"(...) Cuando apuntan los fríos y las humedades, muchos de los pajarillos que cantan por nuestros paisajes comienzan a perder la voz y a sentirse alicaídos, y del poco sol no sacan provecho alguno. Es el tiempo en que las mariposas y los abejorros, y las moscas y los mosquitos, y las mariquitas y los escarabajos de toda ralea, y los saltamontes y las mantis, y los caballitos del diablo y los gusanos, y las arañas y las chinches verdes, y toda esa multitud de bichitos que, si por un lado adornan el campo, también hacen más daño a nuestras cosechas que un pedrisco seco, empiezan a escasear y van muriendo y desapareciendo poquito a poco.
Entonces el pájaro anda vendido en medio de los campos, y para cazar una lombriz o una chinche verde ha de pasar trabajos y penalidades. Cuando esto sucede, los pájaros de la misma especie se van congregando hasta que se reúnen en grandes grupos, a veces de centenares y de miles. Los padres van acompañados de sus vástagos, y parece que unos con otros tengan largas conversaciones, y que se digan que aquel fresco y aquella falta de alimento ya no pueden aguantarse, y que es preciso hacer los preparativos para el gran viaje allende el mar, hacia las tierras soleadas, donde el frío no sea tan vivo y queden unas cuantas docenas de gusanos que hagan trabajar el pico y que espabilen los ojos.(...)
¡Considerad, en ese tiempo maravilloso del viaje, si os gustaría poder seguir a las bandadas piadoras, y ver tantas tierras, y volar tan alto, e ir dejando atrás pueblo tras pueblo y montaña tras montaña, e ir observando cómo cambia el tono de los verdes y el tono parduzco de las tierras, y ver allá abajo, muy lejos, los campanarios y los tejados, y los ríos como anguilas argenteadas! (...)"
Josep María de Sagarra. Los pájaros amigos. Traducción de Antonio Cabrera. Pre-Textos, 2003.
| F.G. Aves migrantes desde la Torre del Pretor, en Tarragona. 09.2016. |