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miércoles, 27 de julio de 2016

Acopio de silencio

Cristina De Middel.
El verano puede ser también un tiempo de silencio. 
De disfrutarlo en directo o de acumular y poner orden en los silencios exclusivos de nuestro pasado, propios o ajenos. 
Vuelve a miracomosuena Heinrich Böll con otro fragmento de La colección de silencios del Dr. Murke.
 
Humberto Rivas. Corrientes. 1985.

"—Otra cosa —dijo Humkoke cogiendo una lata amarilla de galletas que había en una estantería junto al escritorio de Murke—, ¿qué son estos recortes de cinta que tiene usted en la lata?

Murke se sonrojó.

—Son —dijo—, colecciono una especie determinada de restos.

—¿Qué clase de restos? —preguntó Humkoke. —Silencios —dijo Murke—, colecciono silencios. Humkoke le dirigió una inquisitiva mirada y Murke prosiguió:

—Cuando tengo que cortar cintas en las que el narrador ha hecho de vez en cuando una pausa, o suspiros, tomas de aire, silencios absolutos, no los tiro a la papelera, sino que los colecciono. (...)

—¿Y qué hace usted con los recortes?

—Los pego por la tarde, cuando estoy solo en casa, paso la cinta. Todavía no es mucho, no llega a tres minutos, pero es que tampoco se producen tantos silencios.

—Tengo que llamarle la atención sobre el hecho de que está prohibido llevarse cintas a casa, incluso recortes.

—¿Los silencios también? —preguntó Murke. Humkoke rió y dijo:

—Ahora váyase."
Chema Madoz.

martes, 12 de julio de 2016

Gramática parda

Louise Dahl-Wolfe. Orson Welles. 1938.
Hay fotógrafos capaces de ver más allá de lo evidente y de enseñarnos a mirar. Los hay que, de paso, hacen lo posible por instruir al renuente espectador.
Chema Madoz. Tú.
Los que vienen hoy a miracomosuena descubrieron en su entorno los pronombres, y nos los enseñan con precisión, para que no los olvidemos.
Paco Gómez. Autorretrato. 1958.

Maestros, en definitiva.









viernes, 15 de enero de 2016

Sube y baja

Colegio Retamar, Madrid. 1967. Arquitecto César Ortiz-Echagüe.

Manuel Jabois nos ha recordado con la precisión de una buena madre con mirada retrospectiva y en el momento procesal oportuno -ahora que estamos en plena campaña para elegir al nuevo jefe de pista del circo patrio-  que es muy conveniente atender “el viejo consejo de que se saluda siempre al subir la escalera para que te saluden cuando la bajas.”
Chema Madoz. S.T. 1999.
Educación poca, pero que dure.

Dennis Stock. Foto del rodaje de El planeta de los simios, con, Charlton Heston,
Franklin J. Schaffner y un simio propiamente dicho. 1967. 
Te arriesgas si no a que cuando lo necesitas hagan como que no te ven y te ignoren, o que te miren como a un bicho raro y no te "ajunten". 


(Otras entradas de escaleras en miracomosuena: Escaleras y Escalera al cielo.)

viernes, 24 de abril de 2015

De libros y bibliotecas

Joost Swarte. Isla de libros.
El amor por los libros es una pulsión que llena nuestra vida de placer y satisfacción diversa. Pero, como cualquier otro amor, ha de ser desinteresado y consciente de que no durará para siempre. 
Manolo Valdés. Biblioteca.
En "Pisando ceniza", las excelentes memorias del librero y editor Manuel Arroyo-Stephens, este nos cuenta un esclarecedor sucedido, coprotagonizado con el librero de viejo Jovino, castizo personaje que en cierto momento trasladó el objeto principal de su modus vivendi desde la atención callejera noctámbula (un servicial sereno pluridisciplinar) hasta el tasado a ojo de cubero interesado de bibliotecas que no iban a seguir a sus creadores en el incierto rumbo hacia la otra vida. Dice así:
Chema Madoz. Arco.
"Me propuso que pusiéramos un cartel en el escaparate de mi librería, anunciando que se compraban bibliotecas. Esta es una calle muy buena, está muy cerca del Tribunal Supremo, me dijo. Por aquí tiene que morir mucha gente con buenas bibliotecas. Mucho abogado, mucho magistrado, mucho catedrático. No sé si usted lo sabe, pero cuando muere alguien por la escalera principal bajan un día el cadáver y por la puerta de atrás al día siguiente la biblioteca. A las viudas los libros no les sirven para nada. Quieren sacarlos de casa cuanto antes porque acumulan polvo y ocupan mucho espacio."
Wolf Suschitzky. Librería de viejo en Charing Cross Road. Londres, 1937
Ni a las viudas, ni a los viudos, ni a los hijos, ni a los sobrinos. Ni a las oenegés beneficiarias de herencias de gente sola o con ganas de ajustar cuentas pendientes.
Así que, si compras (como debes) libros, no pienses en legados futuros. Léelos cuanto antes. Disfrútalos mientras puedas.
André Kertész. El lector. París, 1963.

