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viernes, 17 de abril de 2026

Ajustar la mirada y acordar lo impreciso

Fragmentos de las ninfeas (o nenúfares) de Claude Monet, pintados entre 1890 y 1926, y conservados en el Museo de L´Orangerie, en Paris. Fotos de F.G. 01.2025.

(...) "En realidad, no vemos nada. Nada preciso. Nada definitivo. Tenemos que acomodar la vista constantemente." (...)

Grégoire Bouillier. Le Syndrome de l'Orangerie. 2024.










viernes, 30 de mayo de 2025

Un manojo de nenúfares

Fragmentos de las ninfeas (o nenúfares) de Claude Monet, pintados entre 1890 y 1926, y conservados en el Museo de L´Orangerie, en Paris. Fotos de F.G. 01.2025.

"Va cayendo la tarde con triste misterio...
inundados de llanto mis ojos dormidos,
al recuerdo doliente de Amores perdidos,
en la bruma diviso fatal cementerio...

El Sol muerto derrama morados fulgores
inundando de nieblas la verde espesura...
Dulce ritmo harmonioso de vaga amargura
me despierta... A mi lado se duermen las flores...

Taciturno prosigo mi senda de abrojos
y mis ojos contemplan la azul Lejanía...
Allá lejos... muy lejos... está mi Alegría,
en los míos clavando sus lívidos ojos...

¡Ah! ¡delirio! ¡delirio...! Al través de una rama
una Sombra adorada ligera se mueve:
una Sombra con cara de lirios y nieve,
que sus labios me ofrece y gimiendo me llama...

Y se aleja llorando con triste misterio.
Inundados de llanto mis ojos dormidos,
al recuerdo doliente de Amores perdidos,
tras la sombra camino al fatal cementerio..."

Juan Ramón Jiménez. Somnolienta. (Recogido en Ninfeas. 1900)




martes, 28 de noviembre de 2023

El estanque

El estanque. chapa y pintura (Roberto Pajares Pájaro y Francisco Gestal). 2023. Fotos de F.G.
A pesar de sus dimensiones, el estanque no tiene fondo ni límite conocido. Rodeados de bosques y montañas, en chapa y pintura aspiramos al final de la última primavera a construir un "jardín de agua", una pieza para instalar sobre el suelo de un lugar acotado, -sobre cualquier lugar-, ahondándolo y dándole movimiento y rumor a través de la vibración luminosa de su vegetación. En una época de "exhibiciones inmersivas" por doquier renunciábamos a tan pretenciosa moda y nos tiramos de cabeza a la poza: echaríamos buena parte del verano a bañarnos directamente en la naturaleza, inmersiva y envolvente por definición y (esta sí) de verdad.

Los primeros dibujos y fotografías surgieron de una visita a la alberca de los nenúfares del Botánico de Madrid. La horizontalidad dominante del conjunto, la estructura radial de la nervadura de sus hojas y la peculiaridad de sus bordes, imperfectos como cortados a soplete, era lo que buscábamos, y la posibilidad de jugar con los tamaños y formas de las hojas nos permitiría actuar con patrones relacionados y cambiantes, articulados a conveniencia.

Claude Monet. El estudio de la barca. 1876.

La referencia visual, evidentemente, era Claude Monet, que dedicó buena parte de su fecunda vida creativa a pintar las ninfeas (que es la palabra que utilizan los franceses para referirse a nuestros nenúfares) del jardín que se hizo construir en Giverny (unos 250 cuadros en total de tamaños muy diversos, que llegan hasta los 2,20 x 6 metros en el caso de los recogidos en la Orangerie de las Tullerías de París, iluminados por luz natural sabiamente tamizada) .

Claude Monet en su estudio, pintando ninfeas.

El proceso de elaboración fue mucho menos placentero de lo previsto, y Pájaro cortó, moldeó y repujó con mano sacrificada y maestra, creando herramientas y soportes adecuados para conducir el rígido cobre hasta la flexible dulzura vegetal que pretendíamos. 

