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miércoles, 4 de febrero de 2026

Indeleble

The Rolling Stones. Aftermath. Portada norteamericana, con fotografía de David Bailey. 1966.

"Lo más difícil es renovar nuestras admiraciones. Solo admiramos realmente hasta los veinte años. Después no son más que entusiasmos o caprichos."

Emil Cioran. Cuadernos. 1957-1972. Traducción de Mayka Lahoz. Tusquets Ed., 2020.

   Vídeo de Camille Boumans realizado en 2025
para la reedición de Black and Blue.
                                                    

lunes, 9 de junio de 2025

Se les rompió el amor...

Keith Richards en la aduana entre Canadá y EEUU en 1972.
Fotografía de Ethan Russell.
No está confirmado todavía, pero se rumorea en fuentes dignas de cierto crédito dentro del cotarro que Tramp y Mask negocian un acuerdo de cese de hostilidades que gestionaría como hombre bueno el reconocido experto Keith Richards, asumiendo la responsabilidad de asesorarles sobre sustancias, dosis, incompatibilidades farmacológicas, efectos secundarios, paranoias, terapias compensatorias y promoviendo alternativas imaginativas para desengancharlos de sus absorbentes intoxicaciones y peligrosas dependencias, en un último intento por acabar con tanto y tan peligroso rollo chungo.

Y si no acepta le dirán a Feijóo, también muy puesto en la materia, a ver si quiere.
Steve Schapiro. Lo peor está por venir. Nueva York, 1966.

lunes, 2 de septiembre de 2024

Comienza el curso

Primera imagen publicitaria de The Rolling Stones en 1963.

Cada año se confirma en todas las partes y a cualquier edad que matricularse de algo (de lo que sea) o apuntarse a un gimnasio no garantiza nada de nada casi nunca.

Un asalto rápido entre The Beatles y Cassius Clay, 18,02.1964.



martes, 14 de junio de 2022

Belleza efímera

The Rolling Stones en 1966. Fotografía de Jerry Schatzberg.

Parte importante del valor de la obra de un fotógrafo (Jerry Schatzberg, por ejemplo) lo aporta el haber trabajado en un lugar y una época interesantes y desprejuiciados y para clientes con talento y sentido del humor.

Frank Zappa en 1966, durante la grabación de We're Only in It for the Money. Fotografía de Jerry Schatzberg.

Cuestión de suerte, en buena medida.

Bob Dylan en 1965. Fotografía de Jerry Schatzberg.
Y cazarlas al vuelo, porque el ángel de la frescura se esfuma.

Jimi Hendrix y su eco. 1967. Fotografía de Jerry Schatzberg.

jueves, 15 de octubre de 2020

Y Jimi Hendrix lo cambió todo

The Jimi Hendrix Experience. Portada norteamericana de Electric Ladyland. Diseño de Ed Trasher. 1968.

Ahora que se conmemora el cincuentenario de la turbia muerte de Jimi Hendrix a los veintisiete y que los Rolling Stones han vuelto a ser número uno de ventas en el Reino Unido con la reedición (cuarentaisiete años después) de su mediocre disco Goats head soup cabe considerar que la brillantez, duración y rentabilidad de una carrera musical depende, en buena medida, de haberse podido pagar siempre los mejores médicos y topado habitualmente con camellos solventes. 
Y de la suerte. 


Los buitres, siempre abundantísimos, se dannaturalmente, en cualquier circunstancia, por descontados. 

The Rolling Stones. Portada de Goats head soup. Fotografía de David Bailey, y diseño de Ray Lawrence. 1973.

