Toda la vida había soñado con protagonizar un acontecimiento mundial y, por fin, sin comerlo ni beberlo, cuando menos lo esperaba, cuando ni siquiera le venía bien porque tenía otras cosas que hacer, lo consiguió: formó parte (con muchos otros, eso sí, y cada uno en su casa, todos en perfecta sincronía) del mayor confinamiento que los tiempos vieron.