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viernes, 1 de febrero de 2019

Cachocanso

F.G. ¡Oído, barra! Collage de fotografía de Robert Doisneau y objeto encontrado. 10.2017.
Dime lo que quieras, Manolín, pero no me creo nada. 
Tengo yo mucho ojo y mucho mundo, y tú un careto transparente.
Anda, y que te ondulen con la permanén. 
Que eres un pelma.

viernes, 26 de enero de 2018

Gracias a la vida

Jean Arp. Sculpture d'une lettre. 1961.
"Paseo por los goces de la vida diaria. Primero un paisaje: mi gratitud al azar por haber nacido en una familia humilde. Intuyo que la abundancia desorienta. ¿Y los placeres? Escuchar tres homenajes a la inteligencia: la música de Bach, Monteverdi, Desprez. Dejar en el platillo de un violinista los gritos del saxo de Coltrane. El cinismo bondadoso de las canciones de Brassens. Las avenidas iluminadas y los recovecos oscuros de un idioma. Leer a Camus y Arendt, dos flechas éticas que me guían. Una coherencia que no crea presidios. El salmorejo, la ventresca y el rape compartidos. Los paraísos variados del sexo. Las páginas del poeta que es un vehículo transparente en sus mejores versos. No padecer el fracaso que llaman envidia. La risa que no hiere. Mi escudilla de mendigo a la que caen notas de música extranjera. El diálogo con hombres libres. Cuidar las cosas sin poseerlas. El cine y los laberintos trazados por Pasolini en Teorema. Recordar el agua de la niñez. No ser el bufón de la propia conciencia. Envejecer sentado en un refugio de preguntas. El goce de no tener tiempo para el odio." 
Flor Garduno. Con corona. Mexico, 2000.
Siempre hay que escuchar con atención a Fernando Savater. También cuando recomienda un libro como Ciento noventa espejos, de Francisco Javier Irazoki (Hiperión, 2017), escritor, músico, cronista durante años de la vida parisina y crítico de poesía, que ha construido "una especie de sonetos en prosa" de ciento noventa palabras que demuestran a las claras que los límites formales que se impone un creador no tienen por qué mermar la ambición creativa y el interés final de su obra artística.
Robert Doisneau. El acordeonista. Rue Mouffetard, Paris. 1951.
Llena por igual de luz y de penumbras, bien surtida de referencias musicales y pistas literarias, de viajes, recuerdo y palabras, este libro es una excelente guía de recursos para afrontar la búsqueda de una vida feliz. 
Alexander Calder. Ráfaga de nieve. 1950.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Antípodas

Rose Finn-Kelcey. The restless image. 1975.
La realidad es tan previsible, tan deprimente, que a menudo nos gustaría darle la vuelta del revés. Ponerlo todo patas arriba.
Lucien Clergue. Gitanos franceses.

Como resulta complicado y supera nuestra capacidad de entusiasmo y nuestras limitadas fuerzas, casi siempre optamos por la calle de en medio y nos conformamos con soluciones individuales o con la escapada en grupo a la busca de paraísos artificiales. 
Martin Parr. Fiesta en la calle. Todmorden. 1977.
Todos, frecuentemente, tenemos actitudes "antípodas", y nos gustaría vivir en un lugar diametralmente opuesto al que nos ha tocado en suerte, donde, como parece lógico, las cosas serán de otra manera, y necesariamente mejor. (Eso, claro, en el caso de que hubiera que limitarse a destinos dentro del planeta Tierra).
Cristina García Rodero. Georgia. 1995.
La vocación por el "antipodismo" no debe identificarse mecánicamente con las ganas de llevar la contraria. Suele ser un signo de lucidez y dignidad personal. Una especie de resistencia activa.
Jurgen Schadeberg. Johanesburgo.

El contraponerse a algo o a algunos lleva aparejados sus correspondientes riesgos, y por eso ha de buscarse a los antípodas especialmente entre los niños y las mujeres, por ser siempre más decididos, valientes y flexibles.
Robert Doisneau. Los hermanos. París. 1939.
Ser antipodista es mucho más y mejor que saber hacer el pino, y casi siempre acabas por encontrar en tu deriva compañeros y compinches, y por despertar la admiración (y la secreta envidia) de los simples peatones podistas.




viernes, 28 de febrero de 2014

Dientes


Robert Doisneau. La dent. París, 1956.


Cierta tonadillera tuvo uno de sus últimos éxitos de crítica y público con la receta que administró a su entorno de cómplices para cuando, con demasiada frecuencia, tenían que comparecer en público y al trote camino de algún juzgado: "Dientes".
Arman. La vie à pleines dents. 1960.
Lucir sonrisa, que había sido siempre una prueba evidente de salud y bienestar personal, se convertía así en una estrategia de comunicación no verbal y, por así decirlo, en signo de distinción. Una marca de nivel, como ciertos bolsos.

Ouka Leele. El beso. 1980.

Desde que trascendiera el consejo parece que las celebridades de toda ralea se lo han aplicado, y pasean hacia el candelabro judicial luciendo sin pudor el colmillo retorcido, la herramienta facial que sintetiza su feroz glotonería acumuladora.


Torno de dentista durante una limpieza.
Logroño, 07.02.2014.

Como resultado, los avances de los telediarios han acabado por parecer el cansino y reiterativo anuncio de una franquicia odontológica.
Francisco de Zurbarán. Santa Apolonia. Circa 1631.
Que santa Apolonia nos proteja, y que no nos pase nada.






miércoles, 18 de diciembre de 2013

La sección de cuerda


Caravaggio. El concierto. 1595. 

Nos concreta Wikipedia que "los instrumentos de cuerda o cordófonos son instrumentos musicales que producen sonidos por medio de las vibraciones de una o más cuerdas, usualmente amplificadas por medio de una caja de resonancia. Estas cuerdas están tensadas entre dos puntos del instrumento y se hacen sonar pulsando, frotando o percutiendo la cuerda".


Chema Madoz. 2000?.

Su variedad es grande y suman su belleza formal y perfecto acabado a lo emotivo y delicado de su amplia sonoridad.

Man Ray. Le violin d´Ingres. 1924.

El equipo de luthiers de miracomosuena os trae unos cuantos ejemplos singulares, por si os sirven de inspiración a la hora de elegir los regalos navideños de la parentela. 


Robert Doisneau. Un enchantement simple. 1950.

El Bosco. Detalle del Jardín de las Delicias. 1505.

Guy Le Querrec. Charlie Mingus. Circa 1960. Sur de Francia.

Diego Velázquez. Los tres músicos. 1617.


Gregory Corso. Poet Saturn.

Ojalá acertéis.