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martes, 1 de diciembre de 2015

Juanjo Ortega en los campos de Briñas

Detalles de las pinturas de Juanjo Ortega fotografiados por Carlos Rosales.

La Sala Tondón, de Briñas, cumple cinco años de brillante trayectoria bajo la certera dirección de Isabel Krug y Carlos Rosales, y aprovecha la ocasión para presentar su página web en la que irá dejando memoria de la singular relación que ha logrado establecer con los artistas invitados, que han ido creando obra específica para ese lugar, siempre relacionada con el pueblo y el territorio circundante.
La nueva exposición, la novena, está protagonizada por Juanjo Ortega, que, haciendo uso de la libertad que proporciona el sentirse entre amigos, ha pintado ocho cuadros para la ocasión, amoldando a las características del espacio  expositivo todo lo que le ha sugerido el entorno otoñal, presidido por el Ebro y expandido en sus campos y su cielo deslumbrante. Esa placentera sensación de estar liberado del “gusto del mercado”, de sus compromisos y obligaciones, se aprecia en la simplificación de su paleta y en una sorprendente tendencia a la monocromía, en la que se recrea haciendo su pintura más leve, más lírica, a menudo dominada por atmósferas que todo lo envuelven.

Recurre también, moviendo la línea del horizonte, a puntos de vista poco habituales, forzando en ocasiones la perspectiva hasta el contrapicado que transforma los arbustos de un viñedo en fantasmagóricos árboles de gran porte que se recortan como sombras sobre ricos fondos de luz poniente, o supeditando la escueta línea vegetal a un amplio cielo lleno de matices que todo lo ocupa. Lo figurativo quedaría así reducido a una franja inferior dominada por un informe cielo perfectamente abstracto, aunque, otras veces, el viejo viñedo desnudo toma el protagonismo, elevando el horizonte en una rica gama de grises que acaba fundiéndose con un cielo que anuncia el invierno.

Las vistas fluviales son menos pormenorizadas que en otras ocasiones, aunque sigue cultivando con el mismo esmero transparencias y reflejos, y recreándose en los efectos de brumas y densas nieblas.
Ha sacrificado para esta ocasión buena parte de su eficaz oficio de pintor apostando por una expresividad sentimental próxima al romanticismo, con ese difuso halo entre rosáceo, dorado y blanquecino, en la que la presencia humana queda sugerida a través del campo ordenado por el trabajo. 

La exposición de Juanjo Ortega, titulada acertadamente “Cielos y Briñas”, enriquece la brillante trayectoria de la Sala Tondón, porque, además de convertir al “lugar” en tema, acierta al trasladar el “momento” (este portentoso otoño) al color de la obra presentada, con esa delicada paleta embebida de la infinita gama que la naturaleza nos regala. 

Juanjo Ortega
"Cielos y Briñas"
Sala Tondón. Briñas. (La Rioja)
Exposición abierta hasta marzo de 2016

