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miércoles, 14 de agosto de 2024

Como en casa

William Kentridge. Fotograma de "Autorretrato como cafetera, episodio 4: Encontrar el propio destino." 2022.

"En la naturaleza
la mirada descansa,
como quien vuelve a casa.

Para limpiar los ojos
basta un árbol;

para saber volar,
es suficiente un pájaro.
"

Juan Marqués. Dickinsoniana. Recogido en De qué vas a vivir. Poemas (2008-2023) La veleta, Granada, 2024.
Franz Walter.

jueves, 13 de febrero de 2020

Troncho

William Kentridge. Sin título (Lacking the Courage of the Bonfire). 2019.
En su afán por hacer en cada situación lo menos posible a menudo padecía procesos agudos de lignificación, llegando a conseguir un punto impreciso y variable entre madero y corcho que era muy celebrado por sus abundantes partidarios, porque veían en ello la manifestación de un prodigio. 
Una señal. 
El camino.
Rodney Graham. Welsh Oaks. 1998.

martes, 11 de junio de 2019

Caminar y pensar

F.G. Desde Galilea hacia Corera. 04.2019.
(...)"Las caminatas sin rumbo tienen una larga historia. Desde los deambulatorios de los claustros o una caminata por un patio hasta los paseos en las propiedades aristocráticas o la passiagata después de la comida en las ciudades burguesas del siglo XIX. Hay algo en la acción de caer y encontrarse a uno mismo cayendo en la caminata, una repetición zootrópica de la acción: pie izquierdo, pie derecho, y volvemos a empezar. Pie izquierdo, pie derecho, y volvemos a empezar. 
F.G. De El Cortijo a Fuenmayor, Ebro arriba. 03.2019.
Hay algo de la acción que puede disparar el pensamiento: un pasaje de lo físico a lo mental, una tregua entre el artista como creador y el artista como observador. La acción de caminar comprende ambos elementos. Imágenes clavadas en la pared, que no se miran pero son visibles: estímulos desde el margen. Los libros aún sobre la mesa. Las palabras de ayer en la hoja, que son ilegibles pero emiten ondas de atracción y repulsión, que le recuerdan al artista de lo que debe encargarse. Un paseo que representa la prehistoria de un dibujo."(...)

William Kentridge. Seis lecciones de dibujo. El hilo de Ariadna. Buenos Aires, 2018.
F.G. Traseras del Instituto Sagasta. 04.2019.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Por "solerías"


Lee Sievan. El Ejército de Salvación enfrente de unos grandes almacenes.1940.

Los buenos días
marcharon por sorpresa:
grandes sangrías.



Liliana Porter. Fotograma del vídeo Fox in the Mirror. 2007.

Escucha atento
y mira como suena
el descontento.



William Kentridge. Fotograma de The Refusal of Time. 2012.

Traen las noticias
cosas interesantes
y grandes picias:


Fredi Casco.
un locutor
me mueve a que liquide
el transistor.



José de Ribera "El Españoleto". Un murciélago y dos orejas. 1620.

Esta mañana
estaba yo escuchando
a un tarambana...



Wilhelm Staehle. El año de la oveja.

...y se reía,
faltándole al respeto
hasta a su tía.



Thomas Dworzak. Liceo Cosaco. Krasnodarsky Kray. Novotshekassk. Rusia.

Fíjate tú
lo mal que están las cosas,
¡por Belcebú!

lunes, 2 de mayo de 2016

El canto de los pájaros

Ross Bleckner. Birdland. 2000.

Ya   está aquí mayo en todo su esplendor. Un gozo para la vista y el oído. Para hacerle los honores, viene a miracomosuena una buena canción llena de pájaros interpretada por un contratenor excepcional: Andreas Scholl.
Oswald von Wolkenstein (Osvaldo "el del castillo en las nubes", por bonito nombre), caballero, poeta y trovador, compuso esta maravilla llena de trinos en el siglo XV, y utilizó un montón de inagotables onomatopeyas.
Kiki Smith. Lookingwest. 2012.
Ahí van unas cuantas:
   cu cu cu
   oci oci oci
   fi fideli fideli fi
   ci cieriri ci ci
   ci ri ciwigk cidiwigk fici fici
   kawa wa cu cu
   liri liri liri lon
   zidi wick zidi wick
   zificigo zificigo zificigo
   rigo rigo rigo
y así sucesivamente.
Escucha:


Oswald von Wolkenstein. El mes de mayo. 
Andreas Scholl. Songs of Myself. Harmonia Mundi. 2010.


