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martes, 4 de enero de 2022

El dolor de la pérdida

Patinir. Paso de la laguna Estigia.1524.
"La gente que ha perdido hace poco a un ser querido tiene una expresión peculiar, que tal vez solo reconocen quienes han visto esa misma expresión en su propia cara. Yo la he visto en mi cara y por eso ahora la reconozco en otras. Se trata de una expresión de vulnerabilidad extrema, de desnudez e indefensión. Es la expresión de quien sale de la consulta del oftalmólogo a plena luz del día y con las pupilas dilatadas, o bien de alguien que lleva gafas y de pronto le obligan a quitárselas. 
Eugène Delacroix. La barca de Dante. El paso del Estige. 1822.
La gente que ha perdido a un ser querido parece desnuda porque se cree a sí misma invisible. Yo también me sentí invisible durante una época, incorpórea. Me daba la impresión de haber cruzado uno de aquellos ríos legendarios que separaban a los vivos de los muertos, de haber entrado en un lugar en el que solo me podían ver quienes también habían perdido hacía poco a un ser amado. Por primera vez entendí el poder de aquella imagen de los ríos, el Estigia, el Leteo, el barquero con su capa y su pértiga. 
Gustave Doré. Inferno de Dante. El desembarco ante los muros de la ciudad de Dite.1867.
Por primera vez entendí el significado de la práctica del satí. Las viudas no se tiraban a la pira en llamas por dolor. En realidad la pira en llamas era una representación bastante precisa del lugar al que las había llevado su dolor: no sus familias ni la comunidad ni la tradición, sino su dolor. La noche de la muerte de John nos faltaban treinta y un días para cumplir cuarenta años de casados. A estas alturas, ya habrán adivinado ustedes que a mí la «dura y dulce sabiduría» de los dos versos finales de «Rose Aylmer» se me escapaba por completo.
     Yo quería más que una noche de recuerdos y suspiros.
     Yo quería gritar.
     Yo quería que volviera."

Joan Didion. El año del pensamiento mágico. Literatura Random House. Versión de Javier Calvo Perales. 2021.
F.G. Sólo quedan los recuerdos. Collage de imágenes encontradas. 06.2021.

martes, 13 de febrero de 2018

Elvira Valgañón: escuchar para contar

Caspar David Friedrich. Salida de la luna en el mar. 1822.
    
(...)"Seguro de sus propias certezas, Jacinto permaneció inmune a la curiosidad que despertó en el pueblo su regreso y nunca entró en las disputas de los del bar, que si venía de aquí o de allá, que si le habían oído hablar de Buenos Aires, que si había tenido negocios en Venezuela...
Atrincherado tras sus periódicos y sus anises, Jacinto escuchaba las historias que se contaban como el que oye llover. Solo una tarde, cuando ya se despedía, se quedó mirando hacia él, que fumaba solo junto a la estufa, como si algo le rondara la cabeza desde hacía tiempo.
- Y el mar ¿cómo es? - preguntó por fin.
Y él le contó el mar.
Jacinto, que había vuelto a sentarse, escuchó en silencio, asintiendo de vez en cuando y sonriendo a medias, como si sus palabras confirmaran al pie de la letra todo lo que él se había imaginado. Luego se levantó con aire satisfecho y marchó a casa tentando las paredes."(...)
Claude Monet. Tempestad en la costa de Belle-île. 1886
Este hermoso fragmento forma parte de Invierno, extraordinaria novela de Elvira Valgañón (Pepitas de calabaza, 2017) que nos cuenta, como quien cuenta el mar, una historia construida a partir de otras historias, un compendio de narrativa oral protagonizado por la memoria peregrina de un espacio imaginario y por un caudal de palabras tan precisas y eficaces como infrecuentes, que componen sabias expresiones ya perdidas salvo para la etnografía.
Historias habitadas por la cruda vida de un coro de personajes descritos con rigor esencial que vienen y van de y hacia un lugar alejado de todo, aunque no lo suficiente como para estar a salvo de las guerras generadas por lo poco que va quedando de un imperio colonial anacrónico, y, de su mano, la humillación, el miedo, el sometimiento, la decepción y la muerte. Vidas duras sumidas en un inclemente invierno perpetuo en el que, a pesar de la omnipresente atrocidad, siempre hay un resquicio por el que acaban colándose la ternura y la piedad.
Katsushika Hokusai. Bajo la ola de Kanagawa. 1825
Invierno, de Elvira Valgañón, es un ejemplo palpable del valor y el placer de contar, y la evidencia de la necesidad de saber escuchar otras voces para aprender a escribir con voz propia, de prestar atención al cuento ajeno (ese que se conserva y transmite limpio y engrasado como una trompeta heredada, esperando el momento oportuno para volver a salir a la luz), aprendido al amor de la lumbre en un mundo anterior a las devastadoras prácticas de la televisión, donde todavía tenían cabida la curiosidad y la imaginación.
Joachim Patinir. El paso de la laguna Estigia.1520-24.