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martes, 25 de agosto de 2026

El cielo y la tierra

F.G. El abrazo eterno. Ensamblaje de objetos encontrados (la reproducción de una pintura de Joan Miró y un trozo de granito de la playa de Balieiros). 08.2026.

domingo, 7 de diciembre de 2025

La bailarina española: disciplina y juego

F.G. Bailarina española. Ensamblaje de objetos encontrados. 2025.
Cuando mi amigo Jacinto Viguera me regaló un magnífico compás sin función conocida en la vieja bodega familiar, sentí alegría, agradecimiento y una apremiante necesidad de intervenir para estar a la altura de mis recuerdos, haciendo algo interesante con el "bípedo articulado".
El regalo vino acompañado, entre otras cosas, de un enorme tapón de corcho y madera que en tiempos cerraría un depósito de grandes dimensiones, y atender a un desafío me llevó a intentar resolver el destino de los dos.
Joan Miró. Bailarina española. 1928. MNCARS. Madrid.
Hay en la colección del Museo Reina Sofía una obra de Joan Miró que siempre me ha fascinado: se trata de un enorme collage en el que, en 1928 y embarcado en la deriva antipictórica que involucraba a buena parte de la vanguardia artística europea, decide incluir, regidos por un sobrio esquematismo, materiales desechables y objetos encontrados: "un recuadro de papel de lija incluye una «V» invertida dibujada a lápiz, bajo la que se aplica un recorte de papel con la imagen del zapato de una bailaora de flamenco. La línea vertical de la izquierda es una estilización de su cuerpo, mientras que la cabeza estaba representada por una pequeña peana circular atravesada por una pluma, de la que solo queda la marca. La obra, procedente de la colección de André Breton, fue considerada por el poeta Paul Éluard como «la pintura más desnuda que pueda imaginarse»", según relata la hoja de sala del museo. Formaba parte de una serie de cuatro, todos titulados "Bailarina española", y la del Reina es considerada la mejor, junto con la del Beaubourg parisino.
Joan Miró. Bailarina española. 1928. Centre Pompidou. París.
Me pareció que podría ser una línea de trabajo adecuada para ensamblar los objetos prácticamente antagónicos pero que enseguida demostraron un atractivo magnético, y me planteé la posibilidad de ensayar, bajo la metáfora de la "bailarina española", un arriesgado ejercicio contra la ley de la gravedad y a favor del equilibrio inestable y la levedad, a favor del vuelo libre y, de paso, un homenaje explícito al maestro Miró, que tanto, tan bien y tan perdurable nos ha enseñado a los amantes del arte y de la poesía visual.
Los dos brazos articulados debían permanecer íntegramente a la vista, sin clavarse en el cilindro compacto de madera y corcho, y mientras uno marcaba el centro de la superficie y establecía su eje, el otro la desbordaba como en una alegoría de la danza. 
F.G. El cuaderno de "breves bellezas muertas". 2025.
La intención estaba clara y en el dibujo parecía fácil, porque el papel lo aguanta todo, pero llevarlo a feliz término y con la estabilidad necesaria requirió de la competencia técnica y el ingenio de José Carlos Balanza, que resolvió con delicadas operaciones de ocultas ingenierías los problemas generados por el escaso peso y la irregularidad de la base, evitando el desplome del compás.
Un complejo ejercicio de rigor y fantasía.
(Puedes verla en la Casa de los periodistas, de Logroño, hasta el 23 de diciembre de 2025, dentro de mi exposición breves bellezas muertas).

martes, 25 de marzo de 2025

Joan Miró, libérrimo en su estudio de Son Boter

F.G. Fotografías del estudio de Joan Miró en Son Boter, en Palma de Mallorca. 03.2025.

(...) "Unas habitaciones blancas, pintadas con cal, sin ningún mueble y con decenas de telas.

Como en todos los lugares donde Miró trabaja, hay, clavados en las puertas con chinchetas, fotos, artículos de periódico, tarjetas postales, dibujos de niños." (...)

(...) "Lo cuenta Miró: "Picasso me dijo un día: "La creación pura es un graffiti, un pequeño gesto sobre una pared. Eso es la verdadera creación." Por eso es tan importante para mi la primera etapa. Es verdadera creación. Lo que me interesa es el nacimiento."(...)

