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jueves, 20 de agosto de 2026

El viaje sin límite

Julio González. Mujer recostada leyendo. 1930. IVAM. Foto de F.G. 06.2026.

"No hay ninguna fragata como un libro
para llevarnos a lejanas tierras,
ni hay caballos mejores que una página
de piafante poesía.
Pueden hacer el viaje los más pobres,
no se pagan portazgos,
porque no necesita casi nada
la carroza que lleva al alma humana."

Emily Dickinson. Recogido en Morí por la belleza. Versión de Carlos Pujol. Penguin Random House, 2026.
Julio González. Muchacha con cuadrante horario. 1916. IVAM.
Foto de F.G. 06.2026.



viernes, 8 de agosto de 2025

La sombra de un libro

Julio González. Mujer tendida leyendo. 1927. IVAM. Valencia. 06.2025. Foto de F.G.


"Enciende la candela, y mira

cuán extensa es la sombra

de este pequeño libro.

La llama te revela

lo que no está ahí escrito,

la parte del silencio.

Este adentro

sólo lo muestran las candelas."

José Jiménez Lozano. (Citado por Stuart Park en Pájaros y melancolía. La huella bíblica en la poesía de José Jiménez Lozano. Frontera Digital. 05.06.25.


jueves, 23 de noviembre de 2023

Caído del cielo

chapa y pintura (Roberto Pajares Pájaro y Francisco Gestal).
Caído del cielo. Objeto encontrado. 2023. Foto F.G.
El objeto vino del cielo traído por el viento, y en su encuentro con la cruda realidad, a pie de tierra, sufrió una transformación que, a pesar de mantenerlo reconocible, lo cambió para siempre. 

La máscara y el tiempo. 06.2023. Foto F.G.
Pasó una buena temporada en el observatorio de la herrería de Pájaro por ver qué se podía hacer con el desconocido objeto excónico de vuelo corto (prácticamente vertical), que, a pesar de sus evidentes males, conservaba todavía su atractiva prestancia y su solvencia artesanal, tan antigua, y el tinte pulido propiciado por la batida intemperie de lustros.

Caído del cielo. Foto de F.G.

Julio González. Máscara plana. Monthyon II. 1934-36.

Lo íbamos viendo como uno más en el coloquio, callado, enjuto, magullado, venido a menos. Como uno más, y cada vez más como cada uno. Como cualquiera. Otro que podría formar parte de la función Ni sombra de lo que fuimos, que escribió Eusebio Calonge y La Zaranda puso en escena y grabó para siempre en nuestra mala memoria.
Julio González. Máscara acerada. 1929-30.

Dora Maar. Retrato de Picasso. 1935.

Y cada vez le encontrábamos más parecidos y le cogíamos más cariño. Era uno de los nuestros, sin duda, y además no daba una guerra. 

Cruz Echegoyen y Pájaro aviando al caído del cielo. 11.2023. Foto F.G.

Lo quisimos tanto que lo respetamos en su integridad, sin añadidos ni afeites, sin apaños, valorando su sobria pobreza. Solo había que estabilizar sus quebrantos, ponerlo a la altura de nuestros ojos y aportarle una luz adecuada, amable. La imprescindible.

Fotografía de Carlos Tajuelo en el Museo de Jaén. 11.2023.
Su segundo aterrizaje, ya en el Museo de Jaén, dentro de la sala que atesora el conjunto de escultura ibérica de Cerrillo Blanco, fue junto a lo que queda de la esbelta esfinge, animal fabuloso con cuerpo de felino, alado y con delgadas patas rematadas en garras. 

Colgado. Foto de F.G.

Colgado de un hilo de hierro, fue a ocupar precisamente el lugar de la desaparecida cabeza y, unidas por la sombra, el quimérico ensamblaje ligaba a la fuente generadora de irresolubles enigmas y misterios con la cabeza del humilde personaje caído del cielo, plenamente consciente de que las respuestas a las preguntas que cada cual se plantea se las ha de dar uno mismo.
Y el tiempo.

