un autorretrato es ajustar cuentas con el propio pasado.
Meret Openheim. Autorretrato.
En ese medirse ante el espejo el artista acaba por encontrar el retrato definitivo, aunque con un ojo puesto, como buen Narciso, en la sentencia de Lao Tse: "Morir sin desaparecer, he ahí la verdadera longevidad" 



Rui Valerio. Cuatro fotogramas del vídeo I Am Sitting In A Room. Autorretrato. 2010.

Nadar, que supo extraer en sus esenciales retratos el alma de sus coetáneos, buscó denodadamente la propia desde todos los puntos de vista. 

Nadar. Autorretrato giratorio.

Es importante mantener los ojos bien abiertos. Sin desfallecer. Quizá algún día se encuentren con alguien que los mire de frente y los haga revivir.


martes, 16 de diciembre de 2014

El circo, el teatro, la realidad y las novelas

El clown Al Miaco.


"(...) nunca me siento tan próximo de la verdad, tan sensiblemente iniciado, como en las contadas ocasiones en que voy al teatro o al circo: sé entonces que por fin estoy asistiendo a la perfecta representación de la vida. Y los actores y las actrices, los payasos y los prestidigitadores son cosas importantes y fútiles, como el sol y la luna, el amor y la muerte, la peste, el hambre, la guerra entre los hombres. Todo es teatro. Ah, ¿quiero la verdad? Voy a seguir con la novela..."

Fernando Pessoa Libro del desasosiego. (Traducción de Perfecto E. Cuadrado). Acantilado. Barcelona, 2002.
Patricia Gadea. Serie "Atomic Circus".  M.N.C.A. Reina Sofía. Foto de F.G. 11.2014.

En   estos últimos meses, y a propósito de las novelas de Antonio Muñoz Molina y Javier Cercas, se está hablando mucho acerca de si la realidad puede ser la materia prima de la creación artística y literaria (si quiere ser digna de tal nombre) o si esta debe construirse necesariamente a partir de la ficción. Un debate interesado, reiterativo y gratuito. 
La historia (o los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa, como diría Juan de Mairena) no deja de ser un relato más o menos documentado y solo aproximadamente verídico. Una creación literaria, en definitiva. 
El  ejemplo paradigmático de la no-ficción es, como sabe cualquier interesado por el pasado, completamente ficticio: otro género literario. Por no entrar a valorar el periodismo, donde trascender de la propaganda y la intoxicación cada vez es más difícil.
Patricia Gadea. Serie "Atomic Circus".  M.N.C.A. Reina Sofía. Foto de F.G. 11.2014.
Las redescubiertas pinturas de Patricia Gadea, con su iconografía circense, nos enseñan más sobre la política y la corrupción españolas que los diarios de sesiones del Congreso o que las hemerotecas. Y eso que fueron pintadas hace treinta años. Se podría decir que, una vez más, la naturaleza imita al arte.
Ahora, cuando el circo de tres pistas donde era tan fácil enriquecerse se ha desmontado y ha abandonado la ciudad, el erial sigue siendo lo que era, perdido su momentáneo esplendor.
Adelaide Herrmann. Suspensión aérea. Circa 1930.

Tenía  razón Pessoa: lo más próximo a la verdad es el circo y el teatro. Sigamos, pues, con la novela.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Miguel Poveda, íntimo y en sazón

