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jueves, 8 de junio de 2023
martes, 4 de enero de 2022
El dolor de la pérdida
| Patinir. Paso de la laguna Estigia.1524. |
La gente que ha perdido a un ser querido parece desnuda porque se cree a sí misma invisible. Yo también me sentí invisible durante una época, incorpórea. Me daba la impresión de haber cruzado uno de aquellos ríos legendarios que separaban a los vivos de los muertos, de haber entrado en un lugar en el que solo me podían ver quienes también habían perdido hacía poco a un ser amado. Por primera vez entendí el poder de aquella imagen de los ríos, el Estigia, el Leteo, el barquero con su capa y su pértiga.
Por primera vez entendí el significado de la práctica del satí. Las viudas no se tiraban a la pira en llamas por dolor. En realidad la pira en llamas era una representación bastante precisa del lugar al que las había llevado su dolor: no sus familias ni la comunidad ni la tradición, sino su dolor. La noche de la muerte de John nos faltaban treinta y un días para cumplir cuarenta años de casados. A estas alturas, ya habrán adivinado ustedes que a mí la «dura y dulce sabiduría» de los dos versos finales de «Rose Aylmer» se me escapaba por completo.
Yo quería más que una noche de recuerdos y suspiros.
Yo quería gritar.
Yo quería que volviera."
Yo quería que volviera."
Joan Didion. El año del pensamiento mágico. Literatura Random House. Versión de Javier Calvo Perales. 2021.
miércoles, 12 de febrero de 2020
Arrecia el temporal
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| .F.G. La próxima vez. Collage a partir de imágenes de Gustave Doré y Dorothea Lange. 2017. |
Porque siempre que llueve, escampa, y después de la tempestad viene la calma.
Al menos así ha sido hasta ahora.
Pero nunca se sabe...
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| F.G. Háblame del mar, marinero. 01.2020. |
viernes, 21 de noviembre de 2014
Las gentes sin ruido son peligrosas
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| Gustave Doré. Ilustración para la fábula Le Torrent et la Rivière, de La Fontaine. Circa 1865. |
En un mundo tan hipócritamente partidario del silencio y el sosiego, llama la atención la vieja (y eterna) advertencia para que nos cuidemos de las aguas mansas, que Jean de La Fontaine reconvirtiera en fábula para pastoreo preventivo de las tiernas mentes.
Seguro que también lo contó Maquiavelo, siendo tan fino observador de la naturaleza (sobre todo de la humana). Probablemente de otra manera menos atenta al matiz y a la descripción pormenorizada de los sonidos del agua, porque sus destinatarios eran más de ruido de sables y de puñalada trapera.
Ahí va, queridos visitantes, para vuestro deleite y formación, esta hermosa advertencia en forma de fábula, titulada El Torrente y el Río:
Seguro que también lo contó Maquiavelo, siendo tan fino observador de la naturaleza (sobre todo de la humana). Probablemente de otra manera menos atenta al matiz y a la descripción pormenorizada de los sonidos del agua, porque sus destinatarios eran más de ruido de sables y de puñalada trapera.
Ahí va, queridos visitantes, para vuestro deleite y formación, esta hermosa advertencia en forma de fábula, titulada El Torrente y el Río:
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| Gustave Doré. Ilustración para Le Torrent et la Rivière, de La Fontaine. Grabado de H. Pisan. Circa 1865. |
“En cierto lugar había
un torrente que caía con gran ímpetu desde unas altas rocas con
mucho ruido y estruendo. Sus aguas turbulentas atemorizaban a las
gentes, que no osaban pasar a través de él. El horror seguía sus
pasos y los campos se estremecían cuando los cruzaba su corriente.
Nadie se había atrevido a
cruzar tan peligrosa barrera, hasta que un día un hombre que había
robado una suma de dinero, viéndose perseguido por un grupo de gente
y no teniendo otra solución, se determinó a cruzar las impetuosas
aguas. Tan pronto como hubo entrado en el torrente, el ladrón se dio
cuenta de que no existía verdadero peligro; solo se trataba de una
corriente ruidosa y amenazadora, pero de escasa profundidad, y así
pudo salvarse sin dificultad y sin más daño que el miedo que había
sentido.
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| Jean-Baptiste Oudry. Ilustración para Le Torrent et la Rivière, de La Fontaine. 1783. |
Después del éxito
obtenido, nuestro hombre cobró ánimos; y pocos días después,
viéndose perseguido por los mismos de antes, llegó al borde de un
manso río, cuyas quietas aguas se deslizaban apacibles, silenciosas
y tranquilas, sin producir más que un suave murmullo. El ladrón,
sin temor alguno, penetró por la arenosa ribera, en la que no se
veía ni una sola roca; mas apenas estuvo dentro del río comprendió
su error. La corriente, tan tranquila en apariencia, era fuerte e
impetuosa, y la profundidad del río mucho mayor de lo que había
supuesto al verlo, de manera que, por más esfuerzos que realizó, el
asustado ladrón no pudo de ninguna manera alcanzar la orilla opuesta
y pereció ahogado en las inquietas aguas.
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| Auguste Delierre. Ilustración para Le Torrent et la Rivière, de La Fontaine. 1883. |
Es preciso desconfiar de
las apariencias; a veces, las personas que parecen tranquilas y poco
ruidosas son las que encierran mayores peligros, y en cambio otras
gentes, que se asemejan al impetuoso torrente de la historia que
acabamos de relatar, son en realidad del todo inofensivas”.
(La versión prosificada es de Gloria Sarró, para una edición juvenil de Ed. CEAC, Barcelona, 1967)
La vida te da sorpresas, porque las apariencias engañan.
(La versión prosificada es de Gloria Sarró, para una edición juvenil de Ed. CEAC, Barcelona, 1967)
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| Le Torrent el la Rivière. Grabado del S. XIX. Blocquel Castaux. |
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