Mostrando entradas con la etiqueta José Miguel Moreno. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta José Miguel Moreno. Mostrar todas las entradas

martes, 21 de febrero de 2017

Arroyo claro, fuente serena

Rembrandt. La Crucifixión. 1646.

Juan Sebastián  Bach proporciona, en cualquier circunstancia, una inagotable capacidad de emoción y consuelo.


J.S. Bach.  Chaconne-Tombeau, de la Partita BWV 1004. 
Emma Kirkby, Carlos Mena y José Miguel Moreno. 
De Occulta Philosophia. Glossa, 2003.

Rembrandt. La Crucifixión. 1653.

John Eliot Gardiner cita en su libro sobre el maestro un comentario del compositor György Kurtág: "Conscientemente, soy en efecto un ateo, pero no lo proclamo muy alto, porque si me fijo en Bach, no puedo ser un ateo. Entonces tengo que aceptar la manera en que él creía. Su música no deja nunca de orar. ¿Y cómo puedo acercarme más si lo observo desde fuera? No creo en los Evangelios de un modo literal, pero una fuga de Bach esconde en su interior la Crucifixión, al tiempo que los clavos están remachándose. En música, estoy siempre buscando cómo martillear los clavos [...]. Eso es una visión dual. Mi cerebro lo rechaza todo. Pero mi cerebro no vale mucho." 
Rembrandt. El alzamiento de la cruz (con un autorretrato de Rembrandt a caballo). 1633.
Hermosa contradicción, sentida como tal por tantos y en tantos aspectos de la vida, y muy especialmente en todo lo relacionado con la cultura.
Merece la pena recrearse en ella y cultivarla con esmero. En el "caso Bach", se puede recurrir a la web de la Sociedad Bach Holandesa, www.allofbach.com, donde se van añadiendo paulatinamente -una obra nueva cada viernes, desde 2014 hasta 2022-  todos los trabajos del músico (objetivo especialmente remarcable, ya que en los conciertos a él dedicados en todo el mundo sólo se suele escuchar el 10% de su inmenso repertorio), en óptimas condiciones de sonido e imagen, a cargo de los mejores intérpretes y con instrumentos y en espacios históricos.
Rembrandt. La Crucifixión. 1653.
Escucha y martillea.

viernes, 22 de abril de 2016

¡Larga (y buena) vida, Don Miguel!

Eduardo Arroyo. Miguel de Cervantes Saavedra. 1997.
“- Señora, donde hay música no puede haber cosa mala.
- Tampoco donde hay luces y claridad –respondió la duquesa.
A lo que replicó Sancho:
- Luz da el fuego, y claridad las hogueras, como lo vemos en las que nos cercan, y bien podría ser que nos abrasasen; pero la música siempre es indicio de regocijos y de fiestas."
(Quijote, II, 34)

Orvalrochefort. Don Quijote y Sancho Panza. 2009.
Se cumplen cuatrocientos años de la muerte de Miguel de Cervantes, varón colmado de imperecederas virtudes de todo tipo, entre las que estaba, -al decir de los expertos y por limitarnos a lo que aquí nos concierne-, su gran amor por la música, probado en las abundantes referencias y elogios que en sus libros hace y en la estrecha amistad que mantuvo con importantes compositores.
Romance del Marqués de Mantua.
Orphénica Lyra. José Miguel Moreno, director y guitarra.
Raquel Andueza (soprano) y Jordi Domenech (contratenor)
Música en el Quijote. Glossa. 2005

