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| Tres dibujos de Sergio Jiménez González. 06.2019. |

a veces pájaro,
a veces ratón."(...)
Pío Baroja. En torno a Zalacaín el aventurero. Reproducido en la revista Poesía, nº 22. 1985.
Su mirada es excéntrica y vocacionalmente marginal,
y no solo por dedicarse a retratar los límites, los no-lugares, los espacios
inacabados o erróneos de las periferias urbanas que convierte en sus
fotografías en callejones sin salida meramente “estéticos” (por
“antiestéticos”, precisamente), sino también porque ni siquiera los considera
como instrumentos apropiados para la ironía o la intención moralizante, como
vehículos útiles para denunciar esa
mezcla de estulticia y chabacanería en que se está convirtiendo el hábitat de
los humanos.
Su postura, en mi opinión, es de un cinismo perplejo
ante un entorno carente de cualquier valor apreciable, y opta en consecuencia,
como testigo desapasionado, por el nivel
más bajo de la representación fotográfica al banalizar la selección de su
mirada dándolo todo por bueno o, al menos, por igual. En esa opción extrema hay
una renuncia aparente a la experimentación formal y al “documento”, resultado de un desencanto desganado que
“prefiere no hacerlo”.
Siendo una fotografía (a pesar de todo) urbana,
llama la atención que no haya en ella ninguna presencia humana, lo que ayuda a
borrar de raíz cualquier riesgo de sentimentalidad. Su actitud, por mantenernos
en el ámbito madrileño, estaría más cerca de los personajes nihilistas de La
lucha por la vida, de Pío Baroja, que de los de Luces de Bohemia, de
Valle-Inclán, para lo que le faltaría locuacidad y exhibicionismo, lo que,
pensándolo bien, viene a ser la misma cosa.
Imaginando cómo suenan esas fotos me vienen a la
mente murmullos del tráfico lejano, prolongados zumbidos estáticos, ruidos de
maquinaria machacona, interferencias, vibraciones de equipos de aire
acondicionado y toda la batería habitual de sonidos “concretos”. Ese, quizá,
podía ser el adjetivo adecuado para calificar su obra, y puede que esa sea su
oculta intención.
En cuanto a tu pregunta acerca de la pertinencia de
considerar (o no) el trabajo de José Carlos Rodríguez como “artístico”, a mí,
como a Dan Graham, no me cabe ninguna duda: “para que una propuesta se valore
como arte es preciso que se exhiba en una galería, que se escriba sobre ella y
se reproduzca fotográficamente en una revista o catálogo”. Con su paso por Munición,
tu “galería portátil” (y volátil), has matado los tres pájaros de un tiro y lo
has metido en el engranaje artístico de hoz y coz. Otra cosa es si eso es lo
que quiere JCR.