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miércoles, 13 de julio de 2016

De balde

Jacques Henri Lartigue. Foto de su hermano Maurice, "Zissou," navegando en un lago.

"No quiero hacer el viaje en balde", afirma, corajudo, el compañero de trabajo, a pesar de considerarse y ser tenido como decidido partidario de la aventura y el no parar. Convenimos en que es mucho mejor cualquier otro medio de transporte -aunque sea por mar-, y hacemos votos por que, en cualquier caso, la jornada le resulte provechosa.
Robert Rauschenberg.
Tibetan Garden Song, 1986.

viernes, 10 de junio de 2016

El fotógrafo y la cámara

Danny Lyon. Cuba. 2002.
Además de “la mirada” y “la intención”, -que vienen de fábrica y que, a pesar del aprendizaje y la experiencia, se tienen o (más frecuentemente) no se tienen-, para el trabajo del fotógrafo es importante la cámara oscura más o menos sofisticada tras la que el atento observador se parapeta para examinar su centro de interés.
Axel Hutte.

A la hora de elegir el instrumental los hay que apuestan por la tecnología
Vincent Descotils.

y los que optan por la intuición.
Castro Prieto. Julia Chambi en el patio de su estudio. Cuzco, 1990.
Los partidarios de la aproximación individual
Cherry Kearton de pie sobre la espalda de su hermano Richard, haciendo la primera fotografia, en 1892, de un nido con huevos.

y los proclives al trabajo colaborativo.
Vicente Nieto Canedo. Así se empieza.

Los que se conforman con lo -aparentemente- banal
Miroslav Tichý.

y los que lo viven como exclusivo y único.
Xavier Miserachs visto por Ricard Tarré.
Los que utilizan la cámara como un arma de destrucción masiva
Stephen Shore fotografiado por Ralph Goertz.

y los que la disfrutan como si de un juguete se tratara.
Alberto García-Alix. Autorretrato.

Los que se buscan en el interior del espejo
W. Eugene Smith en la ventana de The jazz loft project.
y los que tratan de encontrarse en los otros.
Jacques Henri Lartigue.
Pero cualquier elección tiene una importancia relativa, porque nada sustituye al ojo.


jueves, 24 de octubre de 2013

Un día en las carreras

Jacques Henri Lartigue. Circa 1915.
Antes de que se inventaran las redes sociales, Tommaso Marinetti consiguió ser trending topic al afirmar en el París de 1909, a donde fue para difundir su Manifiesto Futurista con toda la pompa, cacharrería y ruido habitual en este experto en asustar al personal: 

Diego González Ragel. Circuito de Lasarte. 1925.
"Afirmamos que el esplendor del mundo se ha enriquecido con una belleza nueva: la belleza de la velocidad. Un coche de carreras con su capó adornado con grandes tubos parecidos a serpientes de aliento explosivo... un automóvil rugiente que parece que corre sobre la metralla es más bello que la Victoria de Samotracia".


FIAT S76. "La bestia de Turín".1910.




Para provocar el escándalo hacen falta voluntad, amplificación e inteligencia. La primera condición se da siempre y la segunda a menudo, pero la tercera casi nunca. Por eso cada vez el recorrido de los revuelos es más corto: unas horas en twitter y el aleteo queda ensordecido por un nuevo ruido. Nada tan viejo como el periódico de ayer.


Muchedumbre en la salida de una carrera en Nueva York. 1909.



En cambio, el fugaz Marinetti permanece. Como la fascinación por la velocidad y el hechizo de las máquinas.


Carlo Mollino. Bisiluro. 1955.
Carlo Mollino pilotando su prototipo en Le Mans. Finales de los ´50.
 

El Bisiluro de Carlo Mollino. Circa 1955.

Ahora, y coyunturalmente,  todos somos expertos en Fórmula 1, porque un meritorio piloto nos viene haciendo revivir, más allá del vértigo, y actualizada en un mortal, la acumulación de pasiones de las grandes tragedias: desde el sentimiento de la traición a la insuficiencia del mérito frente a la fuerza del destino, pasando por todo el ruidoso inventario del furor y la decepción. 


Fernando Alonso en el circuito de Suzuka (Japón). 
Vuelta de reconocimiento. 10.2013.

Pininfarina para Ferrari. El "Sergio Window-Less".


Cuando el héroe pase a otras labores mudaremos de afición, y pondremos pasión y desvelos a favor de alguna otra sandez dinámica. Así somos. Valoramos el esfuerzo inútil en el elegido, elogiamos su inapreciable mérito y su capacidad para dar de qué hablar. En las justificaciones que buscamos a la frustrada peripecia del héroe encontramos las que nos sirven para nuestro caso particular, y luego, enseguida, olvidamos el éxito o el más habitual fracaso.  


Clemens Fürtler, Bildmaschine 04, 2013. Foto: F.G. Venecia, 09.2013.