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jueves, 20 de octubre de 2022

El mar, la mar, ¡sólo la mar!

F.G. Marejadilla en la bahía de Cádiz. 09.2022.
"El mar.
Delante del mar, uno se queda siempre con un palmo de narices. El mar es impintable, indescriptible, inaferrable, incomprensible y de una indiferencia total."

Josep PlaEl cuaderno gris. (Traducción de Dionisio Ridruejo y Gloria de Ros). Ed. Destino, 2016.
El Arca de Noé. Anónimo catalán de finales del siglo XIII. Museo de BB.AA. de Bilbao.
El mar es inagotable, inabarcable, inapelable.
Será por todo eso que el mar siempre ha sido magnéticamente inspirador.
F.G. Un mar de Barbate. 09.2022.

jueves, 17 de junio de 2021

El infinito al alcance de la vista

F.G. Hacia Laredo.05.2021.
"¿Por qué el espectáculo del mar es tan infinita y eternamente agradable?
Porque el mar ofrece a la vez la idea de la inmensidad y el movimiento. Seis o siete leguas representan para el hombre el radio del infinito.
He aquí un infinito diminuto. ¿Qué importa si basta para sugerir la idea del infinito total? Doce o catorce leguas de líquido en movimiento bastan para dar la más alta idea de belleza que puede ofrecérsele al hombre en su habitáculo transitorio."

Charles Baudelaire. Diarios íntimos. Mi corazón al desnudo. Versión de Rafael Alberti. Ed. Renacimiento. Sevilla, 1992.
F.G. Desde Laredo. 05.2021.

lunes, 30 de diciembre de 2019

Paco Ibañez: fe de vida


Paco Ibañez en Riojaforum. Logroño, 27.12.19. Fotos de François Flou.
El público que llenó el Riojaforum de Logroño el pasado viernes para escuchar y ver a Paco Ibañez (ausente de esta plaza desde hace treinta años, en que vino al Auditorio Municipal, con Imanol, dentro de una gira que aspiraba a generar recursos para montar una carpa que acogiera a todas las artes en marcha permanente) puede certificar ante quien sea menester que el maestro sigue vivo, con muchas ganas y en razonable buen estado, lo que no es poco para quien disfruta de ochentaicinco años muy trabajados.
Tan sobrio como siempre pero bastante más dicharachero y coloquial que nunca, planteó un concierto austero, directo, sin ocultarse tras el fácil parapeto de sofisticados arreglos y abundantes músicos que compensaran los efectos del paso del tiempo: él solo, de negro riguroso, de pie con su baqueteada guitarra de toda la vida, frente a una iluminación básica, cruda, sin efectos ni colores, arropado solo por un buen sonido que quizá pecó de un volumen excesivamente bajo, lo que tuvo la ventaja de exigir al respetable un alto nivel de atención y respeto, cosa cada vez más infrecuente en estos tiempos que corren, en los que la amplificación disparatada que suele acompañar a toda la música popular sirve para aturdir más que para comunicar y todo se convierte en espectáculo y verbena.
Paco Ibañez acompañado, ocasionalmente, por Mario Mas y César Stroscio.
Nuestro risueño estoico lució sus cualidades de siempre, las de buen músico con un excelente oído para servir y realzar el ritmo interior de poemas que ha convertido en himnos generacionales, sin adornos, sin otro vuelo que el de las palabras, que es un vuelo alto y libre. Esa labor admirable la sigue vistiendo con una voz dramática, de una levedad vibrante y prodigiosamente entonada todavía. Como guitarrista, su aparente simplicidad oculta el esencial valor de saber enmarcar, destacar y subrayar los complejos elementos del poema.
El repertorio fue “de antología”, y estuvieron presentes los de aquí (en castellano José Agustín Goytisolo, Quevedo, el Arcipreste de Hita, Samaniego, Lorca, Cernuda, León Felipe, Rafael Alberti y un par de romances medievales, además del gallego Antonio García Teixeiro, el vasco Xabier Lete y el catalán Salvador Espriu) y los de allá (Nicolás Guillén, Alfonsina Storni y Pablo Neruda), además de su reconocido inspirador y maestro Georges Brassens, al que pone en el origen de toda su carrera musical.