lunes, 28 de octubre de 2019

Oír (y mirar, y tocar) la luz

Portada de Vik Muniz para Seu Jorge. 2004.
 (...) "Este siglo nos ha puesto toda la música que existe al alcance de un clic, lo cual es una de las maravillas de la modernidad, pero también es verdad que esta maravilla nos ha arrebatado el deseo, el anhelo, esa desesperación por tener un disco especifico de la que gozábamos los habitantes del siglo XX. Hoy ya no es posible desear oír una canción, no hay que esperar, podemos escucharla un instante después de desearla, y el deseo sin el tiempo de espera no existe, se convierte en una gestión, en un trámite. (...)
Portada de Andy Warhol para el Sticky Fingers, de los Rolling Stones. 1971.
Pero la materia que ataba a la música tenía un capítulo más sutil. Cada vez que escucho una de esas piezas que llevan dentro la armonía del universo, no solo disfruto de la música, también vibro con el recuerdo de ese objeto material que hoy llamaríamos soporte físico; porque antes la música estaba asociada al objeto que la contenía, a la cubierta, al trabajo gráfico, a las fotografías, a la funda que protegía el disco, y al disco mismo, que tenía siempre una etiqueta en el centro con los títulos de las canciones, o con un complemento gráfico que redondeaba el concepto general de la obra; todo eso era parte indisociable de la experiencia de oír música. (...)
Portada del Equipo Crónica para Raimon. 1969.
Todo este universo memorioso y sensorial ha sido erradicado por el libro electrónico, de la misma forma en que Spotify, además de arrebatarnos el derecho de desear largamente un disco, nos escatima esa experiencia física que en el siglo XX era parte de la música."(...)

Jordi Soler. Oír la luz. El País, 28.09.2018.


Portada de Irving Penn para el disco Tutu, de Miles Davis. 1986.



martes, 22 de enero de 2019

La colocación

Brian Jones y Keith Richards atacan, de pequeñitos, sendos daiquirís, apuntando maneras.
"Cuanto más te colocas, peor sales", afirma risueña una experimentada señora mientras posa encantada para el fotógrafo familiar, y la frase podría pasar por la certera (e improbable) confesión de Keith Richards después de un concierto fallido.
Él, que sostiene que nunca ha tenido problemas con las drogas, y solo de vez en cuando con la policía; él, encantado con su cultivada pose de malote superviviente contra todo pronóstico, ha decidido a su provecta edad, libremente y sin consultar ni a médicos ni a proveedores, dejar de colocarse.

The Rolling Stones en la época de Beggars Banquet. Foto de  Michael Joseph.
A partir de ahora, la espontaneidad reinará en su tan azarosa como fructífera carrera.
Keith Richards vestido con la contraportada de Andy Warhol para Sticky Fingers.
Vida sana, ejercicio y aire libre.
Salud!

viernes, 2 de septiembre de 2016

Amor de madre


Los tatuajes, con la "inversión" de futuro que suponen, no son lo mas grave.
Tatuajes rusos.
Es mucho peor la condenada obligación, aceptada voluntariamente por sus orgullosos portadores, de ir ya para siempre en paños menores -o vestirse con camiseta imperial y pantaloneta- para lucirlos adecuadamente en cualquier lugar o situación.
Portada de Peter Corriston para el Tattoo you de The Rolling Stones. 1981.

jueves, 18 de febrero de 2016

El superviviente

F.G. Haya en el camino de herradura de los caleros. Bernedo. (I). 02.2016.
"(...) Me ahogaron, me lavaron a fondo
y me dieron por muerto;
caí de bruces
y vi cómo sangraban mis pies.
He apurado con asco
las migajas de un mendrugo reseco.
Me coronaron
con un pincho clavado en el cráneo.
Pero ahora todo va bien.(...)"



F.G. Haya en el camino de herradura de los caleros. Bernedo. (II). 02.2016.
No es la historia del "renacido" trampero Hugh Glass que nos cuenta Alejandro González Iñárritu a través de Leonardo DiCaprio. Es un fragmento del Jumpin' Jack Flash que cantan desde 1968 los Rolling Stones, y describe una situación mucho más frecuente de lo que creemos, tan habitual que forma parte de las infamias cotidianas. Podría ser la letra de un viejo blues, de muchas de las canciones populares de cualquier parte.
No hay época ni latitud buena. Todo territorio es hostil. El peligro nos viene de las fieras que nos rodean, a menudo ciegas, siempre necias. Solo el amor y la amistad nos salvan. Y las ganas de mantenernos en pie, la necesidad de sentirnos dignos.
F.G. Haya en el camino de herradura de los caleros. Bernedo. (III). 02.2016.
Aunque todo dependerá de la profundidad de las heridas.
Lo que no nos mata ¿nos hace más fuertes?

lunes, 6 de julio de 2015

Flores muertas


Gerhard Richter. Flores. 1994.

