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martes, 29 de abril de 2025

Los milagros del agua en la voz de Federico García Lorca

F.G. Aguas de abril en la Iregua de Alberite. 04.2025.

"Y la canción del agua
Es una cosa eterna.

Es la savia entrañable
Que madura los campos.
Es sangre de poetas
Que dejaron sus almas
Perderse en los senderos
De la Naturaleza.

¡Qué armonías derrama
Al brotar de la peña!
Se abandona a los hombres
Con sus dulces cadencias.

La mañana está clara.
Los hogares humean
Y son los humos brazos
Que levantan la niebla.

Escuchad los romances
Del agua en las choperas.
¡Son pájaros sin alas
Perdidos entre hierbas!

Los árboles que cantan
Se tronchan y se secan.
Y se tornan llanuras
Las montañas serenas.
Mas la canción del agua
Es una cosa eterna.

Ella es luz hecha canto
De ilusiones románticas.
Ella es firme y suave,
Llena de cielo y mansa.
Ella es niebla y es rosa
De la eterna mañana.
Miel de luna que fluye
De estrellas enterradas.

¿Qué es el santo bautismo,
Sino Dios hecho agua
Que nos unge las frentes
Con su sangre de gracia?
Por algo Jesucristo
En ella confirmose.

Por algo las estrellas
En sus ondas descansan.
Por algo Madre Venus
En su seno engendrose,
Que amor de amor tomamos
Cuando bebemos agua.
Es el amor que corre
Todo manso y divino,
Es la vida del mundo,
La historia de su alma.

Ella lleva secretos
De las bocas humanas,
Pues todos la besamos
Y la sed nos apaga.
Es un arca de besos
De bocas ya cerradas,
Es eterna cautiva,
Del corazón hermana.

Cristo debió decirnos:
"Confesaos con el agua,
De todos los dolores,
De todas las infamias.
¿A quién mejor, hermanos,
Entregar nuestras ansias
Que a ella que sube al cielo
En envolturas blancas?"

No hay estado perfecto
Como al tomar el agua.
Nos volvemos más niños
Y más buenos: y pasan
Nuestras penas vestidas
Con rosadas guirnaldas.
Y los ojos se pierden
En regiones doradas.

¡Oh fortuna divina
Por ninguno ignorada!
Agua dulce en que tantos
Sus espíritus lavan,
No hay nada comparable
Con tus orillas santas
Si una tristeza honda
Nos ha dado sus alas."



Federico García LorcaMañana. (7 de agosto de 1918. Fuente Vaqueros, Granada. Dedicado a Fernando Marchesi). Recogido en Libro de poemas. Imprenta Maroto. Madrid, 1921.
F.G. Aguas de abril en la Iregua de Varea, en su desembocadura en el Ebro. 04.2025.

lunes, 18 de septiembre de 2023

Tronco de faraón


(...) «Allí escucharon al cantaor gitano Manuel Torre y ya cerca de la madrugada García Lorca, emocionado como todos, se dirigió al cantaor y le dijo: “Dígame, don Manuel, ¿qué hace falta para cantar así?”. El cantaor se quedó unos momentos callado, mirando el suelo. “Tener tronco de faraón”, dijo con toda naturalidad. Lorca le dedicó más tarde uno de los poemas de su libro Poema del cante jondo: “A Manuel Torre, que tiene tronco de faraón» (...)

Manuel Arroyo-Stephens. Pisando ceniza.
Ed. Turner. Madrid, 2015.

Manuel Torre con Javier Molina. Soleares.


Lo que le dedica (en el libro que probablemente sea el que tiene más dedicatorias parciales en toda la historia de la literatura), es la sección Viñetas flamencas, incluyendo un gazapo: A Manuel Torres, «Niño de Jerez», que tiene tronco de Faraón. De esa sección, con algunos poemas protagonizados por cantaores, elijo este entre los pocos "huérfanos", que cobra un especial sentido, hondamente amargo, sabiendo lo que pasó pocos años después de su escritura:

"Cuando yo me muera,
enterradme con mi guitarra
bajo la arena.

Cuando yo me muera
entre los naranjos
y la hierbabuena.

Cuando yo me muera,
enterradme si queréis
en una veleta.

¡Cuando yo me muera!"

Federico García Lorca. Memento. Recogido en Poema del Cante Jondo. 1921-31.

Manuscrito de Federico Garcia Lorca con la "viñeta" dedicada
al cantaor Silverio Franconetti. 1921.




martes, 18 de abril de 2023

Los manantiales

F.G. Palazuelos. 03.2023.
"La sombra se ha dormido en la pradera.
Los manantiales cantan.
Frente al ancho crepúsculo de invierno
mi corazón soñaba.

