lunes, 4 de mayo de 2026

Contra la doctrina

Huang Yong Ping. ¿Todavía tenemos que construir una gran catedral? 1991. Fotos de F.G. en la Fondation Cartier, de París. 01.2026.

Esta instalación consta de una mesa y taburetes cubiertos con los restos de libros y otros impresos que, tras su paso por una lavadora, se han convertido en montones de pasta de papel. Una fotografía en la pared muestra a Joseph Beuys, Anselm Kiefer, Jannis Kounellis y Enzo Cucchi reunidos durante una conferencia celebrada en la Kunsthalle de Basilea en 1985, donde se pretendía debatir los desafíos de la creación artística en Europa a finales del siglo XX y de la que surgieron propuestas tan luminosas como la de Kounellis para construir una "nueva catedral" como posición unificada desde la cual ver el arte.
Huang Yong Ping reinterpreta en su obra la intención de la conferencia y su resultado: los textos de los participantes, reducidos a un material informe, se colocan sobre la mesa y sobre los taburetes que ocuparon sus autores. Los argumentos se han convertido en una masa indistinta, confusa, ininteligible.

Inspirándose y contradiciendo a Ludwig Wittgenstein, que proponía "lavar expresiones", Huang Yong Ping opta por "ensuciar la cultura", y hace la colada con los libros, manifiestos y periódicos de los artistas más influyentes de la época, continuando con esta acción/instalación un proceso que había empezado en la década de 1980, cuando se fundó el grupo de inspiración neodadaísta Xiamen Dada, muy crítico con el arte oficial chino, todavía colgado del "realismo socialista". 
En la China posterior a la iconoclasta Revolución Cultural, y en una época marcada por la "fiebre de la lectura" y la reintroducción de los textos occidentales, Huang Yong Ping encarna una generación en busca de libertad artística. Con su acción niega el valor referencial de los escritos canónicos occidentales del siglo XX y cuestiona su influencia y su autoridad simbólica.
Parece que nuestro hombre no es partidario ni de catedrales ni de palacios del pueblo, ni de santones ni de comisarios políticos. 
Ni catecismos ni libros rojos

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