En la reedición de su disco Sticky fingers, los Rolling Stones han aprovechado, como suelen, para difundir una segunda colección con tomas alternativas, directos y curiosidades relacionadas con el disco de 1971. Entre ellas destaca otra versión de Dead flowers, grabada, como la original, en 1969 en el Sound Studio de Muscle Shoals, Alabama, con el excelente sonido de la casa, la energía habitual del grupo (reforzado con Mick Taylor) y un marcado estilo country debido, muy probablemente, al influjo del "amigo americano" Gram Parsons.

Humberto Rivas. Flor. 1994.
La canción, evidentemente, es mucho más que el lamento de un abandonado, con su canto explícito a las sustancias adormideras.

Dead Flowers. (Versión alternativa). 
The Rolling Stones. Sticky fingers. 1971-2015.
F.G. Magnolia. 06.2015.
"(...) puedes mandarme flores muertas cada mañana,
envíame flores muertas por correo,
manda flores muertas a mi boda
y no me olvidaré de poner rosas en tu tumba".
Edouard Manet. Ramo de peonías blancas y podadora. 1864.

Las buenas canciones tienen una vida más duradera que las flores hermosas, cortadas o no.

viernes, 6 de febrero de 2015

Estudios de perspectiva

Ai Weiwei. Estudios de perspectiva. Varios emplazamientos. 1995-2011.
Se han hecho célebres las "peinetas" con las que Ai Weiwei saluda (desde lejos) a diversos símbolos internacionales del poder en cualquiera de sus ámbitos, con el dedo corazón como unidad de medida y principal referencia.
Ai Weiwei. Estudios de perspectiva. Mona Lisa. París.
Pero esa habilidad manual no es exclusiva de artistas mediáticos, y la practican gentes del fútbol, políticos en horas bajas y otros chiquillos malcriados que echan el dedo a volar.
Ai Weiwei. Estudios de perspectiva. Duomo de Venecia.
También en el selecto mundo de la música se usa con soltura y frecuencia, y no solo entre las hornadas irritantes del punk y el "javi", porque, hay que reconocerle el mérito, como lenguaje expresivo y directo lo contiene todo.
Ron Galella. Mick Jagger y Jerry Hall. 1983.
Este expansivo desahogo se puede dedicar, por ejemplo, a un paparazzo indeseable (y entre ellos el más odiado y el que más cosechó, procedentes de los famosetes más glamurosos, fue Ron Galella),
Jim Marshal. "Giving the finger". Johnny Cash en la prisión de San Quentin. 1969.
 a un inoportuno reportero que se embosca donde no se le espera
Elliott Landy. Frank Zappa en el Fillmore East. Nueva York, 1968.
o al respetable público que, sorprendentemente, no comulga en la ceremonia oficiada por el ídolo.

Frank Zappa. Honey, Don´t You Want a Man Like Me?. 
Live in New York. Zappa Records. 1976.
Tan conciso como un ladrido.
Tan eficaz como -valga la expresión- una onomatopeya gestual. 
Una exclamación insonora.
Un hito de la comunicación.
No te prives.


jueves, 3 de abril de 2014

"Jugar por necesidad...

Dados etruscos de hueso.
...perder por obligación", se ha dicho siempre en nuestras casas, a lo que se añadía inmediatamente su ripio complementario: "la mejor lotería es el trabajo y la economía". 

Danny Lyon. Conversaciones con los muertos. The Walls, prisión de Texas. 1967.
No obstante, no paramos de jugar, porque, como dijo el poeta, "la vida es juego, y los juegos, juegos son".


The Rolling Stones.
Tumbling dice. Exile on Main Street. 1972.

Caravaggio. Los tahúres. 1594.








  No va más.



Cuarta entrega de Los Refranes.
(Apuesta, si quieres, por la Primera , Segunda y Tercera)

(Continuará)





martes, 26 de noviembre de 2013

Leer música

Arnold Newman. Igor Stravinski. Nueva York. 1966.
Es siempre un juego apasionante y complejo.
Jim Marshal. Keith Richards y Mick Jagger. Los Ángeles. 1972.