La reiterada exposición al fuego produjo en el material sorprendentes irisaciones, más o menos incontroladas y siempre bienvenidas, y el martillo llevó a las partes a formar un conjunto muy satisfactorio, aunque, como casi siempre ocurre y en general para bien, distante de nuestras intenciones iniciales.


Las diecisiete hojas reposan sobre dos metros cuadrados de una preciosa chapa de hierro negra, con unas sorprendentes "aguas" que la mueven y ahondan hasta hacerla insondable, a lo que ayuda el viejo truco de depositarla sobre ocho cilindros de hierro que la elevan del suelo y generan un perímetro difuso y sombrío. La oxidación que sufrió en el tormentoso viaje desde la ermita de Lomos de Orios hasta el Museo de Jaén le sentó francamente bien. 

Durante todo el proceso huimos como de la peste de la amenaza de "lo bonito", porque al menor descuido se presentaba un indeseable ramalazo "modernista" o el puntito kitsch del mal gusto universalizado. Tu dirás, paciente lector, si conseguimos mantenerlo a raya. Ese fue nuestro empeño, en cualquier caso.

Una vez más hemos de agradecer el emplazamiento que nos proporcionó el Museo de Jaén, en la sala que acoge el tesoro escultórico del yacimiento íbero de Cerrillo Blanco (Porcuna). El estanque, en medio del imponente túmulo funerario, sobre el pavimento cobrizo, parece acorde con la representación de otros placeres efímeros de los que los 
guerreros se quisieron rodear para afrontar el viaje eterno, aspirando a que el vívido recuerdo de lo que gozaron en vida se lo hiciera más llevadero.
Ojalá que la tierra les haya sido leve.

viernes, 16 de septiembre de 2022

a la altura de los ojos y a pie de calle

F.G. Los tres almiares en Castroviejo Librero. Logroño. 09.2022.
Como sabes, improbable visitante, querido lector, para acometer mis obras soy decidido partidario de los materiales desechados y de los hallazgos fortuitos que me salen al paso, y los humildes trabajos que de ello van saliendo los encuentro tanto más satisfactorios cuanta menos elaboración necesiten, y plenamente felices si se resuelven a través de la mera acumulación o el ensamblaje simple.
Entre la multiplicidad de posibilidades que me brindan estos variadísimos residuos, quizá la más amplia y agradecida sea la que aportan las cápsulas de precinto de las botellas de vino por los valores plásticos que atesoran, tales como las mejores cualidades de los colores, su luminosidad, la variedad de tono, la intensidad, la capacidad de matiz, su tersura o rugosidad, su flexibilidad, y tantas otras que las hacen idóneas para aguantar el paso del tiempo sin alteraciones y para interactuar con otros materiales. Hasta ahora he presentado en miracomosuena lo que llamo "campos de color", en los que, más o menos azarosamente acumuladas sobre el humilde soporte de un cartón, aportan al conjunto la información transparente de una ventana, el reflejo mágico de un espejo o el misterio de una vidriera. O lo que el espectador les quiera añadir.
F.G. Campos de color. Collages de objetos encontrados. Fragmento. Exposición "lo que me mira".
Galería La Lonja. Fotografía de Gabriel Santolaya.
Hoy te presento tres almiares que preparé para mi exposición "las horas de luz" en el EspacioArteVACA, de Viniegra de Abajo. Como sabes, son pajares construidos al aire libre para amontonar y conservar hierba o paja, y crecen en torno a un eje vertical que los estabiliza durante el año que va entre una cosecha y la siguiente.
En la historia del arte son especialmente conocidos y valorados (tanto como sus catedrales) los almiares de Giverny que pintó Claude Monet y que sirvieron de estimulante referencia para muchos artistas minimal, porque son construcciones idóneas para ver en ellas, en el incansable dinamismo de sus reflejos, los constantes cambios de la luz.
Además de sus valores etnográficos y económicos dentro de las culturas agrícolas de medio mundo, reconozco y valoro en ellos la belleza de sus volúmenes que varían diariamente por el consumo ganadero, y por las delicadas luces y sombras que propician los materiales de los que están hechos. Mis almiares acumulan láminas de cápsulas que me aportan los amigos (bebedores generosos), y las organizo en torno a un eje vertical (unas veces un pincho de facturas y albaranes de oficina siniestra, otras agujas de hacer punto ya cesantes) en un giro helicoidal que vi hacer por primera vez a toda mi familia paterna en la era de la casa de mi abuela, en la Galicia profunda y querida. En algunos casos ofrezco a la vista el lado colorista del plomo estampado, jugando con su variedad y contraste, y en otras presento su brillante reverso plateado, uniforme pero rico en irisaciones vibrantes.Los tres almiares los podrás ver durante una temporada en la vitrina de acceso a Castroviejo Librero, en Logroño, dentro de la exposición que allí renuevo aproximadamente cada mes y que ya ha llegado a su vigesimoséptima entrega. La exposición nació y creció sin título genérico, y estoy pensando que quizá debiera llamarse "a la altura de los ojos y a pie de calle", porque de eso es de lo que se trata. Ya iremos viendo.
A ver si te gusta.

