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viernes, 2 de marzo de 2018

Un toque de gris



Todavía tenemos energía y ganas,



y mucha guerra que dar si fuera necesario.




Como dice la canción de los Grateful Dead,


nos las arreglaremos y sobreviviremos, y un toque de gris no está tan mal, después de todo.



¡Arriba los veteranos!
¡Disfrutemos del júbilo y exijamos lo que es nuestro!



miércoles, 11 de marzo de 2015

Amplificadores

Michelangelo Pistoletto. Las trompetas del juicio. 1967.
Cuando alguien tiene algo que decir o comunicar (o le parece a él, lo que no siempre es lo mismo) aspira a que se le oiga alto y claro.
Emilio López-Menchero. Pasionaria. 2006.

Ya sabemos que escuchar -y hacer caso- es cosa más complicada, otro nivel de comunicación que no está al alcance de todos. Pero vayamos al grano.
Maestro de ceremonias en los Juegos Olímpicos de Londres. 1908.
Como la ambición suele ser grande y las capacidades personales en general reducidas, a menudo se recurre en el intento a cachivaches de la más variada morfología, si bien es cierto que predominan lo abocinado y lo campaniforme. 
Konrad Smolenski.

Ryszard Kapuscinski. Mitin callejero en la URSS.

También los cajones de altavoces amplifican de cara a audiencias más amplias y estáticas, y suelen utilizarse para equilibrar contenidos comunicativos más complejos, como suele pasar con la música.
John Henry Blatter. Instalación de altavoces.
Grateful Dead. Esquema de montaje del "muro de sonido" en una actuación .1974. 
Nada Surf. Portada del disco If I had a hi-fi. 1910.
Y luego hay artilugios primitivos para gente que no da la talla y se quiere hacer notar pasando por lo que no es. 
Daniel Cruz. Franco amplificado en la Plaza de Oriente. 

Aunque esa es otra historia, y, por cierto, bien lamentable.

viernes, 31 de octubre de 2014

Que se nos va la pascua, mozas...

John Hamersveld. 1974. Portada para The Grateful Dead.
Como dos viejas amigas, Venus baila con la parca la danza de la vida con total naturalidad, hechas, al fin y al cabo, la una para la otra.

Michael Wolgemut. La danza de la muerte. 1493.
Por muy joven que seas, querido lector, seguro que has sentido próxima más de una vez la pérdida irreparable, tan dolorosa por prematura como por inesperada.
Vive y disfruta el momento, y no aplaces demasiado lo que realmente quieres, porque estamos de paso, y al galope.
Flor Garduño. Polvo serán, mas polvo enamorado. 1990.

"Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra".

Jaime Gil de Biedma. No volveré a ser joven. Incluido en Poemas póstumos. 1968.
Jaime Gil de Biedma. No volveré a ser joven.
Antología personal. Colección Visor de poesía.1998.

Foto de F.G. Insisto: ¿estás muerto?. Zaragoza, 26.09.14.

El "tema", tan viejo como la humanidad, ha dado mucho de sí en todos los ámbitos de la creación. 
Mirad qué jocoso y musical, qué popular, se mostraba en este romance el brillante Góngora, en pleno siglo de oro y sombras:

"Mozuelas las de mi barrio, 
loquillas y confïadas: 
mirad no os engañe el tiempo, 
la edad y la confïanza; 
no os dejéis lisonjear 
de la juventud lozana, 
porque de caducas flores 
teje el tiempo sus guirnaldas. 
Que se nos va la pascua, mozas, 
que se nos va la pascua. 

Vuelan los ligeros años
y con presurosas alas
nos roban, como harpías,
nuestras sabrosas vïandas:
la flor de la maravilla
esta verdad nos declara,
porque le hurta la tarde
lo que le dio la mañana. 
Que se nos va la pascua, mozas, 
que se nos va la pascua.
(…)
Por eso, mozuelas locas,
antes que la edad avara
el rubio cabello de oro
convierta en luciente plata,
quered cuando sois queridas,
amad cuando sois amadas,
mirad, bobas, que detrás
se pinta la ocasión, calva.
Que se nos va la pascua, mozas,
que se nos va la pascua.

Luis de Góngora. 1582.


Lawrence Weiner. Tierra a la tierra. Cenizas a las cenizas. Polvo al polvo.
La ocasión la pintan calva, y a poco que te descuides estarás llamando a las puertas del cielo. 
Disfruta, mientras tanto, del regalo de la vida. Sácale partido y compártela con generosa prodigalidad.


Knockin´ on heaven´s door.
Bob Dylan & The Grateful Dead. 1987. Columbia.
Richard Misrach. Por favor, apague las luces. iPhone studios. 2011.
Y el último, que cierre la puerta y apague la luz. 
Ya está todo pagado.
  

sábado, 29 de junio de 2013

Robert Crumb y La banda de la tenaza.

He leído hace poco La banda de la tenaza, de Edward Abbey, y ha resultado tan gozoso como cabía esperar.
La portada española, con ilustraciones de Robert Crumb de 1985.
Se trata de una novela de aventuras delirantes con cuatro iluminados en cruzada permanente contra el mundo, en el incomparable marco del desierto y los cañones de Utah. Anarquismo ecologista de alto voltaje, lleno de situaciones tan inverosímiles como chocarreras, con aliento optimista y alucinado. Una mezcla deliciosa de la ideología panteísta de Thoreau en Walden y de los personajes de Jack Kerouac en Los vagabundos del Dharma, con la iconografía de Robert Crumb, que con sus escasas viñetas pone cara y decorado a tan singulares tipos en un muy especial entorno compartido por mormones y pieles rojas. Alucinante.
Los freaks protagonistas, según R. Crumb. 1985.
Se puede leer como un gran tebeo con inmensos bocadillos, jugosos, picantes y muy nutritivos, con un catecismo básico: resiste y desobedece, y no dejes de pasártelo bien; pero sé consciente de que todas las acciones tienen consecuencias y repercusiones, también para los destructores justicieros cargados de buenas intenciones. 
Es un libro mucho más maduro, más serio, de lo que cabría suponer en principio. De hecho, pasa por ser un manual informal de instrucciones para el terrorismo ecologista, por sus pormenorizadas descripciones de procedimientos de sabotaje práctico.

Portada de R. Crumb para Big Brother & the Holding Company, con Janis Joplin como cantante. 1968.
Eché en falta la música, ya que sólo aparece anecdóticamente de la mano de Janis Joplin como causa de una pelea desigual contra una panda de gañanes. Yo, al leerlo, me imaginaba a los Grateful Dead con desarrollos interminables de melodías sencillas. Música infinita para grandes horizontes. Aunque su escucha es más apropiada para la contemplación estática que para el torbellino de pickups y rancheras perseguidas por los rojos desiertos. Esos vehículos tenían otro equipamiento, y esos activistas, como la mayoría, no tenían demasiado tiempo para la lírica. Yo, por mi parte, he disfrutado de un libro que claramente tenía otras intenciones más ambiciosas que entretener a un diletante urbano. Salvando las distancias, como el que disfruta leyendo Las moradas de Santa Teresa.
La portada americana, de 1975.