¿Quién pudiera entender los manantiales,
el secreto del agua
recién nacida, ese cantar oculto
a todas las miradas
del espíritu, dulce melodía
más allá de las almas...?
(...)"

Federico García Lorca. Manantial. Recogido en Libro de Poemas. 1921)

 Los Planetas. El Manantial. 
Recogido en Las canciones del agua. 2022.
Que llueva, que llueva...

F.G. Pazo de Oca. A Estrada. 04.2023.

lunes, 30 de enero de 2023

Rocío Márquez, águila imperial

Rocío Márquez y Juan Antonio Suárez Cano, "Canito". Foto de Sandy Korzekwa.

Recientemente, en una entrevista para su programa radiofónico Nuestro Flamenco, el sabio José María Velázquez-Gaztelu le citaba a Rocío Márquez un párrafo de la narración Nadadora sumergidade Federico García Lorca, en el que decía verla reflejada y definida: "Es preciso romperlo todo para que los dogmas se purifiquen y las normas tengan nuevo temblor." Una imagen preciosa y un acierto pleno, ajustado como un guante para describir la actitud y los logros de una cantaora a la que estamos viendo crecer sin parar, y en todas las direcciones a la vez, como quería John Coltrane. Todo le viene bien como punto de partida, y el destino ya se irá viendo. Pueden ser Falla, Granados y Albeniz o Bronquio, Enrike Solinís o Los Planetas, Fahmi Alqhai o el Proyecto Lorca, Pepe Marchena y la Niña de los Peines, Raül Refree o Rosa Torres-Pardo, Francisco Moreno Galván, Miguel Hernández o Antonio Orihuela. Todo suma, y a menudo multiplica. 

Rocío Márquez.

En el concierto de la semana pasada en Logroño vino estupendamente acompañada por Juan Antonio Suárez Cano, "Canito", multiplicado en hombre orquesta, polifónico total para servir al repertorio mestizo de Visto en el Jueves, su disco de hallazgos sorprendentes en el mercadillo sevillano de la calle Feria, un tesoro en el que caben tangos y coplas, fandangos, rondeñas y peteneras, canciones y poemas, todo limpio y reajustado, renovado, o, mejor todavía, nuevo, vivo.

Rocío Márquez estuvo tan bien como siempre y con la entrega habitual hacia este público que tanto la quiere y que tan elocuentemente se lo demuestra. Afinadísima, vibrante, arriesgada, nada convencional, jugando a sorprender y a deslumbrar, y consiguiéndolo siempre. Perfecta.
El proyecto Visto en el Jueves se le quedó corto, y entre otras hermosuras añadió en los bises una preciosa seguiriya con una "copla libertaria" del libro Alfileres, de Isabel Escudero, que dió título a su disco Firmamento:

"Lo peor de la condena
Es cogerle el gusto
A las cadenas."

Es una alegría que en estos tiempos de ruedas de molino y mentiras impunes siga habiendo artistas como Rocío Márquez que canten contra la servidumbre voluntaria y el autoengaño. Y mucho mejor si lo hacen en un teatro, trabajando, como quería Lorca, para que "los dogmas se purifiquen y las normas tengan nuevo temblor."  
Suerte. 

Otros comentarios sobre Rocío Márquez en miracomosuena:

-   Rocío Márquez: cómo reluce...
-   Rocío Márquez, la fuente más risueña

jueves, 8 de diciembre de 2022

El silencio

F.G. Federico el Grande. Collage de imagen (fotografía de Luis Buñuel)
 y palabras encontradas. 03.2019.


"Oye, hijo mío, el silencio. 
Es un silencio ondulado,
un silencio
donde resbalan valles y ecos
y que inclina las frentes
hacia el suelo."

Federico García Lorca. El silencio. Poema de la siguiriya gitana. Poema del cante jondo.1922.

Federico García Lorca. Manuscrito-borrador de El silencio. 1922.




martes, 27 de abril de 2021

Lorca vive

Consuelo Trujillo como Bernarda Alba. 2021.
Por esas casualidades de la vida he visto casi seguidas la excelente interpretación de Consuelo Trujillo al frente de las mujeres de La casa de Bernarda Alba, en la nueva puesta en escena que ha hecho José Carlos Plaza del imperecedero clásico de Federico García Lorca, y el sainete trágico de fräulein Rottenmeier Monasterio banalizando las amenazas de muerte de otros y creciéndose chulapona y mendaz frente al mínimo atisbo de decencia y prudencia democrática. Sólo le faltó gritar “viva la muerte” (ajena) como hicieran algunos de los santos de sus confesadas devociones.
La casa de Bernarda Alba, versión de1984.
Es una pena: asusta pensar qué educación habrá tenido que padecer esta pobre mujer, y, sobre todo, que educación estará infligiendo a sus vástagos.
Federico García Lorca en una audición en Radio Stentor, en Buenos Aires. EFE.
Se entiende por qué el fascismo español (el de siempre: el de antes y el de ahora) no soporta a Lorca: sienten que los retrata a la perfección, de cuerpo entero, y lo que ven les da tanto miedo como asco.


