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martes, 21 de julio de 2026

Algunos carteles venecianos

F.G. Algunos carteles fotografiados en las calles de Venecia en mayo de 2026.

En un mundo dominado por la desbordante fugacidad de las pantallas y la supuesta información individualizada, los carteles de papel pegados sobre las paredes de calles y plazas públicas todavía tienen mucho (y muy hermoso) que decir.








miércoles, 17 de diciembre de 2025

Una cabellera de sombras

F.G. Cometa en la Casa de los periodistas. 2025.
Encontrar sin esperarlo, por puro azar, como si nada, un objeto hermoso fuera de uso (por obsoleto o por estropeado, o por pasado de moda o sin ningún motivo, solo por la decisión caprichosa de su último propietario) es para mí un dinamizador de lo más estimulante, activo mientras no resuelvo la forma de hacerlo mío dibujándolo, dándole nombre, buscándole un sentido en un espacio determinado y relacionándolo con otros objetos igualmente "desubicados". 

El cometa y su doble.

Me ha vuelto a pasar con esta especie de nasa semicilíndrica, construida mediante soldadura de chapas de hierro ligeramente curvadas hacia el interior para aumentar su resistencia sin incrementar el peso. Procede de una bodega antiquísima logroñesa y sirvió para proteger y transportar damajuanas y garrafones grandes de vino, dentro de los serones de las caballerías y después en vehículos motorizados. 

Su deslumbrante color negro es el que apareció después de una limpieza somera, y goza de plena estabilidad. A la vista está que no ha pasado el tiempo por ella, fresca y radiante como el portabotellas encontrado por Marcel Duchamp en 1914, que cambió la mirada del arte contemporáneo para siempre.

Me gusta tanto como las maquetas de las esculturas de Susana Solano, y la vi enseguida como un cuerpo dinámico que genera una estela, una especie de nave espacial o, mucho mejor, un cometa, palabra que, en su origen latino y previamente en griego, no significaba otra cosa que "el que lleva el pelo largo". No hay que salirse del propio idioma para encontrar, si se busca, precisión descriptiva, imaginación y poesía en tan inmenso acervo.

He instalado el núcleo del cometa colgado junto al gran muro de acceso a la sala de exposiciones, sin más compañía que un foco que lo atrae e ilumina, y que genera una poderosa cabellera de negras sombras que lo ocupa todo. Espero que, como en algunas ocasiones han sido considerados, sea un signo de buen augurio para los titulares de la casa y para sus visitantes de paso. 

(Puedes verlo en la Casa de los periodistas, de Logroño, hasta el 23 de diciembre de 2025, dentro de mi exposición breves bellezas muertas).

jueves, 8 de agosto de 2024

Manantial

F.G. Manantial, (ensamblaje de objetos encontrados. 07.2019) en el acceso de Castroviejo Librero. 08.2024.

Manantial apareció en público en la ermita de Lomos de Orios en el otoño de 2019, como emblema (por así decirlo) de mi primera exposición, titulada ropavieja.

Cartel diseñado por Gabriel Santolaya.

Era un ensamblaje de dos objetos encontrados (una pieza desechada en la reforma de un cuarto de baño madrileño y una tupida malla de las usadas para facilitar el oreo de alacenas y despensas e impedir el paso a los insectos). 

Manantial en Lomos de Orios, con la delicada caligrafía de Pájaro.

Tan diferentes, tan hermosos, tan llenos de luz, tan hogareños y tan pasados de moda, enseguida cuajaron una buena relación sobre la mesa del taller, que se estabilizó una vez plegada la red a la medida de la boca de la jabonera; la estabilidad quedaba asegurada por la angulada trasera encastrable de la cerámica, que además permitiría colocarla sobre una superficie horizontal o sobre un abismo, adquiriendo en un caso la condición de agua mansa y en el otro la de cascada torrencial. Son las cosas que pasan con el agua, bien sabidas por quienes hemos padecido inundaciones y goteras.

Manantial en la galería La Lonja. 10.2021.

Dos años después formó parte de mi exposición lo que me mira, en la galería logroñesa La Lonja, y ahora reaparece como nueva para ocupar la refrescante vitrina veraniega de Castroviejo Librero, como entrega número cuarenta y ocho de mi exposición a la altura de los ojos y a pie de calle.