martes, 23 de junio de 2015

Óscar Cenzano: el oficio del artista

Óscar Cenzano en la Sala Tondón, de Briñas. 20.06.15. Foto Carlos Rosales.
Óscar Cenzano ha respondido a la invitación de la comisaria Isabel Krug preparando para la  sala Tondón, de Briñas, una exposición singular en la que, exigido por las características estructurales del lugar, ha optado por piezas de mediano formato, colgadas y esencialmente bidimensionales.
El rígido corsé del pequeño espacio quebrado ha funcionado como exigente estímulo y le ha servido de acicate para reactivar sus abundantes recursos artísticos y su mucho oficio, resolviendo el envite de manera creativa y sin renunciar a lo que considera definitorio en su trayectoria: la aspiración tridimensional de su trabajo de escultor.
Óscar Cenzano. Dos "tiempos de cata" en la Sala Tondón, de Briñas. Foto Carlos Rosales.
Ha creado cuatro obras (“tiempos de cata”) caracterizadas por el estudio de las variaciones cíclicas en el paisaje riojano, reflejadas en su mudable morfología, su cambiante y matizado colorido y la rica diversidad volumétrica que lo hace extraordinario, a la vez dinámico y sosegado.
Para realizarlas ha recurrido, como en otras ocasiones anteriores, a la utilización de materiales procedentes de toneles y barricas usados en la elaboración de vino (duelas y durmientes) de los que aprovecha su inicial preformado con la suave curva cóncavo-convexa, y el precioso color aportado por el tostado inicial de la madera y las tonalidades y cristalizaciones añadidas por la crianza, a las que luego agrega el color definitivo a partir de tintes y ceras naturales. Esos
cálidos materiales, una vez ensamblados, los articula y rigidiza con piezas de fuselajes aeronáuticos, a modo de fleje.
Óscar Cenzano. "Tiempo de cata" en la Sala Tondón, de Briñas. Foto Carlos Rosales.
El resultado final son cuatro sofisticadas esculturas que -por la perfección de su cuidada elaboración y la seductora incitación que provocan al tacto y a la vista del espectador- parecieran provenir del taller de un joyero, o de un hipertecnológico laboratorio de producción de prototipos industriales. Incluso de un imaginario museo etnográfico en el que se recogieran las bellas herramientas agrícolas del pasado de una civilización de artistas.
Óscar Cenzano. "Tiempo de cata" en la Sala Tondón, de Briñas. Foto Carlos Rosales.
Y todo eso, aunque colgado de un muro o del techo, exhibiendo orgullosamente su condición de esculturas, sin renunciar a ocupar el espacio y apoderándose de él, añadiendo además una posibilidad más atractiva por inusual, una dimensión “volátil”, como de compleja  lengüeta de instrumento que se va a poner a vibrar y a sonar en cualquier momento, por influjo del viento o de la acción humana: el artista convertido en caprichoso luthier.
Óscar Cenzano. Detalle de "tiempo de cata". Foto Carlos Rosales.
El trabajo –tan personal- de Óscar Cenzano, siempre me ha recordado al de otros artistas con los que comparte intención y el gusto por ciertos materiales (Moisés Villèlia muy especialmente, pero también Lucio Muñoz), y, a veces, la dimensión “orgánica” de Ángel Ferrant y, más sorprendentemente, la voluntad y presencia “ecológica” de algunas obras de Adolfo Schlosser.
Óscar Cenzano. Detalle de "tiempo de cata". Foto F.G.
Óscar Cenzano. Detalle de "tiempo de cata". Foto F.G.

Óscar Cenzano. Detalle de "tiempo de cata". Foto F.G.


Óscar Cenzano. Detalle de "tiempo de cata". Foto Carlos Rosales.

Las estupendas fotografías que, tan gentil como siempre, ha facilitado Carlos Rosales para acompañar esta crónica, hablan por sí solas y con toda claridad de los méritos de la exposición de Óscar Cenzano, pero la experiencia del disfrute de la escultura en el espacio para el que ha sido concebida es personal e intransferible. 
Así que ya saben: hagan plan de ir cuanto antes a Briñas, y a ver si tienen suerte y se encuentran con Óscar, que tiene mucho que contar y que enseñar. 
Óscar Cenzano. Detalle de un "tiempo de cata" con el soto del Ebro en Briñas reflejado. Foto Carlos Rosales.



lunes, 17 de noviembre de 2014

Comerse las paredes. Demetrio Navaridas en Briñas


Demetrio Navaridas. Reflexiones. Sala Tondón. Briñas. Noviembre de 2014. Fotografías de F.G.
Acaba de inaugurarse en la Sala Tondón, de Briñas, la exposición que Demetrio Navaridas ha titulado Reflexiones.
La larga trayectoria de este polifacético artista y pedagogo siempre ha estado guiada por su afán experimental, y a lo largo del tiempo ha recurrido a muy distintas técnicas y soportes (desde la fotografía y la pintura hasta el land–art, pasando por la escultura, las instalaciones o el vídeo),  con diversas intenciones expresivas.