Georges Raillard. Dos fragmentos de Miró. Ceci est la couleur de mes rêves. Éditions du Seuil. París, 1977.

jueves, 25 de enero de 2024

No hay dos lunas iguales

Richard Long. Luna llena a vista de pájaro.

(...) "Yo soy un entusiasta de las lunas de los cielos de invierno. Son cielos rutilantes, de una nitidez, de una turgencia metálica. En invierno la luz de la luna tiene una calidad tensa y una luz viva. La luna de enero es la más clara del año y convierte el paisaje en un sueño, en un sueño lúcido y preciso. ¿No ha visto usted en este tiempo una pared blanca tocada por la luna, una masía a cuatro vientos, una masa arbórea salpicada por su resplandor? En esta época, la luna ilumina todo cuanto toca con un aire de misterio y parece dar un aire patético al silencio de la noche. Es en esas noches cuando los perros de las masías se pasan horas y horas ladrando, aullando lastimeramente, sin saber por qué lo hacen, sin tener una causa visible. Y ahora le diré por qué los perros ladran sin tener una causa conocida, en esas noches de luna. En mis invernales caminatas nocturnas me encontré una noche con un perro que ladraba llorando y que soltaba unos aullidos largos y patéticos. «¿Por qué lloras de este modo?», le pregunté. «¡Porque tengo miedo!», dijo el perro, encorvándose sobre su propio cuerpo.

—Pero ¿usted habla con los perros?

—Sí, señor. Hay literatos que hacen hablar, que ponen de manifiesto los sentimientos de los seres inanimados, y así, en muchos libros, sus autores hacen hablar a las paredes, a los muebles, a las máquinas de coser, a las camas, a las escaleras, a los platos y a las soperas e incluso, a veces, a los personajes de las novelas, a pesar de no tener absolutamente nada que decir. Yo me mantengo en un terreno de absoluta discreción y ello me permite hablar con los seres vivos —⁠con los perros concretamente⁠—. Los perros ladran, en invierno, porque la claridad de la luna pone sobre la tierra un velo tan sutil de misterio que les atemoriza. En verano ladran menos.
Joan Miró. El perro ladrando a la luna. 1952.
—En verano la luna es más débil.

—Realmente, la luz de la luna es más débil y suele estar muy sutilmente enturbiada, y tiene una densidad desfibrada y dispersa: una luz triste y fatigada, pero impregnada de la delectación morosa de la fatiga. Ocurre, sin embargo, que la mayoría de las personas no conocen la luz blanca y clara de la luna de enero porque en esa época suele hacer frío y no es corriente salir de casa por esas pequeñeces. Las lunas de verano, en cambio, se pueden contemplar en mangas de camisa, y ello constituye un positivo aliciente. En otoño, la luna es más triste. Navega por los espacios en medio de nubarrones quebrados de formas monstruosas. ¿Se ha fijado usted en los bordes de las nubes tocadas por las lunas de otoño? ¿Recuerda los amarillos de yema de huevo, los malvas, los violetas, los vinagres, los cobres, los oxidados, los colores ferruginosos, los estaños extasiados que cuelgan de las nubes del cielo?
El Greco. Vista de Toledo. 1596.
Esos colores, ¿no le recuerdan las pinturas del Greco? Éste es el pintor —⁠el único pintor⁠— que ha llegado a reproducir, en sus telas, los dramáticos colores que tienen las nubes tocadas por la luna de otoño. Chopin es el músico de la luna aterciopelada, señorial, clara, blanca, de invierno. El Greco es el pintor de las lunas de otoño. Éstos son hombres de la luna, y en vida fueron probablemente lunáticos, es decir, hombres tocados por una locura pasiva y morosa, pero cierta."(...)

Josep Pla. Luna de enero. (1971). Recogido en Las horas. Traducción de Josep Daurella. Ed. Destino, 2023.

lunes, 20 de noviembre de 2023

Siempreviva

chapa y pintura (Roberto Pajares Pájaro y Francisco Gestal). Siempreviva.
Museo de Jaén. Foto de Carlos Tajuelo. 11.2023. (Las restantes son de Pájaro y F.G.)