martes, 24 de noviembre de 2020

Nanas para Federico, de la mano de Jorge Padín y en la voz de Elena Aranoa

Todas las fotografías, salvo las mencionadas expresamente, son de Nando Ruiz. 2020.
Federico García Lorca -siempre vivo, siempre rico, siempre sugerente, siempre fértil-, es un tesoro inagotable de nuestra cultura y para nuestro idioma, y todavía, ochenta y cuatro años después de su asesinato, sigue siendo una fuente deslumbrante de sorpresas que enriquece nuestro presente, cualquiera que sea el punto de vista y la intención desde la que se aborde su asombrosa obra.
Junto al inmenso poeta, en el substrato de su prodigioso teatro, ligado de manera perfecta y delicada, hay un Lorca menos conocido, que es el enamorado estudioso de la cultura popular, de las canciones, del sonido de las ciudades, de las tradiciones, de “la clave inefable de la sustancia poética" de España. Y dentro de estas, también, de las nanas, un género idóneo para aprender, desde la cuna, en los brazos más acogedores, la música, la sentimentalidad, las cadencias, los ritmos elementales, las palabras, la poesía de un país diverso, cruel y lleno de contrastes.

Los españoles (como la mayor parte de los otros europeos) conocemos más y mejor la labor de folcloristas como Harry Smith y Alan Lomax, o los Folkways Records de la Smithsonian Institution, que el esencial trabajo de Demófilo, Agapito Marazuela, Bonifacio Gil o el propio Federico, que, para ser “popular” y contemporáneo ha tenido que esperar a que un canadiense sensible y de mente abierta lo haya puesto (en inglés) en música (vienesa). Algo habrá, en nuestra actitud colectiva, de mala educación (en sentido literal), de complejo de inferioridad, de desubicación, de falta de amor propio (y por lo propio, por la herencia recibida, de amor al propio idioma), para aceptar acríticamente esta servidumbre colonial voluntaria a las pautas culturales que dicta el imperio de la economía.

Por eso es tan importante y digno de apoyo el trabajo teatral y discográfico que durante este inagotable año de pandemia, contra viento y marea, ha puesto en pie la compañía Ultamarinos de Lucas y la cantante Elena Aranoa a partir de la conferencia que Federico dedicó a las canciones de cuna españolas, ese juego entre poético y musical que debería servir para “dormir al niño que no tiene sueño”. Un juego de sugerencias, que se juega con juguetes vivos, llenos de latidos, gracias al “soplo de la melodía”, la emoción y el dramatismo de la historia, al rítmico balanceo del cuerpo, al básico compás del corazón. 

La variedad asombrosa de mínimas gemas, pulidas, brillantes, ha sido engarzada a la perfección en el espectáculo que titulan Las nanas según Lorca, y Elena Aranoa lo canta tan bien, tan brillante, tan vibrante, tan hermoso, que pienso que nunca lograría el propósito de dormir a un niño, porque lo mantendría ojo avizor, despierto esperando más y más dulzura, aspirando a que siga el juego, a que la complicidad dure otro rato más. Ha realizado un trabajo de investigación magnífico (impagable e impagado) sobre el oculto repertorio solo apuntado en la conferencia, un trabajo muy de agradecer que pone en pie admirablemente sirviéndose de la guitarra y de unos pocos elementos de percusión elemental a los que extrae virtudes insospechadas.

Jorge Padín, que representa a Federico, es, ya lo sabemos de otras veces, un extraordinario actor, muy personal, muy versátil, que navega seguro y libre sobre el precioso texto recreándolo, dramatizándolo, dándole profundidad, luces y sombras, sirviéndose de mínimos recursos escénicos (folios volanderos, figuritas de papiroflexia, unas pocas sillas) sobre el desnudo escenario, abriendo en su “lectura” las ventanas desde las que Elena Aranoa canta y toca este hermoso “mapa melódico de España”, este “esqueleto de aire irrompible” que nos une.
El espectáculo, lamentablemente, apenas se ha podido representar hasta ahora, no ha gozado de la fortuna que merece y tiene un futuro tristemente incierto.
La creación siempre obedece a un impulso irrefrenable, a una apremiante necesidad personal, y a menudo obtiene pago suficiente en su propio recorrido, en el proceso, en el tortuoso camino de esfuerzo, satisfacción y dudas. Pero el teatro requiere al público para completar el círculo virtuoso. Y si el encuentro no es posible, la interrupción de ese acto de amor y de entrega deviene en frustración.
Poner en pie un espectáculo, por pequeño que parezca, por humilde que se manifieste, es una labor ingente de estudio, de suma de voluntades, de multiplicación de esfuerzos propios y ajenos, de tiempo, de dinero.
Que un espectáculo no tenga oportunidad de representarse supone no solo el derribo de unas expectativas frustradas irremediablemente. También implica la pérdida del estímulo creativo del contacto con el espectador, su aportación, imprescindible para el enriquecimiento de la obra con la mejora paulatina por el uso compartido.

