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viernes, 9 de febrero de 2018

La sordera de Eric Clapton

Portada de Slowhand, de Eric Clapton. Diseño de El & Nell Ink. 1977.
Al parecer, y según confesión propia, Eric Clapton, uno de los principales y más influyentes guitarristas eléctricos del último medio siglo, aquel a quien se equiparaba con Dios en las paredes del "swinging London", el rápido "manolenta", el excelente compositor y notable cantante, se está quedando sordo, tiene tinnitus y sus manos apenas funcionan.


¿Qué se le pasará por la cabeza? ¿Cómo afrontará lo que le quede de vida?
Andrés Trapiello cuenta en Mundo es su angustia por la sordera creciente de su hijo, que le hará, prevé, "un hombre melancólico", y nos recuerda que JRJ decía "que los sordos no acaban de ver como todo el mundo una puesta de sol. ¿Cómo será ver un paisaje sin oírlo, mirar la cara de alguien sin saber cómo es su voz?"


¿Qué escuchará Clapton a partir de ahora dentro de su cabeza, además de zumbidos y chirridos? ¿Deja un músico de serlo?  Cuentan de Beethoven que, en sus años finales, aislado por la sordera hasta el punto de tener que recurrir a `cuadernos de conversación´ para relacionarse con sus pocos amigos, fue capaz de componer la Novena sinfonía, la Missa Solemnis y los últimos cuartetos para cuerda, considerados por la crítica entre sus mejores obras. Quizá no sea mala mezcla: talento, melancolía, ruido y rabia. Una mezcla productiva, si se llega a soportar.
Josef Danhauser. Mascarilla de Beethoven . 

jueves, 17 de septiembre de 2015

Variaciones Bartleby

Fotografías de oficinas de correos y de objetos perdidos.
Aunque no tan populares como las dedicadas a Goldberg o a Diabelli, las Variaciones Bartleby inspiran la conducta diaria de la legión de seguidores del escribiente creado por Herman Melville, diligentes cultivadores de mil formas de desobediencia. Aquí van unas cuantas, que esperamos sean completadas a vuelta de correo por los miembros de tan internacional cofradía, si no es mucho pedir.
Partimos, lógicamente, de pie forzado:
- "Preferiría no hacerlo" (Tema, o "temazo")
- No lo veo. (Menuetto)
- ¡Pues va a ser que no! (Scherzo)
- Ya me gustaría, pero... (Adagio ma non troppo)
- No consientas, culo, que no hay lavativa. (Vivace)
- Eso ya lo hice y no tengo especial interés en volver a hacerlo. (Allegro)
- Ni por un cortijo. (Presto)
- Lo haría, pero solo por imperativo legal. (Moderato espressivo)
- Si hay que hacerlo, se hace, pero, total, ¿para qué? (Andante ma non troppo)
- Monta aquí, y verás París. (Alla Marcia)
- Te pongas como te pongas, no lo voy a hacer. (Grave)
- Démosle a otro la oportunidad de hacerlo. (Perpetuum mobile)
- Que nooo... (Afettuoso e sostenuto)
- Convertido por las circunstancias en "quietista", no había quien lo pusiera a trabajar. (Largo, alla maniera di Miguel de Molinos)
- ¡Y tú qué más quisieras...! (Allegro prestissimo con fuoco)
- Con lo que me costó dejarlo... (Larghissimo)
- Ni dios, ni amo, ni puta gana. (Agitato)
- ¡Qué pereza! (Lento)
- La ciudad no es para mí. (Fuga)

Hitchcock en la oficina de correo no reclamado.

¡Ánimo, desobedientes! Mandad vuestra propia "variación" cuanto antes. No lo dejéis para otro día.

jueves, 27 de noviembre de 2014

La armonía del cristal


Konstantin Beloglazov tocando una glass harmónica en el Cubo del Revellín. Logroño, 12.2013. Fotos de F.G. 
Hay unas cuantas variedades de instrumentos de cristal frotado de las que, por análisis sistemático y científico, nació a mediados del siglo XVIII la mecanizada “glass harmonica”, atribuida por los historiadores a Benjamin Franklin.
La  que hoy vamos a oír en miracomosuena es más sencilla y popular, aunque tiene abundante repertorio específico (escrito, entre otros, por Verdi y el desprejuiciado Mozart) y abundantes adaptaciones de obras de Bach, Tchaikovsky, Chopin y Mussorgsky. Rachmaninov sintió debilidad por este instrumento, y lo consideraba idóneo para tocar música melódica, sencilla y constante.
La   hemos visto en calles y plazas, en el foco de hechizados círculos de transeúntes que demoran la partida hasta que el silencio los libera. Consta, básicamente, de un conjunto de copas de diferente diámetro y altura cuyos bordes se frotan con la yema de los dedos humedecidos hasta conseguir un sonido fantasmal, etéreo, apropiado para sostener una melodía. Las copas, con distinta cantidad de agua, se organizan en función de su sonido de manera parecida a la de un teclado de acordeón. 
A  su peculiar timbre hay que añadir en esta grabación la singularidad del lugar donde se hizo, con una acústica inusual: un polvorín del siglo XVI inmerso en una cúpula de piedra de sillería. 