jueves, 19 de febrero de 2015

Retratos capilares


Robert Mapplethorpe. Retrato de Ariel Philips. 1979.

El pelo dice mucho (y habla alto) de las personas.
Colita. Gitanas de Montjuic. Barcelona, 1962.

Unas veces, como parte, nos lo dice todo sobre su portador, y otras, como todo, nos descubre particularidades sorprendentes de su carácter. En ese doble sentido, el pelo es el retrato.
Naia del Castillo. Retrato (2). 2000.
A lo largo de la historia (antigua, eso sí) su representación en pinturas y esculturas sirvió para datar las obras con la precisión de un documento. Pero desde que la moda se diversificó contradictoriamente en un alarde de simultaneismo, ya no hay forma de peinar tal remolino.
Chema Madoz.
El "partido del sueño" siempre se ha sentido muy atraído por el pelo, en el que veía (y muy a mano) un vehículo adecuado para el fetichismo, turbadora marca de la casa.
René Magritte. El amor desarmado. 1935.
 Y por seguir con el misterio surreal, ahí queda la exclamación de mi amigo José Miguel: "¡Pelo! ¡Aunque sea verde!"
Bless. Peluca Bless nº 00. 1996.
Siempre lo ha dicho la voz popular: donde hay pelo, hay alegría.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Soy del tamaño de lo que veo


Joan Miró. La bañista. 1925.

“Releo pasivamente, recibiendo lo que siento como una inspiración y una liberación, aquellas frases de Caeiro, en la referencia natural que resulta del pequeño tamaño de su aldea. Desde allí, dice él, por ser pequeña, puede verse más del mundo que desde la ciudad; y por eso la aldea es mayor que la ciudad…
 
     `Porque yo soy del tamaño de lo que veo
     Y no del tamaño de mi estatura.´

 
Frases como estas, que parecen crecer sin voluntad de haberlas dicho, me limpian de toda la metafísica que espontáneamente añado a la vida. Después de haberlas leído, me acerco a mi ventana sobre la calle estrecha, miro al cielo infinito y a los astros sin cuento, y soy libre con un esplendor alado cuya vibración hace estremecerse todo mi cuerpo. 

Chema Madoz.

`¡Soy del tamaño de lo que veo!´ Cada vez que pienso en esta frase con toda la atención de mis nervios, me parece más y más destinada a reconstruir consteladamente el universo. `¡Soy del tamaño de lo que veo!´ Que gran poder mental va desde el pozo de las emociones profundas hasta las altas estrellas que en él se reflejan, y que así, en cierto modo, están allí.
Por eso ahora, con conciencia de saber ver, contemplo la vasta metafísica objetiva de los cielos todos con una seguridad que me dan ganas de morir cantando. `¡Soy del tamaño de lo que veo!´ Y el vago resplandor de la luna, completamente mío, empieza confusamente a arruinar el azul medio-negro del horizonte.

Not Vital. Luna de acero. 2011.
Ganas me dan de levantar los brazos y gritar cosas de una salvajería no conocida, de decir palabras a los altos misterios, de afirmar una nueva personalidad ensanchada a los grandes espacios de la materia vacía.
Pero me repliego y ablando. `¡Soy del tamaño de lo que veo!´ Y la frase se queda convertida en mi alma entera, reclino sobre ella todas las emociones que siento, y sobre mí, por dentro, como por fuera sobre la ciudad, cae la paz indescifrable de la dura luz de la luna que empieza a propagarse con el anochecer”.