Pablo Picasso. Autorretrato del 2 de julio de 1972, nueve meses antes de morir.

lunes, 20 de noviembre de 2023

Siempreviva

chapa y pintura (Roberto Pajares Pájaro y Francisco Gestal). Siempreviva.
Museo de Jaén. Foto de Carlos Tajuelo. 11.2023. (Las restantes son de Pájaro y F.G.)

Buscando salirnos de la estricta dieta de cobre y hierro preponderante el último verano en la forja de Pájaro encontramos una lámina de un latón dorado, luminosa, fácil de cortar y muy maleable, que nos permitiría avanzar sin demasiado quebranto en una pieza de recorrido azaroso, porque sólo teníamos dos referencias pictóricas: las constelaciones de Joan Miró, (y muy especialmente Le Soleil, de 1927), 

y las fértiles series de arañas que acompañaron a Louise Bourgeois toda su vida (en concreto los dibujos agrupados como The Fragile, de 2007),

completadas con una referencia escultórica permanente para chapa y pintura, Julio González, concretada en esta ocasión en sus creaciones de flores en su época de aprendiz en el taller de joyería familiar (pongamos, como ejemplo, cualquiera de los crisantemos hechos en hierro y latón la última década del XIX.

Establecido el marco imaginario (centrado -más o menos- entre astros, arácnidos y flores) avanzamos paulatinamente, tratando de evitar que el resultado se pareciera demasiado al aura de una figura sagrada. Fuimos añadiendo y soldando rayos, patas y flores en torno a un curioso cuerpo oval de los que aparecen cada mañana en las costas orientales mexicanas, un tipo de piedra con decoración orgánica muy sofisticada, distinta en cada uno de los falsos corales de la muy nutrida cosecha. La soldadura hizo cambiar el color de partida, y el resultado irregularmente arcoirisiado fue de nuestro gusto. Empezamos a llamarla Siempreviva.

Trabajar en el pórtico de una ermita barroca de abundante feligresía tiene muchas ventajas: entre otras que los más comunicativos pegan la hebra, opinan y asesoran, con desigual entusiasmo de los esforzados artistas en responder a cuestiones muy a menudo peregrinas. Llegó un matrimonio y mientras entraba la mujer al santuario, el varón, cazador de postín y muy viajado, nos elogió mucho el "pedazo coño" en el que andábamos. Se notaba que había visto mucho. Mientras pasó a encender una vela cogió el relevo su mujer, que, más hogareña, veía en el objeto una de esas flores (carlina acaulis) que, convenientemente desecada, se cuelga en las puertas del norte de la España rural como protección contra un amplio surtido de males que nos acechan, y que en vasco se llama eguzkilore.

Con esa contrastada aportación se confirmaban dos cosas: que cada uno ve lo que quiere ver (porque lo tenga omnipresente o porque lo necesite), y que la obra no se acaba más que tras la contemplación del espectador, independientemente de la intención del artista.

Siempreviva rondó por la herrería, el porche y la cocina flexibilizando las hojas y determinando si acabaría siendo una pieza de pared, de suelo o de rincón, subiendo y bajando de soportes circulares. Llegó al Museo de Jaén sin la decisión tomada, pero en cuanto entró al tesoro escultórico de Cerrillo Blanco y vio al guerrero íbero doblemente armado (y muy bien armado) eligió su proximidad y empezó a encaramarse por plintos y peanas.

Seguro que a Siempreviva le gusta el emplazamiento y la compañía tanto como nos gustó a nosotros.


lunes, 21 de noviembre de 2022

Brújula (y veleta)

F.G. Brújula, en el escaparate de Castroviejo Librero. Logroño. 11.2022.