Buscando salirnos de la estricta dieta de cobre y hierro preponderante el último verano en la forja de Pájaro encontramos una lámina de un latón dorado, luminosa, fácil de cortar y muy maleable, que nos permitiría avanzar sin demasiado quebranto en una pieza de recorrido azaroso, porque sólo teníamos dos referencias pictóricas: las constelaciones de Joan Miró, (y muy especialmente Le Soleil, de 1927), 

y las fértiles series de arañas que acompañaron a Louise Bourgeois toda su vida (en concreto los dibujos agrupados como The Fragile, de 2007),

completadas con una referencia escultórica permanente para chapa y pintura, Julio González, concretada en esta ocasión en sus creaciones de flores en su época de aprendiz en el taller de joyería familiar (pongamos, como ejemplo, cualquiera de los crisantemos hechos en hierro y latón la última década del XIX.

Establecido el marco imaginario (centrado -más o menos- entre astros, arácnidos y flores) avanzamos paulatinamente, tratando de evitar que el resultado se pareciera demasiado al aura de una figura sagrada. Fuimos añadiendo y soldando rayos, patas y flores en torno a un curioso cuerpo oval de los que aparecen cada mañana en las costas orientales mexicanas, un tipo de piedra con decoración orgánica muy sofisticada, distinta en cada uno de los falsos corales de la muy nutrida cosecha. La soldadura hizo cambiar el color de partida, y el resultado irregularmente arcoirisiado fue de nuestro gusto. Empezamos a llamarla Siempreviva.

Trabajar en el pórtico de una ermita barroca de abundante feligresía tiene muchas ventajas: entre otras que los más comunicativos pegan la hebra, opinan y asesoran, con desigual entusiasmo de los esforzados artistas en responder a cuestiones muy a menudo peregrinas. Llegó un matrimonio y mientras entraba la mujer al santuario, el varón, cazador de postín y muy viajado, nos elogió mucho el "pedazo coño" en el que andábamos. Se notaba que había visto mucho. Mientras pasó a encender una vela cogió el relevo su mujer, que, más hogareña, veía en el objeto una de esas flores (carlina acaulis) que, convenientemente desecada, se cuelga en las puertas del norte de la España rural como protección contra un amplio surtido de males que nos acechan, y que en vasco se llama eguzkilore.

Con esa contrastada aportación se confirmaban dos cosas: que cada uno ve lo que quiere ver (porque lo tenga omnipresente o porque lo necesite), y que la obra no se acaba más que tras la contemplación del espectador, independientemente de la intención del artista.

Siempreviva rondó por la herrería, el porche y la cocina flexibilizando las hojas y determinando si acabaría siendo una pieza de pared, de suelo o de rincón, subiendo y bajando de soportes circulares. Llegó al Museo de Jaén sin la decisión tomada, pero en cuanto entró al tesoro escultórico de Cerrillo Blanco y vio al guerrero íbero doblemente armado (y muy bien armado) eligió su proximidad y empezó a encaramarse por plintos y peanas.

Seguro que a Siempreviva le gusta el emplazamiento y la compañía tanto como nos gustó a nosotros.


miércoles, 22 de febrero de 2023

Una miodesopsia cautiva a la altura de los ojos y a pie de calle

El librero Jesús Alonso Castroviejo a pie de obra. 02.2023. Foto F.G.

Lo podríamos presentar como un esforzado logro de la investigación científica, pero sólo se trata de un objeto encontrado que, convenientemente estabilizado sobre una peana elemental, muestro en el escaparate de acceso a Castroviejo Librero, en la Calle Portales, de Logroño, como entrega número treintaidós de mi dilatada exposición a la altura de los ojos y a pie de calle.

F.G. Miodesopsia cautiva. (El vuelo de la mosca hiperactiva). Objeto encontrado. 05.2020.
La llamo miodesopsia cautiva, y cuando, junto a otras de parecida condición la presenté, en 2020, dentro de mi exposición "las horas de luz", en el EspacioArteVACA, de Viniegra de Abajo, conté esto sobre ellas:

"Estas criaturas del aire son de la variedad popularmente denominada "mosca", un tipo de molestia ocular que flota a la deriva en nuestro campo de visión y que, como pelusillas incontrolables, suben y bajan sin ton ni son en un movimiento perpetuo por la periferia de nuestros ojos. Los oculistas no les dan mayor importancia pero su circulación arbitraria incordia bastante, enturbiando cualquier posibilidad de mirada clara y limpia y añadiéndole a la página en blanco un terror dinámico específico de menor cuantía y perfectamente superable.
Como los griegos pusieron acertadamente nombre a todas las cosas llamaron a esta especie tan incordiante como una porquería en los ojos miodesopsias, que en román paladino no quiere decir otra cosa que "forma de mosca en la visión". Lo que demuestra una vez más que no hay nada mejor que llamar a las cosas por su nombre."
En cuanto llegó a la librería la miodesopsia encontró perfecto acomodo y grata compañia en tres libros preciosos de autores de mirada inquieta y muy personal: un catálogo del Guggenheim sobre los deslumbrantes años parisinos de Joan Miró, La realidad absoluta; otro antológico sobre Josef Koudelka, titulado Nacionalidad incierta, complemento de la exposición de hace unos años en la sala de Mapfre; y las memorias de Charles Simic, tituladas muy oportunamente Una mosca en mi sopa, que ha editado en castellano Vaso roto, coincidiendo practicamente con la reciente muerte del poeta. 

Sólo me queda desearos/nos que Santa Lucía nos conserve la  vista, porque hay mucho y bueno por leer y por mirar. A ello.

lunes, 21 de junio de 2021

El ocio nocturno

Richard Hamilton. El cielo de las estrellas. 1998.
Para ocio nocturno, soñar.
Lorna Simpson. 2020.
No hay nada comparable.
Joan Miró. Photo. Ceci est la couleur de mes rêves. 1925.
En blanco y negro o en color.

miércoles, 9 de junio de 2021

Constelaciones

F.G. Joan Miró en las cuevas de Arnedo. 04.2021.

Capricho, llamaba un caprichoso a los caprichos de otro.

F.G. Joan Miró en las cuevas de Arnedo. 04.2021.

lunes, 21 de octubre de 2019

Si no se parece ya se parecerá


Oskar Kokoschka. Retrato del arquitecto Adolf Loos. 1909.
John Singer Sargent, considerado por muchos como el retratista de más éxito de su generación y que contó entre su amplísima clientela con lo más granado (y rico) de Europa y América del Norte, decía: "Cada vez que pinto un retrato pierdo a un amigo."
Joan Miró. Retrato de Vicente Nubiola. 1917.
Seguramente en su caso no era cierto, porque fue tan obsequioso como hábil. Pero a mucha gente no le gusta lo que ve en sus retratos, aunque sean fotográficos. 
Otto Dix. Retrato de Sylvia Von Harden. 1926.
Tenemos, en general, un concepto de nosotros mismos demasiado elevado. 
Alberto Giacometti. Retrato de David Thompson. 1957.
Y, en la misma medida, mentiroso.  
John Singer Sargent. La botella de oporto. 1884.

jueves, 10 de enero de 2019

El sol de la infancia

F.G. Con Vicente Aranda en las costas de Almeria (donde nacen los tempranos). Collage de imagen y objetos encontrados. 01.2019.
 "El ocio hace lentas las horas y veloces los años. La actividad, rápidas a las horas y lentos a los años. La infancia es la máxima actividad porque está ocupada en descubrir el mundo y recrearse con él.
Los años se vuelven largos en el recuerdo si al repensarlos encontramos en ellos muchos hechos con que echar a volar la fantasía. Por eso, la infancia parece larguísima. Probablemente, cada época de la vida se multiplica en las sucesivas reflexiones  de las otras: la más corta es la vejez porque ya no será repensada.
F.G. Con Deborah Kerr, de aquí a la eternidad. Collage de imagen y objetos encontrados. 01.2019.
Todas las cosas que nos han sucedido son de una riqueza inagotable: todo retorno a ellas las aumenta y ensancha, las dota de relaciones y las profundiza. La infancia no es solamente la infancia vivida, sino también la idea que nos hacemos de ella en la juventud, en la madurez, etc. Por eso parece la época más importante: porque es la más enriquecida por los repensamientos sucesivos.
F.G. Con Joan Miró, ordenando constelaciones. Collage de imagen y objetos encontrados. 01.2019.
Los años son una unidad del recuerdo; las horas y los días, de la experiencia."