Todo el concierto tuvo un aire de confidencia próxima. Afable, relajado, su presencia tranquila y amigable buscó la complicidad del público y logró su entusiasmada participación. Puso mucho en ello: nos contó cosas de su madre y de sus tíos, simpáticas anécdotas de su infancia rural y de sus correrías de juventud en París, y dio gracias a la vida por la suerte que, según afirmó, siempre le ha acompañado. Para hacer más familiar la reunión, administró con muy buen humor su encarnizada pelea contra una silla demasiado alta, el olvido de algún verso y la reiterada búsqueda de la tonalidad adecuada con la cejilla. Sabiduría de escenario.
En plan amigo mayor nos hizo unas cuantas buenas recomendaciones musicales, algunas expresas, como la de la cantante Damia (“la tragédienne de la chanson”) y el Cuarteto Cedrón, y otras más ocultas, como la dedicada a Jacques Brel (a través de la cita en la canción de Xabier Lete de La chanson des vieux amants) o el emocionado recuerdo al gran Mikel Laboa. Y como viejo compañero nos dio consignas y agitó las banderas de siempre, todas las banderas, sin matices, sin ninguna autocrítica, con la reivindicación de la poesía, la solidaridad, la cultura y la esperanza como armas cargadas de futuro. 

Fue una noche emocionante. Por muchos motivos. Larga y lúcida vida, querido Paco.

jueves, 13 de septiembre de 2018

Se equivocó la paloma

F.G. Liquidación. Collage de imagen (Pablo Picasso) y palabras encontradas. 08.2018.
Todos los días un holocausto. 
Por lo menos.
Spencer Platt. Mujer palestina en la frontera entre Israel y la franja de Gaza. 05.2018.

lunes, 5 de febrero de 2018

El Pele, historia viva del flamenco

Manuel Moreno Maya, El Pele. Foto: Maldonado.
Como dijera de él Rafael Alberti, Manuel Moreno Maya, El Pele, es “la gracia y la pena del cante jondo”. Cincuenta años de oficio, de carretera y fatigas, de convivencia personal y creativa con lo mejor de la profesión en unos años en los que el flamenco se renovó por completo, han hecho de él algo así como una memoria ambulante de ese saber acumulativo en permanente evolución en el que tuvo y sigue teniendo un papel notable.
Sus cualidades innatas y tanto pisar escenario han hecho de él un artista con gran capacidad expresiva, halagador, gracioso, con ángel, suelto, imprevisible hasta cierto punto y que domina la escena y el desarrollo del concierto (capaz de reconvenir al desacompasado público y pedirles que, a pesar de lo bien que lo hacen, no es necesario que hagan más palmas), lo que, en un mundo ocupado básicamente por marmolejos herméticos es muy de agradecer.
Pero, lógicamente, sus principales méritos son su voz, su conocimiento y su actitud hacia el cante. Tiene un metal privilegiado, precioso, una voz brillante y siempre afinada, capaz del grito y del matiz más delicado, de cantar “bonito” cuando se requiere. Una voz limpia y clara, de amplísima tesitura, muy versátil, y que, afortunadamente, se mantiene en plenas facultades.
Colita. Juerga gitana en Montjuich. 1963.
Su concierto del 1 de febrero en Logroño, en el que hubo sitio para el viejo saber popular y para el gusto personal del cantaor, resultó tan entretenido como instructivo, y emocionante en múltiples ocasiones: un concierto de los que refuerzan la afición y depuran el gusto.
Empezó Pele cantando un tapiz de fragmentos engarzados a partir de la urdimbre del Di, di, Ana, del lebrijano Pedro Peña, sobre la que declamó sus poemas y tejió unas estrofas de Suelta la luna un suspiro y Mírame, y enseguida se vio lo que la noche podía dar de sí. Después, la Vidalita de Marchena “a su forma”, muy distinta de la que popularizara Morente. Ahí nos brindó el privilegio de escuchar “la pena negra que oprime la garganta del cantor”, con caídas espectaculares en los finales de los versos, que quedaban colgados imprimiendo a este cante mestizo un dramatismo singular, acentuado por el  marcadísimo compás y el ritmo ligeramente acelerado. Su versión resultó muy musical y melismática, rematada en un alarde que fue muy del gusto del respetable. (El Pele, sabiendo bien lo que se hace y los efectos que provoca, agradeció, zumbón, la ovación y se regodeó preguntando: “Os gusta lo bonito, ¿no?”)   
Colita. La Gordi. Barracas de Montjuich. 1963.