La emoción (en sentido amplio, múltiple) que supone el espectáculo en directo se ha revalorizado por las restricciones impuestas por la pandemia. La cultura vuelve a ser un acto cívico, de autoafirmación, casi militante. En ambos lados del escenario se nota un inusual brillo en los ojos y en el tono de la voz, el agradecimiento sincero de los intérpretes y del público. La necesidad de hablar, de dar las gracias, por acudir cada uno a su papel en la comedia, por tratar de mantener el necesario vínculo. Para hacer tan frecuente como nos dicte la necesidad esa posibilidad de participar en algo relevante, en algo necesario, imprescindible.
Nosotros tuvimos la suerte de que la compañía Ultamarinos de Lucas y Elena Aranoa, en una actitud muy lorquiana, no esperaran a que, como en la comedia homónima, El Público llegara a las puertas del teatro y el director le diera paso: ellos se atrevieron a salir a buscarlo donde estaba, al aire libre, en la calle, en la plaza, durante un momento de tregua de la reclusión domiciliaria. Y allí nos encontramos, una noche templada, para celebrar la música y el teatro. Lo agradecimos mucho y no lo olvidaremos. 
Elena Aranoa fotografiada por Raquel Fernández. 2020.
Ojalá que Las nanas según Lorca pueda ponerse en pie cuanto antes, en las mejores condiciones y con total seguridad. Y que gire incansable para celebrar a Lorca y para enseñarnos a disfrutar de nuestro patrimonio cultural y a mantenerlo vivo.
Portada de Borja Ramos para el doble disco que contiene el recital y la conferencia.
Foto de Raquel Fernández. 2020. 




lunes, 30 de diciembre de 2019

Paco Ibañez: fe de vida


Paco Ibañez en Riojaforum. Logroño, 27.12.19. Fotos de François Flou.
El público que llenó el Riojaforum de Logroño el pasado viernes para escuchar y ver a Paco Ibañez (ausente de esta plaza desde hace treinta años, en que vino al Auditorio Municipal, con Imanol, dentro de una gira que aspiraba a generar recursos para montar una carpa que acogiera a todas las artes en marcha permanente) puede certificar ante quien sea menester que el maestro sigue vivo, con muchas ganas y en razonable buen estado, lo que no es poco para quien disfruta de ochentaicinco años muy trabajados.
Tan sobrio como siempre pero bastante más dicharachero y coloquial que nunca, planteó un concierto austero, directo, sin ocultarse tras el fácil parapeto de sofisticados arreglos y abundantes músicos que compensaran los efectos del paso del tiempo: él solo, de negro riguroso, de pie con su baqueteada guitarra de toda la vida, frente a una iluminación básica, cruda, sin efectos ni colores, arropado solo por un buen sonido que quizá pecó de un volumen excesivamente bajo, lo que tuvo la ventaja de exigir al respetable un alto nivel de atención y respeto, cosa cada vez más infrecuente en estos tiempos que corren, en los que la amplificación disparatada que suele acompañar a toda la música popular sirve para aturdir más que para comunicar y todo se convierte en espectáculo y verbena.
Paco Ibañez acompañado, ocasionalmente, por Mario Mas y César Stroscio.
Nuestro risueño estoico lució sus cualidades de siempre, las de buen músico con un excelente oído para servir y realzar el ritmo interior de poemas que ha convertido en himnos generacionales, sin adornos, sin otro vuelo que el de las palabras, que es un vuelo alto y libre. Esa labor admirable la sigue vistiendo con una voz dramática, de una levedad vibrante y prodigiosamente entonada todavía. Como guitarrista, su aparente simplicidad oculta el esencial valor de saber enmarcar, destacar y subrayar los complejos elementos del poema.
El repertorio fue “de antología”, y estuvieron presentes los de aquí (en castellano José Agustín Goytisolo, Quevedo, el Arcipreste de Hita, Samaniego, Lorca, Cernuda, León Felipe, Rafael Alberti y un par de romances medievales, además del gallego Antonio García Teixeiro, el vasco Xabier Lete y el catalán Salvador Espriu) y los de allá (Nicolás Guillén, Alfonsina Storni y Pablo Neruda), además de su reconocido inspirador y maestro Georges Brassens, al que pone en el origen de toda su carrera musical.