Miguel Poveda.
 A lo largo de dos horas Miguel Poveda desgranó en Logroño una apasionada confesión sobre lo que más quiere y le define, con la sinceridad de quien lo hace por voluntad propia y  ante gente con la que se siente a gusto. Quedó claro desde el principio que lo que más le gusta es cantar y compartir con otros ese placer, y lo demostró en un concierto íntimo, directo, emocionado y lleno de matices.
Miguel Poveda es un músico complejo y nada acomodaticio, que  disfruta en lo grande (donde el éxito es más o menos previsible) y con lo pequeño (en proyectos arriesgados, casi marginales, que van ganando importancia y consideración crítica conforme pasa el tiempo). Empezó el concierto dando cabida a una de sus apasionadas debilidades minoritarias, la poesía, seleccionando para la ocasión canciones creadas a partir de poemas de Miguel Hernández (Para la libertad), Federico García Lorca (el Soneto de la dulce queja y Amor de mis entrañas, viva muerte) y Rafael Alberti (Guerra a la guerra) que formarán parte de su próximo disco.
Eduardo Arroyo. La noche española. 1985.
Para continuar, acometió un amplio abanico de cantes flamencos, desde unas alegrías de honda raíz (que se fueron abriendo a toda la variedad de la bahía, acabando por bulerías); unos fandangos malagueños que dolían de puro arriesgados, siempre a punto de quebrarse y espectacularmente acabados en unos preciosos abandolaos con un Chicuelo magistral de compás y musicalidad; los tientos dedicados por la Niña de los Peines a Salomón, acabados en un derroche rítmico por tangos, y ligados a los especiales tangos trianeros del Titi (uno de los momentos más brillantes de la noche, con Poveda bailando con tanta gracia como desinhibición); una toná grandiosa, sobrecogedora, y unos preciosos fandangos naturales, para acabar este personal canon flamenco con la reivindicación de Lole y Manuel  y el Camarón de La leyenda del tiempo. Cada uno tiene su biografía particular, y una educación sentimental a la que hace muy bien en no renunciar.
Antonio Quintero, Rafael de León y  Manuel Quiroga.
En ese sentido, la apuesta de Poveda por lo que llama “el repertorio de la radio de su madre” es digna de alabar, especialmente si lo recrea en el excelente nivel al que nos tiene acostumbrados. Esas coplas le sirven, además, para embelesar a un sector del público que necesita ser abducido por el cariño de un artista que se dirige a ellos como si fueran únicos, que es capaz de “traspasar las candilejas” con sus comentarios y “sentarse en las rodillas” de cada cual, haciéndoles sentir que les mira a los ojos y cantándoles lo que necesitan, esté anclado en su pasado o sea llaga viva de un dolor presente.
De este brillante repertorio seleccionó, entre otras, Vente tú conmigo, A ciegas, Y sin embargo te quiero, En el último minuto, Tres puñales,…, coplas estilizadas por el maestro Amargós, que las ha ido depurando de innecesarias adiposidades y amaneramientos para que sirvan a la perfección a las cualidades vocales y a las dotes dramáticas de Poveda.
Es sorprendente y admirable que un artista tenga tanta y tan variada capacidad de expresión y tanta facilidad para cambiar de registro, pasando de la fiesta al profundo dolor, y siempre entregado al  máximo, con un notable sentido del espectáculo. Además de una extraña habilidad para dosificar, de cara al gran público, sus aficiones y capacidades de tal manera que todo en su voz parezca fácil, tiene también el don de rodearse de grandes músicos a los que deja todo el espacio que necesitan.
Amargós, Chicuelo y Poveda.
En esta ocasión contó con Joan Albert Amargós, un excelente músico de amplísimos registros que ha reelaborado por simplificación todo el hermoso patrimonio de la copla que tan destacado lugar ocupa en nuestra memoria musical colectiva, indiscutible parte fundamental de la crónica sentimental de España.
Juan Gómez, Chicuelo, es un guitarrista de primera categoría por mérito y esfuerzo propio, por musicalidad y por talento, que ha sabido mantenerse fuera de la “corriente principal” y de los focos para ir creciendo, con voz y lenguaje particular, desde los márgenes, sirviendo como apoyo e impulso a algunas de las más importantes y personales carreras flamencas de las dos últimas décadas. Su sonido, preciso, poderoso y lleno de musicalidad, fue el mejor ensamblaje para tan delicado concierto.
El cuarto en concordia fue Paquito González, un brillantísimo hombre de compás, tanto con la variada percusión, las palmas o en segundas y precisas voces. Lleno de sutiles matices y de color, creó un inmenso campo rítmico donde Amargós y Chicuelo pudieron construir a sus anchas, y con total seguridad, armonías y melodía. A pesar de sus grandes méritos, estuvo a punto de quedar incógnito: ¿no se merece un espectáculo así, en un recinto tal y a ese precio, un sencillo programa de mano en el que se informe al público al menos de lo imprescindible?
Miguel Poveda.
Fue una buena noche de música para confirmar el buen estado de forma del joven maestro Miguel Poveda, pletórico de ganas a sus 41 años, y su capacidad de entusiasmo para afrontar con solvencia lo que se le ocurra y se le ponga por delante. Quedamos, impacientes, a la espera. Buen viaje, y hasta la vuelta.


Miguel Poveda.
12 de diciembre de 2014.
Riojaforum.
Logroño.

(Publicado en Rioja2 el 15.12.2014)