Esta singular Brújula es resultado del encuentro de una vieja hoz con un tocho desechado de una chapa de acero corten. Dos piezas distantes más de un siglo en su elaboración (la una forjada por un herrero de la sierra camerana ni se sabe cuando, y el retal fundido hace nada y venido seguramente de un alto horno de quién sabe dónde), y todavía más distantes en su cometido primordial, en un caso agrícola, heredado en forma y función desde el neolítico sin evolución apreciable, y en el otro ligado a tecnologías posteriores a la revolución industrial para dar servicio a grandes infraestructuras, maquinarias diversas y a la estirpe de Richard Serra. 

Francisco Gestal. Brújula. Ensamblaje (móvil) de objetos encontrados. 2021.
También tienen valores simbólicos muy diferentes, y es casi seguro que nunca nos sorprenda una asociación de jóvenes abogados cristianos pidiendo el secuestro supercautelarísimo de un sello de correos donde se conmemore la creación de un puente o un barco, actual o de hace cien años, como acaba de suceder con el emblema del PCE.

La hoz, sin el habitual mango de madera, tiene un vástago metálico con una prolongación ad hoc que entra como eje en la perforación hecha ex profeso en el cilindro de acero con la holgura imprescindible para que la leve vela pueda girar, sin cabecear ni desequilibrarse, con el cambio de los vientos si los hubiera. Así, además de la función orientadora de la brújula, tendente a la estabilidad e idónea para señalar el rumbo seguro, este artefacto ensamblado dispone del añadido incierto de las prestaciones de una veleta, acomodaticia por naturaleza y sujeta a los caprichos de Eolo. Como la vida misma. (Apolo y Dionisos en un artilugio, ahora que caigo).

Me gustan mucho la textura y el color de la hoz, su esbelta curva amable, su vínculo arcaico, las apreciables irregularidades acumuladas por los muchos años de uso, su pulido natural, su atenuado brillo, casi mate. También me gusta lo que de pictórico ha dejado en el recio soporte de acero el corte generado por el fuego, un gesto incontrolable que aporta la  belleza sorprendente de lo inesperado, que ha añadido matices y vibración a tan elemental geometría.
F.G. lo que me mira. (Detalle).10.2021. Foto Gabriel Santolaya.

Este ensamblaje lo expuse ahora hace un año en la galería La Lonja, dentro de la muestra titulada "lo que me mira", y hora se puede ver en la vitrina de Castroviejo Librero, en la plaza del Mercado de Logroño, dentro de mi fragmentaria exposición "a la altura de los ojos y a pie de calle", que ya va por su entrega vigesimonovena. 

Acompañan a la Brújula preciosos libros que, como siempre, como a todo, la enriquecen: un par de catálogos de tres escultores muy queridos (Julio González, Pablo Picasso y Alberto Giacometti, este en danza cruel con el marqués de Sade) y un librito precioso de Walter Benjamin sobre el coleccionismo, pasión tan absorbente como tóxica.

Pásate por allí, entra y habla con los libreros, gente estupenda con ganas de escuchar y contar. Y cómprales algo, de paso.

viernes, 14 de agosto de 2020

Las flores que no te llevo


F.G. Las flores que no te llevo. Ensamblaje de objetos encontrados. 02.2020. Porche de la ermita de Lomos de Orios.
El objetivo de aquellos días de trabajo en Lomos de Orios gozando de la hospitalidad de Araceli y de las habilidades y consejos de Pájaro era construir una serie de esculturas filiformes para mi prevista exposición en Viniegra de Abajo, partiendo de los trozos de hierro que, una vez acabada su función de estrecho abrazo en el transporte de las largas barras que se utilizan para armar los encofrados en las edificaciones, se cortan y se desprecian como material inservible. 
F.G. Dibujo de Las flores que no te llevo en el "Cuaderno de Punto de Partida". 02.2020.
La provisión de esos flexibles desperdicios era suficiente como para que, además de esos “marcos de ventanas habitados”, pudiera acometer una obra soñada, todavía indefinida pero en buena medida intuida por el viejo aprecio que tengo por las hermosas flores de hierro construidas por Julio González hace cien años. 
F.G. Las flores que no te llevo. Fragmento. 08.2020.
Esos “abrazos”, tras ser cortados, dejan en un extremo el entrelazado de los dos tramos como una flor delicada, de largo tallo y con un receptáculo como pesada cabeza relajada, formada por una doble espiral siempre repetida pero diferente en cada caso.
F.G. Las flores que no te llevo. Fragmento. 08.2020.
La intención era crear un ramo con todos ellos, y el riesgo tener que recurrir a otro elemento ajeno en material, color y lenguaje para que lo estabilizara y mantuviera vertical, porque el añadido necesariamente tendría un volumen y un protagonismo que actuarían en detrimento de las flores.