Todo el concierto tuvo un aire de confidencia próxima. Afable, relajado, su presencia tranquila y amigable buscó la complicidad del público y logró su entusiasmada participación. Puso mucho en ello: nos contó cosas de su madre y de sus tíos, simpáticas anécdotas de su infancia rural y de sus correrías de juventud en París, y dio gracias a la vida por la suerte que, según afirmó, siempre le ha acompañado. Para hacer más familiar la reunión, administró con muy buen humor su encarnizada pelea contra una silla demasiado alta, el olvido de algún verso y la reiterada búsqueda de la tonalidad adecuada con la cejilla. Sabiduría de escenario.
En plan amigo mayor nos hizo unas cuantas buenas recomendaciones musicales, algunas expresas, como la de la cantante Damia (“la tragédienne de la chanson”) y el Cuarteto Cedrón, y otras más ocultas, como la dedicada a Jacques Brel (a través de la cita en la canción de Xabier Lete de La chanson des vieux amants) o el emocionado recuerdo al gran Mikel Laboa. Y como viejo compañero nos dio consignas y agitó las banderas de siempre, todas las banderas, sin matices, sin ninguna autocrítica, con la reivindicación de la poesía, la solidaridad, la cultura y la esperanza como armas cargadas de futuro. 

Fue una noche emocionante. Por muchos motivos. Larga y lúcida vida, querido Paco.

lunes, 22 de enero de 2018

El magisterio de Carmen Linares

Carmen Linares.
Una actuación de Carmen Linares siempre es motivo de alegría, porque en raras ocasiones se unen en una cantaora, en cualquier artista, los mejores valores de la tradición, la realidad palpable de un presente creativo especialmente afortunado y el influjo evidente que su trayectoria y exigente ejemplo produce sobre las nuevas generaciones de cantaores flamencos (especialmente mujeres, aunque no solo) 
Joaquín Sorolla. Cantaora.
A pesar de llevar cincuentaitrés años en lo más alto del escalafón de la música como profesional (grabó su primer disco en 1970) conserva toda su musicalidad y capacidad expresiva de siempre, y afronta admirablemente proyectos cada vez más complejos y exigentes que la llevan a colaborar con lo más selecto y capaz del panorama creativo en el estudio y la musicalización de los grandes poetas españoles, dando rienda simultánea al ritmo interno del poema y a su relación “natural” con las formas tradicionales de la música popular.
Miguel Hernández.
En el concierto de Logroño demostró todos esos méritos. Empezó con los tangos malagueños de La Repompa, brillantes, llenos de gracia y compás, y a continuación metió el popular poema Aceituneros, de Miguel Hernández, en las formas tradicionales de folías, peteneras y tarantas, dándoles otra dimensión, honda y flamenca, a los populares versos difundidos durante décadas por la versión de Paco Ibañez como canción de reivindicación y lucha. Después presentó como soleá bambera el precioso juguete de Arbolé, de Federico García Lorca, lleno de emoción evocadora y magia (“Arbolé, arbolé seco y verdé. La niña del bello rostro está cogiendo aceituna con el brazo gris del viento ceñido por la cintura“). Volvió a conseguir el prodigio de meter en unas emocionantes malagueñas, con sus correspondientes abandolaos, al Niño yuntero de Miguel Hernández, renovando su actualidad y pertinencia (hay mensajes que no hay que dejar de recordar, le gusten mucho, poco o nada al respetable), y continuó, de nuevo de la mano de Miguel Hernández) con unas gaditanas Vendimiadoras (por tanguillos, cantiñas y romeras) con las que bajó la tensión emocional y la reunión recuperó el aire festero y alegre, con la esforzada presencia de la bailaora Vanesa Aibar, que acompañó uno de los mejores momentos de Carmen, jonda, vibrante y demostrando su riqueza melismática.
Después de un espacio por bulerías en el que el guitarrista Salvador Gutiérrez estuvo tan brillante como a lo largo de toda la noche y las cantaoras Ana González y Rosario Amador lucieron sus voces frescas y sobrada capacidad para el compás, volvió Carmen cantando magníficamente por soleás, con preciosas letras populares (“La salud y la libertad son prendas de gran valía, y que no nos damos cuenta hasta que no están perdidas”) (“Males que acarrea el tiempo, quién pudiera penetrarlos para ponerle el remedio antes de que viniera el daño”) (“Tengo una pena, una pena que casi puedo decir que yo no tengo una pena: la pena me tiene a mí”). 
Juan Ramón Jiménez visita la Escuela Modelo de la Universidad de Puerto Rico.
Llegó el momento de Juan Ramón Jiménez con una serie de fandangos de Huelva, muy flamencos, rematados por el poema Moguer, cantado con la delicadeza, el cariño y el conocimiento que siempre le ha dedicado. De nuevo Juan Ramón, esta vez por tonás, con un precioso aire arcaico, sobrecogedoras, y, sobre la intervención al baile de Vanesa Aibar, una siguiriya abrazó al poema In Pace, de José Ángel Valente (“Tú duermes en tu noche sumergido. Estás en paz. Yo araño las heladas paredes de tu ausencia, los muros no agrietados por el tiempo que no puede durar bajo tus párpados. Ceniza tú. Yo sangre. Leve hoja tu voz. Pétreo este canto. Tú ya no eres ni siquiera tú. Yo, tu vacío. Memoria yo de ti, tenue, lejano, que no podrás ya nunca recordarme.”). Muy pocos cantaores de cualquier época se han atrevido a tanto.
Federico García Lorca. Antoñito el Camborio.
Ya en el final apuntó, a petición del público, unos versos de la Milonga del forastero, y para terminar volvió a Lorca, ligando la Baladilla de los tres ríos y el Anda jaleo, cantando sobrada de facultades y llena de gracia popular, dejando de nuevo un generoso espacio para el lucimiento de la bailaora (demasiado espacio, probablemente)
John Singer Sargent. El jaleo. 1882.
Fueron cien minutos llenos de conocimiento cabal, de experiencia, riesgo y capacidad, y disfrutamos de un concierto que explica por qué Carmen Linares ha logrado todos los galardones habidos y por haber y disfruta de la consideración de los profesionales y la crítica más exigente, y del cariño de los aficionados de todo el mundo.
No tardes en volver, querida, necesaria Carmen.

