Mostrando entradas con la etiqueta Christo y Jeanne-Claude. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Christo y Jeanne-Claude. Mostrar todas las entradas

jueves, 14 de julio de 2016

Por tierra, mar y aire

Christo. Coche empaquetado. Circa 1960.
Olvídate del coche un buen rato y navega. 
Cristina de Middel. Pulula.
O vuela, directamente.
Vivian Maier. 22 de agosto de 1956. Chicago.

Nada como soñar.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Entrega especial

F.G. Esperando el favor. Madrid. 02.2016.
Lo que ves, amable visitante, no es ni un vivero de primores agrícolas ni una placenta nutricia. 
Tampoco la célula de un soviet de los que profetizó hace bien poco Esperanza Apocalíptica, ni un envoltorio artístico de Christo y Jeanne-Claude.
Nada que ver con los capullos ojivales que a veces hemos visto en el cine, esas vainas provenientes del espacio exterior y cargadas de replicantes "más humanos que los humanos" esperando su momento de eclosión, dispuestos en batería como los guisantes en su suculenta nave nodriza, y disfrutando mientras llega su hora de un microclima agradable. 
Tampoco es un invernadero para fumadores de los que instalan los bares invadiendo el espacio público.
Si te fijas bien verás que se trata de un paquete de fieles devotas del milagroso Cristo de Medinaceli haciendo demorada cola en la madrileña calle del mismo nombre, protegidas de la intemperie y con el amable confort de la silla plegable, la mesa camilla, el termo de café con leche y las pastitas, mientras llega la hora y se les permite el acceso a los oficios de la basílica.
Como todas son mujeres (¿dónde estarían sus queridos maridos e hijos, en este apurado trance?) cabe la duda sobre si son voluntarias y han acudido libremente o, como nos cuentan los viejos romances, son cautivas y han sido empaquetadas, facturadas y transportadas por mensajería para pagar un ominoso tributo ancestral a algún malandrín.
Sea como fuere, llama poderosamente la atención la imaginación práctica de esta arquitectura efímera y traslúcida, que demuestra una considerable pericia paquetera y que vendría a demostrar, una vez más, la tradicional relación entre las devociones y el comercio.

martes, 11 de marzo de 2014

A tapar las calles


Place Vendome, saliendo a la rue de La Paix. Comuna de París. 1871.

París, ciudad luz, iluminadora y deslumbrante, también es ciudad sonido, y ha demostrado a lo largo de la historia una capacidad notable para poner las cosas patas arriba y levantar voces que se oyeran e inspiraran a todo el mundo. 

Rue Racine. París. Mayo de 1968.

Por limitarnos a imágenes fotográficas, traemos dos ejemplos surgidos desde la acción de masas y una acción artística de honda raíz política.
Christo y Jeanne-Claude. El telón de acero. Muro de barriles de petróleo. Rue Visconti, París. Octubre de 1962.
 
Aquella querencia ancestral por la subversión que tuvo sus momentos álgidos en 1789 y en 1848  -y que llevaron al Barón Hausmann a abrir grandes avenidas sobre el trazado urbano medieval para controlar el territorio y evitar (bajo la coartada de mejorar las comunicaciones y la salubridad pública) situaciones potencialmente revolucionarias - reaparece de vez en cuando de manera radical. 
Aunque hoy las revueltas se dan en la periferia y tienen otros protagonistas y otros himnos, siempre vivimos, en todos los sentidos, sobre un polvorín.