martes, 13 de febrero de 2018

Elvira Valgañón: escuchar para contar

Caspar David Friedrich. Salida de la luna en el mar. 1822.
    
(...)"Seguro de sus propias certezas, Jacinto permaneció inmune a la curiosidad que despertó en el pueblo su regreso y nunca entró en las disputas de los del bar, que si venía de aquí o de allá, que si le habían oído hablar de Buenos Aires, que si había tenido negocios en Venezuela...
Atrincherado tras sus periódicos y sus anises, Jacinto escuchaba las historias que se contaban como el que oye llover. Solo una tarde, cuando ya se despedía, se quedó mirando hacia él, que fumaba solo junto a la estufa, como si algo le rondara la cabeza desde hacía tiempo.
- Y el mar ¿cómo es? - preguntó por fin.
Y él le contó el mar.
Jacinto, que había vuelto a sentarse, escuchó en silencio, asintiendo de vez en cuando y sonriendo a medias, como si sus palabras confirmaran al pie de la letra todo lo que él se había imaginado. Luego se levantó con aire satisfecho y marchó a casa tentando las paredes."(...)
Claude Monet. Tempestad en la costa de Belle-île. 1886
Este hermoso fragmento forma parte de Invierno, extraordinaria novela de Elvira Valgañón (Pepitas de calabaza, 2017) que nos cuenta, como quien cuenta el mar, una historia construida a partir de otras historias, un compendio de narrativa oral protagonizado por la memoria peregrina de un espacio imaginario y por un caudal de palabras tan precisas y eficaces como infrecuentes, que componen sabias expresiones ya perdidas salvo para la etnografía.
Historias habitadas por la cruda vida de un coro de personajes descritos con rigor esencial que vienen y van de y hacia un lugar alejado de todo, aunque no lo suficiente como para estar a salvo de las guerras generadas por lo poco que va quedando de un imperio colonial anacrónico, y, de su mano, la humillación, el miedo, el sometimiento, la decepción y la muerte. Vidas duras sumidas en un inclemente invierno perpetuo en el que, a pesar de la omnipresente atrocidad, siempre hay un resquicio por el que acaban colándose la ternura y la piedad.
Katsushika Hokusai. Bajo la ola de Kanagawa. 1825
Invierno, de Elvira Valgañón, es un ejemplo palpable del valor y el placer de contar, y la evidencia de la necesidad de saber escuchar otras voces para aprender a escribir con voz propia, de prestar atención al cuento ajeno (ese que se conserva y transmite limpio y engrasado como una trompeta heredada, esperando el momento oportuno para volver a salir a la luz), aprendido al amor de la lumbre en un mundo anterior a las devastadoras prácticas de la televisión, donde todavía tenían cabida la curiosidad y la imaginación.
Joachim Patinir. El paso de la laguna Estigia.1520-24.

lunes, 12 de febrero de 2018

El silencio de la nieve

Francisco de Goya. La nevada, o El invierno. 1786.