Sabin Berthelot. Grabado de los dragos de la Casa de Franchy en la Villa de La Orotava. 1838. Histoire Naturelle des Iles Canaries. Atlas.
Había visto esos días los grabados de un naturalista francés en expedición por las Islas Canarias, y entre ellos un inmenso drago que resolvió mi dilema: los tallos habrían de transformarse en un tronco de amplia base, tan amplia como la copa, para que el conjunto pudiera mantenerse erguido y estable por sí solo, completamente autónomo. 
Enfocamos el trabajo, los cortes, las torsiones y las soldaduras en función de esa “iluminación” y el resultado lo tienes a la vista. Respecto al drago tiene dos ventajas: es portátil y es transparente, lo que no es poca cosa en una pieza de este porte y volumen. 
F.G. Las flores que no te llevo. Ensamblaje de objetos encontrados. 06.2020. Viniegra de Abajo. Foto de Gabriel Santolaya.
Las flores que no te llevo, el negro ramo de hierros desechables que preside el acceso a mi exposición las horas de luz, en el EspacioArteVACA de Viniegra de Abajo, son la manifestación de una devoción particular (no siempre explícita, a menudo no reconocida) por todos aquellos que, por haber compartido con nosotros el amor, han dado y siguen dando sentido a lo mejor de nuestra vida.
F.G. Las flores que no te llevo. Ensamblaje de objetos encontrados. Jardín de la Casa Bernáldez. Viniegra de Abajo. 06.2020.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Recuerdo y silencio

Julio González. Crisantemo. Circa 1896-1898.


"Yo quería, Platero, que tú entraras aquí conmigo; por eso te he metido, entre los burros del ladrillero, sin que te vea el enterrador. Ya estamos en el silencio... Anda...
Julio González. Jazmín. Circa 1890-1900.


Mira, éste es el patio de San José. Ese rincón umbrío y verde, con la verja caída, es el cementerio de los curas... Este patinillo encalado que se funde, sobre el Poniente, en el sol vibrante de las tres, es el patio de los niños... Anda... El Almirante... Doña Benita... La zanja de los pobres, Platero... 

Julio González. Passiflora. Circa 1896-1898.


¡Cómo entran y salen los gorriones de los cipreses! ¡Míralos qué alegres! Esa abubilla que ves ahí, en la salvia, tiene el nido en un nicho... Los niños del enterrador. Mira con qué gusto se comen su pan con manteca colorada... Platero, mira esas dos mariposas blancas...
Julio González. Ramillete de rosas. Circa 1890-1900.


El patio nuevo... Espera... ¿Oyes? Los cascabeles... Es el coche de las tres, que va por la carretera a la estación... Esos pinos son los del Molino de viento... Doña Lutgarda... El capitán... Alfredito Ramos, que traje yo, en su cajita blanca, de niño, una tarde de primavera, con mi hermano, con Pepe Sáenz y con Antonio Rivero... ¡Calla...! El tren de Riotinto que pasa por el puente... Sigue... La pobre Carmen, la tísica, tan bonita, Platero... Mira esa rosa con sol... Aquí está la niña, aquel nardo que no pudo con sus ojos negros... Y aquí, Platero, está mi padre...
Platero..."

Juan Ramón Jiménez. Platero y yo. XCVII. El cementerio viejo.  1914.
Julio González. Flor. Circa 1890-1900.