Carel Fabritius. El jilguero. 1654.
Aunque el transcriptor de los cantos los aprendió en el Tirol, seguro que la canción os sonará a lo que cantan los pájaros de vuestro vecindario, a pesar del tiempo y la distancia.
Disfrutadla, y celebrad mayo adecuadamente, que, si se buscan, siempre se encuentran motivos.
William Kentridge. Archivo universal. Seis pájaros. 2012.

lunes, 30 de marzo de 2015

Un minuto de silencio ensordecedor

Bigert & Bergström. Cartel de Momentos de silencio. 2014.
Los artistas suecos Bigert & Bergström han recopilado para su cortometraje Momentos de silencio una serie de situaciones en las que los peatones se detienen, para el tráfico y el silencio lo ocupa todo. Espacios de tiempo para el recuerdo de sucesos lamentables que nunca deberían olvidarse por su trascencencia colectiva. Minutos de silencio que unen a las comunidades por encima de las habituales discrepancias y que las ponen en guardia frente al horror, los desastres o la guerra.

Bigert & Bergström. Momentos de silencio. (Fragmento). 2014.

Nos recuerda Rosa Olivares en el editorial de su semanario digital Exit que "lo que más destaca cuando se guarda un minuto de silencio es ese instante posterior en el que el ruido, el sonido normal de la vida, se vuelve estruendo. Un minuto de silencio es lo que dedicamos a los muertos, a los desaparecidos, a las víctimas de las catástrofes de todo tipo. Un minuto que nos demuestra la relatividad del tiempo, pues no son sesenta segundos sino una eternidad. Es como si todos los muertos anteriores a nosotros se agarrasen a esa pequeña ventana de silencio intentando que nunca se cierre, intentando que no los olvidemos. Porque todos esos muertos son las voces eternas que hacen que el silencio sea ensordecedor." 
William Kentridge. Su ausencia llena el mundo.

"Por eso, hoy como siempre, guardar un minuto de silencio nos hace más fácil abrir los ojos y las orejas a todo lo que normalmente no escuchamos ni vemos."
Félix J. Reyes. Solidaridad. 2007.
Quizá también por eso nos hace ser más conscientes de nuestra vulnerabilidad, de nuestra esencial condición de seres inermes.

miércoles, 2 de julio de 2014

La música está en el aire

Underwater.
Hoy la música (especialmente la grabada) lo ocupa todo. El desarrollo tecnológico la ha hecho universal, omnipresente y eterna. Están a nuestro alcance en el éter electrónico todas las creaciones de cualquier lugar y época, disponibles donde se las requiera y para siempre, inmutables.
Robert Flaherty. Fotograma de Nanook el esquimal. 1922. Gentileza de Manuel Sáiz.
En 1877 (con la patente y explotación por Edison del cilindro del fonógrafo) empezó un largo proceso permanentemente acelerado que cambió la practica social de escuchar y tocar música, su frecuencia, los lugares donde hacerlo, la calidad de los intérpretes a los que poder recurrir y la variedad y amplitud de los repertorios disponibles.
El litófono, inventado por Antonio Roca Várez, natural de Mahón (Menorca) a finales del S. XIX.
Los discos también fijaron la “interpretación correcta” de la música clásica, reduciendo la variedad de aproximaciones anteriores a las que iban marcando como canónicas las editoras más poderosas. Eso también afectó a la música popular, y las tradiciones orales dejaron de cumplir su función de conservación y transferencia de conocimientos y prácticas sociales: al grabarse por primera vez los repertorios folclóricos se dio una “formalización ejemplar” de las maneras de interpretar en un momento determinado a las que se atribuyó con el paso del tiempo la categoría de canon, de documentos referenciales a imitar, ralentizándose así las posibilidades de evolución y cambio, y fijándose una ortodoxia cuyo principal mérito era la antigüedad.
Rene Magritte. El asesino amenazado. 1927.
De día en día, sin dejar de crecer, las ondas nos transmiten cada vez más estímulos para la emoción y el conocimiento, pero también para la estupidez, la banalidad y el consumo. La posología depende de cada cual, pero no siempre se es libre para elegir, porque la educación musical, simultáneamente, desaparece de los programas de instrucción oficiales y se reduce a las posibilidades e intereses de cada uno.
Bernard Plossu. Nuevo México. 1988.
La música, a estas alturas de desarrollo de la “civilización occidental”, es accesible hasta la gratuidad, recurrente hasta lo invasivo, homogeneizadora hasta la uniformización. Pero la recibimos descontextualizada, la apreciamos deslocalizada, la percibimos anacrónica. (Podríamos decir que, demasiado a menudo, la música está “desubicada”, en el sentido peyorativo que se le da al término en algunas latitudes de nuestro idioma).
David Ferrando Giraut. Encuentros con lo inorgánico. Voces doradas. (Consola tocadiscos y colección de discos de cantantes icónicos del S. XX). 2011.
El volumen de negocio y poder que genera cada vez es mayor y más anárquico, lo que convive sorprendentemente con que cada vez esté más regulado y sea más dependiente de las grandes plataformas de comunicación (ajenas a la música, por cierto) que extraen beneficios ingentes del trabajo de los creadores y del ansia de disfrute de los aficionados.
Evgenia Arbugaeva. Tiksi.
Aunque cada vez es más fácil y barato poner en pie un producto sonoro y colocarlo en una plataforma de distribución universal -con la posibilidad tan abierta como incierta de que llegue al lugar donde alguien lo necesite apremiantemente-, la descorazonadora realidad nos demuestra cada día que el espacio de la música creativa no trasciende de la marginalidad, no sale del gueto social o intelectual donde se crea, no rebasa como mucho la insularidad grupal.
Otro raca-raca.
El panorama sonoro general, si lo hasta aquí referido fuera medianamente cierto, estaría bastante próximo a la “muerte por éxito”, al abotargamiento sensorial por acumulación de estímulos, a la sobredosis letal.

