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lunes, 5 de diciembre de 2016

Los espejos

Arnold Newman. Autorretrato. 1939.



"No los domésticos, 
estratégicamente dispuestos
para que te digan siempre
lo que quieres oír,
Saul Leiter.
sino los otros,
los que no tienen dueño,
los de los bares,
los de los comercios,
los de los vestíbulos de hotel,
Vivian Maier.
esos son los que te dicen la verdad:
que no eres nada, nadie,
en realidad,
                   solo uno más
que pasaba por allí."

Karmelo C. Iribarren. Los espejos. (Recogido en La frontera y otros poemas. 2000-2005. Renacimiento, 2012)
Henri Cartier-Bresson. Detrás de la estación de Saint-Lazare, París. 1932.

miércoles, 22 de enero de 2014

Encuadrar y reencuadrar



Arnold Newman. Hoja de contactos de una sesión fotográfica con Igor Stravinski. 1946.
Si encuadrar es delimitar apropiadamente una escena a través del objetivo de una cámara, reencuadrar vendría a ser algo así como añadir una segunda intención -correctora o enfatizante- al disparo inicial.
Arnold Newman. Igor Stravinski. 1946.
Cuando el "momento decisivo" no ha sido tal, el fotógrafo -o su editor- puede sacar otra bala de la recámara y dar el "tiro de gracia", con todo a su favor, pero ya sin ninguna épica. Los resultados mandan.
Arnold Neuman. Jean Arp. 1949.
Una especie de descabello a placer, con la "naturaleza" inerme, congelada.
Arnold Neuman. Jean Arp. 1949.
Esa labor de simplificación de la fotografía inicial (porque en eso suele consistir el reencuadrar) es algo parecido al trabajo del escultor que desbasta la materia bruta y prescinde de todo lo superfluo hasta que extrae de ella aquello que esconde y sólo su singular mirada ha sido capaz de intuir.
Arnold Newman. Piet Mondrian. 1942.
O, en otro terreno más pedestre -el balompédico- la segunda vuelta de una eliminatoria copera en campo propio y con todo a favor.
Arnold Newman. Piet Mondrian. 1942.
Llegar al objetivo exige a menudo un largo recorrido y maniobras distractivas, porque el modelo -conscientemente o no- siempre se resiste.


martes, 26 de noviembre de 2013

Leer música

Arnold Newman. Igor Stravinski. Nueva York. 1966.
Es siempre un juego apasionante y complejo.
Jim Marshal. Keith Richards y Mick Jagger. Los Ángeles. 1972.


A veces sirve para poner voces sobre una música ya lejana.
Arnold Newman. Leonard Bernstein. Nueva York. 1968.
Otras acentúa el pánico ante la inminente llegada de la orquesta.
Eve Arnold. Marlene Dietrich en los estudios Columbia. 1952.
O dificulta el deseable acomodo de glamour y melodía.
Guy Le Querrec. Charlie Mingus. 1977.
Y siempre es una labor inagotable y agotadora, hasta (¿o especialmente?) para un improvisador todo terreno.