Como bien has supuesto, querido e improbable lector, el nombre de este ensamblaje es un guiño a la celebérrima fuente de Marcel Duchamp, con la que comparte su aseado origen balneario, aunque se observan entre ambas notables diferencias: la del maestro no renuncia a señalar a través de su firma a un autor (aunque sea apócrifo) y necesita de una peana que realce ante el espectador-usuario su imponente presencia, y en ese sentido podríamos decir que tiene bastante de monumento conmemorativo; por el contrario, Manantial brota anónima y libérrima, fresca, explosiva, frágil, vibrante, transparente, tan operativa a ras de suelo como en un alero. Siempre flexible y cambiante, en cada lugar es distinta y a cualquiera le transmite enseguida la sensación de espacio abierto y ventilado. 

Mientras la instalábamos en la vitrina se manifestó una posibilidad hasta ahora no contemplada, ligada al grito desesperado emitido por una crispada boca (los bocetos de Julio González para la Montserrat, o las versiones del grito de Munch, por ejemplo) o a través de una bocina amplificadora (tan frecuente en todo el arte de agitación, en el constructivismo soviético o en las dibujos de William Kentridge). Son las cosas del agua libre, que, como el arte, te lleva por donde quiere.


Dos libros singulares ocuparán durante el expandido ferragosto logroñés remanso tan placentero: el estupendo y más reciente poemario de Raúl Eguizabal, Sólo te lo diré una vez, con ilustraciones de Luis Mayo y editado con esmero de bibliófilo y de amigo por Estampa, y una renovada edición de La peinture chinoise, de Emmanuelle Lesbre y Liu Jianlong para Editions Hazan, que estudia y reproduce impecablemente más de trescientas obras en su mayoría inéditas, conservadas en China y procedentes de museos, institutos arqueológicos o santuarios religiosos inaccesibles al público. Ordenada por géneros (pintura religiosa, retratos, paisajes, animales, flores y pájaros, caligrafía, etc., supone "por su riqueza y originalidad, una verdadera suma que altera y renueva nuestra visión de la pintura china, con más de dos milenios de desarrollo e invención." Dos pozos sin fondo ideales para beber en ellos una y otra vez.
Nada más. Espero que sigáis los consejos de las autoridades sanitarias, y que no os deshidratéis. Para ello, nada como acudir frecuentemente a los manantiales y a las librerías.
Feliz verano.


lunes, 22 de mayo de 2023

El bodegón del vidrio roto

F.G. Escaparate de Castroviejo Librero con el Bodegón del vidrio roto. 05.2023.
Para la exposición que titulé "lo que me mira", en la Galería La Lonja, de Logroño, construí cinco pequeños bodegones, ensamblajes de objetos encontrados que repetían, ampliándola, una de las constantes de mi trabajo: el formato de 31,5 x 31,5 cm, (ya sabes, el tamaño de las portadas de los discos de vinilo), que, en aquella ocasión, para "conquistar el espacio", se amplíaba perpendicularmente en su base otros veinte centímetros, sobre los que se montaba el retablillo de los dispares materiales.
F.G. Bodegón del vidrio roto. 2021.
Para la entrega número treinta y cinco de mi exposición a la altura de los ojos y a pie de calle, en la privilegiada vitrina-observatorio de acceso a Castroviejo Librero, en la Plaza del Mercado, de Logroño, junto al Pasaje de Los Leones, he elegido el que denomino "bodegón del vidrio roto", que, al contrario que los otros cuatro de la serie (homenajes a otros tantos artistas admirables mediante el ensamblaje de objetos encontrados) tiene un aire y una historia mucho más doméstica, y es una "cura de urgencia" para un recipiente de cristal veneciano, muy querido por la familia, que falleció tras corto vuelo en un accidente casero. 
El nombre se refiere, como intuyes, a un famoso "gran vidrio" roto, (este víctima del transporte), luego consolidado por su influyente autor, Marcel Duchamp, que, convirtiendo el azar en acto creativo, consideró que con esa incidencia fortuita podía dar por terminada la obra a la que había dedicado ocho años, y vendérsela al Museo de Arte de Filadelfia, que ha hecho de ella uno de los emblemas de su selecta colección.
Tras la "inmovilización" de la fractura el bodegón ha perdido su utilidad práctica, pero derrocha luminosidad cambiante y da que pensar sobre la fugacidad de los bienes materiales, en la tradición de las vanitas barrocas.
El prisma acristalado de la libreria se enriquece con dos catálogos de extraordinarias fotógrafas: uno de Jane Clifford que recoge las cincuenta y cinco fotografías que tomó en 1863 del llamado "Tesoro del Delfín", singular colección de objetos de cristal de roca y piedras duras conservada en el Museo del Prado, y otro sobre los reportajes de moda que realizó Joana Biarnés entre 1962 y 1972, tan divertidos como elocuentes sobre la realidad española (qué país, qué paisaje y qué paisanaje, que diría Unamuno), y titulada, dando en la diana, "Moda a pie de calle". 
Buenísimas compañías. Lo mires por donde lo mires.

miércoles, 19 de octubre de 2022

Actualidad

F.G. Objetos encontrados en la bodega El Sanatorio, de Chiclana. 09.2022.
"La única actualidad tolerable es la que nace de una inactualidad, de eso no hay la menor duda. `Es tan vieja´, dice Marlene Dietrich de una anticuada pianola en Sed de mal, `que resulta novedosa´."