A veces sirve para poner voces sobre una música ya lejana.
Arnold Newman. Leonard Bernstein. Nueva York. 1968.
Otras acentúa el pánico ante la inminente llegada de la orquesta.
Eve Arnold. Marlene Dietrich en los estudios Columbia. 1952.
O dificulta el deseable acomodo de glamour y melodía.
Guy Le Querrec. Charlie Mingus. 1977.
Y siempre es una labor inagotable y agotadora, hasta (¿o especialmente?) para un improvisador todo terreno.

martes, 4 de junio de 2013

Robert Brownjohn y los Rolling Stones


Robert Brownjohn. Let it bleed. Portada. 1969.




¿Os acordáis (es un ejercicio sólo para provectos: menores de cincuenta, abstenerse) de un tipo de tocadiscos que apilaba los vinilos sobre el plato y los iba dejando caer automáticamente, uno tras otro, para que la escucha fuera, hasta cierto punto, continuada? Pues eso era, como no podía ser de otra manera, un “automatic changer”. Como en el chiste, “la misma palabra lo dice”. Ha habido épocas en las que se llamaba a las cosas “por su nombre”, y este era un invento que te permitía tener las manos libres (u ocupadas, en el mejor de los casos) más allá de los veinte minutos que solía durar la cara de un disco de larga duración.
La portada del Let it bleed (sangrienta broma verbal que los Rolling Stones dedicaron al ñoño polmacartismo de la competencia) llamaba la atención y descolocaba. ¿Qué hacían bajo ese título satánico y apiladas con orden pero sin concierto una tarta nupcial de pueblo, una cubierta de neumático, una pizza, la esfera de un reloj de pared, una lata conteniendo una bobina de película y un disco que gira sobre el plato y en el que a los cuatro calaveras ya conocidos se sumaba el recién incorporado y brillante guitarrista adolescente Mick Taylor?
El desajuste era, sencillamente, el resultado de un cambio en las previsiones de producción del disco, muy esperado por los aficionados y los medios tras la truculenta muerte de Brian Jones. Cambió el título, pero se mantuvo el diseño gráfico previsto inicialmente, encargado a un brillante creador acostumbrado a caminar por el lado peligroso: Robert Brownjohn. Éste había recibido una sólida formación en el Instituto de Diseño de Chicago bajo la dirección y protección del gran László Moholy-Nagy (pronúnciese molinóch) y luego marchó a Nueva York para crear con otros brillantes socios una de esas agencias publicitarias que tan bien refleja la serie Mad Men, con grandes campañas gubernamentales y corporativas de las que han servido para forjar el imaginario de la sociedad de consumo. Una especie de Don Draper, pero con más paleta de sustancias psicoactivas. Sus inclinaciones artísticas le llevaron a relacionarse con casas de discos y con grandiosos músicos como Charlie Parker o Miles Davis, con los que compartió aficiones y adicciones. Posteriormente se trasladó a Londres, donde mantuvo su fructífera relación con multinacionales y bancos, y empezó a colaborar con el mundo del cine, destacando sus secuencias de créditos para algunas películas de James Bond como Desde Rusia con amor y Goldfinger (en la que hace una recreación pop de las técnicas creadas por Moholy-Nagy en los años veinte para las películas constructivistas de la Bauhaus).
La portada del título rodante la hizo en 1969, y murió a los cuarenta y cinco años en 1970. Todo un precursor.
Como todo en la vida, había en el desarrollo del encargo una parte de atrás: la fiesta ha terminado y quedan los restos. Destrozo y suciedad: el disco roto, el brazo del tocadiscos descuajeringado, la tarta desaprovechada sin haber gozado de mucho aprecio, los musiquitos decorativos hundidos en su propia nata, el neumático pinchado y cortado, el reloj sucio y rayado, la pizza fría, la película expuesta a la intemperie, …
Lo decía el poeta Jaime Gil de Biedma por esos mismos años: “envejecer, morir, es el único argumento de la obra.”
Son cambios automáticos.

Robert Brownjohn. Let it bleed. Arte final para la contraportada. 1969.