Cartel de la versión alemana de la película Don Quijote, de G.W. Pabst. 1933.
Cuenta el musicólogo Emilio Moreno que la obra de Cervantes está llena de músicos y de música, de cantantes e instrumentistas -populares y cultos-, de danzas y de canciones. Se escuchan voces entonadas y buenas de tiples, contraltos, tenores y “contrabaxos”; voces encantadoras, de maravillosa y suave armonía; voces blandas y otras raucas y ordinarias de catetos, chorizos y simples. Y en cuanto a los instrumentos, aparecen laudes, vihuelas, guitarras moriscas y cristianas, arpas, salterios, órganos, “clavicímbanos”, gaitas zamoranas y zampoñas, flautas, “pífaros”, chirimías, dulzainas, trompetas, cornetas y clarines, sacabuches, tambores, atabales y tamborinos, “albogues”, castañuelas, sonajas, panderos, cascabeles, cencerros, matracas y rabeles, lo que no hace pequeña orquesta, llena de posibilidades en manos de tan gran director.
Eduardo Arroyo. Don Quijote. 1997.
Algo de músico debía de tener Don Quijote cuando pide que se le ponga a mano un laúd para consolar a una doncella, cantando “con voz ronquilla, aunque entonada” un romance que acaba de componer.
Max. Página para la obra colectiva Lanza en astillero. 2005.
Pero dejémoslo aquí, siguiendo la sabia recomendación del maestro: ”Muchacho, no te metas en dibujos,(…), sigue tu canto llano y no te metas en contrapuntos, que se suelen quebrar de sutiles.” 
(Quijote, II,26)

martes, 23 de diciembre de 2014

La estirpe de Orfeo

Portada del "Libro de Música de vihuela de mano, intitulado El Maestro",
 de Luys Milán. Valencia, 1536.
Siempre ilumina escuchar a los músicos hablar sobre sus afanes e intereses.
Luys Milán fue un gran vihuelista de la primera mitad del XVI, valorado en tan alto extremo por sus contemporáneos que le llamaron "segundo Orfeo". Fue el primer compositor que publicó música para vihuela, y de los primeros en dar instrucciones para marcar el tempo en la música.

Luys Milán. Pavana VI. José Miguel Moreno (vihuela) 
y Eligio Quinteiro (guitarra renacentista). Glossa, 2003.
Algunas de sus obras son todavía tan populares como "anónimas", y es un rico pozo de belleza al que acuden los mejores intérpretes que investigan en los orígenes del repertorio para guitarra española. 

Luys Milán. Sospiraste Baldovinos. José Miguel Moreno (vihuela) 
y Eligio Quinteiro (guitarra renacentista). Glossa, 2003.
Ilustración del "Libro de Música de vihuela de mano", representando a 
Orfeo como tañedor de vihuela. 1536.
Ahí va, curiosos amigos, este gracioso soneto sobre el oficio de músico. Habréis de tener en cuenta que cuando habla del "pescado que hace dormir" se refiere a las canoras sirenas, y no a cualquier pez pasado de fecha.

"Como el dulzor de la dulce armonía,
hace acordar cualquier tiempo pasado,
tañendo yo, lloro de enamorado,
lo que no soy a lo que ser solía.

La suavidad de vuestra melodía,
si vos cantáis, sois como aquel pescado
que hace dormir, lo que soy olvidado
y hace ensoñar toda la pena mía.

Despiértame teneros en la memoria
que es un reloj que me está despertando,
y en acordar, me hallo como a noria,

que agua doy, mi gran ardor regando.
Y siempre en vos hallo seca mi gloria,
que sequedad, todo lo va secando"

Luys Milán. Libro de Música de vihuela de mano, intitulado El Maestro. Valencia, 1536.

Luys Milán. Fantasía XI. José Miguel Moreno (vihuela) 
y Eligio Quinteiro (guitarra renacentista). Glossa, 2003.
Luys Milán. Fantasía XI. Incluida en El Maestro. 1536.
"Y denme la vihuela, que para luego es tarde, que las doce han tocado. Mudemos de parecer que si ahora tañese y cantase me apodarían gallo reloj que canta a media noche, y no milano real, y es bien irnos a despedir. Y quedando con este concierto, acabemos la noche que mañana será otro día".

Luys Milán. Libro intitulado El Cortesano. Valencia, 1561.