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martes, 5 de julio de 2016

Polvos y lodos

Joel-Peter Witkin La balsa de George W. Bush. 2006.
El fotógrafo Joel-Peter Witkin decidió “recrear” el cuadro de Gericault, La balsa de la Medusa, tras una visita al Louvre. Vio inmediatamente la correlación entre la tragedia que convulsionó a Francia hace dos siglos y los ocho años de George W. Bush como presidente de los EE.UU., en los que, tras crear las bases del desastre, se abandonó a su (mala) suerte a la población para que fuera masacrada por los coyunturales aliados.
Gericault. Estudio para La balsa de la Medusa. Circa 1818.
Hizo una serie de apuntes y dibujos y luego, como siempre, construyó la fotografía sin dejar nada al azar. Buscó un doble para Bush (al que adornó con una corona de lucecitas para representar sus ocurrencias), otro para Barbara, su desdichada madre, y un tercero para Condoleezza Rice, su secretaria de estado, una figura misteriosa a cuyo pecho se aferra y a la que Witkin atribuye, como a los conservadores en general, “un problema espiritual”.
Vik Muniz. La balsa de la Medusa, después de Gericault. 1999.
Los no americanos echamos en falta otros personajes (unos protagonistas, otros figurantes; unos con papel secundario, otros mero bulto), pero estarán seguramente en la costa, administrando sus negocios por persona interpuesta.
Martin Kippenberger. La balsa de la Medusa. 1996.
Y ahí sigue el desastre, ahí sigue el incesante naufragio, del que los causantes no solo evitan hacerse cargo sino que aspiran a seguir obteniendo beneficio.


martes, 13 de mayo de 2014

Cantar

Marina Abramovic. Count of us (Chorus). 2003.

Cantar es producir con la voz sonidos continuados y generalmente melodiosos, formando palabras o sin formarlas. A veces es tarea colectiva y social, y sirve para la relajación amable y euforizante de los coequipiers participantes, que se suelen desplazar en autobús pastoreados por directores, personajes bastante bizarros en general.
Joel-Peter Witkin. Noche en una pequeña ciudad. 

El fruto puede ser canto único (y funeral, como el de cisne) o hábito reiterado más o menos cansino, y a menudo sirve para destacar y llamar la atención sobre los méritos (canoros o no) y cualidades de alguien o de algo, ya sea el cantante o el cantado. 
F.G. Cantor popular junto a la Praça do Comercio. Lisboa. 04.2014.

También hay cánticos de alabanza y loa, con o sin motivo, para dar gracias (a menudo por nada) a no se sabe qué. En algunos casos se sirven de bocinas amplificadoras como si de Tom Waits se tratara.
Canción-plegaria junto a la Praça do Comercio. Lisboa. 04.2014.
Primero entonarse, después cantar. Tarjeta postal de 1920 aprox..

En otras ocasiones se celebra de forma clara y sin rodeos (también, demasiado frecuentemente, sin conocimiento) los méritos del que paga la ronda, siendo a menudo la copla resultado equitativo del cálculo y la desinhibición, de la desvergüenza y la chispa, aunque se suele acabar aprovechando la menor oportunidad para cantar las cuarenta, veinte en copas y las diez de últimas. 
Y arrastrando. Pero ese ya es otro cantar.