En opinión de la artista, desde hace tiempo los seres humanos han creído que adoran algo distinto al venerar a determinado dios o seguir una u otra religión y se ha ignorado que únicamente los nombres y los rituales marcan la diferencia.
El acto de transformar los nombres de los dioses en sonido es un gesto que disuelve las palabras para devolverlas a esa esencia innombrable a la que todos pertenecemos y de la que surgieron las creencias. Es una referencia a la creciente ceguera espiritual que ha afectado a la humanidad y provocado infinitas guerras.
La instalación de Glenda León pretende ser un canto al espíritu, a la forma irracional de conocer el mundo.
(Texto extraído de la información editada por los comisarios Iván de la Nuez, Fernando Pérez y Glenda León)





Son como niños. Crueles, pero niños.
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