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viernes, 21 de junio de 2019

Ya está aqui el verano

Yves Klein. Gran antropofagia azul. Homenaje a Tennessee Williams. 1960.
«La angustia agorafóbica de las tres de una tarde de verano, el cielo imperturbable, los colores cegadores, el tiempo que parece no avanzar, el corazón sin motivo en la garganta... Podríamos seguir y perdernos en vacíos metafísicos, pero a Paolo Conte le bastó con una frase, contrapuntada por un ritmo de marcha: «Azzurro, il pomeriggio è troppo azzurro e lungo per me.»

Marcos Ordóñez. Una cierta edad. Anagrama, 2019.


Feliz verano, amigos. 
Casi siempre todo es mejor cerca del agua.
También las canciones. 
Yves Klein. La ola. 1957.

viernes, 16 de enero de 2015

Vuelo sin motor

Yves Klein. Salto al vacío. 1960.
En plena euforia colectiva por el reciente lanzamiento del satélite soviético Sputnik (que en ruso significa, como no podía ser de otra manera a pesar de los logros semánticos del materialismo dialéctico, "satélite"), el francés Yves Klein saltó al vacío en 1960 desde la ventana de su estudio de pintor en su afán por conquistar la sensibilidad inmaterial del espacio. Quería, con sus compañeros, construir un "nuevo realismo" que les llevó a aproximarse a la realidad desde lo real, a partir del objeto y transcendiendo de la copia mimética; para ello se involucró en estrategias desconocidas (que con el paso del tiempo llegarían a llamarse happening y performance)  inmerso en la apasionante aventura de aprehender lo real percibido en sí mismo.
Koldo Chamorro. España Mágica. Andalucía, 1982.

Esa sensación de "desmaterialización del arte", esa percepción de "lo espacial como espiritualidad", no tiene que estar muy lejos de lo sentido por el joven campanero que echa a volar y levita abducido por la dinámica mecánica generada por el giro acelerado y constante de la campana, ante la mirada cómplice (y adivinamos envidiosa) de los copartícipes necesarios para tan sonoro rito.

Sevilla. Final de volteos y repiques de campanas
en el centro de la ciudad. 3.1.2015.
André Kertész. New York City Ballet. 1938.

Pero la conquista del espacio se disfruta más cuando es un logro colectivo y todos emprenden el leve vuelo a la vez, ante el asombro perplejo de los no iniciados. 
Ya lo decía Yves Klein en su Manifiesto del Chelsea Hotel (sí, el mismo, el que sale en todas las canciones de una época): "El hombre sólo será capaz de conquistar el espacio cuando lo haya impregnado con su propia sensibilidad".


jueves, 6 de febrero de 2014

Ni es cielo, ni es azul



Yves Klein. Parte exterior de una acción en París titulada La galería vacía. 28 de abril de 1958.

Desde alrededor de 1610 nos viene contando uno de los Argensola (o Bartolomé o Lupercio, nunca lo sabremos) en un célebre soneto con el ahora chocante título de "A una mujer que se afeitaba y estaba hermosa", que, las apariencias, engañan.

Dennis Oppenheim. Whirpool. 1973.


"Yo os quiero confesar, don Juan, primero,
que aquel blanco y color de doña Elvira
no tiene de ella más, si bien se mira,
que el haberle costado su dinero.

Pero tras eso confesaros quiero
que es tanta la beldad de su mentira,
que en vano a competir con ella aspira
belleza igual de rostro verdadero.

Mas ¿qué mucho que yo perdido ande
por un engaño tal, pues que sabemos
que nos engaña así Naturaleza?


Porque ese cielo azul que todos vemos,
ni es cielo ni es azul. ¡Lástima grande
que no sea verdad tanta belleza!"


Henri Matisse. Les oiseaux. 1947.
Pese a ello, o precisamente por ello, vestimos la página con hermosos retazos del más azul de todos los azules para envolver el tango Maquillaje, de los hermanos Expósito (música de Virgilio y letra de Homero: ya no se ponen estos nombres -ni ese apellido- a los niños), cantado para la ocasión por Adriana Varela con un sentido puente entre los dos poemas.


Adriana Varela. Maquillaje.
Al piano, Virgilio Expósito.
Toda mi vida. Melopea discos-Nuevos Medios. 1999.

Hans Haacke. Skyline. Central Park de Nueva York. 1967.

"No...
ni es cielo ni es azul,
ni es cierto tu candor,
ni al fin tu juventud.
Tú compras el carmín
y el pote de rubor
que tiembla en tus mejillas,
y ojeras con verdín
para llenar de amor
tu máscara de arcilla.

Tú,
que tímida y fatal
te arreglas el dolor
después de sollozar,
sabrás cómo te amé,
un día al despertar
sin fe ni maquillaje,
ya lista para el viaje
que desciende hasta el color final...

Mentiras...
son mentiras tu virtud,
tu amor y tu bondad
y al fin tu juventud.
Mentiras...
¡te maquillaste el corazón!
¡Mentiras sin piedad!
¡Qué lástima de amor!"



Jorge Barbi. Vuelos que no tomé. 2006.

Lo que en el soneto era optimismo confiado se convierte en la canción en oscuridad desesperada. Del día a la noche.

Carlos Rosales. Noches y días de junio de 2012.