Cesare Pavese. El oficio de vivir. Diarios. (10 de diciembre de 1938). Ed. Planeta, 1997.

viernes, 5 de octubre de 2018

Je ne veux pas travailler

 Robert Rauschenberg en Hamadabad, nadando en una piscina diseñada por Le Corbusier, 1975. Foto de Gianfranco Gorgoni.
Los viejos (y perezosos) amigos de la revista The Idler han colgado en spotify una estupenda playlist en la que nos convocan, como siempre, a dejar de hacer "cosas de provecho" para disfrutar de la vida como el bien escaso y volátil que es. Muy recomendable y gratis total.
Din Matamoro. En el aire.
Viniendo de donde viene, dominan absolutamente las canciones pop en inglés, y, además de las más previsibles, hay sorprendentes hallazgos. Merece la pena entretenerse con ello, y quizá te anime y saques fuerzas para crear tu propia lista de canciones perezosas en español, que haberlas haylas, y muchas.
Liliana Porter. Linea. 2006.
En su última carta, Tom Hodgkinson cuenta el nuevo paso de Tim Wuprofesor de derecho en la Universidad de Columbia empeñado en una batalla perdida de antemano contra los plutócratas de Silicon Valley a los que viene acusando de ser, a pesar de las apariencias, una élite tan profundamente reaccionaria como influyente que nos está devolviendo a todos (con nuestra entusiasta colaboración, para más inri) y a toda velocidad a épocas de desigualdad espantosa, individualismo insolidario y prioridades equivocadas. (Eso sí, en camiseta y poniendo carita de buenas personas enrolladas y perdonavidas, aunque en el fondo sus intereses sean tan mezquinos como los del ruin Ebenezer Scrooge)
Ahora, a través de un artículo en el New York Times titulado Elogio de la mediocridadreivindica el placer sencillo de hacer las cosas, cualquier cosa, por el simple gusto de disfrutar de ellas mientras las haces, sin buscar rentabilidad ni pretender risibles "excelencias".
Ed van der Elsken. Niños de Amsterdam.
"La idea del ocio es un objetivo difícil de lograr; presupone que hemos superado las exigencias de la supervivencia bruta. La promesa de nuestra civilización, el objetivo de todo nuestro progreso laboral y tecnológico, ha sido siempre liberarnos de la lucha por la supervivencia y dejar espacio para objetivos más elevados. Sin embargo, parece que hemos olvidado la importancia de hacer las cosas únicamente porque las disfrutamos."
Joan Miró pasándoselo bien.
Así que no te cortes y disfruta. También hay belleza en lo crudo, en lo tosco, en lo pobre, en lo desenfocado y en lo desafinado.
¡Arriba la afición, y abajo la academia!
Tú, a tu aire.