jueves, 18 de enero de 2018

Miguel Poveda, flamenco

Miguel Poveda.
Dentro de la asombrosa política de contraprogramación que viene haciendo Riojaforum respecto a los ciclos tradicionales del Teatro Bretón, volvió a Logroño, tres años después de su memorable último concierto, Miguel Poveda, que en todo este tiempo no ha dejado de crecer como artista, rodeándose de las mejores compañías y afrontando proyectos arriesgados y novedosos, de esos que enriquecen el patrimonio común de la música española.
Anglada Camarasa. Chula de ojos verdes.
Frente a aquel recital perfecto, final de una larguísima gira de éxito y fama con un equipo artístico y técnico plenamente ajustado, el concierto del domingo resulto chocante y llamó la atención por su desajustada puesta en escena, quebrada, sin ritmo, llena de largos parlamentos con más de justificatorio que de confidencia informativa, con unas luces desajustadas casi siempre fuera de tiempo y un sonido que apostaba decididamente por la potencia del “muro” frente a los delicados matices de las claras voces de la guitarra y los teclados. Sorprendió la infrautilización de algunos de los pesos pesados del excelente grupo (especialmente del maestro Joan Albert Amargós) y que no hubiera en la planificación del espectáculo un hilo conductor que hilvanara mínimamente su desarrollo, lo que dejó descolgada su tercera parte dedicada a la copla, que hubo de retomarse atropelladamente después de que el público hubiera empezado a abandonar la sala.
Pero todos esos aspectos resultan secundarios (y con el tiempo serán meras anécdotas) cuando disfrutamos del recital de un artista como Miguel Poveda, tan generoso y entregado como siempre, pletórico de facultades vocales, derrochando su buen gusto proverbial y una capacidad enciclopédica para afrontar lo más exigente del repertorio, que nutre a manos llenas de emoción, expresividad, gracia y duende.
Federico García Lorca. Autógrafo con luna reflejada
El concierto tuvo tres partes bien diferenciadas, aunque de variada amplitud y pretensión. Como es habitual, la primera la dedicó a la poesía, y en esta ocasión íntegramente a Federico García Lorca, centro de uno de sus nuevos proyectos discográficos. Cantó la Gacela de la muerte oscura, El poeta pide a su amor que le escriba, un fragmento de la Oda a Walt Whitman y El Silencio, con la dolorida rabia con la que siempre afronta la obra de Federico, con la misma emoción desgarrada, además de un hermoso fundido de varios fragmentos de las “canciones populares” Los cuatro muleros, Los pelegrinitos y Anda, jaleo, (fundido en el que quizá se sacrifican los valores literarios y los desarrollos melódicos de las canciones en aras del estilizado resultado final).
Miguel Poveda acompanado por Jesús Guerrero.
La segunda parte (sin duda concebida como principal en cuanto a tiempo,  y seguramente la más rodada como conjunto artístico) estuvo dedicada al flamenco. El puente lo estableció una pasmosa bulería interpretada por el joven guitarrista Jesús Guerrero, que se echó el grupo a la espalda y construyó un portento de riqueza rítmica y armónica, de imaginación y fuerza. Es un acierto de maestro haber dejado en manos de un guitarrista (un único guitarrista, pero excepcional) la construcción del armazón y la responsabilidad de esta parte del espectáculo. Empezó Poveda con la malagueña del Mellizo, ligada a unos abandolaos con letra de Manuel Gerena; después, un rico surtido de refrescantes cantes de Cádiz. Continuó acordándose de la habitación de sus padres con un precioso tributo a Lole y Manuel, tan ligados a la educación sentimental de una época y a la formación del gusto musical de una generación, para llegar a uno de los momentos culminantes de la noche cantando con Miguel Ángel Soto Peña, El Londro, una larga serie de cantes por soleá, soleás apolás y bamberas, emocionantes y emocionadas, mecidas por la guitarra de Guerrero y “bailadas” desde la silla por Poveda, hondamente conmovido: “dichoso el momento de darte mi mano, mi compañero.” Para cortar el clímax, un arranque de zambra muy caracolera seguida por un largo surtido de tientos-tangos, gustándose en el recuerdo virtuoso de la Niña de los Peines, y una brillante serie de muy variadas bulerías, en las que el maestro reconoció los grandes méritos de su percusionista Paquito González y del magnífico compás de Carlos Grilo y Dani Bonilla. Reaparecieron entonces Amargós y el baterista Antonio Coronel para poner el primer broche del concierto con La leyenda del tiempo de Camarón de la Isla, cerrando así, de paso, el virtuoso círculo lorquiano.
Francis Picabia. Gitana.
Tras un largo desconcierto, y con el público marchando contento a pesar de que allí no se había oído nada de lo que hasta allí les había traído, reaparecieron Poveda y Amargós para rendir un pequeño homenaje a la copla, consistente en un fragmento de A ciegas, Mi amigo y el tercero de Mis tres puñales. Supo a muy poco, pero ante la posibilidad de haberse ido de vacío se recibieron como gloria bendita.
Francis Picabia. Proyecto de traje para el ballet Relâche. 1924.
En definitiva, Miguel Poveda demostró que es un grande en plena forma, con unas cualidades tan desbordantes y unas inquietudes tan diversas que se le quedan cortas dos horas y cuarto de concierto. Seguro que acaba encontrando el formato adecuado para cada cosa y tomándose el merecido sosiego para todo. Se lo merece tanto como el que más.
Miguel Poveda en Logroño. 14.01.2018. Foto: Frank Moved.