Debido a ese demostrado interés por la novedad técnica y los nuevos lenguajes, sorprende especialmente que en sus trabajos más recientes se aprecia una depuración estilística y simplificadora que parece indicar que comparte un postulado que guía a buena parte de los creadores contemporáneos de cualquier disciplina artística: el futuro del arte y su salvación (si tal cosa fuera posible) habría que buscarlo en su pasado. La estrategia se concreta en el afán por recuperar la sencillez formal, la capacidad de evocación y el misterio, aspirando a una comunicación directa, esencialmente sensual, a través de obras sofisticadas cargadas de memoria y orientadas hacia la sugerencia sutil,  dejando de lado la vana prepotencia del fetiche tecnológico.
Las obras que ha preparado para la Sala Tondón demuestran un renovado interés por la naturaleza y las formas tradicionales de representarla, aunque sirviéndose  de técnicas híbridas con un resultado tan sorprendente como bello.
Demetrio Navaridas trabajando. Fotografía de Emma Ábalos. Noviembre de 2014.
Se trata de una especie de dibujo realizado por grabado directo sobre la superficie del muro, un dibujo rehundido por extracción de la cal hasta conseguir una imagen blanca sobre la blanca pared, aprovechando a su favor las texturas e irregularidades. El “lienzo”, mínimamente delimitado,  entra en diálogo y “reflexión” con el ventanal de la sala, y, a través de él, con el río y la ribera, de donde proceden los motivos recogidos en los tres grandes muros, sobre los que vibra la cambiante luz, distinta también por la perspectiva móvil de la mirada próxima.  El río y su imagen virtual entran, a través de los sorprendidos espectadores, en un juego inagotable de ecos y reflejos. 

Además de la relación más o menos evidente con el grabado, estas obras de Navaridas recuerdan a los relieves que decoraban las fachadas y muros de los templos egipcios buscando una garantía de perdurabilidad que no podían asegurar ni frescos ni altorrelieves. Incluso la forma de representar, tan “naturalista”, recuerda a aquellos figurativos primitivos. Pero aquí la obra tiene fecha de caducidad, establecida por el ritmo de las futuras exposiciones, lo que no tiene por qué ser necesariamente malo. 

Decía el artista conceptual Sol Lewitt, hablando de su propia obra, que los dibujos de pared destinados a la destrucción en un plazo de tiempo breve gozaban, por extraño que pareciese, de cierta garantía de “eternidad”, por estar libres de padecer el paso del tiempo, evitando así su progresiva degradación. Curiosamente, y por lo que comenta Isabel Krug, comisaria de esta exposición y directora de la Sala Tondón, los habitantes de Briñas serían de la misma opinión si nos atenemos a la prodigiosa pervivencia y recreación en su recuerdo de los mínimos detalles, especialmente de los aspectos más significativos, de las exposiciones  “efímeras” que han ido presentándose allí. 

Esa sintonía con el público destinatario entronca en buena medida a este proyecto (con la peculiaridad que le da las características del espacio) con la serie de propuestas de intervención artística en el casco urbano de Sajazarra, admirable proyecto lamentablemente liquidado en su mejor momento. Es una pena que iniciativas culturales tan interesantes estén siempre pendientes de un hilo, y a menudo se vengan abajo por la desidia culpable de quienes más tendrían que apoyarlas.
Resulta admirable que una pequeña sala fuera de los circuitos artísticos y al margen de los medios de comunicación y del gran público concite el interés de artistas con tan notable ambición creativa, capaces de elaborar obras singulares para un lugar específico, sin más contraprestación que su amor al arte y el buen trato recibido de los impulsores del proyecto. Un caso de generosidad sorprendente en los tiempos que corren.
Imagen captada del vídeo de Demetrio Navaridas y Carlos Rosales.
En el vídeo realizado por Demetrio Navaridas y Carlos Rosales que se exhibe en una antesala preparatoria para la entrada a la exposición, se ve una sobria performance en la que el primero ingiere un pobre plato de desconocido alimento con una extremada formalidad de cartujo, con el único acompañamiento de un fondo sonoro de alborotados patos fluviales. Conviene verlo, porque propone más preguntas que respuestas. Una de ellas, y de toda pertinencia, podría ser: ¿de qué se alimentan los artistas, nuestros artistas?

Pero no contemos más y dejemos abierto el enigma. Mejor recomendar a los lectores que aprovechen este hermoso otoño para acercarse a Briñas y disfrutar a la ida del espectáculo del encendido viñedo de la Sonsierra, de las vibrantes choperas y del inagotable río Ebro. Y, a la vuelta, entre tanta belleza, admirar y agradecer la generosidad y el talento de artistas como Navaridas y mediadores como Isabel Krug y Carlos Rosales, capaces de hacer una y otra vez, para nuestro disfrute y nuestro recuerdo, más con menos, mucho con casi nada.




Demetrio Navaridas.
Reflexiones.
Sala Tondón, Briñas. (La Rioja)
Exposición abierta hasta el 8 de abril de 2015. 

