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viernes, 16 de agosto de 2024

La ilusión

Nanni Moretti. Fotograma de El sol del futuro. 2023.

A pesar de todo. Por todo.

Robert Frank. Busca la esperanza. Mabou. 1979.


lunes, 16 de septiembre de 2019

Ha muerto Robert Frank

Robert Frank y su vieja cámara Leica, fotografiado en 1954 por Fred Stein.
No aspiraba a otra cosa que a reflejar "lo que veía, pura y sencillamente”. Y acertó de tal manera que Jack Kerouac dijo en el prólogo para su libro Los americanos (1959) que Robert Frank había absorbido y conseguido plasmar en ochenta y tres disparos el triste poema de los USA.
 Robert Frank. Desfile en Hoboken, New Jersey. 1955.
Tras ser el fotógrafo más influyente e imitado durante varias décadas decidió desaparecer, al considerar que el tipo de fotografía que había ayudado a crear había perdido su interés por haberse quedado vieja. "Ya no tiene sentido para mí, y no me satisface seguir haciéndolo. Hay demasiadas fotos ahora. Es abrumador ".
Robert Frank fotografiado en 1994 por Barry Kornbluh.
Y volvió a acertar, seguramente.

viernes, 15 de septiembre de 2017

Tírate de la moto


Emmy Andriesse. Bailando en las calles. Amsterdan. Circa 1950.
Los mismos cargos electos (alcaldes y alcaldesas, concejalas y concejales) que hasta hace cuatro días se partían de risa mientras bailaban "Paquito el chocolatero" y cantaban a voz en cuello aquello de "si te ha pillau la vaca jódete" y "tírate a la rubia y a la morena también" para demostrar su campechanía y proximidad al noble pueblo llano, difunden ahora listas de "canciones correctas con mensajes libres de estereotipos machistas."
Robert Frank. Tienda de chucherías en Nueva York. 1955-56.
El caso es seguir siendo los dueños de la gramola.
Ninón Sevilla. La Habana. Circa 1955.
Y del bombo.

Richard Avedon. Músicos callejeros. Palermo. 1947.
Felices fiestas.

jueves, 9 de junio de 2016

Bon voyage



Todos tranquilos: no hará falta que caminemos sobre las aguas, porque, al parecer, ya han vuelto a su cauce.

Robert Frank. París. 1949.


























A ver si, cegados por las luces de la ciudad, no nos metemos en ningún charco insalvable.

El oficial de policía Guy Isnard, preparando una exposición de falsificaciones en el Grand Palais. París, 1955.









Au revoir les amis.
À bientôt, sûrement.


jueves, 30 de julio de 2015

Perros de la lluvia


Portada del disco Rain dogs, de Tom Waits. 1985.

Pareciera que Peter Corriston, el diseñador de la portada, hubiese elegido la fotografía de Anders Petersen por el notable parecido de su reconfortado protagonista con el -hasta entonces- salvaje Tom Waits, un auténtico "perro de la lluvia" perdido en medio de la tormenta de la vida, que cambiaría para siempre tras ser acogido entre sus brazos por la muy organizada Kathleen Brennan, a quien está dedicado el disco.


La imagen contiene una hermosa colección de música desgarrada y a la vez consoladora, que utiliza el sonido de la vida en las calles como sólida base sobre la que Tom Waits y sus excelentes colaboradores zurcen un colorista tapiz sirviéndose de un amplio surtido de inhabituales instrumentos acústicos y de una estrepitosa chamarilería. Hay más querencia por el cabaret, los folclores arcaicos y las lejanas vanguardias ruidistas que por el omnipresente rock & roll que seguía uniformándolo todo. Un auténtico perro verde.
Anders Petersen. Rose y Lilly. Café Lehmitz. Hamburgo. 1967.

Los "perros de la lluvia" son esos chuchos "que se ven perdidos por las calles cuando la lluvia ha cesado, una lluvia que ha lavado sus olores, por lo que no pueden encontrar su rastro ni su camino. Husmean, pero sin encontrarlo".
Para la contraportada, una foto del protagonista tomada por Robert Frank, otro "perro de la lluvia". 1985.

Esto dice la letra, entre otras cosas:
"Dentro de un reloj roto / salpicando vino / preferimos caminar / y amontonarnos en un portal / con los perros / porque yo también soy un perro de la lluvia./
Cómo bailábamos / y nos tragábamos la noche / porque estaba madura para soñar, / cómo bailábamos / como locos / lejos de las luces./ (...)
Cómo bailábamos con la rosa de Irlanda / su largo pelo negro como un cuervo / cómo bailábamos, y tú me susurraste / que nunca volvería a casa."
Tom Waits escuchando cómo suena la vida, porque no todo va a ser aullar.








Algo de lo más normal para quien sostiene que nació en un taxi.

miércoles, 29 de julio de 2015

Los ojos escuchan

Maurizio Nannucci. Escucha a tus ojos. 2010.








Por ser la estación en la que la naturaleza se manifiesta en todo su esplendor y los sentidos expanden sus umbrales de percepción, el verano puede ser una buena época para dar rienda suelta a la vista y tratar de escuchar a través de lo que nos enseñan los ojos.
Jiri Kolar. Collage. 1966.
La mirada atenta puede llegar a ser otra forma de audición, un medio natural por el que descubrir y apreciar el ritmo, la vibración, la intensidad y el silencio en todo lo que nos rodea.
Sharmila Samant. Escucha a tu ojo. 2012.
Si abrimos bien los ojos y conseguimos salir de las rutinas cotidianas puede que lleguemos a acercarnos a una forma pura de comunicación, algo parecido a lo que místicos y poetas llamaron una “música callada.”
Maurizio Nannucci. Escucha a tus ojos. 2010.