lunes, 14 de noviembre de 2016

El público

Bruno Barbey. Trabajadores y estudiantes en Paris el 13 de mayo de 1968. 

"Criado.- Señor. 
Director.- ¿Qué?
C.- Ahí está el público.
D.- Que pase."

Federico García Lorca. El Público. 1930.

Comuna de París. 1874. Derribo de la Columna Vendôme.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Miguel Poveda, íntimo y en sazón

Miguel Poveda.
 A lo largo de dos horas Miguel Poveda desgranó en Logroño una apasionada confesión sobre lo que más quiere y le define, con la sinceridad de quien lo hace por voluntad propia y  ante gente con la que se siente a gusto. Quedó claro desde el principio que lo que más le gusta es cantar y compartir con otros ese placer, y lo demostró en un concierto íntimo, directo, emocionado y lleno de matices.
Miguel Poveda es un músico complejo y nada acomodaticio, que  disfruta en lo grande (donde el éxito es más o menos previsible) y con lo pequeño (en proyectos arriesgados, casi marginales, que van ganando importancia y consideración crítica conforme pasa el tiempo). Empezó el concierto dando cabida a una de sus apasionadas debilidades minoritarias, la poesía, seleccionando para la ocasión canciones creadas a partir de poemas de Miguel Hernández (Para la libertad), Federico García Lorca (el Soneto de la dulce queja y Amor de mis entrañas, viva muerte) y Rafael Alberti (Guerra a la guerra) que formarán parte de su próximo disco.
Eduardo Arroyo. La noche española. 1985.
Para continuar, acometió un amplio abanico de cantes flamencos, desde unas alegrías de honda raíz (que se fueron abriendo a toda la variedad de la bahía, acabando por bulerías); unos fandangos malagueños que dolían de puro arriesgados, siempre a punto de quebrarse y espectacularmente acabados en unos preciosos abandolaos con un Chicuelo magistral de compás y musicalidad; los tientos dedicados por la Niña de los Peines a Salomón, acabados en un derroche rítmico por tangos, y ligados a los especiales tangos trianeros del Titi (uno de los momentos más brillantes de la noche, con Poveda bailando con tanta gracia como desinhibición); una toná grandiosa, sobrecogedora, y unos preciosos fandangos naturales, para acabar este personal canon flamenco con la reivindicación de Lole y Manuel  y el Camarón de La leyenda del tiempo. Cada uno tiene su biografía particular, y una educación sentimental a la que hace muy bien en no renunciar.
Antonio Quintero, Rafael de León y  Manuel Quiroga.
En ese sentido, la apuesta de Poveda por lo que llama “el repertorio de la radio de su madre” es digna de alabar, especialmente si lo recrea en el excelente nivel al que nos tiene acostumbrados. Esas coplas le sirven, además, para embelesar a un sector del público que necesita ser abducido por el cariño de un artista que se dirige a ellos como si fueran únicos, que es capaz de “traspasar las candilejas” con sus comentarios y “sentarse en las rodillas” de cada cual, haciéndoles sentir que les mira a los ojos y cantándoles lo que necesitan, esté anclado en su pasado o sea llaga viva de un dolor presente.
De este brillante repertorio seleccionó, entre otras, Vente tú conmigo, A ciegas, Y sin embargo te quiero, En el último minuto, Tres puñales,…, coplas estilizadas por el maestro Amargós, que las ha ido depurando de innecesarias adiposidades y amaneramientos para que sirvan a la perfección a las cualidades vocales y a las dotes dramáticas de Poveda.