William Kentridge.
¿Qué hacer, entonces?
Mi modesta proposición pasaría por que tratáramos de estar en guardia permanente frente a la agridulce invasión, evitando la comodidad y la facilidad ante el regalo envenenado.
Tenemos que ampliar nuestro horizonte acústico: saltemos el muro de música que nos rodea para llegar hasta el sonido que nos envuelve sin límite alguno.
Evitemos la homogeneización del gusto, buscando y “re-creándonos” en la diversidad a nuestro alcance.
Oigamos la naturaleza como un collage inmenso, permanentemente cambiante y renovado sin fin.
Permanezcamos atentos a los contextos ruidosos urbanos aprovechables, con una enorme posibilidad de “sonidos encontrados” azarosos de los que obtener provecho creativo o meramente placentero.
Relativicemos el valor de la perfección artificial del laboratorio, empobrecedora, simplificadora, y valoremos la riqueza expresiva del sonido crudo y de la “baja fidelidad” como fórmula para recuperar emoción y sorpresa.

Sergio Mora. Semilla Negra. 2010. Gentileza del autor y del panfleto Munición.
Apoyemos la vuelta a la música y el sonido en directo, y cuanto más espontáneo y elemental, mejor. Ligado a ello seguramente se dará cierta recuperación “hedonista” y saludable de la escucha, con especial atención al valor del ritmo, ya que, como canta Jorge Drexler, “la música enseña, sueña, duele, cura, y ya hacíamos música muchísimo antes de conocer la agricultura”.
Y valoremos y cultivemos, por encima de todo, el silencio.

Giovanni Bellini. San Francisco en éxtasis. 1480. (Obsérvese la ingente cantidad de fuentes de sonido).


  
(Publicado en el número 2 de Munición, ventilador artístico
editado por Julio Hontana)










viernes, 8 de noviembre de 2013

Elogio de la lectura

Desapareció, con la desgraciada muerte de su promotor Gonzalo Canedo, la editorial Libros del silencio. De su página web, varada desde entonces, recojo -como pobre amplificador agradecido- dos hermosas citas y una declaración de principios.
Buenas noticias. Venecia. Foto de F.G.  09.2013.


"Un libro y yo y ese particular e inimitable silencio que llena una habitación cuando hay alguien leyendo en ella. Un silencio diferente; porque nada tiene que ver el complejo silencio que uno produce al leer con el simple silencio que uno hace cuando, nada más, hace silencio. El silencio que brota de los libros y nos envuelve es un silencio lleno de sonidos. Un silencio que altera las coordenadas de la eternidad".

Rodrigo Fresán. Jardines de Kensington.
William Kentridge. Whichever page you open, there you are. 2013.
"Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.  
Aquel que escribe calla.        
Aquel que lee no rompe el silencio".

Pascal Quignard.



Puño.

"Cuenta san Agustín en sus Confesiones la perplejidad con la que contempló por primera vez a Ambrosio de Milán leyendo un libro en silencio: «Recorrían las páginas los ojos y el corazón profundizaba el sentido, pero la voz y la lengua descansaban». Una anécdota de la que no sólo tomamos nuestro nombre, sino que convertimos también en nuestra declaración de intenciones".

El propósito, tan válido para abanderar una editorial, sigue siendo perfecto como emblema y parapeto para la vida cotidiana en estos tiempos de tumulto y propaganda.