“Todos hemos sido testigos de la forma en que la nieve absorbe los sonidos. Silencio y nieve van siempre juntos; diríamos que la palabra «nieve» es casi un ensalmo creador de silencio; sin embargo, compartir la experiencia del silencio es algo muy distinto. Y si la nieve actúa como un espejo para quien la contempla, y éste puede reflejar el blanco y el negro, el silencio de la nieve actúa también como espejo acústico de nuestro estado interior. Puede ser nuestro silencio el que se refleje en el silencio, puede el silencio de la nieve tragarse todas nuestras vocales, todas nuestras consonantes, todo sonido, o puede extraer de él una música desconocida. El silencio de la nieve es un silencio recogido que parece prepararnos para un encuentro.”
Menchu Gutiérrez. Decir la nieve. Siruela, 2011.

Claude Monet. Camino nevado hacia Honfleur. 1865.


martes, 21 de julio de 2015

El test del ojo inocente

Mark Tansey. The innocent eye test. 1981.

En 1981 el pintor Mark Tansey “llevó” una vaca al museo para observar, junto a un montón de expertos, cual era su reacción frente al cuadro El toro joven, del barroco Paulus Potter, y ante uno de los muchos almiares de paja que pintó el impresionista Monet. 
John Leslie Breck. Almiares de Giverny (a partir de Claude Manet). 1892.
¿Distingue la vaca entre artificio y realidad, al contrario que los pájaros de los que cuenta Plinio que acudían a beber a la fuente representada en el "mosaico de las palomas" hecho por Sosos en Pérgamo?
Martin Parr. Parque Güell. Barcelona.
¿Muge y pone en marcha su complejo organismo de mamífero por lo que su ojo percibe, aunque esté enmarcado, sea plano y estático y no desprenda olor?
Siempre nos quedará la duda.
Martin Parr. Machu Picchu. Perú.

Como cuando vemos a los turistas circulando a toda velocidad por lugares admirables en los que están más pendientes de las reproducciones, de sus fotos y de los códigos que del incomparable original.
F.G. Djupvatnet. Noruega. 07.2015.
¿Hay vida inteligente en el turismo masivo?


jueves, 12 de diciembre de 2013

Placeres ociosos

Entre los placeres recopilados en su academia de ociosos por Tom Hodgkinson para dar contenido deleitoso a una vida tranquila, hay unos cuantos naturalmente “musicales”: (acudir a fiestas de amigos, 

Robert and Shana ParkeHarrison.

cantar, ordenar los discos, leer poesía, silbar, marcar el ritmo de las canciones, repicar campanas, bailar,…);

Jurgen Schadeberg.

bastantes que tienen que ver más o menos directamente con la percepción y disfrute de manifestaciones sonoras: (deambular por la ciudad, pasear al perro, ir a la playa, jugar con niños, contar historias,

Milton Glaser. Lord Jim, de Joseph Conrad.
chafardear con el cartero, aprender nombres de árboles y plantas, botar piedras planas sobre el agua, ver cómo corren los ríos, escuchar trenes nocturnos en la lejanía, visitar cuevas, esculpir, observar pájaros,

Fotógrafo desconocido. La charmeur d´oiseaux. París, 1910.
oír el rebote del granizo en el suelo, andar en bici, hacer hogueras, leer cuentos a los niños con voz impostada,

Edward Gorey.
dar saltos sin motivo aparente, chismorrear, mecerse en hamacas, atizar el fuego de la chimenea,…); y otras cuantas relacionados con el disfrute de la variada naturaleza: (caminar bajo la lluvia, tomar el sol, ver cómo corren las nubes, salir a pasear mientras nieva, sentir el viento en la cara y en el pelo, mirar por la ventana, 

Claude Monet. El estudio de la barca.1876.
subirse a los árboles, pasear en barca, …) 
Hay más, pero estas ocupaciones pueden servir como una modesta invitación para disfrutar de la vida.
Todo un programa. Por supuesto que la vida no es solo eso, pero “eso” es mucho y está muy a mano y a buen precio. Y viene acompañado de un inacabable repertorio de sonidos. 



Granizada de verano en Logroño.

Luego, como el día es largo, se pueden hacer otras cosas. A ser posible en el mismo sentido: tratar de ser más libre y sentirse más feliz.
Un manifiesto de la revista The idler, de Tom Hodgkinson.