Después, la “soleá del Pele”, muy personal como su nombre indica pero todavía “en construcción” si nos atenemos a las indicaciones que iba dando a su guitarrista sobre la marcha.  La tal soleá resultó emocionante, muy variada, tensando y relajando el cante, siempre templado, jugando con las sílabas y dando cabida a luminosos juguetes poéticos de su cosecha (“Se acostumbra el gorrión a los ruidos de los coches y no me acostumbro yo”, o “Hay, retratero, míreme usté un ratito, retratero, y hágame un retratito que cueste poco dinero”), quebrando la melodía y recurriendo a quejíos y adornos de mucho efecto. Admirable.
Sobre la marcha cambió las malagueñas que tenía previstas por unos fandangos que dedicó a Camarón de la Isla, compañero de fatigas y alegrías, los populares Sin motivo ni razón y La baña el sol cuando sale, de Canalejas de Puerto Real, muy extremados, mostrando sus grandes cualidades y su valor para arriesgar frente al exigente rigor del hondo quejío. No sé si ganamos en el cambio, pero lo que escuchamos estuvo entre lo mejor de la noche. 
Colita. Juerga gitana en Montjuich. 1963.
Y a continuación entramos en el “momento Enrique Morente”, otro compañero del alma del que tanto y tan bueno aprendió. Tras un sentido poema dedicado a la saga Morente-Carbonell cantó maravillosamente la malagueña Que te quise con locura, y en una jugada maestra acometió de nuevo La baña el sol cuando sale, recogiendo en esta segunda versión todos los estilemas y la musicalidad de Morente. Esa preciosidad de arrojo y filigrana la acabó por todo lo alto en abandolaos, y el “experimento” sirvió para demostrar que también en las artes de tradición popular como el flamenco es fundamental la aportación personal del genio, que recoge, transforma y mejora para siempre la forma recibida del pasado. Una lección inolvidable y un momento para recordar.
Colita. Juerga gitana en Montjuich. 1963.
De su paso por los “cantes alegres” de Cádiz El Pele hizo una auténtica recreación, rompiendo moldes, ortodoxias y nomenclatura, atendiendo solo, según dijo, al dictado de su corazón. Todo sonó novísimo (con un complejo compás como de la factoría de Diego Carrasco) pero a la vez con el hondo aroma y el salero de los maestros antiguos (Espeleta, Pericón, Chano Lobato,…). Un bonito ejercicio el de desmontar y reconstruir tan delicado juguete, y resuelto a las mil maravillas, sin olvidar, aquí tampoco, su interés por la poesía a través de un recuerdo para Rafael Alberti (Si mi voz muriera en tierra…) y una chispa con su punto surrealista: “Echo de menos en Madrid que me despierten los gallos cantando el kikirikí”.
El Pele y sus "cuatro notas".
De nuevo volvimos a América de la mano de la popular zamba Alfonsina y el mar, de Ariel Ramírez y Félix Luna, en la que se acompañó a la guitarra con las “cuatro notas” que ha ido aprendiendo mientras observaba a los maestros que le han acompañado. Pele sacó al animal de escenario que lleva dentro y recreó en eficaz espectáculo (metiéndose al público en un puño) la dramática historia, a la que dio cierto aire de bulería. Ideal para ligarla con las “bulerías lentas” de Manuel Molina, muy gitanas, llenas de luz y melancolía (con hermosuras como “Mira si yo a ti te quiero que me conformo con ser una horquilla de tu pelo”), bulerías que entreveró, para acabar por todo lo alto, con un explosivo fandango de Paco Toronjo.
Colita. Gitanos de Barcelona. 1963.
Estuvo muy bien acompañado por Niño Seve, cordobés como El Pele, un prodigio de compás, eficacísimo siempre y muy atento a las “derivas” del maestro que a menudo lo hacían ir por rumbos inesperados, lo que seguramente será un aliciente añadido pero sin duda resultará agotador. Lo confesó en escena al afirmar que El Pele de cada día es un cantaor distinto, que le tiene loco y que los cantes nunca los termina igual. No es poco mérito, una relación tan estimulante, en cualquier pareja. Que dure.

