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jueves, 18 de julio de 2024

Saber sin haber aprendido

F.G. San José de Calasanz. Logroño. 10.2022.

(...) "Cualquier niño sabe dibujar -es decir, expresarse gráficamente- antes de aprender a dibujar. Poquísimos niños saben dibujar cuando ya han aprendido. O, dicho con toda crudeza: ese aprendizaje aporta incapacidad creativa.
(...)
Solo el que se expresa dibujando quiere seguir creando a través del dibujo... ¡si no le enseñan a dibujar!" (...)

Isidoro Valcárcel Medina. Espíritu de aprendiz y otros escritos. Pepitas de calabaza. Logroño, 2018.
F.G. Esteban Manuel de Villegas. 12.2022.

jueves, 20 de diciembre de 2018

El oficio de vivir



(...)"La perspectiva desde la que me dirijo a vosotros es la de un artista que hace muchos años que no consigue deslindar los campos del arte y de la vida...; que no acierta a entender su dedicación como un ejercicio ajeno al de estar sobre la tierra...; que, incluso cuando le toca enseñar, no solo aprende (como es su inexcusable obligación), sino que está convencido de que esto es lo único que puede enseñar: un modo de aprender.
O, dicho de otra forma, mucho más basta si queréis: que piensa que vivir es el oficio.
Si vivir es el oficio, no cabe duda de que aprender es vivir, y de que saber solo es, como mucho, haber vivido.(...)
aprender, hoy por hoy, viene a ser, simplemente, no comulgar con ruedas de molino."(...)

Isidoro Valcárcel MedinaEspíritu de aprendiz y otros escritos. Pepitas de calabaza. Logroño, 2018.


Nunca es tarde, pero cada vez es más urgente ventilar el "espíritu del aprendiz". Y si por avivar esos vientos se despiertan tempestades, mejor que mejor.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Más luz

F.G. Cartuja de Granada. 11.2017.

"Cuando se habla de energía, nadie piensa en los pies que caminan, simplemente porque no es necesaria mucha luz para caminar."

Isidoro Valcárcel Medina. Rendición de la hora.


F.G. Reflejo. Torre del Agua en la Fábrica de Armas. Toledo. 12.2017.

martes, 20 de octubre de 2015

Trabajo “negro”


Isidoro Valcárcel Medina en su estudio, con sus materiales fundamentales.
Siguiendo el llamativo rumbo radical de los últimos ocho años, el Ministerio de Cultura ha concedido el Premio Velázquez de Artes Plásticas a Isidoro Valcárcel Medina, señalando con acierto su “sólida y coherente trayectoria de medio siglo y su sobresaliente aportación al arte desde el compromiso ético, político y social, habiéndose convertido en un referente crítico en la escena artística contemporánea internacional.” No es pequeña afirmación, viniendo de donde viene.
Isidoro Valcárcel Medina en la acción Hombre anuncio. 1976.
En las entrevistas consiguientes, el singular artista ha destacado como principal motor de su solitaria marginalidad la intención de acordar coherentemente su acción artística con sus sentimientos, y quienes disfrutamos de las sorpresas que ese esfuerzo produce creemos que el premio reconoce y corona el mérito, por extraño que resulte.
IVM trabajando en Ilimit, libro de artista sobre los conceptos de limitado-ilimitado y seriación-exclusividad. 2012.
Tan extraño como el modo de ganarse la vida que confiesa el egregio protagonista: hace discursos para otros, discursos básicos, “sin mayores profundidades”. Seguramente, sobre el tapiz del “negro” un asesor mejor pagado bordará las flores y alabanzas que singularizarán y darán brillo al discurso emitido y publicado por el prócer (de efímero paso por alguna administración pública). O lo echará a perder por sobrepasarse con el bombo, los platillos y la nata. Ese es el riesgo.
IVM en una acción reciente en el espacio nadienuncanadano, de Madrid.
Es curiosa la naturaleza humana: el más radical es capaz de vender por poco a un cualquiera su mecánico trabajo con tal de preservar limpia y libre su creación personal, que si se acomodara mínimamente a lo que exige el mercado sería mucho más rentable.
Aunque quizá no sea tan extraño. Esas cosas se hacen todos los días por necesidad y por amor. En este caso, por amor al arte.
Isidoro Valcárcel Medina.
Por cierto: ¿qué artista encriptado (eventual, interino o funcionario) se ocultará en la redacción “institucional” -es decir, farragosa- que justifica el premio?

viernes, 3 de octubre de 2014

¿Diga...? Sí, al aparato

F.G. Cabina telefónica. Cáceres. 07.14.
¿Cuánto tiempo hace que no ves a alguien usando una cabina telefónica? ¿Cuánto hace que no las has usado tú?
La vieja cabina (que inspiró a Antonio Mercero en1972 un extraordinario mediometraje protagonizado por el inmenso José Luis López Vázquez) huyó de su imagen de amenazante sarcófago hermético para reconvertirse en
bifronte totem expuesto a la intemperie de los nuevos tiempos en encrucijadas y zonas de paso. Casi como las “picotas” o “rollos” desde donde uno contaba sus pecados o sus expectativas a voz en grito.
Pero la invasión de telefoninos, celulares, móviles, “mancontros” y otros juguetes peripatéticos secundariamente comunicativos las ha dejado sin cuota de negocio y, en consecuencia, abandonadas por sus concesionarios explotadores.
F.G. Panel lateral de una cabina telefónica. Cáceres. 07.14.
El armatoste se ha reciclado espontáneamente en tablón de anuncios, cargado de papelitos informativos acabados en vibrantes flecos recortables en los que figura el número del oferente. Pero ahí acaba su función comunicativa, porque el interesado conecta con el chollo desde su portátil.
Teléfono diseñado por Henry Dreyfuss. 1937. (Por primera vez se unen auricular y micrófono en una pieza).

El artista conceptual Isidoro Valcárcel Medina dedicó dos días de 1973 para comunicar a ochenta abonados elegidos al azar que la Telefónica le había instalado en casa un aparato con el número 2004247. Los beneficiados de ese afán comunicador reaccionaron con un grado de interés variable, dentro de una horquilla que iba desde la indiferencia a la indignación.
Página publicitaria de los teléfonos Dreyfuss. 1946.
Qué tiempos aquellos en los que la llegada de un teléfono a la casa de uno era un acontecimiento equiparable a la primera comunión de un hijo, y en los que una cabina, aunque fuera de fichas, resolvía las urgencias de un barrio o de todo un pueblo.
 

           Saul Bass. Dos aplicaciones para cartel de la imagen gráfica creada para El factor humano, de Otto Preminger. 1979. 


La vida, siempre pendiente de un hilo. 
Aunque tengas un iPhone 6 plus.