Fernando Pessoa. Libro del desasosiego, compuesto por Bernardo Soares, ayudante de tenedor de libros en la ciudad de Lisboa. (Traducción de Perfecto E. Cuadrado). Acantilado. Barcelona, 2002.


Fases de la luna.
Fernando Pessoa era tan grande, a pesar de lo reducido de su horizonte vital, que no cabía en sí mismo, por lo que recurrió sistemáticamente a la ocupación de otras "personas". En este caso a sus heterónimos Bernardo Soares, Vicente Guedes y Alberto Caeiro, con los que escribió un libro tan desasosegante como inagotable. Todas esas miradas, si no más, son necesarias para hacerse una idea cabal de la luna.
F.G. Luna sobre El Sardinero. Santander. 18.10.14.
Puesto que somos del tamaño de lo que vemos, dirijamos la vista y dediquemos el tiempo solo a mirar lo que vale la pena.

lunes, 3 de marzo de 2014

Lluvia y lágrimas

Chema Madoz. Puzzle. 2003.


Nos lo enseñó, también, el cine: todo lo que hemos visto, vivido e imaginado se perderá en el tiempo para siempre como lágrimas en la lluvia.

Alvar Aalto. Jarrones Savoy. 1936.

Brett Weston. Gotas de lluvia. 1953.




Jean Arp. Follaje y lágrimas. 1920.


Lluvia y viento en el bosque de abedules de la "casa experimental"
de Alvar Aalto en Muuratsalo. Finlandia. 07.2013.


Charcos en la cubierta. Jyväskylä. Finlandia. F.G. 07.2013.











miércoles, 18 de diciembre de 2013

La sección de cuerda


Caravaggio. El concierto. 1595. 

Nos concreta Wikipedia que "los instrumentos de cuerda o cordófonos son instrumentos musicales que producen sonidos por medio de las vibraciones de una o más cuerdas, usualmente amplificadas por medio de una caja de resonancia. Estas cuerdas están tensadas entre dos puntos del instrumento y se hacen sonar pulsando, frotando o percutiendo la cuerda".


Chema Madoz. 2000?.

Su variedad es grande y suman su belleza formal y perfecto acabado a lo emotivo y delicado de su amplia sonoridad.

Man Ray. Le violin d´Ingres. 1924.

El equipo de luthiers de miracomosuena os trae unos cuantos ejemplos singulares, por si os sirven de inspiración a la hora de elegir los regalos navideños de la parentela. 


Robert Doisneau. Un enchantement simple. 1950.

El Bosco. Detalle del Jardín de las Delicias. 1505.

Guy Le Querrec. Charlie Mingus. Circa 1960. Sur de Francia.

Diego Velázquez. Los tres músicos. 1617.


Gregory Corso. Poet Saturn.

Ojalá acertéis.







miércoles, 22 de mayo de 2013

Samba de una sola nota


Chema Madoz.
Samba de uma nota só es una canción compuesta en 1959 por Antonio Carlos Jobim con letra de Newton Mendonça, y fue responsable en buena medida de la invasión de sensibilidad brasileña que ocupó desde los años sesenta gran parte de la música norteamericana.
Su música se ha convertido en un clásico universal por todos conocido y monótonamente tarareado, pero la letra también merece la pena. Podría interpretarse como un elogio de la monogamia, pero creo que en su ambiente tropical originario sería una forma de ver demasiado interesada. Es un prodigio de musicalidad y ritmo, un juguete complejo hecho a partir de elementos simples. Todo un derroche de sencillez.

"Eis aqui este sambinha feito numa nota só.
Outras notas vão entrar, mas a base é uma só.
Esta outra é conseqüência do que acabo de dizer.
Como eu sou a conseqüência inevitável de você.
Quanta gente existe por aí que fala tanto e não diz nada,
Ou quase nada.
Já me utilizei de toda a escala e no final não sobrou nada,
Não deu em nada.
E voltei pra minha nota como eu volto pra você.
Vou contar com a minha nota como eu gosto de você.
E quem quer todas as notas: ré, mi, fá, sol, lá, si, dó.
Fica sempre sem nenhuma, fique numa nota só".

                                           
                                                                                                
Puestos a elegir una versión, ninguna mejor que cualquiera de las de Joao Gilberto, que despoja todo lo que toca hasta el esqueleto. Pero esqueleto enamorado.