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martes, 23 de junio de 2020

La fotógrafa Teresa Rodríguez pone el mundo del revés

Teresa Rodríguez. Serie de fotografías del proyecto CAOS. Marzo a mayo de 2020.
Ya que casi nadie -casi nunca- puede darle la vuelta a las cosas, está muy bien que, aprovechando cualquier circunstancia más o menos favorable (por ejemplo, tener que permanecer en casa durante casi cien días, con abundante tiempo libre y con la apremiante necesidad de reconstruir los contenidos de sus clases en la Universidad Popular de Logroño) alguien se atreva a darle una vuelta a esas cosas y “reinvente” la fotografía poniendo patas arriba la realidad circundante.
Teresa Rodríguez es una excelente fotógrafa siempre interesada profesional y creativamente por la actualidad, por el dinamismo del cambiante mundo que la rodea, un mundo en permanente renovación, variable no solo por su movimiento continuo sino, fundamentalmente, por la plural perspectiva con que ella lo encuadra, lo enfoca, lo fija y lo difunde.
Estos pasados meses han afectado radicalmente a su labor docente y a su trabajo artístico personal, y ha optado, entre otras labores creativas, por convertir cuatro habitaciones de su casa en enormes “cámaras oscuras” desde las que captar un mundo inusualmente estático, ensimismado, como ausente. 
Recurriendo a un procedimiento técnico prefotográfico que hunde sus raíces en los experimentos de óptica y en los artilugios con que los arquitectos y pintores renacentistas conseguían reproducir de manera fiable las perspectivas y figuras de su interés, (y a partir del que los "padres fundadores" construyeron los prototipos de las primeras cámaras fotográficas), Teresa Rodríguez ha entrado de lleno, a través de su trabajo, en la fecunda idea de que el futuro del arte, incluido el de la fotografía, pasa en buena medida por el cabal conocimiento de su pasado, por el análisis profundo de sus procedimientos técnicos, de sus primeras intenciones, de su lenguaje, de sus estrategias para captar (incluso para transformarla, como inconfesable pretensión) la realidad.
Las imágenes virtuales apropiadas a través de tan vieja práctica de reproducción de la realidad han ocupado por un tiempo su espacio doméstico, invadiendo calladamente el marco de su vida cotidiana e interfiriendo en otras imágenes fruto de otros hallazgos escópicos, en los muy variados frutos de la mirada propia o ajena. Y Teresa Rodríguez ha fotografiado esa contaminación, esa fecundación en la que el paisaje urbano se mezclaba con mobiliario, objetos, libros y fotografías, como testimonio de un periodo de confusión y temor, mezcla que ha certificado en algunos casos con su fugaz presencia de testigo privilegiado en un mundo doblemente congelado.
Esa triple imagen superpuesta, fruto de la acumulación de la imagen invasora urbana, del espacio privado invadido y de la artífice que las une y fija incorporando su silueta al fruto del artificio suponen un bello testimonio de una época rara en la que muchos hemos visto que, en la mayor parte de las cosas de la vida, incluido el arte, “la novedad” y “lo último” están manifiestamente sobrevalorados, y hemos redescubierto que, para nuevo, lo bueno.
Felicidades. A ella y a sus alumnos.





jueves, 10 de septiembre de 2015

El viaje al fondo del mar de Roberto Pajares


Distintos aspectos de la exposición de Roberto Pajares. Fotos de F.G.
Bajo el título “La pescadería del desierto”, Roberto Pajares ha convertido el espacio pavimentado con cantos rodados de la UPL en una gran pecera, una suerte de vivero en el que se desarrollan unas cuantas escenas marinas (que sugieren algo así como un fondo abisal con posidonia serrana atravesado por desconocidas especies; la estimulante silueta de “la Peza”, una medio sirena rampante; un banco de “peces veleta” armados y esperando en perfecto orden de combate a los cambiantes vientos; varios pescados fusiformes dignos de protagonizar calenturientos sueños húmedos; “peces lanza” coordinados en un paso de danza como soldados viejos en su cajón, y un amenazante “pez máscara”, todo él dentadura mortífera con su doble sierra a punto), con una variedad formal solo disfrutable por igual en el mostrador de una pescadería fantástica o tras la inmersión en los fondos marinos de una película inspirada por Julio Verne.

Roberto Pajares trabajando en Lomos de Orios (La Rioja).
Se trata, en palabras de su autor, de una instalación de “signos en el aire para no olvidar que nos robaron el mar,” y tiene su origen remoto en sus recuerdos de un taller de escultura que organizó en el desierto del Sahara con muchachos a los que enseñó a construir molinos de viento y veletas, y a desarrollar su capacidad simbólica como vehículo a través del que dar salida a la añoranza de un mar perdido para siempre.

Para construir su maremágnum, nuestro particular Capitán Nemo ha recurrido a materiales de diversa índole encontrados en su entorno vital (árboles caídos, el capó de un 4L desguazado, varas, chapas abandonadas, musgo,...), restos desechables que ha reutilizado transformándolos mediante su intencionada manipulación en objetos cargados de fuerza expresiva. Las huellas del proceso (soldaduras, cortes mecánicos, ensamblajes, forjados,...) enriquecen el resultado final, dominado por la omnipresencia del fuego con su huella variable, presente en acabados, texturas y colores alterados.
Los pescados desurdiéndose de la chapa del Renault... (Foto de Roberto Pajares)
...y atentos para ver desde dónde sopla el viento.
Es el trabajo de un visionario, probablemente el artista más autónomo y personal, -más libre-, de los que se dan en nuestras latitudes riojanas (por tierra, mar o aire). Alguien admirable tanto por sus obras como porque viene demostrando que se puede vivir al margen de las instituciones (incluida la artística), lejos del gusto oficial y pasando de las modas.