(Publicado en Rioja2 el 17.11.2014)

lunes, 31 de marzo de 2014

El camino de Félix Reyes


Félix Reyes en el Tondón de Briñas. Fotografía de Carlos Rosales. 29.03.14.
Félix Reyes ha elaborado para la Sala Tondón, de Briñas, un proyecto escultórico singular que titula El Camino, y ha vuelto a hacer gala de su dominio técnico y su capacidad analítica para entender cualquier espacio en el que ha de mostrar su trabajo, para adaptarse a él y extraer a su favor todas las posibilidades que le pueda ofrecer. 
Esta nueva obra la ha afrontado como una pieza única que refleja un itinerario colectivo de disposición lineal, aunque se adapta al prisma central de la sala recurriendo a los quiebros imprescindibles que sirven para establecer una secuencia discursiva conceptual (las tres edades de la vida) a través de la que mostrar la amplitud de sus recursos estéticos.
 Félix Reyes. Fragmento de El Camino. Fotografía de Carlos Rosales. 29.03.14.
Los protagonistas del camino son 34 grupos escultóricos elaborados a partir de distintas maderas de procedencia diversa y cualidades muy distintas, que han condicionado la manera de trabajarlas y su resultado final, con múltiples tonalidades y pátinas, aprovechando –como es marca de la casa- vetas, nudos y señales de la madera en beneficio del resultado final. 
 Félix Reyes. Fragmento de El Camino. F.G.. 29.03.14.
El primer tramo, básicamente ascendente, correspondería a la juventud, y en él las figuras están concebidas individualmente y elaboradas en maderas claras. El segundo representa la madurez, con las figuras agrupadas por afinidades y afectos, diluyéndose las individualidades en favor de masas y amalgamas de formas intuidas, complejas, paulatinamente oscurecidas. El tercero, ligado al ineludible final, recupera las individualidades, aunque cada vez más dominadas por la decrepitud y la soledad.
Félix Reyes. Fragmento de El Camino. F.G.. 29.03.14.
El logro estético de la “ocupación” del complejo espacio del
Tondón es magistral y, como tal, una vez visto, a cualquiera le parece “de lo más normal”, por “lógico” y “necesario”. Pero hay en la elección de esa disposición una acumulación de experiencia y sabiduría que evidencia la cualidad del artista, de todo lo aprendido y demostrado en otras obras múltiples de mayor escala como Lugar de encuentro, Mi barrio, Solidaridad o Laberinto.
Félix Reyes. Fragmento de El Camino. F.G.. 29.03.14.
Por su modesto formato El Camino podría parecer un proyecto menor, aunque sería un error considerarlo así. No hay proyectos artísticos pequeños: la dimensión y la importancia se la dan el talento de quien los acomete y el criterio y la capacidad de entusiasmo de quienes los apoyan y los hacen viables. Y en este caso Félix Reyes ha estado muy bien acompañado por la comisaria Isabel Krug y por Carlos Rosales, que le han brindado la hospitalidad generosa de la sala que tan admirablemente gestionan; por José Carlos Balanza, que ha preparado una prodigiosa estructura de acero -con sus valores escultóricos específicos, acordes a su lenguaje creativo personal- para servir de alfombra a esta muchedumbre que se desliza por ella como un sosegado río hacia el final; por Rosa Castellot, compañera de vida y de afanes artísticos, que ha aportado a la exposición el portentoso dibujo de un haya singular que da cobijo, sombra y sonido a caminantes y espectadores, y lo hace todo más acogedor y amable.  

 Félix Reyes. Fragmento de El Camino. Fotografía de Carlos Rosales. 29.03.14.
Decía Félix Reyes en la presentación de la exposición que el camino es el transcurso de la vida, y que -más que su origen o su destino final- su importancia y valor está en lo que a lo largo de ella encuentras, compartes y dejas para los otros. En ese sentido, esta vuelta del camino que han dado juntos mientras preparaban la exposición seguro que les ha enriquecido como artistas y como amigos. 
Los demás, los simples espectadores, también estamos llamados a ese disfrute del talento ajeno, que nos compensa de otros tramos inciertos y desaboridos en este peregrinaje. Seamos agradecidos y hagamos aprecio.

Félix Reyes. Fragmento de El Camino. F.G.. 29.03.14.



Félix Reyes. "El Camino"
Sala Tondón, Briñas (La Rioja)
29.03.2014 a 13.09.2014.


(Publicado en Rioja2. 05.04.14).