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miércoles, 6 de enero de 2016

Encuentro fortuito


F.G. En campaña. Logroño, 12.2015.

Siempre atenta a la dirección del viento, la emprendedora princesa Odette transformó el aburrido lago de los cisnes en una franquicia ferretera de la Tercera Internacional.

jueves, 27 de noviembre de 2014

La armonía del cristal


Konstantin Beloglazov tocando una glass harmónica en el Cubo del Revellín. Logroño, 12.2013. Fotos de F.G. 
Hay unas cuantas variedades de instrumentos de cristal frotado de las que, por análisis sistemático y científico, nació a mediados del siglo XVIII la mecanizada “glass harmonica”, atribuida por los historiadores a Benjamin Franklin.
La  que hoy vamos a oír en miracomosuena es más sencilla y popular, aunque tiene abundante repertorio específico (escrito, entre otros, por Verdi y el desprejuiciado Mozart) y abundantes adaptaciones de obras de Bach, Tchaikovsky, Chopin y Mussorgsky. Rachmaninov sintió debilidad por este instrumento, y lo consideraba idóneo para tocar música melódica, sencilla y constante.
La   hemos visto en calles y plazas, en el foco de hechizados círculos de transeúntes que demoran la partida hasta que el silencio los libera. Consta, básicamente, de un conjunto de copas de diferente diámetro y altura cuyos bordes se frotan con la yema de los dedos humedecidos hasta conseguir un sonido fantasmal, etéreo, apropiado para sostener una melodía. Las copas, con distinta cantidad de agua, se organizan en función de su sonido de manera parecida a la de un teclado de acordeón. 
A  su peculiar timbre hay que añadir en esta grabación la singularidad del lugar donde se hizo, con una acústica inusual: un polvorín del siglo XVI inmerso en una cúpula de piedra de sillería. 



Glass harmónica en el Cubo del Revellín. Logroño.
Danza del Cascanueces de Tchaikovsky.
Konstantin Beloglazov. Inaudito. 3.12.2013.

Este prodigio (acrisolada materia de alquimista) está incluido entre los ideófonos, una amplia y diversa familia de instrumentos que obtienen el sonido a partir de su propio cuerpo como materia resonadora, dura pero suficientemente elástica para vibrar, sin necesidad de cuerdas, membranas o aire. 

Konstantin Beloglazov. Para Elisa. Beethoven.
Glass harmónica. Disco autoeditado.
Campanas, xilófonos, platillos, claves, castañuelas, sierras, cántaros, y un larguísimo etcétera. Bonita cuadrilla la ideofónica, siempre cerca de rituales y festejos.
El  grado cero del sonido y muy cerca de la cumbre en la producción de emoción.

lunes, 3 de febrero de 2014

Tchaikovsky


Dmitri Baltermants. Tchaikovsky. 1945.

El aparente relajo del extasiado quinteto reunido en torno al piano vertical no esta exento de tensión: el fusil permanece en posición de "en prevengan" en manos del centinela, alerta ante la explosiva entrada de la naturaleza en escena, que ha dejado al adorno floral y algunos otros bibelots sin más sentido que dar equilibrio a la composición.  
La fotografía, espontánea o dirigida, recoge un momento de relativo sosiego en medio del apoteósico estruendo final de la conquista de Berlín por el Ejército Rojo.
A poco que se alargara el recital es muy probable que, en esa búsqueda de consuelo, además de a Tchaikovsky los pianistas rusos recurrieran 
también a obras de Beethoven o de Schumann, porque los músicos y los aficionados no conocen enemigos, y no respetan las fronteras ni en tiempo de guerra.


Schumann. Escenas de infancia, Op. 15.
Vladimir Horowitz, piano.
CBS. 1968.


Pero la realidad acaba por imponerse, y todo es ocupado de nuevo por el ruido y la furia.



Tchaikovsky. Concierto para piano nº 1. Allegro con fuoco-Allegro vivo.
Emil Gilels, piano.
New York Philarmonic Orchestra, dirigida por Zubin Mehta. 

CBS. 1980.


Dmitri Baltermants. Después de Tchaikovsky. 1945.