lunes, 9 de abril de 2018

Y Rosalía bordó el cante


Rosalía. Foto: Óscar García.
Rosalía Vila se ha convertido (a sus 24 años y seguramente sin pretenderlo) en un fenómeno “popular” con muchos aspectos extramusicales (con polémicas artificiales sobre raza, geografía, belleza o gentrificación que nos llevan, otra vez, al negro túnel del tiempo, aunque ella aproveche su presencia en los medios para dar opiniones interesantes y matizadas). La revista rockdelux ha considerado su primer disco, Los Ángeles, como la mejor edición española de 2017, y la asociación de periodistas musicales le otorgó, por el mismo motivo, el último premio Ruido. Afortunadamente, además de a los medios de comunicación atrae a un amplio público, básicamente joven, aunque también gusta a la parte más curiosa del público flamenco tradicional. Incluida reiteradamente en la programación de festivales indies, su proyección internacional se acelera, y ha sido nominada en los Grammy dentro de la categoría de mejor nuevo artista.
En ese `estado de cosas´ llegó Rosalía al salón de columnas del teatro Bretón (que se quedó más pequeño que nunca ante tanta expectación) y dio un concierto singular, mostrando a placer sus grandes cualidades y lo que, seguramente, la define y la hace distinta: su actitud hacia el flamenco, que se manifiesta en el respeto de la tradición, pero haciéndola propia, interpretándola a su manera y conforme a su necesidad.
Luis Masson. Mujer sevillana.
Canta Rosalía como “hacia dentro”, para sí misma, a media voz, potenciando la intimidad, la emoción, como en un puro susurro, en un hondo lamento: como quien recuerda el cante. Su espacio idóneo no es ni un cuarto de cabales ni un tablao para espectáculo: su actitud parece reclamar un ámbito doméstico, de trabajo compartido, de confidencia, de retiro, casi de soledad. Es la suya una voluntad de proximidad, de corta distancia, y las dimensiones del salón de columnas y la tenue Iluminación del lugar, muy matizada, tenebrista por momentos, recalcó esa intención.
Rosalía ha crecido como artista desde la afición y el gusto personal, desde el círculo de amigos, y no, como en otros casos igual de válidos, desde la raíz, a través del conocimiento asimilado en la familia. Y su gusto y sus capacidades son idóneos para las virtudes de los cantaores antiguos (y no tanto) que podríamos llamar, simplificando bastante, “marcheneros”, devoción reconocida y confesada en la que coincide con buena parte de lo mejor de la nueva generación de cantaores.
Ella logra que su voz dúctil, flexible, su sorprendente capacidad para el melisma y la filigrana, aparezcan en el concierto (más que en el disco) como una forma expresiva natural y relajada, libre de la exigencia que su complejidad técnica parece exigir.
Francis Picabia. La española. 1917-20.
Empezó Rosalía, cargando el ambiente de emoción y misterio, con una media granaína que hiciera famosa Manuel Vallejo (Con un suspiro le pago), continuando con un vibrante mirabrás, todo temblor, para llegar al Aunque es de noche que musicara Enrique Morente por tangos a partir del poema de San Juan de la Cruz, en una versión de compás muy cargado y ligeramente acelerada: seguro que los dos maestros darían el placet. Sin duda. Después, la milonga La hija de Juan Simón, que popularizara Antonio Molina, cogiendo los corazones del respetable en un puño y haciéndonos partícipes de la dramática historia del enterrador, demostrando, sobre el brillante trabajo del maestro Alfredo Lagos, que Rosalía canta como el que cuenta, como el que sabe una historia puesta en letra de canción y la interpreta con todo interés, con toda la intención, con todo el cuerpo. 
Salvador Dalí. Pierrot tocando la guitarra. 1925.
Continuó con un precioso ramillete de fandangos, de compás muy marcado, vibrantes, una delicia de musicalidad, para afrontar la guajira Cuba linda te venero, de Pepe Marchena, derrochando gracia y dominio de la escena, logrando interesar vivamente al respetable con sus andanzas caribes. Pura vida. Después, tras otra preciosa presentación de Alfredo Lagos, que la llevó en volandas todo el tema y durante toda la noche, unas luminosas bulerías por soleá a la manera de la Niña de los Peines (Qué bonita es la amapola), para continuar con los tanguillos gaditanos de los anticuarios, enseñándonos que se puede vivir del aire y del cuento desdramatizando la cruda realidad. Para ir acabando, unas bulerías todo compás y brío, muy aceleradas y llenas de variaciones, muy apropiadas para demostrar sus abundantes recursos. Jerez en directo. Y de regalo para el entusiasta y pertinaz público, de nuevo por Vallejo y volviendo a las pesadumbres (Quítate de mi presencia, Catalina mía), demostrando que ni contigo ni sin ti tienen nunca nuestros males remedio. Un final apoteósico.


Rosalía canta “antiguo” en intención y repertorio, y cultiva una sentimentalidad en la que el dolor íntimo de la muerte y la pérdida resulta omnipresente. Como intérprete, además de sus enormes cualidades vocales, tiene la capacidad de “transmitir”, y saca un enorme partido a su expresividad intuitiva (movimiento escénico, pitos, palmas, movimiento de manos y brazos, etc.), a una gestualidad natural liberada de los corsés que demasiado a menudo lastran a los intérpretes flamencos.
En lo puramente musical, sacrificar –o, al menos, atenuar- el metal de la voz, su brillo, su capacidad y facultades, a una opción estética “antigua” (“canta como una vieja”, dicen que dijo muy elogiosamente Pepe Habichuela tras escucharla) conlleva el riesgo de resultar monótona, y el afán por cantar a media voz puede dificultar la claridad de la dicción y de llegar adecuadamente al público.
Joan Miró. Bailarina española.1928
Pero esa hipotética circunstancia no se dio el pasado viernes en Logroño. Aquí tuvimos la suerte de que Alfredo Lagos urdió la trama y sobre ella Rosalía bordó el cante.


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