Poco a poco Roberto Pajares va consiguiendo lo que a veces ha contado que quiso desde muy joven: tener un jardín ilimitado donde vivir en permanente relación con la naturaleza, un lugar donde crear con pobres materiales una obra hermosa y fértil, donde acoge generosamente a sus numerosos fieles prodigando su amable hospitalidad.

Hay que aprovechar como una extraordinaria ocasión la posibilidad de ver estas singulares obras en un entorno urbano y, rodeados por ellas, sentir de la mano de Pajarito que recuperamos por un momento el mar que alguna vez nos perteneció.


Roberto Pajares
“La pescadería del desierto”
Sala de exposiciones de la
Universidad Popular de Logroño
Calle Mayor, 46
(Abierta hasta finales de septiembre de 2015)

lunes, 22 de diciembre de 2014

Mayte Martín: de corazón a corazón


Mayte Martín en Logroño. 19.12.2014. Foto: Teresa Rodríguez.
¿Se pueden querer a la vez dos géneros musicales tan distintos como el flamenco y los boleros, practicarlos simultáneamente a lo largo de casi veinte años con excelentes resultados artísticos dentro del selecto grupo de los elegidos, gozar del favor entregado de ambas aficiones y no estar loco? La carrera de Mayte Martín es la demostración palpable de que se puede, y que esas bifurcaciones más o menos coyunturales no hacen sino conformar el perfil completo y complejo de una gran artista que ha encontrado en tan diferentes patrimonios sentimentales dos vehículos expresivos privilegiados.
Mayte Martín. Foto: Teresa Rodríguez.

El concierto del pasado viernes en el Teatro Bretón de Logroño, dedicado íntegramente al bolero y a la canción romántica, resultó, en mi opinión, extrañamente conmovedor. Tanto la puesta en escena como el lenguaje corporal de los intérpretes daban la impresión de buscar premeditadamente cierto distanciamento respecto al público, apostándolo todo a la demostrada capacidad de Mayte Martín para crear tensión dramática a partir exclusivamente de los hondos matices aportados por su voz, apoyada en la intensidad emocional de la historias contadas. Así, con su admirable flexibilidad vocal, en un ambiente de “confidencia” melancólica, y con esa asombrosa claridad expresiva (que luce igual de bien en las canciones que en los cantes flamencos “americanos”) fue tejiendo un amplio repertorio de boleros procedentes de todo el ámbito cultural del idioma español. 

Mayte Martín. Foto: Teresa Rodríguez.
Había también, en mi opinión, una arriesgada opción musical por ralentizar, por “templar el tempo” y, de nuevo, contener la emoción. Creo que es un acierto ese afán por ajustar las melodías hasta conseguir una especie de hermoso adagio maestoso,  lleno de dignidad y alejado de los aspectos más frívolos de tan popular género. Para ello resulta imprescindible la opción tomada por la formación instrumental de un combo clásico (con la sustitución de las guitarras por el piano y el violín), prescindiendo de sonoridades electrónicas o sintetizadas. Todo suena natural en los arreglos de Nelsa Baró, sofisticado en su sencillez, preciso, brillante, y el quinteto estuvo impecable, subrayado en todo momento por el color y el calor de la sensual percusión.
Guillermo Prats, Nelsa Baró, Biel Graells, Chico Fargas, Mayte Martín y Vicens Soler. Foto: Teresa Rodríguez.


El público acaba por ser el mejor termómetro de un espectáculo, especialmente cuando se pretende hablar directamente al corazón del espectador. Y resultó muy curiosa su respuesta, en una permanente tensión concentrada que no estalló en ovación más que al final, ya plenamente entregados, demostrando un entusiasmo demasiado tiempo contenido (muy probablemente en contra de su voluntad).
El título del concierto, Cosas de dos, se puede referir tanto a la relación amorosa (rota o triunfante) que suele inspirar las letras de los boleros; o al extraño vínculo que relaciona al intérprete con los compositores (a los que se invoca al comienzo de los temas como si se buscase una especie de complicidad propiciatoria); o también a la historia de amor y reconocimiento recíproco que se da entre la cantante y el público, una historia misteriosa que funcionó  una vez más.
Mayte Martín, Nan Mercader, Horacio Fumero y Tete Montoliú en "el Johnny"
 (Colegio Mayor San Juan Evangelista). Madrid, 7 de febrero de 1997.  
Mayte Martín demostró en este concierto (como en sus discos dedicados al género) que es una gran bolerista.  ¿Qué habría pasado si la muerte de Tete Montoliú no se hubiera producido en el momento del despegue y valoración unánime de Free Boleros? Quizá esa línea de interés perceptible, aunque intermitente, por las canciones románticas, no hubiera estado relegada a la “segunda actividad” de tan estupenda cantaora. Pero, así son las cosas…
Mayte Martín. Foto: Teresa Rodríguez.


El concierto, organizado por la Universidad Popular de Logroño para conmemorar el veinte aniversario de su creación, fue un regalo de tan entusiasta y talentosa asociación a su ciudad, otra prueba de amor y esfuerzo a favor de la educación y la cultura de sus conciudadanos. Mucha suerte, y muchas gracias.
Mayte Martín. Foto: Teresa Rodríguez.


Mayte Martín
Cosas de dos
19.12.2014
Teatro Bretón
Logroño


(Publicado en Rioja2 el 22.12.2014)