Glass harmónica en el Cubo del Revellín. Logroño.
Danza del Cascanueces de Tchaikovsky.
Konstantin Beloglazov. Inaudito. 3.12.2013.

Este prodigio (acrisolada materia de alquimista) está incluido entre los ideófonos, una amplia y diversa familia de instrumentos que obtienen el sonido a partir de su propio cuerpo como materia resonadora, dura pero suficientemente elástica para vibrar, sin necesidad de cuerdas, membranas o aire. 

Konstantin Beloglazov. Para Elisa. Beethoven.
Glass harmónica. Disco autoeditado.
Campanas, xilófonos, platillos, claves, castañuelas, sierras, cántaros, y un larguísimo etcétera. Bonita cuadrilla la ideofónica, siempre cerca de rituales y festejos.
El  grado cero del sonido y muy cerca de la cumbre en la producción de emoción.

viernes, 29 de agosto de 2014

Beethoven 'versus' Newton


Beethoven a los 13 años. Autor desconocido. 1783.
Así tituló el físico Jorge Wagensberg un artículo en el que ponía en relación la importancia de los descubrimientos de ambos sabios. De su atenta escucha y del análisis del concierto para violín en Re mayor, extrajo profundas conclusiones ligadas a los fundamentos de la mecánica. Resulta muy interesante su aportación por el acercamiento a la música desde otro ámbito del conocimiento, probablemente con los oídos más limpios. Es, sin duda, una excelente manera de hacer crítica de la cultura.
Leamos pues, apaguemos el móvil durante cuarenta y tres minutos y oigamos con toda la atención de que seamos capaces:  

Beethoven. Christian Hornemann. 1803.
"El Concierto de violín en re de Ludwig van Beethoven, opus 61, está ahí, en la historia de la música, como una torre visible desde cualquier distancia y dirección. Conviene un sencillo ejercicio doble: escucharlo y leerlo a la vez. Para seguir una audición de esta obra con la partitura bastan unos rudimentos intuitivos de solfeo (más arriba, más agudo; más blanco, más largo). Lo primero que se percibe es un claro contraste entre lo que se oye y lo que se ve. Por el oído entra todo un mundo de serena belleza y espiritualidad luminosa: es una grandiosidad. Pero ante la vista desfilan elementos muy simples, dibujos melódicos y rítmicos casi geométricos, escalas cromáticas, acordes arpegiados en séptima, largos trinos, octavas... Se diría incluso que se trata de estudios de mecanismos para dedos y golpes de arco. Ni una fórmula virtuosística. Es la grandeza: lo extenso y complejo es inteligible porque se comprime en lo breve y lo simple. 
Beethoven. Isidor Neugass. 1806.
¿Dónde he visto antes la grandeza de una grandiosidad? Este tipo de grandeza, la de la comprensión por compresión, no es obligatoria en música. No ocurre, por ejemplo, en el concierto de violín de Brahms (enorme, pero de complejidades poco reducibles). Ni siquiera ocurre con los íntimos cuartetos o las densas sonatas de piano del propio Beethoven. En ciencia, sin embargo, este tipo de inteligibilidad es, como mínimo, prioritaria. Ocurre con las leyes de la mecánica de Newton, cuya grandeza está en comprimir grandiosidades tan dispares como el movimiento de un planeta o el vuelo de un insecto. Estas leyes son aún, para muchos, la referencia central de la ciencia moderna. Muchas otras disciplinas se construyen sumando, combinando, simulando o emulando tales fundamentos. Digamos que este tipo de inteligibilidad es, en ciencia, una exigencia, y en arte, una opción: por ejemplo, la de Beethoven en este concierto. ¿Por qué?
Beethoven. Josef Karl Stieler. 1818.
El Concierto de violín de Beethoven es una investigación científica sobre la inteligibilidad del instrumento. ¿Cómo saber, de una vez por todas, cuál es la eficacia de un violín?


Beethoven. Concierto para violín en Re mayor, Op. 61. Allegro ma non troppo.