Andrés TrapielloEl arca de las palabras. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005.
F.G. Bodega El Carretero, en Chiclana. 10.2022.

viernes, 10 de junio de 2022

Trabaja a gusto

F.G. La dama de Armenteira, Exvoto alterado por el tiempo. 2013-2022.
(...) "En dos palabras: haz menos autoanálisis y trabaja con placer sin preocuparte de las opiniones, la tuya o la de los demás. 
Afectuosamente 
Marcel."

Carta de Marcel Duchamp a Jean Crotti, artista y cuñado suyo. 1952. (Recogido en Cartas sobre el arte. 1916-1956. Editorial Alba, 2010)
F.G. La dama de Corias. Cangas de Narcea. Fragmento de objeto encontrado. 04.2022.

lunes, 15 de noviembre de 2021

Cinco bodegones

F.G. Cuatro de los cinco. Ensamblajes de objetos encontrados. Foto de Gabriel Santolaya.
Los bodegones recogidos en mi exposición lo que me mira son una pequeña serie de ensamblajes de objetos encontrados que repiten, ampliándola, una de las constantes de mi trabajo: el formato de 31,5 x 31,5 cm, (ya sabes, el tamaño de las portadas de los discos de vinilo), que, en esta ocasión, para "conquistar el espacio", se amplía perpendicularmente otros veinte centímetros, sobre los que se monta el retablillo de materiales relacionados entre sí de la manera habitual (básicamente arbitraria, fundamentalmente estética).

F.G. Bodegón Tàpies. Ensamblaje de objetos encontrados. Foto de Gabriel Santolaya.

En algunos casos el nombre precede a su configuración definitiva y responde a una evocación generada por la potencia de los propios objetos, y en otros es posterior a su consolidación por soldadura o pegado.

F.G. Bodegón Valdés. Ensamblaje de objetos encontrados. Foto de Gabriel Santolaya.

Resultan muy evidentes los casos de los bodegones Tàpies y Valdés; no tanto el Morandi, en el que más allá de los volúmenes elementales de los objetos y su disposición en la composición y dentro del marco, lo determinante es la línea horizontal formada por el ángulo del soporte, que corta la naturaleza muerta a la manera del maestro.

F.G. Bodegón Morandi. Ensamblaje de objetos encontrados. Foto de Gabriel Santolaya.

Es bastante más caprichosa la advocación del bodegón Palladio, que le adjudiqué porque las maclas y líneas de fuga me recordaban (de lejos) a ciertas partes de las calles del Teatro Olímpico de Vicenza.

F.G. Bodegón Palladio. Ensamblaje de objetos encontrados. Foto de Gabriel Santolaya.

El caso del bodegón del vidrio roto tiene más de doméstico, y es una "cura de urgencia" para un recipiente de cristal veneciano, muy querido por la familia, que falleció en accidente casero. El nombre se refiere, como intuyes, a un famoso "gran vidrio" roto, (este víctima del transporte), luego consolidado por su influyente autor, Marcel Duchamp, que, convirtiendo el azar en acto creativo, consideró que con esa incidencia fortuita podía dar por terminada la obra a la que había dedicado ocho años, y vendérsela al Museo de Arte de Filadelfia.

F.G. Bodegón del vidrio roto. Ensamblaje de objetos encontrados. Foto de Gabriel Santolaya.

Es probable que la serie continúe.
Iremos viendo.

jueves, 19 de noviembre de 2020

Pamen Pereira, una amante de la vida

Pamen Pereira. Todo lo sólido se desvanece en el aire. 2020.

A Pamen Pereira, como a Terencio, “nada humano le es ajeno”. Independientemente de las dimensiones y ambición de cada obra, (una gran instalación para un lugar específico o un pequeño dibujo sobre un material humilde) Pamen es una artista que siempre trasciende en su trabajo de lo puramente estético y que aspira a contar historias a través de su muy variada creación: unas veces trata de asuntos mayores, de sus preocupaciones por situaciones que afectan a muchos, a sus condiciones de vida y a sus aspiraciones colectivas (las justas reivindicaciones saharauis; la sistemática explotación neocolonialista de África; la fragilidad de la Antártida) y otras se refiere a las pequeñas cosas cotidianas, que nos incumben a todos pero de forma personal, individual, privada. 