Otras crónicas flamencas de 2018:
Miguel Poveda
Carmen Linares

martes, 19 de mayo de 2015

Negro

Richard Serra. Clara Clara I. 1985.

"Dio su revés la luz. Y nació el negro."

"Y abrió un hoyo en lo claro, un agujero
desde el que dijo:
                          - Soy también hermoso."




Frank Stella. 1959.


"Soy un negro mortaja sepultado.
Mi entretejida eternidad yacente
finará mucho antes
que la amarilla y dura de los huesos."

"Monumento callado de la muerte."




Antoni Tàpies. A Olivier Messiaen. 1986.

"Tú eres la luz con antifaz. Lo quitas.
Pero sus ojos siguen siendo negro."




Frederic Amat. Bocetos para pinturas del Liceo de Barcelona.

"Me llamo rasgo, rayo,
rúbrica, erizo, huella y otros nombres
que me suben a más resplandeciente."

"Soy el hermano del papel, reluzco
en él como caminos paralelos."





Francisco de Goya. Una reina de circo, o Disparate puntual. 1816-23.

"Horror en Goya, espanto
que eriza hasta el cabello en la sombra."





Pierre Soulages. Pintura 889. 1986.

"Quisieron rehuirme, 
pensando que la luz me rechazaba.
Pero soy tan hermoso,
que llamado por ella a mí volvieron."





Ad Reinhardt en su estudio con pinturas negras. Circa 1965.

"Y alguien al fin me vio otra vez la luz 
que nadie por ser tanta me veía."


Rafael Alberti. Fragmentos independientes del poema Negro. (El Alba del Alhelí. 1948).