Es sorprendente y admirable que un artista tenga tanta y tan variada capacidad de expresión y tanta facilidad para cambiar de registro, pasando de la fiesta al profundo dolor, y siempre entregado al  máximo, con un notable sentido del espectáculo. Además de una extraña habilidad para dosificar, de cara al gran público, sus aficiones y capacidades de tal manera que todo en su voz parezca fácil, tiene también el don de rodearse de grandes músicos a los que deja todo el espacio que necesitan.
Amargós, Chicuelo y Poveda.
En esta ocasión contó con Joan Albert Amargós, un excelente músico de amplísimos registros que ha reelaborado por simplificación todo el hermoso patrimonio de la copla que tan destacado lugar ocupa en nuestra memoria musical colectiva, indiscutible parte fundamental de la crónica sentimental de España.
Juan Gómez, Chicuelo, es un guitarrista de primera categoría por mérito y esfuerzo propio, por musicalidad y por talento, que ha sabido mantenerse fuera de la “corriente principal” y de los focos para ir creciendo, con voz y lenguaje particular, desde los márgenes, sirviendo como apoyo e impulso a algunas de las más importantes y personales carreras flamencas de las dos últimas décadas. Su sonido, preciso, poderoso y lleno de musicalidad, fue el mejor ensamblaje para tan delicado concierto.
El cuarto en concordia fue Paquito González, un brillantísimo hombre de compás, tanto con la variada percusión, las palmas o en segundas y precisas voces. Lleno de sutiles matices y de color, creó un inmenso campo rítmico donde Amargós y Chicuelo pudieron construir a sus anchas, y con total seguridad, armonías y melodía. A pesar de sus grandes méritos, estuvo a punto de quedar incógnito: ¿no se merece un espectáculo así, en un recinto tal y a ese precio, un sencillo programa de mano en el que se informe al público al menos de lo imprescindible?
Miguel Poveda.
Fue una buena noche de música para confirmar el buen estado de forma del joven maestro Miguel Poveda, pletórico de ganas a sus 41 años, y su capacidad de entusiasmo para afrontar con solvencia lo que se le ocurra y se le ponga por delante. Quedamos, impacientes, a la espera. Buen viaje, y hasta la vuelta.


Miguel Poveda.
12 de diciembre de 2014.
Riojaforum.
Logroño.

(Publicado en Rioja2 el 15.12.2014)


jueves, 13 de noviembre de 2014

Resiste mucho, obedece poco


Walt Whitman fotografiado por George Collins Cox. 1887.
Un lema acompañó durante su larga vida al insumiso Walt Whitman: “Resiste mucho. Obedece poco". 
Sin duda es una buena manera de fortalecer el carácter individual, aunque el poeta vió también en esa máxima su dimensión social y política y la difundió como una advertencia de utilidad pública:

Walt Whitman. El poema en la edición de 1871 de Hojas de hierba.

"A los Estados o a cualquiera de ellos, o a cualquier ciudad de los Estados. Resistid mucho, obedeced poco,

Cuando la obediencia es incuestionable, cuando la servidumbre es completa,

Ninguna nación, estado o ciudad de este mundo, recobran jamás la libertad”.

Walt Whitman. Hojas de hierba. Dedicatorias. A los estados. (Versión de Francisco Alexander). Ed. Novaro. 1975.

Federico García Lorca. Caricatura de Walt Whitman. 1934.
A buen entendedor, cuatro palabras le bastan.  Especialmente en tiempos de servidumbres voluntarias.

Walt Whitman en 1881. Biblioteca del Congreso de los EE.UU.