Pamen Pereira. Raíces hundidas. 2020.

Su rico lenguaje propio, perfectamente identificable en sus formas de hacer y en la poética que rige su afán por contar y transmitir, rebosa siempre de belleza y misterio, y está dotado de cierta pátina antigua, como de profunda voz ancestral, sabia en cuanto heredera de otras voces perdidas, de otras voces sin voz.
Pamen Pereira. Tiempo para Dios. 2020.

La sorpresa de la maravilla, la levedad de lo inefable, de lo transitorio, hace de su trabajo un mundo deslumbrante en el que conviven la expresión barroca (teatral, escenográfica, plena de contrastes y dinamismo) y un imaginario cada vez más surrealista (lleno de ojos, de insectos, de inquietud), ambos muy bien asentados en el mundo duchampiano del objeto encontrado, aunque no cualquier objeto, sino seleccionado por la “memoria” que atesora, por la huella de su anterior propietario, por el rastro de su uso, tratándose casi siempre de objetos orgánicos, naturales, frágiles: perecederos, como la vida. 

Otras veces he recurrido a las similitudes de los frutos del trabajo de Pamen Pereira con la acumulación sorprendente de los viejos “gabinetes de maravillas” del pasado. Hoy, con estas imágenes de su trabajo más reciente y sutil pienso en los pequeños milagros de los “libros de horas”, llenos de evocaciones y sugerencias, iluminadores, devocionales. 
Pamen Pereira. Life I´m your lover. Serie de dibujos y collages sobre el evangelio del Tao. 2018-2019.

Esta especie de “florilegio” que hoy te presento es el testimonio fehaciente del amor a la vida de Pamen Pereira. 
Siempre enamorada de la vida, aunque, como dice la canción, a veces, duela.

miércoles, 19 de junio de 2019

Documento encontrado



Ahí los tienen: Marcelo Delcampo y un amigo no identificado (muy probablemente el autodenominado "Hombre Rayo") tratando de colocar en el Museo Municipal de la calle Fuencarral, de Madrid, los ingeniosos frutos de sus azarosos hallazgos en una fecha indeterminada del pasado siglo.
Al parecer, la operación no llegó a perfección y cambiaron de horizonte y de aires.

jueves, 27 de septiembre de 2018

Desiguales


F.G. La palita del nene (y la nena). Objeto encontrado en Lairegua. 25.09.2018.

Lo dice el refrán: 
"Todo árbol es madera, pero el pino no es caoba."

Marcel Duchamp. In advance of the broken arm. 1915.
Ready-made "crudo". Yale University Art Gallery.

Y acierta.
Efectivamente, no todos somos iguales.

martes, 24 de enero de 2017

Manos


Cristóbal Hara. Escondite.

Manos que exigen silencio y distancia, que no aspiran salvo al olvido;

Bruce Davidson. Paul Newman. 2000.
manos propias, que exponen su convexo dorso como un escudo protector y como la prolongación natural -la misma historia, las mismas huellas- del rostro, como una máscara...
Georges Dudognon, Greta Garbo en el Club St. Germain, Paris. 1950.
... y manos de otros, solícitas y pendientes, más despiertas que las propias, decididas como barreras, atentas como señales de alarma.
Ebrahim Noroozi. Mujeres chiíes iranís rezan durante una ceremonia en la mezquita de Sadat Akhavi en Teherán. 2016.
Manos que rezan y confían, que aspiran a dar testimonio aún inmersas en la desesperación,
Aaron Siskind.
manos tendidas, abiertas, capaces de dar y de recibir, capaces de compartir si hubiera qué;
Ron Galella fotografiado por Marco Grob
manos escrutadoras como el objetivo del mirón que acecha y se ceba en las vidas ajenas.
Desiree Dolron. Autorretrato. 1991.
Manos que acarician, suaves, la delicada piel oculta,
François Kollar. Jeanne Lanvin, 1937.
y manos que no quieren ya ni ver ni ser vistas,
Kristoffer Albrecht. Mano detrás de una ventana. 1984.
Manos que escrutan espacios y posibilidades, y encuentran los desapercibidos límites, casi siempre transparentes.
La huella de Marcel Duchamp.
Manos huella, personales, individualizadoras, intransferibles, propias de registro civil y de ficha policial. 
Castro Prieto. Mike, Addis Abeba, Etiopía, 2002.
Manos trabajo, manos necesidad, manos humilladas y ofendidas, manos desarraigadas para su más fácil explotación...
Cueva de El Castillo. Puente Viesgo.  35.000 años a.C.
...y manos retrato colectivo de la especie humana, por los siglos de los siglos.