Vuelve a miracomosuena la célebre frase de Robert Frank: "El ojo debería aprender a escuchar antes que a mirar". Este largo verano es el momento adecuado para tan productivo aprendizaje

miércoles, 3 de junio de 2015

Costa de muerte y de vida

Lois Patiño. Fotogramas de Costa de Morte. 2013.
Ha   estado en Logroño Lois Patiño para presentar su muy premiada película Costa da Morte, poética visión caleidoscópica de un territorio singular y de los habitantes que lo disfrutan y lo padecen. La Costa da Morte es un lugar mágico lleno de belleza y misterio, ligado indisolublemente y desde épocas remotas a la idea de fin de la tierra conocida y comienzo de un mar incógnito, generador de riqueza y, a la vez,  provisor de muerte y de leyendas.



Partiendo de una luminosa frase de Castelao  ("Nun entrar do home na paisaxe e da paisaxe no home creouse a vida eterna de Galiza") Patiño filma largos planos estáticos en los que el poderoso paisaje -no siempre hermoso, porque no se eluden los frutos del maltrato prodigado por los hombres a través de la arquitectura y de la explotación especulativa del territorio- sirve de marco referencial de la actividad humana, alejada en la imagen pero extraordinariamente próxima y omnipresente en los ruidos del trabajo y el sonido de las conversaciones, en las que se reconstruye el imaginario de todo el marco de referencia cultural del país.

Esa permanente interacción entre el paisaje y sus pobladores (una suerte de dependencia fatalista que fascina a las víctimas de tan desigual relación) está plasmada con intención pictórica "romántica", llena de poesía y misterio, como una presencia superpuesta a  la asombrosa naturaleza en la que se enmarca la vida y el trabajo de mariscadores, marineros, forestales, bomberos,..., dando a la película (sin ser su principal intención, seguramente) un contenido "documental" antropológico que resulta estremecedor.
Las conversaciones, anónimas y "despersonalizadas", se convierten en voz colectiva que nos habla de desastres ecológicos y de cuentos, de afanes y esperanzas, de pasados más o menos mistificados y de futuros improbables. Un sincretismo en el que acaban siendo tan importantes las profundas raíces como los fuegos fatuos. 

Con esta película Lois Patiño ahonda en su constante interés por la representación del paisaje, y lo hace a partir del rodaje de larguísimos planos con cámara fija que le permiten captar y mostrar su dinamismo interno, la dinámica entre lo permanente y su pulso vital, complemento ideal de la presencia volátil del ser humano, intrascendente a todas luces aunque en esta ocasión se le haya dado la palabra.

Su manera de filmar y grabar tan primorosamente el sonido del viento y del trabajo múltiple, la humedad de la niebla, la densidad de la lluvia y del humo de un incendio, el batir de secreto ritmo del oleaje sobre los tensos cuerpos de los percebeiros, me recordó una célebre frase de Robert Frank: "El ojo debería aprender a escuchar antes que a mirar". 
En esa doble labor, indisoluble, parece inmerso Lois Patiño, otra vez con excelente resultado. 

martes, 17 de marzo de 2015

La mirada en los "aflorismos" de Carlos Castilla del Pino

Alberto Durero. Autorretrato a los 20 años. 1491.
"Si quieres recordar para siempre a aquel que ahora ves, mírale a los ojos mientras te habla."



Emmet Gowin. Nancy. Danville, Virginia. 1969.
"Ver, con los demás; mirar, por ti mismo, sin ellos, sin ni siquiera oírles."






Harry Pearce y Pentagram. Acción para Witness Wall. Londres. 2014.

"Tres estados: ver, mirar, observar. Ver todo, mirar algo, observar lo que se debe."





Sophie Calle. El otro. 1992.
"Cierra los ojos para mirar lo que has visto."






Rembrandt. Chica en un marco de cuadro. 1641.
"Lo importante en la pintura es la mirada: una forma de leer en las cosas."





Robert Frank. Londres, 1951.
"La mirada no es un instrumento adecuado para mentir. La mirada no engaña respecto del sujeto que mira. Miremos la mirada del otro." 





Richard Avedon. Autorretrato. 1963.
"La fotografía hace del instante un todo."





Francisco de Goya. Autorretrato con carta a su amigo Martín Zapater. 1795.
"Hacer que las cosas hablen, y contarlo después: eso es pintar (o escribir: una forma de pintar con palabras)."





Herbert Bayer. Urbanita solitario. 1930.

El psiquiatra Carlos Castilla del Pino escribió en sus años finales el libro Aflorismos. Pensamientos póstumos (Marginales Tusquets, Barcelona, 2011), una colección de reflexiones breves, precisas y espontáneas sobre casi todo lo que interesa a un hombre civilizado. En sus propias palabras, "el ´aflorismo´ sería algo que se me ocurrió, surgió o me apareció de manera más o menos inesperada. Y como afloraron -en cualquier lugar, en cualquier momento-, los llamé, al comienzo del siglo en que estamos, aflorismos. El aforismo concluye. El ´aflorismo´ comienza; no acaba donde concluye."
De ese impresionante compendio de sentencias reventonas han eclosionado hoy en miracomosuena algunas de las referidas a la mirada. Disfruta de su luminosidad.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Modos de ver

La sabia mirada de seis grandes creadores captada con toda precisión por otros tantos atentos observadores. No se desvela el misterio, pero ahí queda reflejado. Y no es poco. Caza mayor.


Federico Fellini. Fotógrafo sin documentar.




Blanca Li por Alberto García-Alix.






Miles Davis por Anton Corbijn.


Rafael Sánchez Ferlosio por Uly Martín.



Robert Frank por Dodo Jin Ming.


Brassaï por John Loengard.