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miércoles, 27 de enero de 2016

Munch: el friso sinfónico de la vida

F.G. El friso de Oslo. I. 7.2015.
"En mi arte he intentado explicarme la vida y su sentido. También he pretendido ayudar a otros a aclararse con la vida. Como mejor he trabajado siempre ha sido rodeado de mis cuadros. Los colocaba juntos y tenía la sensación de que ciertos cuadros estaban relacionados entre ellos por su contenido. Al ponerlos juntos, enseguida los recorría una resonancia y parecían muy distintos a cuando estaban solos. Surgía una sinfonía. Así se me ocurrió pintar frisos."

(Recogido en Edvard Munch. El friso de la vida. Nórdica libros. Madrid, 2015)
F.G. El friso de Oslo. II. 7.2015.
El nuevo escenario, ahora dominado por el arrollador dinamismo de la máquina, tiembla y resuena de manera diferente, pero los temas perviven porque son eternos: deseo, ansiedad, miedo y muerte.
De fondo, el vago reflejo del testigo.
F.G. El friso de Oslo.III. 7.2015.

martes, 13 de octubre de 2015

La melancolía según Edvard Munch

Eduard Munch. Melancolía.
"Un ave de rapiña se ha aferrado a mi interior. 
Sus garras se han abierto paso hasta mi corazón. 
Su pico me ha taladrado el pecho y el batir de sus alas me ha nublado el entendimiento."

(Recogido en Edvard Munch. El friso de la vida. Nórdica libros. Madrid, 2015)
Eduard Munch. Melancolía.1893.
Pareciera que nuestro incansable pintor estuviera refiriéndose (víscera arriba o abajo) al eterno tormento de Prometeo, ligado a un castigo incesantemente renovado.
Peter Paul Rubens y Frans Snyders. Prometeo encadenado. 1611.
Aunque Munch no necesitó plasmar en sus cuadros la agitada furia sanguinolenta del héroe, porque bien supo que "en la melancolía hay suficiente veneno como para matar a un hombre."
Edvard Munch - Melancolía.1891-92.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Una habitación para gritar


Alicia Framis ha creado (dentro de su serie compuesta por las estancias del enorme edificio imaginario que alberga las  prohibiciones que nos impone la cultura), una habitación para gritar.



La habitación es una gran caja de madera de las usadas para el transporte de objetos artísticos, en la que el público entra y grita. El contenido, durante unos segundos, es ese grito: esa es la obra artística. Al salir de la habitación, una impresora de tres dimensiones lo convierte en taza de té, tan diferente a cualquier otra como nuestro propio grito.



Esta habitación es la segunda versión de una obra creada para la sede del banco holandés Rabobank. Al parecer, el uso estaba limitado a los trabajadores del banco. Los clientes, se supone, tendrían que seguir yendo a gritar debajo de los puentes, junto a las autopistas o (en compañía de otras víctimas) frente a la puerta principal de los causantes de sus desgracias, a menudo relacionadas con la estafa. 

Alicia Framis. Habitación del grito. 2013.

Con o sin habitación específica, gritar es saludable tanto para la salud individual como para la dignidad colectiva. Así que no te prives.

Edvard Munch. El grito. Litografía. 1895.

 Aunque te tomen por loco.