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miércoles, 10 de diciembre de 2014

Hallazgos verbales oídos por ahí

Henri Cartier-Bresson.
"He perdido la falta de costumbre", decía un lejano discípulo de Séneca y coyuntural emprendedor de chiringuito, enfrentándose a la plancha de su precario negocio.


Interprete de gaita. Cevennes.
"Al buen músico, el compás le queda", afirmaba una vieja gloria que se tenía por tal con motivo sobrado.



Ensamblaje de postales.
"Mal que te pene, y aunque perdones", es un refrito de expresiones populares de mucho éxito que funciona a la perfección como prodigioso prolegómeno de cualquier coz verbal que se te pase por la cabeza sin demasiada reflexión.




Richard Long. Caminando en linea recta en Perú.
"El día a día diario", dice, impertérrita, la autoridad local hoy por hoy, sin norte hasta recibir el puntual argumentario para la jornada, lleno de precisas certezas efímeras para conducirse por el caminito trillado.




Mercado de asnos en Ghiza. Circa 1890.
"A mí, ese asunto, me va y me viene", afirma un politólogo de barra fija analizando la realidad como si fuera el bayón de Anna. O, más a mano y de su estilo, La corte de Faraón.




Evgenia Arbugaeva. Tiksi.
"Sin apenas o con apenas nieve", suelta la periodista de referencia enfrentándose de madrugada, ella sola, al cambio climático.




Jaume Plensa. La imaginación es más importante que el conocimiento. 
"Vamos a prologar el convenio", larga el ínclito prócer, refiriéndose a lo que le gustaría que fuera el epílogo de la dilatada negociación de un conflicto colectivo. Ni prolongar, ni prorrogar: se ve que es más de letras que de luces. Tanto se gustaba que repetía una y otra vez el involuntario hallazgo.




Daniel Spoerri. Mesa de restaurante. 1965.
"Me vas a salir por el ojo de la torta un pan", reprocha, risueño y jocoso, un joven padre a su inquieto cachorro durante la sobremesa.


lunes, 8 de diciembre de 2014

Estiramientos

F.G. Llanes. Septiembre de 2014.

Los "estiramientos" son saludables prácticas ocioso-gimnásticas para tipos sedentarios tendentes a la perezosa molicie. Son muy beneficiosos y no hacen daño ni al que los practica ni a su entorno inmediato. Además, descomponen temporalmente la figura creando volúmenes chocantes, como si de personajes descoyuntados por Francis Bacon se tratara.
Yo soy más de andar (actividad de escaso riesgo considerada siempre "de pobres") y aborrezco, aunque se diga en inglés, el correr (porque para la sabiduría popular y seguramente con razón, "es de cobardes").
Como veis en este arriesgado reportaje realizado junto a los acantilados de Llanes, estirarse está al alcance de cualquiera, independientemente de su especie, sexo o estado de gestación,  porque venimos con esa capacidad de fábrica. Solo hay que ejercitarla, y, como pasa siempre, acaba por gustar y genera un placentero bienestar. 
Además es gratis y no se requiere un entrenador personal.