lunes, 15 de diciembre de 2014

Miguel Poveda, íntimo y en sazón

Miguel Poveda.
 A lo largo de dos horas Miguel Poveda desgranó en Logroño una apasionada confesión sobre lo que más quiere y le define, con la sinceridad de quien lo hace por voluntad propia y  ante gente con la que se siente a gusto. Quedó claro desde el principio que lo que más le gusta es cantar y compartir con otros ese placer, y lo demostró en un concierto íntimo, directo, emocionado y lleno de matices.
Miguel Poveda es un músico complejo y nada acomodaticio, que  disfruta en lo grande (donde el éxito es más o menos previsible) y con lo pequeño (en proyectos arriesgados, casi marginales, que van ganando importancia y consideración crítica conforme pasa el tiempo). Empezó el concierto dando cabida a una de sus apasionadas debilidades minoritarias, la poesía, seleccionando para la ocasión canciones creadas a partir de poemas de Miguel Hernández (Para la libertad), Federico García Lorca (el Soneto de la dulce queja y Amor de mis entrañas, viva muerte) y Rafael Alberti (Guerra a la guerra) que formarán parte de su próximo disco.
Eduardo Arroyo. La noche española. 1985.
Para continuar, acometió un amplio abanico de cantes flamencos, desde unas alegrías de honda raíz (que se fueron abriendo a toda la variedad de la bahía, acabando por bulerías); unos fandangos malagueños que dolían de puro arriesgados, siempre a punto de quebrarse y espectacularmente acabados en unos preciosos abandolaos con un Chicuelo magistral de compás y musicalidad; los tientos dedicados por la Niña de los Peines a Salomón, acabados en un derroche rítmico por tangos, y ligados a los especiales tangos trianeros del Titi (uno de los momentos más brillantes de la noche, con Poveda bailando con tanta gracia como desinhibición); una toná grandiosa, sobrecogedora, y unos preciosos fandangos naturales, para acabar este personal canon flamenco con la reivindicación de Lole y Manuel  y el Camarón de La leyenda del tiempo. Cada uno tiene su biografía particular, y una educación sentimental a la que hace muy bien en no renunciar.
Antonio Quintero, Rafael de León y  Manuel Quiroga.
En ese sentido, la apuesta de Poveda por lo que llama “el repertorio de la radio de su madre” es digna de alabar, especialmente si lo recrea en el excelente nivel al que nos tiene acostumbrados. Esas coplas le sirven, además, para embelesar a un sector del público que necesita ser abducido por el cariño de un artista que se dirige a ellos como si fueran únicos, que es capaz de “traspasar las candilejas” con sus comentarios y “sentarse en las rodillas” de cada cual, haciéndoles sentir que les mira a los ojos y cantándoles lo que necesitan, esté anclado en su pasado o sea llaga viva de un dolor presente.
De este brillante repertorio seleccionó, entre otras, Vente tú conmigo, A ciegas, Y sin embargo te quiero, En el último minuto, Tres puñales,…, coplas estilizadas por el maestro Amargós, que las ha ido depurando de innecesarias adiposidades y amaneramientos para que sirvan a la perfección a las cualidades vocales y a las dotes dramáticas de Poveda.
Es sorprendente y admirable que un artista tenga tanta y tan variada capacidad de expresión y tanta facilidad para cambiar de registro, pasando de la fiesta al profundo dolor, y siempre entregado al  máximo, con un notable sentido del espectáculo. Además de una extraña habilidad para dosificar, de cara al gran público, sus aficiones y capacidades de tal manera que todo en su voz parezca fácil, tiene también el don de rodearse de grandes músicos a los que deja todo el espacio que necesitan.
Amargós, Chicuelo y Poveda.
En esta ocasión contó con Joan Albert Amargós, un excelente músico de amplísimos registros que ha reelaborado por simplificación todo el hermoso patrimonio de la copla que tan destacado lugar ocupa en nuestra memoria musical colectiva, indiscutible parte fundamental de la crónica sentimental de España.
Juan Gómez, Chicuelo, es un guitarrista de primera categoría por mérito y esfuerzo propio, por musicalidad y por talento, que ha sabido mantenerse fuera de la “corriente principal” y de los focos para ir creciendo, con voz y lenguaje particular, desde los márgenes, sirviendo como apoyo e impulso a algunas de las más importantes y personales carreras flamencas de las dos últimas décadas. Su sonido, preciso, poderoso y lleno de musicalidad, fue el mejor ensamblaje para tan delicado concierto.
El cuarto en concordia fue Paquito González, un brillantísimo hombre de compás, tanto con la variada percusión, las palmas o en segundas y precisas voces. Lleno de sutiles matices y de color, creó un inmenso campo rítmico donde Amargós y Chicuelo pudieron construir a sus anchas, y con total seguridad, armonías y melodía. A pesar de sus grandes méritos, estuvo a punto de quedar incógnito: ¿no se merece un espectáculo así, en un recinto tal y a ese precio, un sencillo programa de mano en el que se informe al público al menos de lo imprescindible?
Miguel Poveda.
Fue una buena noche de música para confirmar el buen estado de forma del joven maestro Miguel Poveda, pletórico de ganas a sus 41 años, y su capacidad de entusiasmo para afrontar con solvencia lo que se le ocurra y se le ponga por delante. Quedamos, impacientes, a la espera. Buen viaje, y hasta la vuelta.


Miguel Poveda.
12 de diciembre de 2014.
Riojaforum.
Logroño.

(Publicado en Rioja2 el 15.12.2014)