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| Carmen de la Jara. |
Resulta chocante que, habiendo tantas posibilidades y variantes donde elegir, con tantos palos y estilos, todos los
conciertos flamencos acaban por parecerse. Tanto -más allá de la
categoría e inspiración de los intérpretes- que resultan
prácticamente iguales: una serie de cantes y formas que se repiten
previsibles, como un establecido canon del gusto o la moda de la época.
En un ciclo de seis conciertos no solo se repiten las formas cantadas
y prácticamente en el mismo orden, sino que a menudo reaparecen las
mismas letras.
Por eso resultan tan atractivos los
recitales en los que algo se sale de la norma, y se escucha cualquier cosa infrecuente o cantada de manera diferente.
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| Antonio Chacón acompañado por Javier Molina, con Bombita y Belmonte entre el público. |
En la actuación de Carmen de la Jara
hubo lo suficiente de sorpresa como para que el respetable se fuera
contento a casa tras una cerrada ovación de despedida.
Empezó cantando un precioso martinete
(“Veinticinco calabozos tiene la cárcel de Utrera; veinticuatro he
recorrido: el más penoso me espera”) seguido de las soleares de
“los Mellizos”, muy acompasadas y emotivas, y una brillante
guajira llena de cadencias y aromas cubanos (“de Cuba te traigo,
paisano, coplas de La Habana Vieja que en Cádiz se hicieron
tangos”).
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| Ruven Afanador. |
Después unos tientos muy reposados, hondos, perfectos
de compás, acabados en una larga tanda de brillantes tangos; unas
cantiñas con sus alegrías y un hermoso mirabrás, para luego
demostrar, en lo mejor de la noche, que sigue siendo una excelente siguiriyera,
expresiva y arriesgada. Después “periconeó” una bulerías de
Cádiz, metiendo con mucha gracia una tanda de jotas en el compás de
la bulería, muy bien recibidas por el público a pesar del evidente
destemple de la voz, utilizada hábilmente como un señuelo
“popular”, diciendo más que cantando, renunciando a la
entonación en favor del “cuento” y la expresividad.
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Eugeni Forcano. Por bulerías. Canet de Mar, Barcelona. 1963.
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Siguió con
una simpática farruca, los Cuatro claveles que popularizara La
Paquera de Jerez y que, siguiendo el paso abierto por la falseta más
conocida de Diego del Gastor ejecutada con toda precisión
por Antonio Carrión, derivó con naturalidad hacia las bulerías, que ligó a otras bulerías “acancionadas” muy en plan Niña de los
Peines, alardeando de gracia y compás, pero con la voz, a esas alturas, bastante
venida a menos. En ellas cupieron Los cuatro muleros, varios cuplés
(“las tres, señor presidente, saque usté ya su pañuelo y a ver
quién es más valiente, si Lagartijo o Frascuelo”) y la Canción
del Olé, con buena parte del público completamente entregado. Para
acabar, los tanguillos “de los anticuarios” y una piñata muy
carnavalera, plenos de gracejo y chispa, con su peculiar compás, y dos fandangos de regalo,
con mucho sentimiento y entrega, pero perdida ya cualquier posibilidad de flexibilidad y temple en los tonos agudos.
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| Diego del Gastor. |
Estuvo muy bien acompañada a la guitarra por Antonio Carrión, imaginativo y preciso, muy técnico y siempre pendiente de la cantaora. "Citó", además de a Diego del Gastor, a Isaac Albeniz, igual de bien y con la misma pertinencia, y estuvo superior por soleares y seguiriyas, y siempre derrochando compás, formó un equipo de precisión con Diego Montoya, todo un portento de ritmo, marcando tan ajustado y seguro como un metrónomo: un espectáculo en sí mismo.
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Ruven Afanador.
El público, benigno y discreto, disfrutó y así lo hizo notar. Quizá tuviera que ver con que había oído algo que si no era nuevo, al menos hacía tiempo que no escuchaba.
Carmen de la Jara
Guitarra: Antonio Carrión
Compás: Diego Montoya
2 de febrero de 2017
Salón de columnas del Teatro Bretón
Logroño
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