Isaac Stern. New York Philarmonic Orchestra. Daniel Barenboim. 1965. Sony.
El primer tiempo, el Allegro ma non troppo, lleva el peso de la prueba. El violín no se pelea contra la orquesta, sino que requiere su colaboración, pregunta, contrasta, duda, confirma, dialoga, busca... y encuentra.


Beethoven. Concierto para violín en Re mayor, Op. 61. Larguetto. 

Isaac Stern. New York Philarmonic Orchestra. Daniel Barenboim. 1965. Sony.
En el segundo tiempo, el Larghetto, se aplican los resultados con emoción contenida. Un tema, bellísimo, se mueve, oscila, evoluciona, acepta nuevas ideas frescas y, de repente... se hace la luz. La belleza es casi insoportable. ¡Funciona! El científico que ha vivido esta clase de júbilo reconoce también el tipo de inquietud que le sigue inmediatamente después. ¿Y ahora qué hago? ¿Cómo convencer a los demás de esta trascendencia? ¡Hay tantas aplicaciones posibles! ¿Y si resulta que es incluso más universal de lo que parece? ¡Queda tanto por hacer! ¿Y si no es tan trascendente? ¿Y si no lo es nada? Es el momento justo de valorar la conquista, de la autocrítica, la hora de desdramatizar, de recurrir a una mínima dosis de humor.


Beethoven. Concierto para violín en Re mayor, Op. 61. Rondó: Allegro.

Isaac Stern. New York Philarmonic Orchestra. Daniel Barenboim. 1965. Sony.
Es el Rondó, el movimiento final. El violín y la orquesta juegan el uno con el otro, y la tensión se esfuma: se insinúa una cierta continuación, pero el violín da un quiebro y, en lugar de ceder la palabra a la orquesta, la retoma, sin permiso aparente, en un registro más agudo... El cerebro acepta gozoso el reto de ahora predecir, ahora sorprenderse. No vayamos a olvidar que cualquier verdad tiene un límite y una vigencia.

Beethoven. Joseph Karl Stieler. 1820.
La obra divide hondamente la historia de la música en dos. Preguntemos a los violinistas, a los compositores, a los melómanos. Alguien tenía que escribir los fundamentos de la mecánica, alguien tenía que escribir este concierto".

Jorge Wagensberg. "Beethoven 'versus' Newton". Publicado el 13.03.1996 en El País.



La versión elegida por miracomosuena es la dirigida por Daniel Barenboim a la Orquesta Filarmónica de Nueva York, con el violinista Isaac Stern. Entre las mejores. Todos están a la altura de la obra que interpretan.


viernes, 7 de junio de 2013

Schroeder & Comelade

Charles M. Schulz

En las narraciones corales, sobre todo cuando se convierten en sagas eternas, cada receptor selecciona y da importancia, por motivos a menudo inexplicables (¿inconfesables, quizá?), a cualquiera de los personajes, aunque no gocen del mejor papel ni sean los más dotados o brillantes. 
La tira de periódico Peanuts, que Charles M. Schulz hizo durante cincuenta años para disfrute de más de trescientos millones de lectores en setenta y cinco paises, tenía varios personajes con madera de protagonista (Carlitos Brown, Lucy, Snoopy,...) y un notable elenco de excelentes secundarios, como el taciturno Schroeder, menos enamorado de Lucy que de Beethoven, al que rendía culto a través de un piano de juguete del que sacaba un rendimiento sonoro espectacular, interpretando partituras reales del sordo que Schulz utilizó como recurso gráfico con cierta frecuencia. 

Charles M. Schulz

Muy probablemente tan sensible muñequito tuviera un hueco en el santoral vanguardista de Pascal Comelade, instrumentista excelente y compositor muy personal que da cabida en su obra con total naturalidad a la música tradicional, al pop y al ideario surrealista (frecuentemente reflejado en sus títulos), todo ello depurado mediante recursos estéticos minimalistas. 

Max para Pascal Comelade. 2011.


La atracción de las vanguardias artísticas por los juguetes sonoros viene de lejos (futuristas italianos, constructivistas diversos y dadaistas de toda condición) y John Cage, catalizador y propagandista privilegiado, compuso música para pianos de juguete amplificados.

Max. Pascal Comelade. Haikus de pianos.1992.


Traigo aquí dos ejemplos de la biodiversidad musical de Comelade: un hermoso palíndromo que demuestra sus buenas referencias

Un la minimal nu. El pianista del antifaz. 2002.

y una versión en directo del clásico de Deep Purple
    
 Smoke on the water. Live in Lisbon. 1999.


Espero que, tras la escucha, recuperes la guitarra y sacudiendo la pelambre interpretes tu adaptación particular de este riff icónico del heavy metal.
Y si no tienes guitarra, guitarra de aire. 


Ceesepe. Pour Pascal. 2002.